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miércoles, 30 de julio de 2014

Honorables curritos versus deleznables políticos.

honorable: (Del lat. honorabĭlis).
1. adj. Digno de ser honrado o acatado.
2. adj. Tratamiento que en algunos lugares se da a los titulares de determinados cargos. U. t. c. s.
 
político, ca.
5. adj. Dicho de una persona: Que interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado. U. t. c. s.
8. f. Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos.
 

A la luz de la foto del Parlamento Europeo vacío estos días debatiendo sobre el "conflicto" en Gaza, de alguna que otra noticia de primera página de periódico nacional y/o autonómico y de la entrevista que le han hecho hoy a Josep Alsina vicepresidente de la plataforma civil catalana Somatemps en RNE en la que ha esbozado un panorama político catalán bastante más sucio y menos limpio de lo que hasta ahora pensábamos y sabíamos o mejor, de lo que hasta ahora había salido de las supuestas fronteras del país catalán y, por tanto, más acorde con lo que tristemente es el conjunto español, se me plantea la siguiente reflexión.
A estos políticos que se ausentan les pagamos entre todos nosotros. Yo contribuyo a la riqueza de este país con mi humilde trabajo y a las arcas del mismo con una pasta o lo que para mi es una pasta. Como yo el resto de los ciudadanos de esta España nuestra, pues impuestos pagamos todos de una u otra forma. Tengo una nómina de la que cada mes un 20% sólo en concepto de IRPF se va para la Hacienda Pública. Un 20% que quiere decir que de cada 100 céntimos de euro, 20 céntimos son para las arcas de Papá-Estado (que somos todos, eso está claro) 1/5 parte de mi trabajo se cuela en un primer filtro en impuestos. Eso sin tener en cuenta lo que pagamos de Seguridad Social, cuando la mayoría sabemos o creeemos que éste es un sistema insostenible y a punto de quebrar que se sostiene en un equilibrio inestable, en un espejismo. Cada vez que me tomo un café pago un 10% de IVA. Cada vez que lleno el coche de gasoil, ya ni siquiera quiero ver lo que me cuesta y menos echar la cuenta de lo que va para impuestos. Entre alcantarillado, recogida de basura, tasas y demás, tener agua en Quirós nos cuesta tanto como tenerla en Oviedo, etc., etc. Si al final me van a cobrar por mirar como crece el manzano que hay al otro lado de la ventana en mi casa del pueblo. Nos van a cobrar por respirar y usar las playas, por pasear por el monte y ver amanecer.
Cuando estudiaba Derecho y veíamos la objeción de conciencia, se estudiaba de refilón también una figura llamada objeción fiscal. No recuerdo muy bien los límites de la misma, pero ahora soy consciente de cuánto aprendí en Constitucional con aquel profesor tan guapo y tan joven al que la vida y los años han tratado bastante bien (decididamente voy a tener que recuperar ese texto del que tanto me estoy acordando estos últimos meses) Al final la objeción fiscal era algo imposible de realizar. No era factible. No es factible. Quizás en un mundo diferente pudiera serlo. El argumento del objetor fiscal era manifestar su oposición a que una parte de sus impuestos fuera destinada al gasto militar. Pensad que yo estudié Derecho a caballo entre finales de los ochenta y primeros de los noventa del siglo pasado, de plena actualidad la invasión de Irak a Kuwait, que desencadenó la Guerra del Golfo entre agosto de 1990 y febrero de 1991. Bueno que me pierdo: yo hoy recuperaría esta figura, al menos como forma de dar un golpe encima de la mesa y como parte del derecho al pataleo que al final va a ser lo único que nos quede. Pediría que mi parte de impuestos que es lo suficientemente abultada para alguien de mis circunstancias, no sólo no se dedicará a pagar gasto militar, ni ¡OJO! a subvencionar a ningún credo religioso, sino que tampoco se dedicará a pagar a ningún honorable y agradecido estómago de profesión político. Con mi dinero NO.
