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domingo, 30 de diciembre de 2018

2018, el año que vivimos apasionadamente.

Pues nada, agotando la órbita de estos 365 días cerramos la puerta de 2018 para no volver a abrirla. Se va con aquel inicio tan malo, tan triste, tan desalentador que supuso la pérdida de Chema el día de Reyes. Chema nos dejó huérfanos, seguimos aprendiendo a vivir sin él. Dejando huecos que será imposible llenar. Llegarán otras personas, otros amigos, otros amores, pero no será lo mismo. Será diferente, quizás mejor, pero no igual. Se va con todo bueno que vino después. Dejando momentos imborrables en nuestros corazones y en la memoria personal y colectiva del concejo que nos ve crecer. Se va el año de los sueños, de las metas alcanzadas, de la confianza en una misma, del crecimiento personal y colectivo. Se va uniendo estelas de personas que se cruzan en la vida como los aviones de hoy en el aire y encuentran espacios que compartir. Personas con nombre y apellidos que me trajeron un mar en calma. Has estado conmigo muchos momentos de este tiempo y he compartido mi intimidad emocional, tengo el reto de que en 2019 seas tú quien la comparta. Se va un tiempo de esperanza y de vida, de presente y de futuro, de tormentas y bonanzas. Un tiempo de remanso y de paz, de navegación tranquila y borrascosa. Sin duda, uno de los mejores años de mi vida. Se va un año más de redes sociales y de amigos virtuales que se desvirtualizaron. Gemma Torres, precioso el rato que pasamos conversando junto al Pantano una tarde gris de niebla de este verano. El año en el que Lola aprendió a compartir, ardua tarea esta y continuó con su periplo de famosa en la red. El año de Bruma que tendría que haberse llamado Tormenta. Un año más de Bea la de Lola que sigue creciendo en trabajo y amigos. Sumamos otro año recogiendo historias de otros y otras, aprendiendo lecciones de vida y contándolas con palabras en ese periódico que tantas alegrías me ha dado, La Voz del Trubia, crezco con vosotros Fernando y Lucía, sobre todo contigo Lucía que cuentas con tanta pasión y con tanto entusiasmo la vida que pasa a nuestro lado. El año del talento. El año de "La mirada de las palabras" de Monica Vega, gran fotografa y amiga. Un año más de la bendición que suponen Hugo y Nela, Nicanor y Marilena, mis sobrinos y mis padres respectivamente. Ahí vamos familia. Pero si tuviera que quedarme con dos momentos de 2018, me quedaría en primer lugar con el Salón de Té del Campoamor en enero al lado de Cristina Fernández de Cubas, en un salto de esos sin red que acepto con un punto de insensatez y otro de locura a propuesta de la mi Chelo y que supuso una experiencia inolvidable y el Encuentro de Clubes de Lectura en Quirós en junio también junto a Cristina y que significó trabajo en equipo, coordinación y confianza de otros en nuestro potencial humano y de medios. Aquella mañana en el Museo Etnográfico de Quiros después de toda el agua que había arrojado el cielo con saña en una especie de confabulación en nuestra contra, con sol, rodeada de cientos de amigos venidos de todas Asturias y poder compartir y tomar el pulso a Quirós será algo que quedará grabado en todos nosotros. Marga Prieto, Alva Rodríguez, Roberto F. Osorio, Eva Martínez y yo misma, junto a tantas manos amigas que creyeron que podíamos hacerlo, que nos empujaron a conseguirlo. Me quedo sin palabras. Si lo pienso medio año después no entiendo cómo no me dio un ataque de nervios, fue un día fantastico. Se va el año de los proyectos compartidos que se consolidaron, convertimos cada tercer viernes de mes la pequeña biblioteca de Barzana en un crisol de conocimiento en torno a la lectura, perdonarme si no siempre acierto con lo que os propongo (que no nos fallen las fuerzas, ni los lectores), os prometo que pase lo que pase con mi vida en 2019 mi compromiso primero es con vosotros. El año de mi permanente romance con Quirós. Y así como que no quiere la cosa, 2018 me devolvió a personas queridas, me devolvió a Fran y a mis compañeras de colegio, me devolvió a Anne, la sonrisa de América y me trajo a Marta, la sonrisa gallegos.... Se va 2018 para siempre. Bye 2018, has sido un gran año, te llevas una parte de mi, pero prometo recordarte con cariño.

