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martes, 28 de febrero de 2017

Días de lluvia.


Los que hemos elegido como compañero de viaje a un perro, en mi caso una perra, tememos tremendamente los días como el de hoy, por lo que veo ahora por la ventana que no tiene nada que ver con lo que vi esta mañana cuando salía de casa hacia el trabajo. Los días en los que el cielo no deja de jarrear la necesaria lluvia, como si se hubieran abierto las compuertas de una presa y todo el agua embalsada entre las nubes tuviera de repente prisa por acabar la faena: limpiar la atmósfera, dar de beber a la tierra preparándola para que mullidina de agua reciba a la presumida primavera que, SÍ, ya está a la vuelta de la esquina, acercándose, presta a estrenar su colorido vestido de flores, "print", el floral, que está totalmente de moda en los madrugadores escaparates de los grandes almacenes y que realmente es el print de cada primavera.
Agua que cae como si los habitantes de un cielo, siniestro y tenebroso, se hubieran puesto de acuerdo para tirar todos a la vez de la cadena, después de una noche de viento casi huracanado que frenó por un momento la lluvia que estaba anunciada. Esta mañana ya prometía lo que iba a venir. "Nada  más que pare este vendaval" pensé mientras diminutas y congeladas gotas de lluvia se atrevían a posarse en mi cara y en mi pelo esquivando las ráfagas de viento.
A mí personalmente los días de lluvia me apasionan. Todas esas setas de colores transitando presurosas bajo mi ventana camino a no sé dónde sin un solo minuto para pararse, sin resuello en un ir y venir presuroso huyendo de la lluvia y huyendo también unos de otros porque qué mejor escondite que un paraguas para no saludar al vecino ese tan pesado que encima tiene halitosis. Mirar caer la lluvia y escucharla romper contra los cristales, retorcida, en contra de todo, en rebeldía desde la ventana de la habitación, con un buen libro y cobijada entre las mantas. Las catiuskas y los chubasqueros, meterse en los charcos y salpicar queriendo o sin querer, aunque yo por mucho tiempo que pase sigo echando de menos el orbayu, las tardes del colegio viendo aquella cortina de orbayu menudo que tupía lo que veíamos por la ventana del colegio. Era tan aburrido ver llover como lo era nuestra vida de escolares despertando a la adolescencia. Parecía que no pasaba nada mientras nuestros cuerpos estaban en absoluta revolución y realmente nunca pasaba nada en aquel colegio gris, sólo orbayaba sobre el gris del asfalto de la calle y bajo el cielo gris en la gris y húmeda ciudad que era Oviedo a principios de los ochenta.
Pues eso, que hoy Lola y yo tenemos que salir a la calle esquivando charcos en los que nos hundimos, buscando cornisas para atecharnos y al volver secarnos con fuerza. Por mi, si no fuera por ella a la que le gusta tanto la lluvia como a mi el sol, podría llover desde el 21 de setiembre hasta el 21 de marzo, pero que conste que si me dan a elegir, prefiero que orbaye.

lunes, 20 de febrero de 2017

Cielo negro sin luna

Un cielo negro sin luna,
caverna de desánimo y desaliento en la que caigo sin quererlo algunas veces.
Luego remonto y pienso
en este cielo poblado de estrellas,
visibles o invisibles,...
brillantes o vacías de luz,
una por cada beso que dimos,
otra por cada caricia que regalamos
y las más lejanas por cada día que compartimos.
Me consuela pensar que estamos al abrigo del mismo techo.
He recorrido tanto hasta llegar hasta ti que no me rendiré hasta volver a verme reflejada en tus ojos.
Negros como un cielo sin luna,
Negros como el abismo que oculta mi caverna.

Negros como la boca del lobo que nos acecha.

sábado, 18 de febrero de 2017

Ser de Quirós.