Estoy sobradamente preparada y soy lo justo de lista para saber que si quiero dedicar parte de mi presupuesto a Sanidad y Educación, Servicios Sociales y Cultura, Fomento y Agricultura, Justicia y Turismo (por poner algunos ejemplos) y convertirlo en hospitales y material quirúrgico, médicos y profesores, pupitres y tizas, asfalto y señalizaciones, pintura para viales y quitanieves para el invierno, becas y libros para bibliotecas... (todo lo que se os ocurra) tengo que quitarlo de otra partida (principio básico del presupuesto, que se aplica también al personal y familiar) Yo, sinceramente, lo quitaría de los sueldos de estos señores, que triste y erróneamente elegidos por nosotros, se cogen vacaciones y se van con la Paz de Oriente Medio a quién sabe dónde dejando el Parlamento vacío. ¡OJO! El Parlamento Europeo, las Cortes Generales y los 17 Parlamentos autonómicos (pues las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla no tienen, ¡menos mal!) Que no digo yo que no merezcan vacaciones, sólo que cuando se les necesita no están y cuando están miran para otro lado. Lo peor no es que se vayan ahora que están discutiendo acerca de Palestina, esto es sangrante y vergonzoso, lo malo es que también se ausentan cuando se tratan otros temas, no más importantes, pero si que nos afectan más directamente (aunque no podamos, ni debamos cerrar los ojos ante la batida que está haciendo el ejército del Estado de  Israel sobre la población palestina y que es un genocidio).
Yo quiero que mi parte de impuestos se destine a que Susana tenga un nuevo encerado para que pueda seguir enseñando y Carmen el equipamiento que necesita el gimnasio del nuevo HUCA en Oviedo, que Chelo pueda seguir adquiriendo novedades para la biblioteca que gestiona y Nacho y el resto de la gente del Archivo Histórico sigan teniendo el sistema adecuado para la conservación de todos los documentos que alberga, que haya fondos para seguir investigando las enfermedades que ya están siendo y serán las epidemias del futuro, que López Otín y su equipo puedan seguir investigando, que Blanca y los buenos tengan medios para perseguir a los malos, que la abuela de Luis tenga derecho a un centro de día gestionado con fondos públicos, que Rafa tenga derecho a una segunda opinión médica y el colegio Quirós pueda conservar sus unidades y no le quiten ninguna más por razones de presupuesto, ni una más.
Quiero que mis impuestos se destinen a mejorar las instalaciones escolares y los hospitales, las urgencias y los centros culturales, las vías de los trenes y los museos. Quiero que sirvan para llevar a cabo políticas de igualdad, de integración, de solidaridad con los menos favorecidos o con menores oportunidades. No quiero que sigan engrosando cuentas en Andorra, ni en Suiza, ni en paraísos fiscales, los que sean. Cada euro que se lleva un político corrupto nos lo roba a todos.
Me pasma la facilidad con la que una conocida familia catalana sacaba en mochilas millones de euros. Se han paseado por allí como si fuera su cortijo. Me deja atónita la facilidad de algunos para tomar lo que no es suyo. Señores políticos ¿saben cuánto hay que currar para ganar un millón de euros? No tendrían tiempo en sus vidas indolentes para hacerlo con el sudor de su trabajo. Nunca. Jamás. Hay que trabajar mucho. Toda una vida.
Cada vez que me convocan a las urnas me digo que será la última que vote. No puedo evitarlo, dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Y yo voy y voto. Una y otra vez, en todas las elecciones, sin fallar, porque creo en la Democracia, porque creo que nos merecemos un buen gobierno, porque no somos manada, ni piara, ni recua, ni rebaño... Somos personas. Personas que no nos merecemos a estos gobernantes. A mi al menos no me representan, cada día me lo demuestran más.

