Páginas vistas en total

jueves, 29 de noviembre de 2012

Taller de lectura

Cuando alguién se admira de mi amor por la lectura, no puedo evitar pensar en mis padres. Mi madre que desde muy pequeños nos inculcó el afán por leer y mi padre que lo mantiene vivo. Con él, con mi padre intercambio libros, historias y relatos, a mi madre le debo que cada domingo después de Misa, me acompañaba al kiosko de la esquina a comprar aquellos tebeos fantásticos que leíamos de pequeños. A mi madre le debo también que siempre fuera generosa a la hora de comprar un libro, para ella o para nosotros, y la idea de que invertir en cultura es la mejor inversión.  Así, amparada por mis padres, nació mi gusto por las vidas de los demás, por los protagonistas de novela, por las biografías, por la novela histórica, negra o romántica, por los libros de viajes, por el realismo mágico, por autores de aquí y de allá... A esto ayudó que hice el BUP por Letras y que tuve una fantástica profesora de Lengua y Literatura en el colegio de monjas al que fui (un poco loca la profesora aquella, pero única en su esencia)
Hace casi dos años, el título de una obra "La luz es más antigua que el amor" de autor asturiano para más señas, Ricardo Menéndez Salmón, detrás de la que yo andaba, me llevo de cabeza a participar en un taller de lectura, en "mi taller de lectura", como diría Marta una de mis compañeras del mismo. Casualidades de la vida y una plaza de aparcamiento, me hicieron descubrir una librería pequeñita y muy coqueta que está cerca del barrio de La Florida, en la otra punta de la ciudad. Yo creo que no hay sitio más alejado de mi domicilio que la librería Santanillas, pero en ella me siento como en casa. Desde su escaparate en enero de 2011 llamaban a la lectura de ese libro y convocaban la primera reunión.

El lugar es espectacular, claro, siempre que te gusten las estanterias, los libros, el papel de escribir, los lápices y ese olor tan especial que reina en ellas. Nos reunimos en la Sala de Exposiciones, pues la librería alberga en sus bajos la Sala Alfara, y rodeadas de arte, allí, una o dos veces al mes, procedemos a desgranar el libro que, sin criterio definido, una de nosotras ha propuesto y las otras aceptado, casi siempre de buen grado. Y digo una de nosotras porque somos todas chicas y no sé porqué... Hay muchos hombres que leen, lo sé, pero hay pocos que quieran ir a desnudar sus sentimientos delante de otras personas, porque eso de ponerse a hablar de esta o aquella emoción que ha despertado en ti el libro es más de mujeres que de hombres. Es educacional, qué le vamos a hacer.
Hace poco leí que quien tiene un libro, nunca más está solo. Esta afirmación sólo la podemos entender los que somos lectores impenitentes (aunque nunca se lee lo suficiente, el rimo y la vertiente por la que avanza nuestra sociedad nos quita mucho tiempo para dedicarnos a nosotros mismos y ése, el tiempo de la lectura, muchas veces es el primer sacrificado) Pero es cierto, la lectura es una de las mejores compañeras de viaje. Precisamente una de las cosas que más echo de menos de viajar en transporte público es la posibilidad de ir leyendo a la vez que contemplas el paisaje... si bien, ahora con los teléfonos móviles es dificil encontrar el silencio propicio en autobuses o trenes, pero esto daría para otro post (lo habrá os lo prometo).
Así, es la lectura la que salva de la locura a uno de los protagonistas de la novela que estoy leyendo para mañana (mañana tenemos reunión) se titula "Novela de ajedrez" de Stefan Zweig. Un libro sobre ajedrez se convierte en su tabla de salvación frente a la tortura; un libro aparentemene nimio, insignificante, sin interés para los legos en la materia, es su tesoro, su mayor tesoro. Os recomiendo la novela, es muy cortita, te hace reflexionar sobre lo que es capaz de hacer el hombre para esquivar la autodestrucción y sobre el valor de las cosas.

Quería escribir acerca del taller porque mañana 30 de noviembre es el día de las librerías. Las librerías estarán abiertas de 9.00 a 22.00 de la noche y ofrecerán descuentos en nuestras compras además de lo que ofrecen siempre: charla amable y buenas recomendaciones a la hora de decidirte por uno u otro título. Ofrecerán una mano amiga a la hora de guiarte por el universo de los libros, ese universo especial y único que nos salva tantas veces de la mediocridad y del hastío. Pasaros por allí, no os arrepentiréis.
Besos para todos
Bea la de Lola

martes, 27 de noviembre de 2012

Haciendo balance

Si tuviera que mirar hacia atrás y hacer un resumen de lo que ha sido mi vida en los últimos 20 años, no sé que destacaría, ni en qué cosa haría hincapié, no sé que he dejado por el camino que no hubiera querido dejar (bueno, eso sí, he dejado a gente a la que hoy sé que no hubiera querido o debido dejar) Seguramente, si hiciese un exhaustivo y detenido análisis encontraría: un montón de expectativas sin cumplir, un montón de sueños que se rompieron y un puñado de cuentas por saldar. Creo que estas últimas son cada vez menos, algunas puertas deben cerrarse para no volver a abrirse y deben de quedar bien cerradas para que no entre la corriente, esa corriente que, a veces, hace que tu cuerpo y tu alma se respiguen y los recuerdos te atormenten. Algunas personas no merecen ni siquiera tu pena.
Sin embargo, como no quiero que me embargue la tristeza, porque como mi buen amigo Bevilacqua, hace mucho tiempo que decidí ser una optimista contumaz, en este momento en el que tanta gente me habla de hacer balance, pasados los cuarenta (y dos), quiero pensar que he conseguido muchos logros y también algún que otro éxito. Me he enamorado y desenamorado, por lo menos dos veces (ésas las de verdad, las de mentira han sido muchas más). He perdido a mucha gente a la que quería, gente de la de verdad, de la que no falla, pero he aprendido y ¿aceptado? que la vida es eso, una continua despedida en cada una de las estaciones por las que vas pasando. He engordado y he adelgazado. He crecido por fuera y por dentro. Me han salido mis primeras arrugas y  mis primeras canas, de las que estoy orgullosa. He sido princesa y personaje de cuento. He viajado. He leído. Llevo en mi equipaje miles de experiencias personales y profesionales, buenas y algunas malas, que me han convertido en la persona que soy y que pesan lo justo a la hora de cargar con ellas.
Pero, si de algo estoy orgullosa es de la tela de araña que he construido a mi alrededor, un laberinto de contactos, de amigos y de familia que me llena, gente que está siempre, siempre al otro lado esperando que los llames para tenderte la mano, gente que ha llegado y ha instalado su tienda de campaña en mi jardín para quedarse para siempre, los amigos de antes y los de ahora, los de aquí y los de allí, los de un momento y los de toda la vida. He sufrido con ellos y he disfrutado, he llorado y me he reído, me he alegrado de sus éxitos y entristecido con sus fracasos.
Creo que no hay nada negativo que poner en mi balanza, porque lo bueno puede con lo no tan bueno. Toda esta gente que me acompaña en el maravilloso viaje que es la vida hace que mis perspectivas acerca de este camino que me ha tocado hacer se vayan cumpliendo con creces. Os llevo a todos en mi corazón, que como es un músculo se estira para haceros hueco y que no se quede nadie fuera.
Lo que me falta, si es que falta algo, sé que está por venir y que todo lo que venga será mejor o, por lo menos, igual de bueno.
Besos para todos
Bea la de Lola