Esto también es ser de Quirós: mañanas de febrero que prometen ser junio.
Esta mañana yendo a una jornada sobre Escuela Rural a Campomanes (Lena) me deja tirada el coche (por enésima vez) en La Cobertoria. Móvil con batería, pero sin cobertura. Después del momento de nervios inicial, literalmente se paró bajando el puerto, me digo "tranqui Bea que pasa Eva", efectivamente apenas cinco minutos después pasa Eva, para y baja a llamar a la grúa a Pola. Otros cinco minutos y vuelve. La asistencia en carretera que no reconoce la matrícula (hay que joderse) ya no llegamos ni ella ni yo a nuestro destino. Bajamos a Pola, mientras tomamos café en La Faya, llamo a la grúa, al taller, a Claudia, a Marimar... organizamos cómo llego yo a Campomanes, desplanifico el resto del día, pasa Sandra con la pequeña Lara y me dice "si la necesito para algo", "No, gracias, estoy esperando a la grúa, pero qué suerte, tenía que hablar contigo" Llega Roberto, se ofrece a llevarme él a Campomanes. Acordamos enviar el coche al taller y yo "continuar" con el sábado, pasar el día entero escuchando acerca de la Escuela Rural, víctima de la despoblación o agente de cambio. Llega la grúa, vamos a cargar el coche, aparecen Luisa y Andrés, "No te preocupes que te acercamos nosotros a Campomanes". El coche camino de Oviedo. Yo rumbo a Campomanes. Roberto y Claudia en Pola en mi rescate. Nuria que viene a por mí. "Tranquilos todos que está solucionado"
Conclusión, ser quirosano es esto, juntar a una de Bermiego, uno de Villamarcel, una de Salcedo y Villamarcel, una de Rano, dos de Barzana y otros dos de Muriellos Cimero todos estos últimos adoptados y colaborar todos a solucionar un problema: el mío. Esto es ser vecinos. Esto es trabajar inspirados por un ánimo de cooperación. Ahora me iré a cenar, después de un día que resultó muy guapo, a pesar de todo, en el que he conocido gente muy interesante y que me lleva a reflexionar sobre la solidaridad. Mañana en prensa os cuento más. Ahhh y tengo que decidirme a cambiar el coche antes de que sea algo insostenible.

lunes, 13 de febrero de 2017

El cielo es azul, la tierra blanca. Una historia de amor.

"Estaba pensando en el maestro. Él nunca se había quejado de su edad. Quizás no lo hacía porque los ancianos se tomaban el tema mucho más en serio, o tal vez porque no le gustaba quejarse. ¡El maestro estaba tan lejos de la calle donde me encontraba! Cuando fui consciente de la distancia que había entre los dos, sentí un profundo dolor. No nos separaba la edad, ni tampoco el espacio, pero entre el maestro y yo había una distancia insalvable."
                                 Hiromi Kawakami, El cielo es azul, la tierra blanca.

No me puedo creer que no se vea el título
De nuevo por aquí, siguiendo una iniciativa del grupo TARRO-LIBROS, la primera de este año 2017, porque se trata de sumar, sobre todo, si sumar implica colaborar en la tarea de divulgación y animación de la lectura, que en ello estamos. Esta vez para celebrar San Valentín y mira que no soy yo nada de este día, pero como cualquier excusa es buena para leer y compartir lecturas pues vamos a celebrar. Carmen nos proponía esta vez  recomendar un libro que nos haya llegado al corazón por uno u otro motivo: por la dureza de su historia, por la ternura, por la cercanía de sus personajes, por el desgarro y la tragedia, por la reconciliación con la humanidad que sus páginas nos brindaron,... Cada uno habrá de buscar esa lectura que le removió, le conmovió y/o le emocionó, que le impresionó, enterneció, le inquietó o quizá le turbó. Yo he hecho dos relecturas, pero como bien dice ella sólo voy a recomendar uno: "El cielo es azul, la tierra blanca" de Hiromi Kawakami.


Datos del libro:
Nº de páginas: 216 págs. 
Encuadernación: Tapa blanda 
Editorial: EL ACANTILADO 
Lengua: CASTELLANO 
ISBN: 9788492649143