** La asociación SOMATEMPS representa un colectivo de voluntarios de distintos ámbitos de la sociedad catalana que defienden la identidad hispana de Cataluña.


sábado, 26 de julio de 2014

"Intemperie" de Jesús Carrasco

intemperie: (Del lat. intemperĭes)
1. f. Desigualdad del tiempo.
a la ~.
1. loc. adv. A cielo descubierto, sin techo ni otro reparo alguno.

Un niño sin nombre huye de su casa en algún lugar de la España más rural y pobre. Lo ha planeado. En un agujero, pasando sed y hambre, sufre un sol abrasador. Los mismos hombres que le buscan, mean sobre él en su escondrijo. No puede salir y se hace pis encima. Así, con este desaliento, empieza esta primera novela de Jesús Carrasco, un autor, joven (como casi todos nosotros) y extremeño (como alguno de nosotros). Cuando compré el libro hace ya varios meses, guiada por la portada o por el título, en este caso fue el título y un error, lo confundí con una de las recomendaciones de Ovidio Parades, no pude pasar de las primeras páginas. La narración me transmitió una sensación de angustia, la soledad de un chiquillo en un secarral y escondido en un hoyo, huyendo de no sé sabe qué, ni de quién. La llevé conmigo de fin de semana. La empecé. La abandoné. Se quedó encima de la mesita de noche esperando otro momento. Es raro que yo desista de una lectura. Seguramente pensé que cuando llegará el buen tiempo sería más llevadero enfrentar aquel territorio yermo e infinitamente seco que como dice el autor desprende "un olor a tierra quemada y pasto seco", que contrasta tanto con mis montañas asturianas de un verde esperanza. Emocionalmente no las tenía todas conmigo. Hace un par de semanas, la novela hizo el mismo recorrido. Esta vez de vuelta, de mesita de noche a mesita de noche y casualmente quedo encima del montón que tengo pendiente. Me horroriza esa pila de libros que crece sin cesar y que sólo indica que mi tiempo es inversamente proporcional a toda la lectura que me debo.
Dos personas me recordaron esta semana el libro que no había vuelto a abrir. El sábado Feli me preguntó en Quirós que si la había leído, le dije que no, pero que la tenía y que yo se la prestaba, sólo que estaba en Oviedo. Un comentario en un muro de Facebook, me llevó a una reseña y además me aportó una nueva amiga. Gracias a los dos, Feli y Sandra, recordé que tenía que volver sobre él. Lo hice ayer, sabedora de que tenía que continuar y concluirlo. El convencimiento de que se escondía una buena historia empujaba ese desaliento mío inicial. La vida misma, si el libro hubiera estado en Quirós se lo habría dejado a Feli y no lo hubiera leído. Así que llegué a casa por la tarde y lo abrí de nuevo esperanzada.
Hasta aquí mi historia con el libro-objeto. Tengo una con cada libro. Lo bueno es que cada lector establece su propia relación personal tanto con el libro, como con el autor a través de la historia que nos cuenta. La historia puede gustar más o menos, pero lo más importante es que no te dejé indiferente (aunque algunas lo hagan para frustración de ambos: lector y escritor)
Pero vamos a la obra. No hay nada más cruel que la gente ruin y mezquina que sólo quiere someter a otros, que necesita hacerlo para sentirse alguien, que necesita experimentar poder machacando a otro. Si para eso utilizas todas las armas a tu alcance de humillación, esclavitud y maltrato y tu objetivo es el más débil, bien sea niño, bien sea anciano, eres lo peor. Que alguien crezca instalado en el miedo a quien sea, a lo que sea, no es forma de crecer, ni de avanzar. Pero si ese alguien, con cuerpo de niño, con cuerpo de anciano o incluso de animal indefenso, conserva un hilito de rebeldía que lo mantiene en pie y le anima a huir, hay salvación o, al menos, lo vamos a intentar. Hay cosas que pasan, especialmente a los niños que no deberían pasar. Pasan y seguirán pasando. La maldad del hombre que SÍ, es un lobo para el hombre ("homo homini lupus", los que me conocéis y seguís mi muro entenderéis esto) es universal y atemporal, no conoce fronteras, ni espacio, ni tiempo. Algunas veces la propia inocencia te salva, otras es la misma inocencia la que te condena.
Buff, si podéis leer esta "Intemperie" de Carrasco igual no os gusta, pero sin duda no os dejara indiferentes. El niño y el viejo, las cabras y el perro, el burro y la tierra seca, el alguacil y sus cómplices encarnando el rodillo de la maldad humana que pasa aniquilando y barriendo todo. La inocencia y la experiencia, la indefensión y el refugio, la supervivencia y la lealtad. Cada uno de los personajes y, sobre todo, el paisaje llano, árido, enemigo y el sol ardiente, hiriente y abrasador metáforas del tiempo que vivimos en el que hasta los elementos parecen estar en contra nuestra. Se lee fácil, con muchas referencias al campo, recomendable para urbanitas (hay vida más allá del asfalto) frases cortas e impactantes. Todo contribuye a un dibujo perfecto del ambiente asfixiante que rodea al niño y pretende ahogarlo. Es esa atmósfera la que puede agobiarte. En mi opinión, eso es lo que busca Carrasco provocar en el lector, que sintamos la pequeñez del débil frente a todas las cosas que le rodean y le son adversas. Y lo consigue.
¿No os parece que tiene una lectura totalmente actual? Sin embargo, al final, la lluvia que libera y purifica SIEMPRE. 
Finalizado, ahora toca procesarlo. Una entrada por la puerta grande en el panorama literario actual, sin duda, esta "Intemperie" de Jesús Carrasco. Me duele el alma.
El autor en el Auditorio de Oviedo en un encuentro con lectores




 
 

jueves, 17 de julio de 2014

La indefensión de los niños. No hay paz para Gaza.