Pan blanco, negro carbón.

Crecí junto a un abuelo al que el ferrocarril trajo a Oviedo. Un abuelo panadero que abandonó la profesión por un problema en la piel. La harina hería sus manos hasta el punto de hacerle sangrar, impidiéndole trabajar. Un abuelo de ojos azules que heredaron todos sus nietos menos yo, la mayor de ellos, la más querida por esperada, la bien hallada. Un abuelo cuyo trabajo ahuyentó la fame en unos años donde crecer con fame era lo normal y ayudó a salir adelante a una familia humilde, la suya, la nuestra. Un abuelo que se reinventó todas las veces que hizo falta, que me enseñó el significado de la palabra dignidad al bautizar su enfermedad con ese nombre. Un abuelo que fue un ejemplo de saber vivir y de encarar las cosas malas con la misma simpatía que las buenas, de trabajo y de respeto a los demás aunque a veces, no se merecieran ese trato. Un abuelo, vasco por los cuatro costados, recio y serio, noble y fuerte, con la presencia de un roble y la sencillez de un manzano y con el que repasaba las reglas de Ortografía que aprendía en el colegio y leía el periódico que no faltaba nunca en casa, a comportarme en la mesa y a apreciar el sabor de las cosas sencillas que también son potentes: el ajo, la cebolla y los pimientos asados, qué cosas. Un abuelo al que aún hoy echo de menos. Tanto.


Crecí con una pena negra inserta en otros ojos azules, nublados para siempre por la muerte de un minero. Los ojos de mi tía Domitila, la que ama su casa, velados por la tristeza de una mujer a la que la mina le ha robado al hombre. Sola con un hijo pequeño y otro en camino, en los años 50. Ojos llenos de mar, la mar tan lejos del verde y la caliza de estas montañas. Ojos privados para siempre de la luz del día que navegaban en la oscuridad de la tierra que le arrancó al hombre. Una mujer a la que nunca le fallaron los suyos: sus padres y hermanos y que aprendió pronto el valor de la solidaridad, la de sus vecinos, las manos cálidas y prestas que la ayudaron a salir adelante, unas manos a las que correspondió siempre, hasta el final, con tanto amor que hoy todo el mundo la recuerda con cariño. No he conocido a nadie que tenga una mala palabra acerca de ella. Sueño con verla viniendo del Cantu, hoy tan lleno de vida, con el fardelín verde y una foicina "por si hay que cortar algo". Una mujer que me enseñó el valor de serlo, elegida para amar y castigada a hacerlo hasta el final de sus días a un hombre ausente. La muerte temprana e injusta que siega brotes malos y buenos sin distinguir unos de otros. La vida no sólo es corta sino que está salpicada de notas de tragicomedia. A mí tía nos la robó el pan, el pan oscuro y sabroso que hacía en el horno de leña de su cocina, La humilde cocina de la casa más acogedora en la que pase tantas horas junto a ella. Me arrepiento de no haber pasado más, de no haber escuchado más y, sobre todo, de no haber preguntado  más. Una tía a la que aún hoy echo de menos. Tanto.


