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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Was ist passiert in deinem Leben?

Me pregunta mi amiga Katja, que ha dado señales de vida después de un tiempo de duelo, que qué ha pasado en mi vida. Buena pregunta. 
Y es que ha pasado un año desde el primer cumpleaños de este blog y hoy  celebramos el segundo. Sí, tenemos dos años. DOS AÑOS YA. Y digo hacemos porque los cumple Bea la de Lola y los hace también esta relación epistolar que hemos creado entre todos nosotros y que, para que negarlo, cada vez me gusta y me llena más. Y yo, tan amiga de fiestas, pensaba  organizar una grande e invitaros a todos a un pedacito de tarta virtual, pero las noticias de esta semana, me han conmocionado. Iba a escribir una entrada que ya tiene título desde el verano en la que contaría la génesis de este proyecto y su posterior nacimiento. Revelar los nombres de los hombres que originaron esta historia, porque sí, en el origen fueron todos hombres. Aunque el ánimo no me acompaña, la escribiré. No hoy, ni ahora, ni mañana. No es su tiempo. Quizás con ella celebremos la tercera velita o quizás, quién sabe, nunca vea la luz.
Y me pregunta Katja desde Alemania en un correo electrónico que me ha llenado de alegría y en el que, a pesar del tono todavía oscuro que me transmiten sus palabras, da muestras de estar remontando su drama personal que qué ha ocurrido en mi vida durante este tiempo de silencio.
Así que ayer cuando leí el mensaje, me pregunte a mi misma que en qué he estado pasando mi tiempo, y la primera y única respuesta que me salía era "he estado escribiendo". Me he pasado un año escribiendo, siendo constante y con el compromiso de continuidad. Porque para qué quieres un blog si no vas a escribir en él. Todo comenzó de la manera más tonta. Una mañana ocurre algo que te demuestra que sigues viva y todo lo que tienes dentro empieza a brotar a borbotones dando lugar a la idea de que este proyecto en pañales (que aún lo está) adquiera consistencia. A veces, la causa de que algo eché a andar no tiene nada que ver ni contigo, ni con lo que te traes entre manos en tu día a día. Igual que dar a un botón y poner en marcha el mecanismo de tu vida que creías parado. Hay cosas que simplemente pasan y que hay que dejar que fluyan. En general, yo que sólo me arrepiento de lo que no dejo que ocurra por mis miedos, estoy muy contenta de este 2014 que me ha pasado volando, la semana que viene ya es diciembre.
Y es que ha sido un año fantástico. No sé si suena pretencioso decir que ha sido el mejor año de mi vida. Seguro que vendrán otros igual de buenos e incluso mejores, pero éste he descubierto que los sueños generan proyectos y los proyectos futuro. También puede ser que mi umbral de felicidad sea más bien bajo o que soy poco exigente con lo que pido a la vida. "No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita". Y  así, he estado escribiendo con todo lo que esto conlleva de esfuerzo y trabajo. Leer mucho y usar el diccionario, consultar dudas e intentar no repetirme, pero sobre todo, crear historias. Historias imaginadas o reales, historias inspiradas en recuerdos infantiles o en vivencias de adulta, historias llenas de amor o de tristeza. Historias creíbles o no, pero con capacidad de emocionar. Y esto me ha hecho muy, muy feliz. He llorado mucho, para que negarlo, recordando cosas que me han pasado o que precisamente no han pasado y ya no pasarán, pero de esas lágrimas también extraigo una lección. Me quedo con lo bueno. La vida es un tremendo aprendizaje que no acaba hasta el último suspiro.
He hecho también un poco de terapia de piel, la justa, para convencerme de que la gente se arriesga muy poco, que hay que darle a los sentidos lo que piden y que, en esto de la piel si hace falta, hay que dejársela a jirones. Yo por mi parte lo intentaré todas las veces que haga falta.
Ha sido un buen año. Un año en el que he visitado países exóticos y escalado montañas mágicas. He cruzado ríos llenos de cocodrilos y navegado por mares abarrotados de piratas. He vivido mil y una aventuras, las que quería y deseaba vivir. También algún desengaño. Los menos. Cuánta necesidad tenía yo de este blog, ahora me doy cuenta. Cuánto de mi hay en él.