"Deseo que seas muy feliz. Tú como persona y tú junto a los tuyos. Los niños vienen a este mundo para ser felices. No debería haber ningún niño que no lo fuera. Así que te deseo felicidad y que seas capaz de hacer feliz a los que te rodean, que tu vida sea ejemplo de niño feliz, que llenes la vida de música, espontaneidad y frescura. Que juegues mucho, que te rías más, que disfrutes de tu infancia. Que nadie perturbe tu inocencia. Que no haya Herodes en tu vida ni reales, ni ficticios. Te deseo abrazos, besos, caricias y risas. Te deseo un saco de sonrisas para que las regales en el 2014. Que te encuentres gente amable en el camino que saqué lo mejor de ti."
                                                             Bea la de Lola en "Hugo, feliz año 2014"

genocidio: (Del gr. γένος, estirpe, y -cidio) 1. m. Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad.
 
infancia: (Del lat. Infantĭa) 1. f. Período de la vida humana desde que se nace hasta la pubertad. 2. f. Conjunto de los niños de tal edad.
 
indefensión: 1. f. Falta de defensa, situación de las personas o cosas que están indefensas. 2. f. Der. Situación en que se coloca a quien se impide o se limita indebidamente la defensa de su derecho en un procedimiento administrativo o judicial.