Crecí sabiendo que mis tíos paternos, los cuñados de  mi padre y  mi tío Amador, tenían negros los pulmones sin haber fumado nunca y que había una enfermedad que se media en grados y que la contagiaba el polvo negro del carbón robándote la vida en cada respiración. Aquella enfermedad que silbaba al pronunciarse como lo hacen las serpientes al deslizarse por el suelo, te obligaba a bajar a Oviedo, de vez en cuando, nunca muy de vez en cuando, a revisión a Silicosis.
Crecí al lado de la vía del tren en Oviedo, una vía por la que circulaban mercancías que llevaban vagones de carbón de un lado a otro, buscando desde el origen en la Cuenca el destino final de los mismos. Yo también soy una "niña de humo", marcada por el sonido del traqueteo del tren que ponía fin a mis días y los iniciaba. Una vía que dividía en dos la heroica ciudad y que fue escenario de muchas otras cosas, pero esa es otra historia.
Crecíamos los veranos en una aldea donde los tiempos los marcaba en gran medida la bocina impertinente que anunciaba la llegada impaciente y presurosa, nunca a la hora que pensábamos, del panadero. Pienso, en estos días de tanto remover recuerdos de otros y generar memoria propia y comunitaria, si la mina castiga así, arrancando vidas o matando poco a poco a quienes hurgan sus entrañas, la tierra responde en defensa propia, llevándose la juventud de aquellos que menos culpa tienen explotados por un patrón sin escrúpulos que busca únicamente el beneficio propio.
No entendí muy bien porque se organizó un homenaje a los panaderos de Quirós el mismo día que a los mineros muertos, pero pensándolo en frío y sin que obedezca a razones de economía u oportunidad, si le encontré ese sentido. El sentido que une el pan blanco con el negro carbón, sustento ambos de tantas familias no sólo en el pasado de esta tierra quirosana, la del mejor carbón, sino en tantos hogares asturianos. El pan sin que dejan hoy a tantas familias, sin entrar en más valoraciones,  en esta Asturias verde de futuro tan negro como la más profunda galería excavada en las entrañas de la tierra. Iremos viendo y echaremos de menos haber pensado antes en todo esto y haber puesto remedio. Lo pensaremos mucho. Tanto.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Hugo el fagotista.

Ayer fui por "primera vez", como el explicó a sus compañeros y maestra, a la clase abierta de música para padres en calidad de "tía acompañante". Hugo, mi sobrino es un niño muy alto que, si no lo conoces, solo cuando estás un rato con el te das cuenta de que aún es muy pequeño, su altura y su alto nivel de lenguaje a veces nos hacen creer que es más mayor, pero NO, solo tiene siete años. Ayer en su clase de música, con varios de sus compañeros de colegio, Mateo y Matías, pude ver, entre otras cosas, lo tremendamente pequeño que es. Hugo toca o mejor, acaricia o quizás, maltrata el fagot. Este instrumento que es relativamente joven, se desarrolló a principios del siglo XVIII y alcanzó su forma actual en el siglo XIX, es el más grave de la familia viento madera. Pienso que el fagot es un instrumento absurdo que solo tiene una pieza compuesta en exclusiva para él. Es absurdo o no, porque realmente el fagot no se entiende sin el resto de instrumentos de la orquesta, ahí lo dejo. Que solo haya una pieza nos da la ventaja de que en cada función Hugo la tocará mejor hasta probablemente convertirse en un virtuoso de "El pequeño John" (o "El gran John", pues no sé muy bien cómo se llama el tema). Hugo ayer tb tocó con su maestro una obrita que el anunció en catalán "Las ocas van al campo". Fue una tarde muy divertida en la que recordé lo que aprendí en el colegio de Música con la señorita Quetina que ya era viejísima entonces y a la que luego veía en el Rialto muchas veces cuando estudiaba en el Edificio Histórico de la Universidad en la calle San Francisco cuando solo era la Universidad dando por sentado que los estudiantes de Derecho era los únicos que íbamos a ella, en fin, cosas de Oviedo, lo que aprendí entonces es todo lo que sé aún hoy y que ayer brotaba al tiempo que Mercedes, la profesora, les preguntaba a los pequeños alumnos: la duración de las figuras. Me gustó mucho, muchísimo lo que vi, pero también me sorprendió la de bostezos de cansancio que tenían los niños y niñas a las siete de la tarde, que bostezando y todo, seguían leyendo la lección y el ritmo de la clase. Algo tiene la música que engancha... Hugo no será un gran músico pero seguro que la formación musical que reciba le ayudará a ver el mundo de otra forma, con otro color, con otra alma, estoy convencida. Mientras mi empeño está puesto en que pruebe otros instrumentos pero el está muy feliz con su fagot a medias (es tan grande el fagot o tan pequeño el fagotista que le faltan dos partes del instrumento).
Y hoy estoy aquí, acabando el otoño y esperando el invierno, pensando en qué futuro les espera a Hugo, Olivia, Mateo, Marías, Oscar, Asier y Amalia... por nombrar algunos de los que ayer leían música para alegría de sus padres y madres (y de la tía acompañante) por cierto, todos ellos bastante talludinos (otro ejemplo de cómo ha cambiado nuestra sociedad). Solo espero que tengan más sentido común que los que les precedemos y que sean capaces de enmendar alguno, solo alguno, de nuestros errores.