Un año en el que he conocido gente interesante: autores consagrados y escritores noveles, cuentistas y poetas, bibliotecarios y lectores como yo que han llenado mi vida de palabras y versos, de recursos e imágenes. Gente maravillosa como maravilloso es su trabajo.
Dos años ya desde aquella primera entrada que obedecía a algo que ni ocurrió, ni ocurrirá. Gente de ida y vuelta que te demuestra que da igual los años que pasen pues la toxicidad la traen de serie. Es innata en ellos. Menos mal que encontré el antídoto. Hoy vuelvo a tu vida, mañana salgo, pasado vuelvo a entrar. No, no te confundas, ni me confundas. Una vez que has dejado el juego, estás fuera para siempre.
Dos años, el tiempo de una ortodoncia; dos años multiplicados por ocho, los años que llevo trabajando en la empresa que es mi segunda casa. Dos años en los que he escrito todo y nada, en los que he dejado lo mejor de mi y lo peor. Dos años cuya lectura es positiva siempre. Dos años que han pasado con el vértigo de una exhalación.
Un par de apuntes para acabar que luego dice Macu que me enrollo:  Mi agradecimiento a mis padres. A mi madre porque me enseña que la generosidad es una forma de estar en la vida aunque te dejes la propia en ello y a mi padre que me enseña que los sueños que se consiguen son aquellos que tenemos en nuestras manos y por los que podemos trabajar, que me apoya en todas mis decisiones, las de cuerda y las de loca. A ambos porque me aceptan como soy, porque les debo la vida y lo que soy. Y mi admiración a los lectores, a todos y cada uno de los que se asoman a esta ventanita de mi vida, porque sin ellos esto no tendría sentido.
Besos para todos y una vez más gracias por estar ahí.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Huyendo del infierno.


"...Que tengo la piel morada y el alma quebrada.
Que maldigo aquel día en que dije "Sí, quiero".
Que mi cuerpo tiembla cuando oigo tus pasos.
Que ya no brilla el sol en mis días
Y mi noche es oscura y cerrada..."
                                                      fragmento Pulga Croft

Es temprano. Apenas ha podido pegar ojo. Se levanta y pone la cafetera. Toma una ducha. Tiene que arreglarse, pero todavía no quiere enfrentarse al espejo. Tiene suerte, el vaho lo ha empañado y no puede devolverle su reflejo. A pesar de todo lo ocurrido, se siente gris, mustia y pequeña. Hoy no iba a ser distinto. Tiene un poco de dolor de estómago, ayer vomitó de madrugada, una molestia en un costado y un sabor como a metal en la boca, como a sangre. Si intenta respirar profundamente, parece que le cuesta hacerlo. Puede ser que se golpeara sin darse cuenta. Después de la noche que ha pasado no está nerviosa, o al menos, no más nerviosa de lo que es habitual en ella. El día promete ser largo.
Se esmera en preparar café. Piensa que quizás tarde un tiempo en poder volver a tomarse ese café largo y fuerte, cargado y sin azúcar, muy caliente como a ella le gusta. En el fondo no es malo renunciar a algunas cosas, no será un precio excesivo el que se va a cobrar su libertad. No, no lo será. Daría cualquier cosa por recuperar su vida.
Piensa en su madre y en su abuela. Su madre se puso el mundo por montera y la dejo sola al pie de su abuela. Se fue a vivir lejos. Construyó su familia sin aquella niña a la que tuvo de soltera cuando decidió que no iba a dar su brazo a torcer ante aquel cabrón que la engañó con unos ojos verdes que lo decían todo sin necesidad de palabras. La dejó embarazada y luego le dijo que la preñez no era problema suyo. Tuvo suerte al final su madre. Ha sido feliz con el hombre bueno al que encontró en el camino tras dar algunos tumbos, pero sacrificó a su hija, no podía mirarla y ver los mismos ojos que la embaucaron para dejarla tirada. Volvió a por ella, por lo menos una vez, pero no fue capaz de recuperarla. La niña tenía ya su sitio junto a la abuela.