Las víctimas no tienen nacionalidad, sólo son víctimas, mucho más cuando se trata de niños. Niños que desconocen el significado de un himno y de una bandera, de un credo y de unas fronteras, si es que alguna vez estos conceptos encerraron algún significado válido. Niños indefensos. Cada familia llora y entierra a sus niños muertos. Todos son muertos, sólo muertos.
Cuando el 12 de junio, Eyal, Gilad y Naftali, tres chavales judíos, fueron secuestrados y asesinados, probablemente estaban planeando el verano de sus vidas, pensando en las chicas con las que les gustaría salir, comentando los resultados de sus exámenes, ideando unas vacaciones en la playa o un viaje a la Vieja Europa a conocer la parte de la historia de su pueblo que nos avergüenza a todos y que no hay que olvidar. Eran chicos empezando la vida, discurriendo un futuro. Cuando el 2 de julio Muhammad caminaba por la calle y fue secuestrado y, más tarde, quemado vivo, sólo era un chaval en la misma situación que los anteriores, quizás acudiera a clase de música o estuviera pensando en los resultados del Mundial que se estaba celebrando tan lejos, tan cerca. Poco importaba en aquel momento cuál era su religión, su país o su nacionalidad. Cuando todos ellos, unos antes y otro después, aparecieron muertos, eran tres judíos asesinados por terroristas de Hamás y un palestino asesinado por un radical judío (así calificó la prensa tendenciosa a los asesinos: unos terroristas y otro radical). Estas muertes fueron la excusa, aunque la maquinaria de Israel necesita pocas excusas para ponerse en marcha y arrinconar al pueblo palestino. Ahora bien, no debemos olvidar que ni todos los judíos son genocidas, ni todos los palestinos son terroristas.
He visto a una madre judía pedir que los culpables del asesinato de su hijo y sus amigos fueran llevados ante la justicia y que no se contagiase a personas inocentes el dolor ilimitado que ellos estaban sintiendo con la pérdida de los suyos. ¿Cómo puede una madre mantener un mínimo de sentido común en medio de la sinrazón?
He visto a gente sentada en sillas de playa observando como el ejército israelita bombardea las poblaciones palestinas, arrasándolas en busca de objetivos terroristas reales o imaginados. Admirando y aplaudiendo el espectáculo impecable de luces y explosiones como en un cine de verano, ignorando que esas bombas o ¿acaso no? son el telón de un escenario en el que se representa un guión de muerte y exterminio.
He visto la foto de un niño palestino con el cráneo vacío en brazos de un padre roto por el dolor ante su hijo muerto, ayer otro niño palestino sujetaba la mano de su madre a la que se le iba la vida mientras lloraba a gritos. Quitando que tengo mis dudas del efecto que produce en nosotros la obscenidad de estas fotos que muestran el dolor desnudo y absoluto de padres e hijos, soy consciente de que también son el testimonio y la radiografía misma de lo absurdo y sin sentido, real e histórico que se están viviendo hasta ahora mismo en Palestina. No creo sinceramente que publicar estas fotos nos lleve a ninguna parte, pero que a estos niños les roben la vida, la infancia y el alma, que estos niños tengan grabadas para siempre en sus retinas las imágenes que están viviendo o, mejor dicho, las imágenes de los que están muriendo a su alrededor, no tiene nombre.
Se me rompe el corazón pensar que ese niño sin media cabeza en brazos de su padre, que ese adolescente que abraza el cuerpo muerto de su hermano ya sin color en sus mejillas asesinado mientras jugaba con sus amigos en una playa, podría ser uno de los nuestros y llamarse Pablo o Jorge. Sin olvidar lo que pasó en el pasado, esto también es un genocidio y está ocurriendo ahora y los otrora perseguidos son ahora perseguidores.
¿Qué busca Israel aparte de terror y muerte? Israel busca despojar al pueblo palestino de lo suyo: de sus casas y sus tierras, de sus jóvenes y sus niños, de su futuro y de su esperanza. Busca atraparlos en una cárcel de barrotes invisibles donde sin ninguna posesión, imposibilitados para acudir a sus trabajos, sin agua y sin comida, sin electricidad y sin libertad pierdan los restos de la cordura que les queden. ¿Cómo no va a crecer la semilla de la venganza en la tierra palestina si la están sembrando los vecinos israelitas?
Es inmoral herir y golpear a un pueblo que está en su tierra, la que siempre ha sido suya, hasta que su única salida sea revolverse y morder ellos al mismo tiempo al puño que les aplasta. Al mismo tiempo, sí, pero en desigualdad. Unos, los grandes, con el apoyo tácito o expreso del Gobierno del país más poderoso del mundo que mima al guardián de sus intereses en semejante polvorín y con la complicidad de la comunidad internacional que mira para otro lado cuando Oriente Próximo arde. Otros, los pequeños, con palos y piedras. En esta batalla desigual David no vence a Goliat
La historia de un país no se puede escribir con sangre, ni de miembros lacerados, ni a golpe de mortero, ni a golpe de misil. La historia de una tierra la escriben sus científicos, sus escritores, sus pintores, sus actores y actrices, sus hombres y mujeres de bien. La escriben los jóvenes y los niños si los dejan crecer. La historia de un pueblo no la deberían de escribir nunca sus políticos, ni sus jerarcas, ni sus líderes religiosos, cuando todos éstos sólo saben masacrar al débil, aplastar al diferente, acabar con las minorías, alimentar el odio, tratar a sus vecinos como a insectos a los que exterminar.
¿Es imposible la paz en esa tierra? ¿Cuántos Cristos con cuerpo de niño son necesarios para poner fin a una locura que dura ya demasiado tiempo? Esta claro que en aquellas tierras confluyen demasiados intereses que no colaboran en absoluto a poner fin a la tragedia.
La comunidad internacional es culpable y tiene las manos manchadas de sangre. Cada uno de nosotros también somos culpables. Hay más conflictos, conflictos que pueden enquistarse igual que éste, enquistados ya para siempre, no olvidemos a Ucrania, ni a Siria auténticas bombas de relojería. Tampoco que desde Dubrovnik, destruida durante la guerra de los Balcanes, se ve la costa italiana y que la Unión Europea tampoco hizo nada entonces. La memoria es fugaz y a menudo juega a despistarnos.
Quizás es cierto que las puertas el infierno están en la Tierra Prometida.