domingo, 9 de diciembre de 2018

La familia minera también con los compañeros de Mina Mariquita.



"Es nuestro homenaje a los mineros, nuestros compañeros, desde el respeto y el cariño" me dice José Angel Prada. Empezaron, con el tiempo encima, el pasado día de Santa Barbara, su patrona, cinco mineros todos ellos de Cortes y Jose Prieto, teniente alcalde del Ayuntamiento, con una única idea, poner al servicio de la comunidad su trabajo para contribuir con ello al homenaje que ayer tarde se celebra en honor a los seis mineros fallecidos en el Pozo Vega de Mina Mariquita aquel lejano ya 3 de noviembre de 1973. Homenaje que ha removido tantos recuerdos estos días entre los quirosanos.  Cuando en mayo desde el Ayuntamiento y a petición de los vecinos, se ponen a trabajar en dar forma a este homenaje, Jose Prieto propone que los mineros hagan algo y así han trabajado estos cuatro días prácticamente a destajo, desinteresadamente e incluso poniendo la madera ellos mismos, para que el escenario donde se reúnen familias y autoridades refleje fielmente lo que era una boca mina. Tres hermanos Prieto: Gaspar, Jorge y Jose que ha sido un poco el peón de obra pues es el único que no ha trabajado en la mina, José Angel Prada y dos hermanos Alvarez: Jamín y Fernando y Luis el de las Llanas, el operario del Ayuntamiento que maneja la pala y que dedicó parte de su tiempo libre a colaborar en este trabajo. ellos son el ejemplo vivo de como la mina fue fundamental en el sustento de este concejo en un tiempo no tan lejano.  
Han colocado tres cuadros de mina y una llave cerrando para quitar el peligro y traído una vagoneta desde el Borretón "Se podía haber hecho más e igual aún mejor, pero estamos contentos con el resultado. El terreno estaba muy malo y el tiempo se ha echado encima" nos cuenta Prada.
Así y todo, con falta de medios, escaso interés de las autoridades, en opinión de otros, que podían haber planificado mejor, y premura de tiempo, el resultado es impactante, sobre todo para los profanos. Se pretendía haber puesto el terreno a ras de la carretera, eliminando barreras y facilitando el acceso a todos pero cuando llegó la pala del Ayuntamiento se encontró que no llegaban a tiempo porque el terreno estaba muy complicado. El resultado ha sido valorado muy positivamente también por el público que hoy acompaño a pie de Pozo a las familias en el descubrimiento del monumento.



 
 

El pan nuestro de cada día. El papel de las panaderias rurales.


Aspecto del Salón de Plenos previo al acto de entrega de las Medallas de Oro.