Sinopsis: Tsukiko tiene 38 años y lleva una vida solitaria. Considera que no está dotada para el amor. Hasta que un día encuentra en una taberna a su viejo maestro de japonés. Entre ambos se establece un pacto tácito para compartir la soledad. Escogen la misma comida, buscan la compañía del otro y les cuesta separarse, aunque a veces intenten escapar el uno del otro: el maestro, en el recuerdo de la mujer que un día lo abandonó; Tsukiko, en un antiguo compañero de clase. Con una prosa sensual y despojada, Kawakami nos cuenta una historia de amor muy especial: el acercamiento sutil de dos amantes, con toda su íntima belleza, ternura y profundidad. Todo un descubrimiento literario.
Compartir la soledad también es una forma de amar. Dos personas corrientes, como tú y como yo, cargando con sus mochilas personales. La del maestro, su matrimonio roto que puede simbolizar el maletín que no apea; la de Tsukiko, su particular relación con el mundo, con su familia, con la bebida, en una aparente incapacidad para establecer lazos de unión con el mundo que le ha tocado vivir... Dos personas, maestro y alumna, que se encuentran en una taberna muchos años después de haber abandonado la condición que los une y que, sin embargo, les acompañará durante todo el relato, hasta el punto de que Tsukiko no deja de llamar a su amante "maestro" en ningún momento ni siquiera cuando le dice que se ha enamorado de él.
"Todo quedaba muy lejos. El maestro, Takashi Kojima y la luna estaban muy lejos de mí. A través de la ventanilla contemplaba el paisaje en silencio. El taxi cruzaba como un rayo la ciudad desierta. "Maestro", dije en voz alta. El ruido del motor ahogó  mi voz. Durante el recorrido vi varios cerezos. Algunos eran jóvenes, otros ya tenían unos cuantos años. Pero todos estaban florecidos. "Maestro" dije por segunda vez. Mi voz no llegó a ninguna parte. El taxi me llevaba por calles oscuras."
Una relación que empieza siendo de admiración, de reprobación, de compañía mutua y termina convirtiéndose en una historia de amor, tierna y apasionada a pesar de la diferencia de edad existente entre ellos. Una historia en la que ambos están llenos de dudas. Un libro que te acerca a la realidad japonesa y llena de interrogantes sobre las relaciones sociales en este país tan atractivo como lejano. El Japón actual que combina tradición y modernidad. La novela te hace plantearte como es realmente la posición de las mujeres jóvenes, la relación entre padres e hijos, qué pasa con los matrimonios fracasados, etc. Tsukiko, la protagonista que pone voz a la narración, nos va mostrando como va, poco a poco, enamorándose de su antiguo profesor de japonés aún desconociendo realmente los sentimientos del maestro. Y mientras tanto el mundo discurre lentamente afuera de ellos dos.
"-¿Ah, sí? Qué bien- observé sin el menor interés. Me pregunté por qué, cuando hablaba con el maestro estaba tan irritable y me disgustaba con tanta facilidad, hasta el punto de tener ganas de llorar. Nunca me he considerado una persona sensible."
Un texto realmente bello lleno de poesía, de silencios, de referencias a la naturaleza, de momentos de intimidad, repleto de todos aquellos hilos con los que se teje la urdimbre de una auténtica historia de amor.