 

domingo, 13 de julio de 2014

El día después sin tí (IV)

El instante en que sabes que se va a desnudar.
           En "La Víspera" de  Rodrigo Olay, La víspera, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2014


Algunas madrugadas me despierto y me pregunto qué me gusta de ti,
y te echo en falta,
y me sorprendo.
A veces pienso que por gustar,
de ti me gusta hasta lo que me aborrece.
Otras quiero creer que es la soledad que me provoca tu ausencia
la que me hace confundir mis sentimientos,
errar en mis afectos.
Quizás tu presencia me ayudase
y el hueco que has hecho y me trastorna
no fuera tan profundo.
Las más de las veces prefiero no pensar
y dejarte entrar por las grietas que has abierto,
dejarme ir por el abismo que has excavado,
dejarte estar para siempre en mi universo,
dejar que me llenes de palabras
y dejar que me sorprendas,
pero ya casi nunca lo haces.
                        Bea Alvarez


La víspera de Nochebuena,  tuvo un sueño. Esas fechas cuando el año está a punto de caducar y sólo se piensa en qué nos traerá el nuevo, son propicias para soñar. Era la primera vez que soñaba con esto. En el sueño, ella recibía anticipadamente su primer regalo de Navidad, uno deseado y esperado durante largo tiempo.

"Él llegó de madrugada. Entró con la decisión de quien tiene la intención y el ánimo de permanecer. Dejó en la puerta las dudas y los temores en el mismo sitio donde los había aparcado ella. Se acercó y se acomodó a su lado. La envolvió con las palabras que ella quería oír y que escuchó. La convenció, en realidad ya estaba convencida. Ella se rindió y se entregó, dejándose mecer entre sus brazos. No hicieron falta susurros, no fueron necesarios. Sólo su presencia y su voz cálida fueron suficientes. A aquellas palabras, reservadas tanto tiempo, les había llegado el momento de brotar y de ser recogidas por unos oídos atentos y agradecidos con lo que oían. Ella se abandonó. Se dejó conducir de su mano por el laberinto de sensaciones y emociones que se abría para ambos. Él la guió. Juntos derribaron murallas. Eliminaron fronteras que nunca debieran haber sido impuestas. Pusieron paz en conflictos que parecían eternos. Se conocieron y se reconocieron como dos desconocidos cuando se ven por vez primera, con interés y expectación, con timidez y atrevimiento. Él se encontró con la mujer que esperaba encontrar, la que deseaba, con la que quería encontrarse. La misma mujer cuya imagen había tenido presente tantas veces en sus pensamientos.
La miró con sus ojos de un gris transparente mientras le soltaba el pelo, rizado sin serlo, anudado en una cola despeinada y que depositó sobre sus hombros. Dibujó con las yemas de los dedos sus labios rojos, tan rojos, que se ofrecían cálidos para besar y ser besados. Y con la inocencia y el descaro de un niño que empieza a descubrir la vida, la desnudó por dentro y por fuera, sobre todo, por dentro. Se aplicó con maña en quitar todas las capas de papel pintado y pintura que ella había ido poniendo una encima de otra a modo de disfraz durante tanto tiempo para disimular la pena acumulada. Y ante él apareció una piel como de tiza, nívea y blanca, muy blanca, apetecible y apetitosa, con la pátina que da la madurez y, a la vez, con la frescura de quién espera un premio. Una piel de esmalte, brillante, como la hierba brilla en el jardín empapada en rocío por la mañana temprano, tan temprano que la promesa de un nuevo día no es más que eso, una promesa. Una piel infinita que se le ofrecía como territorio virgen para recorrer y  perderse, para disfrutar y deleitarse.
Se aventuró por aquel espacio inexplorado como un juego. Avivados por un deseo voraz y un respirar acelerado, alimentaron el fuego. Tuvieron hambre y comieron. Tuvieron sed y bebieron. Ella le ofreció una fruta madura y jugosa que él cogió con delicadeza. Él hizo un cuenco con sus manos para darle de beber y saciarla así. Y la llenó como se llena la tierra herida cuando la lluvia cae generosa para convertirla en tierra fértil. Y se enredaron y fueron uno entre sombras, en un dulce gemir en medio de la noche, sólo alumbrados con las luces de colores en las calles que anunciaban la Navidad.
Y aquella habitación, la suya, dejó de ser una isla desierta e inhóspita para convertirse en calor de hogar y en lecho acogedor, en abrigo confortable y en refugio seguro. Sólo estaban ellos sin pasado, ni futuro. Solos viviendo el instante, saboreando el momento. Sin planes. Rememorando la magia y solucionando enigmas. Un paraíso particular dónde aquella noche habitaron dos náufragos que, sin darse cuenta y sin quererlo, se convirtieron en tablas de salvación. En su fuerte en el que tantas veces se había sentido a salvo de todo y de todos, pero en el que ella, al mismo tiempo, se sabe es más vulnerable. En su alcázar en el que una vez bajado el puente levadizo quién entra puede acabar consumido por las llamas o convertido en enemigo. En su torreón dónde la esperanza y el dolor, la seguridad y el miedo, la razón y la locura se mezclan en un torbellino para irse tantas veces por un desagüe inexistente, el de su mente. Allí en su espacio más íntimo y personal de dónde si pudiera no saldría para nada. Nunca. En su torre donde hila en una rueca los estambres con que fabricar su historia real e imaginada, entre libros sin leer y cuadernos empezados, trastos sin valor y ropa desordenada, aventuras vividas y soñadas y, hasta esa madrugada, nunca compartidas.
Ella suspiró y pensó: "he llegado a casa". Sintió como si hubiera arribado a un puerto amigo después de haber estado tanto tiempo perdida en un mar a la deriva. Dejó que las olas, que rompieron esa noche sobre su almohada, la acunasen y que el mar que minutos antes bramaba entre sus sábanas, la adormeciera, se durmió vencida. En su alcazaba, aquella noche, amó y fue amada, se entregó generosa y recibió la fugaz recompensa propuesta".