El pasado sábado día 8 de diciembre, en el Ayuntamiento de Quirós, se celebró un acto institucional de reconocimiento a la tradicional figura de las panaderías de pueblo que en el concejo quirosano, como en tantos otros, no sólo hacían y repartían pan sino que fueron, durante mucho tiempo, agentes mediadores entre Bárzana, la capital, y las aldeas más remotas, llevando noticias, medicamentos y recados varios. Varias fueron las personas que recibieron este plausible homenaje, representantes de las dos panaderías que desde los años cincuenta prestaron este servicio en el concejo: la de Santiago y Nélida de Bárzana y los de la Panadería Nueva, regentado por Antón el panadero y sus hermanos. Todos ellos manifestaron su alegría ante este homenaje que les dan los quirosanos, homenaje que ha sido un baño de cariño y de remover tiernos recuerdos en muchos casos infantiles y todos, todos entrañables. Se ve que los quirosanos queremos a los nuestros. Ovidio García, alcalde del concejo, les impuso, junto a otros miembros de la Corporación, las Medallas de Oro de Quirós en un acto que efectivamente fue muy emotivo, no sólo por la avanzada edad de alguno de los presentes y por circunstancias personales que hicieron añorar a los ausentes, sino, sobre todo, por lo que supuso de agitar memorias y evocar tiempos pasados, duros pero con encanto. Muchos de los presentes tiraron de hemeroteca y acudieron a sus tiempos de escuela, eran niños que iban a comprar el pan enviados por sus madres ocupadas en otras tareas domésticas o niños que las acompañaban de la mano hasta el local de la panadería donde el olor y el calor del horno eran siempre tan agradables. El alcalde o Fabián, Salud o Quico fueron algunos de los que compartieron anécdotas con los presentes. El acto sirvió de excusa a las familias para reunirse en una comida que se celebró a posteriori en un restaurante de la zona. Sobrinos, nietos y algunos sobrinos nietos a los que no ven habitualmente rindieron el sábado su particular tributo a sus mayores.
Nélida y su nieta.
 

En los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, el mundo rural comienza a sufrir una profunda modificación de los hábitos sociales, el auge de las minas y el inicial abandono del medio, en un goteo sangrante que dura hasta hoy, así como el incremento del movimiento de las gentes gracias a la mejora de los medios de comunicación, cambia también las formas de consumo y así las mujeres que amasaban, aunque algunas sigan haciéndolo en nuestros días para que no muera la costumbre, comienzan también a comprar pan recién hecho en una de las dos panaderías que se establecen en la capital del concejo y que pronto se organizaron para ofrecer un servicio integral a las aldeas. Cuenta a este medio José Luis Fernández, hoy concejal en el Ayuntamientos e hijo y sobrino de los fundadores de la Panadería Nueva, que “el duopolio que se estableció siempre funcionó muy bien”, las dos panaderías se repartieron en una entente cordial las aldeas del concejo para llegar a todas y también Bárzana “mi madre iba con unos cestos a repartir el pan por La Pedrera mientras que Santiago y Nélida repartían en las Colominas”. Cuenta también, y lo cuenta muy bien, que casi todos los de la familia pasaron por el horno "allí trabajó mi prima y trabajé yo, el carnet lo saque con 18 años y a repartir pan, desde aquella no me gusta nada la nieve porque tenías que ir con la furgoneta y la pala, y cuando la nieve te impedía seguir, bajarte a espalar para poder dar el servicio a los vecinos. Al final la panadería la llevaba el hijo de Firme, Juan Carlos, que hoy continúa la tradición con una panadería que tiene en Oviedo". La panadería tuvo dos locales, uno cerca del Teixo en Barzana y otro en la carretera general al lado de Casa Fortunato "donde construyeron el edificio de tres plantas y nos trasladamos a vivir, el local de la panadería estaba en el bajo y era muy cómodo, lo malo es que no teníamos horarios, la gente venía a cualquier hora, el trato era muy cercano, pero nunca hubo un despacho de pan propiamente dicho en Bárzana". Recuerda José Luis también la costumbre que había de apuntar en una libretina, se fiaba, la relación se basaba en la confianza cliente proveedor, "los clientes tenían cuenta, se apuntaba en una libreta y cuando cobraban el jornal, pasaban a liquidar lo pendiente."
Antón, Firme junto a su esposa Maruja, Rosaurita, viuda de Jesús y una de sus hijas.

Pero si hay una persona de estas familias conocida y querida por todos es José Antonio Fernández Quirós, Antón el panadero, el miembro de estas panaderías más mediático. Si fueran millennial, Antón sería youtuber y/o influencer, sin duda. Muy cercano y de conversación amena y divertida que salpica de anécdotas, en los últimos años fue protagonista  junto a Quica, la güelina de Quirós del famoso vídeo que trajo al concejo el concierto de Celtas Cortos en el año 2012 y "Güelu del Aramo" en 2016 en la Fiesta del Cordero en el Prau Llagüezos.