Ay, si no hubiera sido por la abuela. La abuela que ya había sacado sola adelante a sus tres hijas tras morir su marido en la guerra. Era maestro, le mataron por enseñar. Cómo cambió su vida aquella guerra. Cuánto trabajó aquella mujer, cuánta plancha de otros, cuántas escaleras fregadas de rodillas... Nunca ni una queja, ni un reproche. Su abuela que se esmeró tanto en educarla para ser independiente, para ser mujer, para ser ella misma y para respetarse...
-"Nena, nunca dependas de un hombre. Y prepárate. Una profesión es lo más importante. Una profesión que te dé capacidad para vivir por tu misma."
Ahora la siente removiéndose en su tumba, viendo el rumbo que ha tomado la vida de su adorada nieta, sin poder hacer nada. Siente que la ha traicionado. Es lo que más le duele, la traición a su abuela. No puede dejar de pensar que de vivir, ella sí hubiera impedido su boda.- "No lo ves Ana, éste es un lobo con piel de cordero" se lo dijo una y otra vez representándose en sueños los días antes de la boda. "Ana, hija, no te cases. Este hombre no es legal."
Sus amigas lo calaron rápido. Su mejor amiga, en concreto, al primer vistazo le decía lo que veía y que ella negaba:
 - "Es violento, ¿no lo ves?, ¿no escuchas como escupe lo que piensa? y no piensa nada bueno. ¿No ves como se crispa cuando discute? Es altivo, se cree superior a nosotros. Se enfurece por todo. Es violento, Ana, ¿no lo ves o no lo quieres ver? Este hombre no es para ti. Sacátelo de la cabeza."
Pero entonces fue él quien la sacó de allí, quien la arrancó de entre ellas y llevándosela a rastras la alejó. Le cortó las alas. Primero a otro barrio, fuera de los lugares comunes y de su gente que eran su refugio. Más tarde a otra ciudad. Le prometió que cerca del mar estarían bien y que juntos solucionarían sus problemas.
-"¿Qué problemas tengo yo si sólo tengo uno y eres tú?" Se decía a si misma mientras asentía sumisa ante lo que él proponía.
Se instalaron y cuando ella se había hecho a la idea, él volvió a decidir unilateralmente y concluyó que era la oportunidad de sus vidas, un auténtico chollo, aquella casita sin vecinos a unos pocos kilómetros de allí. No le dijo nada sobre la gente que había empezado a murmurar detrás de él cuando salía del portal. Sí, la casa nueva era preciosa pero allí nunca llegaba el sol, rodeada de una finca enorme llena de árboles frutales que no florecían, hortensias siempre secas y una buganvilla que sólo con mirarla se marchitaba. Eso sí, allí nadie oiría sus sollozos, ni sus gemidos, ni el ir y venir de golpes, ni el denso silencio que se hacía después de cada paliza, ni los "lo siento", ni los "te quiero" que venían después. -"No me pidas perdón, demuestra que me quieres".
En la mudanza llevaron también las tinieblas que se cernían sobre aquel matrimonio sin cimientos, en el que crecía asalvajada y sin control la desconfianza y enraizaba cada vez más dentro el miedo. Desconfianza y miedo. Ni luz, ni fruto, ni futuro. Una relación de hielo que desde fuera parecía perfecta, pero que de cerca desprendía un frío de acero.
A veces se arrepiente de no haber tenido hijos. -"Quizás todo hubiera sido distinto, un hijo hubiera arreglado las cosas o no, pero, entonces un hijo hubiera sido la razón para escapar de este infierno en el que se ha convertido mi vida."
¿Cuándo su vida comenzó a irse por el desagüe? ¿Cuándo se convirtió en una kamikaze? ¿Cuándo todos pasaron de ser testigos a convertirse en cómplices de aquel hombre que se presentaba como el marido impecable y cautivador? Su suegra que mira y no ve. No ve las marcas en los brazos, siempre de rebeca en verano. Los morados en las piernas, siempre con medias aunque haga calor. Las ojeras permanentes, los labios agrietados de tanto mordérselos nerviosa cuando él está presente y sus manos, sus pobres manos ¿Cuándo empezó a morderse las uñas? Y esa lividez de muerte en que se ha tornado el color de sus mejillas. La primera noche en blanco sin poder dormir pensando que aquellos golpes no formaban parte de ningún juego de amantes ¿Cómo tardo tanto en darse cuenta?