viernes, 10 de febrero de 2017

Sobre el cierre del Pan de Trigo

La historia de las personas que habitan un lugar se escribe también en los locales a los que acuden para pasar su tiempo de ocio. Salir a comer o a tomar una copa, vermutear un domingo o elegir este u otro lugar para celebrar un acontecimiento personal o para festejar un momento familiar forma parte de nuestro paso por la vida. Reuní en el Benidorm a mis amigos de entonces para tomarnos unas sidras por mi 18 cumpleaños, recuerdo perfectamente que en la mesa de al lado había otra chica que celebraba idéntica fecha. Parábamos siempre mientras duraron nuestros años de salir en un bar en la calle el Rosal que se llamaba El Cuentu la Buena Pipa del que ya he hablado más veces en estas páginas. La Perla, enfrente del Campoamor, el Meson Covadonga donde ponían los mejores pinchos de tortilla de Oviedo o El Manantial y su particular fórmula para avisar que estaban a punto de cerrar, el Mesón del Labrador en el centro de Oviedo o El Javier también en el Cristo fueron escenarios de mi historia particular.
Y efectivamente son muchos los bares en los que nos refugiamos del mundo, intentando huir o decidiéndonos a vivir dependiendo del momento. Muchos de los que forman mi historia han cerrado sus puertas. Si lo pienso, todos en los que fui feliz han desaparecido. Otros se han reinventado, algunos para sobrevivir y otros para enterrar definitivamente su solera y su ambiente, su forma de tratar a la gente y sus camareros jóvenes y guapos, disfrazándose de sitios modernos y/o alternativos, perdiendo para siempre su esencia o luchando por encontrar un sentido nuevo a su existencia. Y es que los chigres son organismos con vida propia, habitados por una fauna particular que comparte barra y mantel, pero sobre todo que vive en ellos auténticos capítulos del devenir propio de sus vidas cotidianas. Los bares son en sí mismo una lectura del mundo y de la vida.
En Quirós, junto a los chigres y locales de siempre que sobreviven contra viento y marea, a fin del verano de 2014 abría sus puertas en Bárzana el "Pan de Trigo" de la mano de Felipe Guindos y su esposa Mar López, avalados por cinco años al frente del Bar Tienda el Rubio de Santa Marina. Felipe y Mar sabedores de que su trabajo era apreciado se decidían a poner chigre propio. El espacio fue bien acogido primero porque quienes lo iban a regentar traían consigo ganas de trabajar y de hacer cosas diferentes, segundo porque se situaba en medio de Bárzana y tercero porque la gente sabe que cuando la oferta se amplía es mejor para todos. La competencia obliga a cualquier gremio a diferenciarse con el fin de fidelizar al cliente y, al final, son los clientes los que salimos beneficiados.
El Pan de Trigo venía a sumar dentro de la oferta gastronómica de la zona a la que añadía detalles de los que convencen al público más urbanita: copas altas para el vino, manteles y servilletas de tela y un especial interés por agradar a los clientes tratándoles con exquisito mimo. Todo el proyecto estaba encaminado a cautivar a aquellos que pretenden aunar tradición en idéntico ambiente del que disfrutan en los restaurantes más "cool" de las ciudades.
Estratégicamente situado junto a la Plaza Cubierta, el "Pande" como lo conocemos los asiduos, ocupaba una pequeña plazoleta peatonal en la que se asentaba su amplia terraza. Terraza que en verano llenaban las risas infantiles y las conversaciones de adultos y en la que no faltaban las pequeñas tapas creadas por la experta mano de Felipe con las que agasajar a los clientes. Una terraza retirada de la carretera general y un interior decorado con mucho gusto que permitía hacer un repaso a la historia del concejo que en forma de fotos que descansan aún sobre sus paredes. Una carta cuidada basada en los productos de la tierra, siempre que fuera posible, y una apuesta diferente que combinaba a un gran cocinero, Felipe curtido en mil batallas y siempre en evolución, materia prima de alta calidad y el trato exquisito de Mar. Tres pilares que eran la auténtica marca de la casa.
Sin embargo, la travesía no exenta de tempestades, les lleva tras casi dos años y medio después a echar el cierre. Las circunstancias personales y la dificultad (y SÍ, ya sé que a algunos les resulta extraño) de encontrar personal cualificado para sacer adelante y con solvencia la cocina, de forma que la gente siguiera identificando el proyecto inicial con el resultado final a pesar de no estar directamente Felipe gobernando  los fogones y digo "la dificultad" por no decir "la imposibilidad" porque he sido testigo en las últimas semanas de como Mar buscaba incansable alguien de confianza en quien depositar la responsabilidad de la cocina, les obligan a cerrar. No fue suficiente el buen hacer de los dueños esforzándose siempre en dar lo mejor de sí. Tampoco la amplia terraza, ni el interior acogedor. Se pone fin a un proyecto que mientras duró conquistó a quirosanos y visitantes no sólo por su cocina sino por el empeño de Mar, Jefa de Sala y alma del restaurante, en dar lo mejor de sí misma para que los clientes se fueran contentos y con ganas de volver. Un objetivo, el de cautivar a los clientes que, sin duda, consiguieron.
Un equipo de profesionales que pone fin a un sueño el suyo, pero que durante este trayecto ha puesto sabor a los sueños de muchas personas entre las que me incluyo que elegimos este local para nuestras celebraciones. Allí celebré mi cuarenta y cinco cumpleaños rodeada de mis amigos quirosanos y ovetenses un día de febrero en el que nevaba tímidamente. Bodas y bautizos, comidas familiares y reuniones de quintos, fiestas de Navidad del PDQ, cenas de Comadres... Si hasta LVT y yo cerramos nuestro trato de colaboración en vuestra terraza. Tantos momentos compartidos en una historia que en realidad ha sido más corta de lo que todos deseábamos. Felipe y Mar, vuestra casa ha sido la nuestra. Gracias por vuestro trabajo. ¡Os echaremos de menos!

miércoles, 8 de febrero de 2017

Todos somos extranjeros.

