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viernes, 12 de abril de 2013

Los hijos de ellas

Si me muriera hoy, llamarían a mi herencia (dejo sólo deudas, por cierto) a mis padres, a mi hermano y a mi sobrino en este orden. Sólo tengo un sobrino de sangre, mi pequeño, querido y espectacular Hugo que es la estrella de nuestras vidas, pero no quiero hablar de él ahora.
Si me muriera hoy y se abriera mi testamento sentimental, llamarían a mi herencia junto a los anteriores, a mis sobrinos postizos, en especial a tres, seguro que a éstos fijo: Dani, Martín y Yaiza. Hay otros, pero con éstos convivo más. Así que por proximidad, roce, afinidad o querencia a éstos tres los llamarían fijo.
Escribir sobre cualquiera de los tres es fácil pues cada uno está en una edad fantástica, están viviendo su momento, creciendo, aceptando los cambios en su cuerpo... la mierda de la adolescencia por la que todos hemos pasado y, lo siento, pero hay que pasarla y punto. Dani y Yaiza están haciéndose mayores y Martín empezando a descubrir la vida.
Daniel es un chaval fantástico. Tiene un mundo interior apasionante y 14 años. Habla poco, pero últimamente está cuestionándose todo. La escala de valores en la que se está educando choca con lo que vive en el día a día. Se parece mucho a su madre y va a sufrir, pero de ese sufrimiento va a salir un Dani más fuerte y  mejor. Espero estar ahí para ver su evolución. Cuando te diriges a él para preguntarle o decirle algo, siempre abre los ojos como platos y, a menudo, se encoje de hombros. No hay que molestarle cuando se levanta por las mañanas y hay que dejar que vaya, poco a poco, despertando (lo dicho es igual que su madre) Es muy voluntarioso para trabajar y para echar una mano en lo que sea, buen deportista y un poco distraído estudiando, pero "estamos en ello".
Yaiza es una chica especial. Ha crecido rápido y bien. Es muy inteligente y muy madura. Yo creo que no se parece ni a su madre, ni a su padre y esto es una ventaja porque es ella misma. Yaiza es como la Caja de Pandora con la diferencia esencial de que si se abriera, no saldrían cosas negativas sino fuerza, personalidad y belleza. Es una niña que está pendiente de todo. Sabia, muy sabia presta especial atención y tiene los cinco sentidos puestos en lo que puede aprender de las mujeres que la rodean. Yo creo que es para no cometer errores en el futuro. Le gusta estar rodeada de gente, sabe divertirse, tiene muchos amigos y en mi opinión, igual es demasiado responsable.
Y Martín, que voy a decir yo de Martín con la de veces que siendo un bebé fue  mi paño de lágrimas. Martín es listo, simpático, estudioso... lo tiene todo. Siempre tiene un momento para un chiste y tiene un gesto característico, tiene una forma especial de apretar los labios para mostrar disgusto, pero sus ojos siempre sonríen. Yo creo que nunca le he visto enfadado. Martín es un amor.
No digo yo que sea malo tener sobrinos postizos, sólo tienen un inconveniente y es que me arruinan. Me arruinan económicamente, porque no hay mes que no tenga un cumpleaños. Y me arruinan emocionalmente, y eso que como todavía son muy pequeños no ha llegado el momento de preocuparnos por sus amores, sus proyectos profesionales y en definitiva, por su futuro. Como todavía son muy pequeños, sólo tenemos que preocuparnos por su marcha en el colegio o en los deportes (a poder ser porque acaben las pruebas del triatlón) y (lo peor, lo peor) por su formación como personas.
A mi que no he tenido hijos y que ya lo más fácil es que no los tenga, lo único que me preocupa es que los hijos de ellas sean buenas personas. Lo malo, lo malo es, que aunque tienen buena gente a su alrededor y han tenido buenos padres, ser buena  persona hoy no está de moda, es más, está totalmente en desuso. Y, en eso andamos, en ayudarles a crecer como personas y que sean buena gente, aunque nosotros mismos a veces, no seamos su mejor ejemplo.
Y es por todo esto por lo que hoy les escribo este post y porque algunas veces, hay que recordar a los padres y a las madres, a ellas, a mis amigas, los hijos fantásticos que han tenido, lo bien que han hecho apostando por la familia y lo fácil que es desde fuera juzgaros y criticar vuestras decisiones. Que sepáis que hagáis lo que hagáis, siempre acertaréis porque en vuestro corazón vuestras decisiones serán lo mejor para ellos.
Así que hoy segundo viernes de abril, cuando parece que por fin la cerezal de mi empresa empieza a florecer, un beso para Néstor, Pelayo, Carmen Daraei, Jaime, Daniel, Daniela I, Yaiza, Jorge, Carmen, David, Tomás, Martín, Lucía, Raúl, Marta, Marina, Daniela II, Olaya, Darío, Angel, Nicolás, Pedro y Darío II de Toledo. Seguro que me falta alguno, pero un beso también para ellos.
Bea la de Lola