-"No te mientas"- le diría la que fue su mejor amiga -"Empezó la primera vez que te mandó callar con la mirada, la primera vez que dio un puñetazo en la mesa porque la sopa estaba sosa o cuando en la pedida de mano, sí, aquella noche en casa de sus padres, derramaste el vino sobre el mantel de hilo blanco y él se levantó con tanta fuerza que tiró al suelo parte del servicio. ¿Te acuerdas del día que rompió el cristal de la puerta del salón de un portazo? y ¿el día que te dijo que eras una mierda, que sin él no eras nada, que si te ibas, te hundiría o peor aún, te buscaría para matarte?."
Piensa que ahora, por fin, será libre. Libre de él. Libre del miedo. Libre para pensar, para opinar, para estar guapa y saberse atractiva. Libre de ser feliz, más libre que en la cárcel sin barrotes en que se había convertido su vida. Más libre encarcelada que en su prisión particular. En la jaula de oro en la que él exhibía orgulloso su trofeo más exquisito: ella.
Se levanta, tiene que hacer una llamada. Coge el teléfono y marca al 112. Tiene que llamar para contarles que ha matado a su marido. Harta de sufrir, harta de golpes y amenazas, de patadas y de tormentos. Harta de tapar con maquillaje los hematomas, cuando las heridas del alma no hay con que esconderlas. Anoche él le partió literalmente la boca. Nunca le había marcado la cara, siempre había sido cuidadoso en eso. Ha sido en legítima defensa. Era su vida o la de él. ¿Cómo tuvo fuerzas para clavarle un cuchillo? ¿Cómo pudo siquiera empuñarlo?
-"Sí por favor, envíen a una patrulla, espero aquí... Sí, está muerto, seguro... Sí, estoy bien, gracias, puede que tenga la nariz rota y quizás una costilla, me cuesta un poco respirar... Sí, sí, espero aquí, ahora ya no tendré que huir... Sí, espere que le doy la dirección... "
Cuelga y va al baño, pasa por delante de la habitación sin mirar siquiera. El vaho se ha ido del espejo. Empieza a maquillarse. A ver como puede disimular el hinchazón de la nariz.

 http://lavozdeltrubia.es/2016/11/07/de-puertas-adentro-un-camino-de-salida-para-la-violencia-machista/


sábado, 15 de noviembre de 2014

El futuro que viene.

"Mas lo que de verdad
importa
es que mires,
¡que sueñes!,
-pero siempre con los ojos
bien abiertos-
que seas tú el timonel
de tu nave
y que nunca
nadie,
te arrebate tu sombrero."
                     Pulga Croft

El 16 de noviembre de 1998 nació Daniel. A medio día su madre llamó para decirme que iba a ingresar porque el chiquillo ya llegaba. Fuimos a clase a la Escuela de Idiomas y a la salida, sobre las 21.00, pasamos por allí Maite y yo para ver si había noticias. Sí, las había, teníamos un niño nuevo cerca de nosotras, un niño que iba a crecer y hacerse hombre siendo nosotros testigos de su vida. No lo pudimos ver, no sé porqué, vimos a su madre que estaba hambrienta después del esfuerzo realizado. Estaban felices, la familia empezaba a tomar forma.