Todos sus hermanos, menos el mayor que falleció durante la guerra civil, formaron parte de la panadería de una forma u otra, pero también desempeñaron otros trabajos, así Firme por ejemplo, regentó durante muchos años la sidrería El Gato Negro en el antiguo en Oviedo. De una familia grande de siete hermanos, Antón siendo un “guajete” ya iba a la mortera con la “becera”. Recuerda como los neños de las Vallinas y de la Villa se juntaban en la Canga y desde allí a la mortera o al puerto. El subía de un poco más abajo, de Villar de Salcedo adonde se trasladó con dos años. Durante mucho tiempo compaginó su trabajo como ganadero con su profesión como panadero de la que hoy está jubilado. Dice que le ayudó mucho para tratar con la gente su sentido del humor y su conversación, pero sobre todo la experiencia y la sicología. Recuerda como comenzó su periplo como panadero con un caballo aparejado con dos “banastras” en las que llevaba el pan tapado con una manta hasta Santa Marina y de Santa Marina a La Pachuca. Luego paso a un carro lo que le permitía ir a caballo, de ahí a una furgoneta. 

Nieves, viuda de Luis.
Se juntaron este sábado el blanco de la harina con el polvo negro del carbón y cuenta Antón que también trabajó en las entrañas de la tierra que se decidió por la panadería cuando vio pasar la muerte por su lado en dos accidentes de mina. "Salí porque no era lo mío" y, sin duda, su elección hoy la celebramos.

Antón ha sido testigo de la historia de este concejo y de la llegada del progreso en forma de carretera a las aldeas. Tiene mucho que contar. Viudo desde hace más de veinte años de Rosa, hoy se encuentra viviendo en Oviedo. Hasta no hace mucho tiempo no era difícil encontrarlo en alguna fiesta de prao  tratando con galantería a alguna mujer para las que siempre y con exquisita educación siempre un requiebro o un cumplido. Es fácil encontrarlo por el barrio dónde vive en Oviedo paseando o charlando con algún vecino, siempre que puede escapa para Quirós en dónde guarda sus mejores recuerdos. Mañana estará acompañado por su hija y su familia, pero también por su hermano Firme, por sus cuñadas Maruja, Rosaurita, viuda de Jesús y Nieves, viuda de Luis, entre hijos, nietos, sobrinos y sobrinos nietos, suman más de treinta personas las que solo de esta familia llenarán el Salón de Plenos del Ayuntamiento para recordar, por un momento, un tiempo que ya no volverá pero donde su trabajo y esfuerzo fue muy necesario y apreciado. No se entiende aquel tiempo sin la figura de los panaderos como no se entiende la dieta de nuestros padres y abuelos sin el pan de cada día, alimento humilde y básico de nuestra dieta.

 

Restaurar la memoria. 45 años del accidente de Mina Mariquita.

El próximo día 8 de diciembre, en Santa Marina (Quirós), a las 16.30 tendrá lugar el homenaje institucional y popular a los seis mineros muertos en Mina Mariquita el 3 de noviembre de 1973.
Se acaban de cumplir 45 años de lo que fue la mayor tragedia minera del concejo de Quirós.
Jesús el de Cabaniellas y Jorge de Ronderos, foto cortesía de Jorge García.

