Páginas vistas en total

viernes, 28 de febrero de 2014

De escombros y esperanza

"Habita la nostalgia un mar dentro de ti
que tú has ido llenando de lágrimas y olvido"

"Último Territorio" de Juan Ignacio González en "El Cuaderno de la Ceniza"

De fondo en la radio el debate sobre el estado de la nación, la apaga, no quiere oírlo. Los mismos tonos monocordes, las mismas palabras, los mismos ¿líderes? "¿No nos merecemos algo mejor?" Piensa al tiempo que niega con la cabeza. Los pueblos tienen los dirigentes que de tanto buscar sin orden ni concierto, al final, encuentran. Además son todos de la misma escuela. No, silencio no. Cambia a Radio Clásica. Prokófiev, buff, demasiada energía para el dolor de cabeza que amenaza con convertirse en migraña. Esta mañana algún cliente tocapelotas, el de todos los meses, ha venido a descuadrarle el calendario de cobros y pagos. Ella que tenía una semana tranquila. Hoy ha visto un gorrión muerto en la acera, tieso como la mojama, igual que el momento que vivimos. "¿Sería un presagio?" Está cansada. Cada vez más cansada.
Venezuela, Ucrania, el Estrecho "¿Qué ha pasado con Siria?" Habrán solucionado sus problemas y por eso han desaparecido de la actualidad más inmediata.
Y el puto Estrecho, la puta valla y las putas concertinas, pelotas de goma y balas de fogueo "¿Por qué habla el ministro de inmigrantes?" Categoriza sin pudor "¿Son personas o sólo inmigrantes? ¿personas que son inmigrantes? ¿inmigrantes que no son personas?" Cuando lo escucha le da la sensación de que les roban lo único que les queda. Les arrancan su esencia misma, su calidad de personas. Son personas, sí, personas las que mueren ahogadas en el Estrecho. Son padres e hijos, hermanos y novios, como los nuestros, sólo que han nacido al otro lado. "¿Por qué a mi me ha tocado en éste?" Lleva años dándole vueltas a esta idea en su cabeza. "¿Por qué ellos y yo no?" El mismo mar de todos los veranos, el mismo mar que vemos admirados estos días, bravo o en calma, las mismas olas que nos arrullan amorosas en vacaciones son su tumba. El mismo mar es ahora un cementerio de lápidas sin nombre. O mejor el cielo, el mismo cielo que vemos los del Norte y los del Sur será la lápida en su fosa común. Fosa común sin ley de la memoria. Sólo sus madres esperan al otro lado del Estrecho, el dolor reflejado en sus ojos. Ningún lugar al que acudir a llorarles, ninguna información. Vivirán en la ignorancia absoluta. Nadie viene a reclamarlos. Han perdido su identidad y su futuro. Ahogados por la pobreza infinita. Huyen del hambre y la miseria. "¿Qué es el hambre?" Se pregunta. No es esa sensación en el estómago cuando haces dieta. No, eso no es hambre. No se puede sentir teniendo la nevera llena, las necesidades básicas cubiertas y dejando de comer por devoción y no por obligación. El hambre de verdad, el hambre propia y el de los tuyos lo justifica casi todo, casi todo menos la muerte.
Los sucesos han puesto en el mapa a un pueblo de Burgos de apenas 300 habitantes, Tordómar. Se celebra el funeral en Gijón por las víctimas "¿Cómo podrán salir adelante?" Se pregunta. "Yo me suicidaría" le ha dicho ayer Inés. No es madre, no alcanza a conocer el sabor amargo para la eternidad de saber que no vas a ver más a tus pequeños. No sabe, prefiere no pensarlo. Piensa en las madres que conoce que han perdido a un hijo. Cierto, no hay nada que cure ese dolor. Sin embargo, la vida te pondrá argumentos nuevos para seguir viviendo. Aunque ahora parezca imposible, nadie se muere de pena por mucho que lo intente.
Y mientras tanto, ella ha recibido esta mañana en el correo un paquete con su nombre y dirección escritos por una mano amiga. Hoy cuando nadie escribe cartas, ella recibe un regalo, un regalazo diría mejor. "El Cuaderno de la Ceniza" de Juan Ignacio González, poemas para los tiempos que corren y, por la tarde, recibe un email, el email de una persona comentándole algo que ha escrito. ¡Cuánto ha llorado leyendo esas palabras sabedora de lo que cuesta abrirse en canal para decir según qué cosas! Pero le da pánico, empieza a tener vértigo, empieza a ser consciente de que puede llegar a mucha gente con sus palabras y eso, que como dice su hermano, "En casa no te leen" Cierto, no habla mucho del blog con los suyos. No deja de ser algo íntimo. ¡Qué paradoja! Su intimidad publicada en la red, a la vista de todos. Sus sentimientos, sus vivencias, historias propias o inventadas, casi siempre propias. Sus entrañas diseccionadas con lupa. "Pura casquería" sonríe.
Acaba de saldar una cuenta con un hombre. Ella ya no quiere más lo que él le ofrece. Quiere sol y paseos, cervezas y terrazas, besos y luz. Quiere realidad, no virtualidad. Mientras él le cierra su puerta, habrá otros que se la abran. Hombres que quieran compartir con ella conciertos y cafés, hacer cosas juntos, que la quieran por lo que es no por la fantasía inventada en la mente de nadie. Mientras uno la aparta, otro intentará acercarse. "No vas a dar abasto" le dice Javi socarrón. La paraliza el miedo como siempre. "Voy a intentarlo" se promete. "¡Qué pereza conocer a alguién!" Pero por otro lado, recuerda la emoción de las primeras citas, el sabor de los primeros besos, reconocerse en los ojos del otro. Su cabeza y su corazón le indican direcciones diferentes. Tiene que pensarlo.
Suena el teléfono, es su cuñado: "Tenemos los resultado de las pruebas, está todo bien. Es una niña" Su hermana va a ser madre por segunda vez. Su sobrina se llamará Esperanza.







 

1 comentario:

  1. Bea, cuando leí tu comentario en Facebook sobre la pasada tarde con Lorenzo Silva, sabría que tu blog me gustaría. Ahora lo confirmo. Encierran gran sensibilidad y poesía. Enhorabuena y gracias por tu actitud, y por los regalos que haces con tus escritos.

    ResponderEliminar