Al día siguiente era martes, yo ese año había empezado a estudiar Empresariales y, la verdad es que estaba entusiasmada, con el entusiasmo del que tiene un nuevo proyecto en la cabeza y sabe que, durante el tiempo que dure, otras cosas dejarán de preocuparle. Como tenía ya los créditos de libre configuración y unas cuantas asignaturas convalidadas por mi previa licenciatura en Derecho, mi horario era más flexible que el del resto de los estudiantes, así que fui hasta Maternidad a conocer a Daniel. Y allí estaban los dos. Recuerdo a la recién estrenada mamá con su muñeco bebé sobre la viejuna manta azul de la cama del hospital, con esa cara de amor infinito y alegría, sorpresa y miedo que se les pone a todas las madres primerizas. Fuera de aquella habitación, ir y venir de ambulancias, colas que daban la vuelta al edificio donde estaba situado el centro de donaciones. Estupor y tristeza. Ocho muertos en un accidente en Llanes, el conductor y siete estudiantes de instituto. Jacque y yo, sin decirlo, pensamos en aquellas madres que un día también habían tenido por primera vez a sus niños arrugados y colorados en sus brazos, a los que ahora el destino arrebataba de su lado cubriéndolo todo con un velo negro, sin apenas haber comenzado la vida. Esa es otra historia, sin embargo, cada vez que Dani hace años no puedo evitar recordar aquella mañana, ni los días sucesivos en el pequeño municipio de Ribadedeva en el Oriente asturiano de donde eran originarios aquellos chiquillos a los que la puta carretera segó sus vidas.
Pero volvamos a Dani. Hoy no quiero repetir todo lo que ya he escrito acerca de él. Tengo anécdotas de un niño tranquilo que ha ido creciendo sin apenas darnos cuenta y ahora es más alto que su padre. Con todo el tiempo que hemos pasado juntos nunca le he visto una actitud irreverente ni maleducada, ni con los suyos, ni con los que también somos suyos por afinidad. Daniel será un hombre trabajador y responsable, pero ahora es su momento de salir y divertirse, de tomar pequeñas decisiones que serán importantes en su futuro aunque ahora no lo parezcan, de hacer deporte, de estudiar y demostrar que es capaz de conseguir sus retos, de besar ranas de color rosa en busca de la compañera con la que compartir su vida y su futuro.
Es tu tiempo de vivir, Dani, porque tu vida nos ha pasado en un suspiro y la nuestra en apenas un instante. Y, en realidad, han pasado tantas cosas en este cortísimo espacio de tiempo, tantas lágrimas y tantas risas, tantas decepciones y descubrimientos, tantos momentos juntos. Hay amigas que son hermanas y tu madre es una de ellas. Sobran más palabras. Dani, disfruta tu momento porque la vida es ahora y cuando te des cuenta serás padre y tu madre abuela (je,je,je) qué relativo es el concepto tiempo cuando se tienen apenas dieciséis años. Vive, ríe, sueña, pero sobre todo, no vendas tu libertad, no sacrifiques tus sueños e intenta manejar por ti mismo el timón de tu nave. Es difícil, no creas. No olvides tu herencia, la de tus abuelos, la tierra de donde vienes, tus raíces. Y sujeta tu sombrero con mano firme, pues debajo de él estarás bien protegido. Piensa también en Martín, tu hermano, eres su referente. No lo olvides.
Hoy Dani hace 16 años. La memoria caprichosa hace que yo recuerde aquel día de esta forma y no de otra. Si todos los que vivimos aquel día lo contáramos, tendríamos una historia diferente, unas sensaciones distintas.
El jueves, Dani y Yaiza, me acompañaron a hacer un recado. Cuando les pregunte a sus padres, ellos aceptaron. Fuimos a tomar un batido. Mientras estaba en la barra pidiendo para los tres, ellos dos hablaban animados subidos en sus taburetes. Uno enfrente del otro. Dani ni siquiera es un año mayor que ella. Por un momento vi el futuro, dos niños que son amigos gracias a la amistad de sus madres que se prolonga por más de tres décadas, gracias al esfuerzo que hemos hecho de pasar tiempo juntos, de compartir cosas. Dos niños empezando la vida. Y pensé: "Me gusta el futuro"
Si yo hubiera escrito el argumento de mi vida, tendría una Yaiza y un Dani en la misma. Una Yaiza y un Dani que no se llamarían así para discutir y reírme con ellos, para estar orgullosa de sus triunfos y consolarlos en sus fracasos, para ir de compras e ir al cine, para saber lo que es la complicidad entre una madre y sus hijos. Si me hubieran pedido opinión para escribir este guión, la protagonista habría tenido por lo menos dos hijos para cargar en unos brazos, los míos, hechos para abrazar. Sólo echo de menos eso, aunque como no los he tenido tampoco los puedo echar realmente en falta. Dos hijos y la posibilidad de vivir una historia de amor en la que poder ser yo misma, sin límites y sin fronteras, lejos de convencionalismos, apartada de miedos, superando conflictos propios y ajenos. Dos hijos y un amor de película, tampoco es pedir tanto ¿no creéis? A lo primero he renunciado, pero con lo segundo sigo soñando. Quizás en algún momento llegue...