[...] Esto nos atañe a todos, porque el extranjero no sólo es el otro, nosotros mismos lo fuimos o lo seremos, ayer o mañana, al albur de un destino incierto: cada uno de nosotros es un extranjero en potencia.
Por cómo percibimos y acogemos a los otros, a los diferentes, se puede medir nuestro grado de barbarie o de civilización. Los bárbaros son los que consideran que los otros, porque no se parecen a ellos, pertenecen a una humanidad inferior y merecen ser tratados con desprecio o condescendencia. Ser civilizado no significa haber cursado estudios superiores o haber leído muchos libros, o poseer una gran sabiduría: todos sabemos que ciertos individuos de esas características fueron capaces de cometer actos de absoluta perfecta barbarie. Ser civilizado significa ser capaz de reconocer plenamente la humanidad de los otros, aunque tengan rostros y hábitos distintos a los nuestros; saber ponerse en su lugar y mirarnos a nosotros mismos como desde fuera. 
(Extracto del discurso de Tzvetan Todorov en la recogida del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. El País, 25 de octubre de 2008)


Mural urbano, Oviedo, 2017
La Asociación de Mujeres Valle de Quirós comienza febrero sumándose a la campaña de recogida de material higiénico sanitario dirigida a mujeres, niños y personas mayores, refugiados y desplazados, en situación de desamparo víctimas de la guerra de Siria. Durante el mes de febrero y, en nuestro concejo hasta el 15 de marzo, las personas que así lo deseen pueden colaborar aportando pañales de bebé, pañales para personas mayores, compresas y toallitas higiénicas que serán recogidos por la mañana en el Ayuntamiento, y por la tarde, en el Telecentro. Finalizado el plazo, representantes de la Asociación llevarán a Gijón el material conseguido que se entregará al Consejo de Mujeres de Gijón, que es el impulsor de la campaña. No se trata de una iniciativa política sino de una propuesta del colectivo por la igualdad del Ayuntamiento de Gijón. Es un proyecto solidario hecho por mujeres y orientado a los grupos más desprotegidos en los campos de refugiados (bueno, los de siempre). La campaña finalizará en Gijón el próximo día 31 de marzo, desde allí el material se trasladará a los campos de refugiados. En Quirós, la Asociación de Mujeres, que cuenta con el apoyo y la participación del Ayuntamiento, será el sujeto activo de la misma.
Es de recibo decir que la campaña me llega a través de IU regional y a partir de ahí, tras compartir la iniciativa en los medios, la respuesta no se hizo esperar. Por mi parte, la traslade, tras enterarme de quien estaba detrás y fueron muchas las personas que se interesaron para que sacáramos adelante este gesto que puede que sea meramente simbólico, pero que es un gesto en positivo a fin de cuentas. Sumando ganamos todos. Y es que la SOLIDARIDAD se escribe con pequeñas acciones que van mucho más del valor económico que tienen.
Para mi lo realmente importante es ponerse, por un momento, en el lugar de las mujeres refugiadas. Cosa que, por otro lado, es absolutamente imposible cuando tienes calefacción central o lumbre en la chimenea, ropa seca para cambiarte, cuando la nieve solo te incordia porque te moja la ropa despues de hacer un muñeco con tus hijos, cuando sabes que tu casa no va a volar por los aires consecuencia de un ataque aéreo o cuando vas al lineal del supermercado y un gesto tan sencillo como elegir libremente tu  marca de compresas preferida es posible.