La despertó la débil luz que se colaba por la ventana. Una sonrisa afloró a su rostro. Se iluminaron sus ojos. Se levantó cansada pero plena. Indolente se dirigió a la cocina a hacer café, dejando tras de sí, apenas perceptibles las huellas de una noche irrepetible o no. Ocurrió ayer, pero hoy ya parece que nunca pasó.



 

sábado, 5 de julio de 2014

La víspera de la boda de Jacque (III)

Un sobre sin abrir.
         En "La Víspera" de Rodrigo Olay, La víspera, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2014

Dos mujeres de la misma edad. Una de grandes ojos azules, la otra no. Son más que amigas. Serían hermanas si estuviera en sus manos. Saben tanto la una de la otra que conocen defectos y virtudes, pesadillas y sueños. Se reconocen en sus ausencias y en sus silencios. Han hecho juntas un largo recorrido y lo que les queda, caminos que muchas veces llevaban a callejones sin salida, otras veces, no. Una está en constante búsqueda y de tanto no-encontrar cree que no existe para ella lo que busca, la otra ha encontrado su espacio en el mundo junto a sus chicos. Respetan sus distintas formas de ser. Tienen todo y nada en común. Igual que hermanas, pero sin serlo.
 
A esta alturas de mi vida he ido a muchas bodas. A algunas, sin duda, hoy no iría y a otras, probablemente, ni siquiera me invitarían, pero si tengo que elegir bodas, elegiría dos. La primera a la que fui sola, la de Claudia, de la que tengo en mi mente grabada la imagen de una Claudia casi niña vestida de novia en la habitación de sus padres y la última, la de Marta María de la que tengo la imagen de un photocall de locos, tipo camarote de los Hermanos Marx y que fue superdivertida. Aparte y fuera de cualquier tipo de escalafón, la de Nacho con Laura por lo que significó para nosotros y la de Katia y Hugo por lo íntima y familiar.
Pero siguiendo en vísperas, hoy quiero recordar la de la boda de Jacque, el 30 de mayo de 1997 que era viernes. Aquel año de 1997 fue nuestro particular año de “Cuatro bodas y un funeral” película de la que este año se cumplen 20 años y que aparte de lo divertida como comedia contiene uno de los más bellos poemas dedicados a la pérdida de la persona amada que he escuchado nunca "Funeral Blues" de Auden. A todo el mundo le toca un tiempo en el que, de repente, todos sus amigos deciden casarse. Para nosotras fueron aquellos meses comprendidos entre mayo y noviembre. El funeral fue el de mi abuelo, apenas un mes antes de aquella boda, la primera de las cuatro. Ante el panorama desolador, casi ninguna trabajábamos, habíamos decidido juntarnos y comprar un regalo para cada novia. El día que le llevaron a casa de Jacque el suyo, una coqueta lámpara de Tiffany, yo estaba en París. La verdad es que no recuerdo porqué decidieron ir precisamente el día que yo no estaba. No es que tenga mucha importancia, la verdad es que no tiene ninguna, pero los que me conocéis sabéis que para mi es complicado no estar en todas las salsas. Puede ser que ante la perspectiva de París, optara por una salsa francesa y renunciara gustosa a estar en la entrega del regalo. O que después de una perreta por no poder estar en los dos sitios a la vez, mi madre lleva años diciendo que eso de la ubicuidad no se predica de los humanos, aceptara a regañadientes que tenía que ser así. De todas maneras, ante la disyuntiva de París versus entrega regalo de boda, no hay duda de lo que todos haríamos. Lo siento, entono el “mea culpa” diecisiete años después, por si alguien me echó en falta aquel día. Estuve, por si