Nota: Tres semanas después de nacer Dani mi vida dio un giro de 180 grados. Recibí una oferta de trabajo, deje la Escuela de Empresariales aunque aprobé una asignatura y un tiempo más tarde me independice. Desde entonces a hoy han pasado 16 años en un momento y para mi ha sido la mejor etapa de mi vida. Volvería a vivirla casi exactamente de igual forma. Cuando la salud acompaña y estás a cubierto da igual el tiempo que haga fuera. Besos para todos.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Guiones de cine y vidas sin guión.

"Si se pone en peligro la vida de un inocente, ésta será la indemnización: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, golpe por golpe, herida por herida." (Éxodo, 21: 23-25)

He leído estos días El detective moribundo de Leif GW Persson, escandinavo y autor de la trilogía El declive del Estado de bienestar. En El detective moribundo y a lo largo de más de cuatrocientas páginas en las que la acción no decae en ningún momento, un jubilado y enfermo ex jefe de la policía judicial central, admirado y querido por sus antiguos colegas, amigos y familia persigue al autor de un asesinato prescrito en un intento de hacer justicia a pesar de que las condiciones para conseguirlo no son las propicias. La pequeña Yasmine Ermegan de nueve años fue violada y asfixiada. La asignación del caso a un policía incompetente que erró en la principal vía de investigación y el asesinato de Olof Palme pocos meses después que obligó a desviar todos los medios y recursos en su resolución, cerró el caso en falso e hizo que permaneciera durante veinticinco años en una caja de cartón en el sótano de la policía. La oportuna trombosis cerebral de Lars Martín Johansson, "el hombre que era capaz de ver a la vuelta de la esquina sin agacharse y mirar a escondidas", le pone en manos de la neuróloga Ulrika Stenholm y es ella la que le dará las pistas para desenredar la madeja y resolver el asesinato.
Brevemente este es el argumento del libro que me ha tenido enganchada y cobijada estos dos últimos días y que a la luz de los acontecimientos en mi ciudad, el descubrimiento del cuerpo de un niño de dos años tirado entre la maleza que crece al lado de las vías del tren junto a una maleta, me provoca una reflexión acerca de la venganza y del que es el peor de los crímenes, en mi opinión, aquel que tiene por objeto hacer daño, de la forma que sea y gratuitamente, a una criatura inocente e indefensa, a un niño. 
En la novela de Persson el policía jubilado, rodeado de secundarios de lujo, se debate entre el delito prescrito y la forma, legal o no, de hacer justicia a la pequeña Yasmine. Y aparece todo el tiempo la justificación moral del "tomarse la justicia por su mano". Pero ¿cuándo la justicia deja de serlo y se convierte en venganza? Y ahí está el debate, cuál es el límite, cuál la frontera entre una y otra. En las sociedades primitivas parece que la ley del talión era la válida (aún hoy se aplica en algunas culturas para escándalo de Occidente). Nosotros estamos dentro de un sistema jurídico imperfecto, muy imperfecto, pero que establece un orden en el que yo quiero creer. Un Estado de Derecho que garantiza (o pretende hacerlo) Sanidad y Educación, pero que es incapaz de garantizar la seguridad de sus miembros más débiles. Vamos a ver, ¿cómo saber si un niño está en peligro en el sitio dónde se supone que va a estar más amparado y protegido? Y si existe una mínima sospecha, ¿no había una intervención previa de los asuntos sociales? ¿Cómo se pueden prevenir estas situaciones? Por otro lado, este sistema imperfecto sí se preocupa de garantizar a los presuntos culpables un juicio justo, proporcionarles un abogado de oficio y respeta en todo momentos sus derechos y las garantías procesales. Esto es normal y deriva del fin último del Derecho Penal que no sólo es reparar y satisfacer el daño causado sino conseguir la recuperación y la reinserción del delincuente.