Refugiados, Belgrado foto de Andrej Isakovic
A la luz de esta campaña, me horroriza lo que tanto mujeres como hombres comentan sin pudor en las redes sociales, no sé si con ánimo de provocar o simplemente de polemizar, equiparando nuestra situación con la situación de Siria. Señores, es que ESPAÑA NO ES SIRIA, por mucho empeño que pongan algunos en comparar dos situaciones completamente opuestas. Lo nuestro es pobreza originada por un sistema económico y político tramposo y obsceno que nos lleva al límite al mismo tiempo que articula distintos medios y ayudas para salvarnos de la indigencia más absoluta, pero condenándonos a ser pobres. Porque como me decía una amiga hoy ¿qué es realmente ser pobre en nuestro país cuando hay gente que amparada en el salario social no acepta una oferta de trabajo porque gana más quedándose en casa? Y, sí, esto pasa, como también pasa que hay gente a la que desahucian y otra durmiendo en la calle, desgraciadamente.
Mientras esto ocurre en España, en Siria hay una guerra. Una guerra en la que entre 2011 y 2015 y según datos de Naciones Unidas han muerto más de 250.000 personas. Hombres, mujeres y niños muertos. Rostros y nombres propios, profesiones e historias personales. Fotos en color para siempre en blanco y negro. Un conflicto que ha originado un movimiento de desplazados y huidos, exiliados y desterrados, explusados de Siria de casi 5.000.000 de personas con la consiguiente crisis en los países vecinos y el debate acerca de la responsabilidad de la comunidad internacional sobre ellos. Personas como tú y yo estigmatizados para siempre con la etiqueta de refugiado. Cerca de 70% de la población no tiene acceso a agua potable, una de cada tres personas no puede satisfacer sus necesidades alimentarias básicas, más de dos millones de niños no van al colegio y una de cada cinco personas vive en la pobreza. Las partes en conflicto han complicado aún más la situación al no permitir el acceso de las agencias humanitarias a los necesitados. Se calcula que hay unas 500.000 personas viviendo bajo asedio. Coño, y mientras nosotros preocupados porque las mujeres no tienen compresas, ni los niños pañales.
Lo de Siria es miseria/opresión/muerte/desarraigo. Se me ocurren mil y una formas de calificar lo que está viviendo ese pueblo y otros tantos que pasan por situaciones parecidas o semejantes que les obligan a salir de su tierra. Ojo, una situación originada también por el sistema, amparado por las potencias mundiales que no se sabe muy bien porqué no actúan con contundencia, ah, sí, claro que es un país con una posición geopolítica estratégica para el equilibrio en Oriente Medio, amigo de Occidente. Una crisis que ha vuelto a poner de manifiesto la división del mundo en dos bloques, los buenos y los malos, aunque no se sepa muy bien cuál es la forma de identificar el sitio de ninguno.
¿Seguís pensando que España es Siria? ¿No son acaso distintas ambas realidades? Porque sí, es verdad que hay situaciones sangrantes entre nuestros compatriotas, pero nuestro país tiene muchos recursos para evitar que alguien vaya a dar con sus huesos a una tienda de campaña entre la nieve, sin agua, sin comida, con ropa prestada desechada por otros, en una tierra que no es la suya, sin ni siquiera hablar el mismo idioma.


Foto RTVE, a propósito de Sidnaya, prisión en Siria.
Si no fuera bastante, ayer la prensa publica un informe de Amnistía Internacional en el que se afirma que al menos 13.000 personas, la mayoría civiles, han sido asesinadas en cárceles sirias por ser opositores al régimen. Abogados y médicos, periodistas y militares, ahorcados lunes y miércoles de cincuenta en cincuenta. ¿Qué me estáis contando? Gente torturada y condenada  a muerte por el simple hecho de hablar en voz alta o de escribir en contra del régimen.
Me recuerda el FB de la memoria que un día como hoy de 2012 manifestaba mi vergüenza por la actitud de la comunidad internacional acerca del conflicto sirio. Han pasado cinco años y mi vergüenza sigue intacta. En un mundo en el que sólo el año pasado el Mediterráneo les robó las vidas y las almas al menos a 5.000 personas y dónde cuentan que 10.000 niños han desaparecido en campos de refugiados en la vorágine de la huida y el desconcierto. ¿Qué queréis que os diga? Me importa muy poco lo que opinéis de nuestra campaña de recogida de compresas y pañales. Ojalá tuvierámos poder para hacer algo verdaderamente importante. Mientras tanto sigamos aguantando críticas absurdas de gentes que sólo saben mirar su ombligo y que carecen de la más mínima empatía.

sábado, 4 de febrero de 2017

Lo importante es vivir.

Afuera llueve.
Las gotas se escurren entre las tejas del tejado.
Huyen hacia la tierra fértil que las recibe.
Dentro crepita la leña en la chimenea.
El fuego ilumina la estancia.
Hay poca luz ya en la calle.
El cielo gris invernal, ábside protector sobre nuestras cabezas, poblado de estrellas que hoy no veremos, pero que sabemos sobre nosotros.
Cada estrella uno de los nuestros que partió antes de tiempo.
Lola duerme a mi lado.
Once años ya de vida en común, de intensidad, de refugio mutuo y compartido. Ha recibido todos los besos y abrazos que no he dado en este tiempo, probablemente destinados a quienes duermen para siempre en las cloacas del desamor, la soledad y la impaciencia.
Y sí, lo reconozco no he sido paciente, nunca lo fui. Tampoco voy a serlo ahora.
Hoy cumplo cuarenta y siete años.
Felicidad, eres esto?
Sí, seguramente sí.
Lo importante es vivir.