Ha tenido que pasar casi medio siglo para que una de las peticiones de los quirosanos, en cuyos corazones aún brilla con fuerza la llama del concejo minero que fue, el reconocimiento público en forma de homenaje y monumento conmemorativo a los hombres muertos en este accidente sea, por fin, un hecho. Miguel Ángel Bellón, vecino de Santa Marina se lamentó muchas veces de la falta que hacía este acto para rescatar la memoria de estos mineros, hasta el punto de que el mismo, junto a otros vecinos de la zona, Rosi Martínez, Rosa Álvarez y Amadino García, recuperaron el entorno de la Mina Mariquita, situada a la salida del pueblo en dirección a Cortes y que, tomada por el tiempo y la maleza, apenas se distinguía. También Roberto F. Osorio, cronista oficial del concejo se hizo eco de esta exigencia, recogida por el Ayuntamiento en este mandato y que se plasmará en hechos el próximo día 8 de diciembre en un acto formal que tendrá lugar en Santa Marina y al que se ha invitado a las familias y supervivientes de aquel aciago día. Se espera una gran afluencia de público en el que será además, el primer paso para el futuro reconocimiento a cada uno de los mineros quirosanos que, hasta un número de ciento veinte, pagaron con el peaje de sus vidas en distintos accidentes mineros dentro y fuera del concejo.
Lucía espléndido el otoño quirosano el 3 de noviembre de 1973, cuando una explosión de grisú quebró la quietud apacible de la aldea minera. Se grabó así a fuego en la historia del concejo la fecha de aquel sábado negro. Negro como el carbón que sacaban de lo más profundo de la montaña. El accidente de aquella jornada de trabajo que llegaba a su fin, segó en Mina Mariquita la vida a seis hombres jóvenes, algunos en su primer día de trabajo. Allí dejaron sus sueños y su futuro, los quirosanos Adolfo Álvarez Miranda de 34 años y vecino de Villar de Salcedo y Sabino Álvarez de 29 años, y de Villamarcel, junto a ellos, Onofre Álvarez García de 38 años y natural de Olloniego, Alfredo Fernández a la edad de 37 años y con origen en Belmonte, Ramón González de 50 años, Pola de Lena y Juan Agustín González de 32 años, y de Ciudad Rodrigo (Salamanca) en su primer día de trabajo.

Momento del homenaje del pasado día 8 de diciembre.
En torno a las 14.30, una explosión estremeció el lugar. Jorge García Muñiz, en la explotación desde que pasara a manos del empresario Avello Lasarte, estaba en el exterior en la máquina extractiva. Unos minutos antes el capataz había pasado para que le diera un recado al vigilante que se dirigiera a la oficina para dar razón de los jornales, el día 10 era día de cobro y había que hacer los libramientos. Cuando vio al capataz unos minutos después fue para decirle que acababa de haber una explosión. El capataz no daba crédito al joven trabajador pero pronto vieron desde la posición que ocupaban, a un camionero que trabajaba en la construcción de la carretera de Cortes llevar en su camión al primer herido, lo había encontrado en la carretera cerca de la mina, la fuerza expansiva lo había arrojado a varios metros de la bocamina en la zona del Cribu. La tragedia era un hecho. Pronto la noticia se extendió como la pólvora, solo había que esperar que no hubieran muerto todos. Trece hombres formaban aquel equipo de trabajo. Salieron por su pie: el vigilante, el posteador, el caballista y el chaval que avisaba a Jorge de que el vagón estaba lleno para sacarlo al exterior. La mula también salió por sus propios medios. El resto enfrentó su destino en aquel agujero negro en el que la seguridad y la legalidad eran practicamente nulas.
Fueron unas largas horas que no han dejado de recordar día tras día, quienes fueron testigos de la tragedia. Manuel Jesús Alvarez Flórez, Manolo Caracol, tevergano casado en Villamarcel, había pedido permiso para salir un poco antes. Aquel permiso probablemente le salvó la vida y le permitió conocer a la hija que le nacería cinco días más tarde pero no evitó que participara, con la brigada de salvamento que vino de Mieres, en sacar los cuerpos de los compañeros muertos. Entró con ellos por su experiencia y porque conocía el pozo. A día de hoy aún se le pone un nudo en la garganta recordando aquellas horas. El primero salió la noche del sábado pero hasta el lunes no concluyeron las labores de rescate.
Las viudas de Sabino y Adolfo destapan la placa que conmemora la tragedia.

Desde el día 8 de diciembre, un monumento a quienes dejaron sus vidas arrancando de las entradas de la tierra el mineral que tanto trabajo dio al concejo pero que tantas vidas cobró, robadas de cuajo o lentamente en cada respiración, restaurará su memoria y hará justicia a los muertos, si es que la justicia puede predicarse en estos casos.