En la novela el viejo policía se pregunta y pregunta a los suyos cuántos hombres adultos pueden disfrutar teniendo relaciones con una niña: ¿uno de cada cien mil, uno de cada diez mil o uno de cada mil? Yo me pregunto ¿cuántos progenitores puede pegar hasta la muerte a un hijo suyo o de su pareja, a un niño que ni siquiera sabe lo que es la vida, y seguir respirando tan tranquilos? Así y todo, intentó mantener la cordura en estos supuestos tremendos. No sé si es por mi formación jurídica, por el hecho de no ser madre o porque estoy segura de que de ocurrirle a uno de los míos no sería capaz de maquinar venganza alguna, simplemente me moriría.
Clama esta semana la opinión pública en Oviedo contra los autores de este brutal asesinato, un niñín de entre dos y tres años, apaleado con saña hasta matarlo y que encontró la paz cuando, por fin, le dejaron abandonado y muerto. Era tarde para él. El guionista de su vida se cansó de escribir demasiado pronto o quizás nació ya sin guión alguno. Nadie puede creer que no iban a encontrar su cuerpo, pero quizás los autores materiales de semejante crueldad pensaron que pasaría más tiempo antes de que lo hicieran. Estos días recordaba como en los ochenta, desde la ventana de la que era mi habitación en casa de mis padres, veíamos entre la vegetación que crecía salvaje entorno a las vías del tren, bolsos y otros objetos robados, carentes de valor o no y arrojados allí por los amigos de lo ajeno, junto a basura y porquería. Una vez había una bicicleta de reluciente color rojo. Cuántas veces los policías vestidos todavía de marrón corrieron por allí tras un delincuente común o un yonqui que había robado un radiocasete en un coche. Pienso en qué hubiera pasado si lo que hubiéramos visto fuera el cuerpo sin vida de un bebé. Pienso en el pobre hombre que sí vio un diminuto pie cuando silbaba mientras desbrozaba, pensando en el tiempo tan desagradable que hacía y que había empezado sin avisar, sin poder imaginar que aquel iba a ser el peor día de su vida.
Y de qué era culpable este bebé. Qué pecados ajenos vino a purgar. Quizás fuera culpable de haber nacido, o de haberlo hecho en el seno de esa familia y no en otra. Quizás fuera culpable de haber pasado la noche llorando por un dolor de oídos o por una muelina que estaba empezando a salir. Quizás despertó a su madre porque se había hecho pis mojando el colchón del piso de alquiler al que acababan de mudarse.  O quizás a su madre le estorbaba en la futura vida que su nuevo novio le prometía. O simplemente no hizo nada y su asesino sólo necesitaba descargar su frustración por una situación de la que nadie y menos el niño era responsable. Sólo espero que el sistema caiga sobre los culpables con toda su extensión porque ésta es la peor de las violencias domésticas, la infligida en el seno familiar por progenitores al eslabón más débil de la misma, los hijos pequeños, que paguen por ello y que los ojos suplicantes de la víctima les persigan para siempre convirtiendo en un infierno su existencia. Esa será la mayor venganza.
Durante muchos años Estelita, la abuela de una alumna muy querida, siempre nos contaba que la realidad siempre superaba a la ficción. Mi madre, cuando éramos pequeños y había alguna escena fuerte en la película que estabamos viendo, siempre nos decía que era mentira. Sí, la historia imaginada por Persson se aproxima tanto a la realidad que podría ser cierta, de hecho hay historias verídicas muchísimo peores. Sí, la realidad supera a la ficción. Y es que la maldad está intrínsecamente unida a la persona humana, aunque en mi opinión y afortunadamente no en la misma medida que lo está la bondad.