alguien lo duda no me lo podía perder del todo, vía telefónica desde el hotel. Hablamos acerca de su regalo y de mis impresiones de París, comparamos Londres y París, ciudades incomparables y seguramente nos reímos por no llorar ante cualquier tontería que dijera una de las dos emocionándonos por dentro pensando en lo que suponía aquella lámpara, creyendo que a pesar de nuestras buenas intenciones y voluntades, las cosas se pondrían cuesta arriba para nosotras, porque ella se iba a vivir a Coruña y aquello haría que nuestros caminos se separaran. La realidad fue otra y nunca hubo obstáculos que se interpusieran en nuestra relación a pesar de los kilómetros que había entre ambas ciudades. La separación duró poco y pronto volvieron a casa. Hoy todo está igual, mejor diría yo, el tiempo transcurrido ha sellado un pacto entre nosotras, un pacto que creo que sería capaz de sobrevivir a cualquier catástrofe. En este tiempo hemos madurado y aprendido que la aceptación del otro es tan importante como la aceptación de uno mismo, que las diferencias nos enriquecen y que lo más importante es estar ahí, siempre presentes, siempre dispuestas, siempre amigas.
El caso es que como su regalo ya se lo habían dado, la víspera de la boda nos juntamos en su casa algunas de las que en aquel tiempo eramos mejores amigas y su madre. La verdad es que no recuerdo muy bien quienes estábamos. Seguramente las que habíamos comprado el regalo en común y también, por lo menos, Conchi y María José, dos de las futuras novias. Del aprovisionamiento me encargué yo y llevé una tarta en forma de corazón que nos hicieron por encargo en la Confitería Asturias, en la calle Covadonga de Oviedo y un par de botellas de cava. Un grupo de amigas comiendo tarta y bebiendo cava, fumando los últimos cigarrillos y apurando las últimas confidencias de soltera, nervios e ilusiones de la víspera de una nueva vida. Celebrando una segunda e improvisada despedida. Amigas celebrando siempre, es mi apuesta. Celebrando lo que sea, cualquier cosa, el más pequeño triunfo e incluso alguna pequeña derrota que de ésas tambiés se aprende: las notas y la victoria en una competición de los niños, el reconocimiento y la promoción profesional de alguna de nosotras, el nacimiento de un bebé del que nos alegramos todas por bienvenida y deseada, cada escalón que subimos en busca de la consecución de un sueño y de una meta, los resultados satisfactorios de unas pruebas médicas, una mudanza y un novio nuevo. La amistad cuando es de verdad es eso: un hombro en el que apoyarse cuando las cosas van mal y una sonrisa compartida cuando van bien. Las amigas lloran y se ríen juntas. Están siempre presentes, sufren por y con nosotras, permanecen a pesar de la distancia y siempre tienen un abrazo esperando para darte. Aquel fue un momento dulce, también por esperado y merecido. Un momento de tránsito definitivo a la edad adulta, un paso en firme hacia el futuro, también para las que hoy continuamos solas.
Cuando salimos de su casa, borrachas de palabras y risas, hacía calor. Conservo la sensación de bochorno, de ese calor que anuncia lluvia, preludio de la torrencial que cayó al día siguiente, el de la boda. Llegué a casa y le escribí una carta. Esa es otra historia y queda para nosotras, sin embargo, recuerdo palabras como sueños y proyectos compartidos, amistad y futuro. Sólo decirle hoy como aquel día que abría un nuevo capítulo en nuestras vidas que nos trajo a dos personitas entrañables, Dani y Martín. Sólo un “Te quiero, Jacque”. Sobran más palabras.