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sábado, 31 de diciembre de 2016

Feliz 2017

Belén de Cumbres año 2016. Peña de Alba (Quirós)

"Yo por mi parte estoy convencida de que no te cruzas con nadie sin más, las personas con las que te cruzas están en tus sueños solo a un instante de convertirse en reales o no, de tener forma humana, de ser la persona idónea en el lugar exacto esperando. Unas veces depende de tomar un sentido de la calle y no el contrario, de seguir de frente en un cruce o de un "me gusta" en FB. Están ahí esperando que sea su momento, nuestro momento". Bea la de Lola.

Ayer vino a verme el fantasma de las navidades pasadas. Ya sé que soy un poco teatrera pero así lo sentí. Realmente no podía ser de otra forma si te desplazas a Mieres a escuchar la que fue la banda sonora de vuestra historia. Dire Straits versionado (of course) bien versionado, pero excesivamente amplificado para el pequeño auditorio en el que se celebraba el concierto. "Hay que joderse". Por un momento me enfadé tanto que pensé en irme, sin embargo me quedé y entendí todo viendo lo que iba ocurriendo en el escenario. Me enfadé porque sabía que podía encontrármelo allí, dónde si no, tocando aquellas, ya viejas, versiones que escuchábamos machaconamente en la barragana o en la C15 yendo a Rodiles (no sé porque siempre pienso en Rodiles cuando recuerdo aquel tiempo). Había música en nuestras vidas, mucha más, claro. Los años eran propicios y nosotros jóvenes. Él siguió con ella. Entonces ya era su vida y yo la aparte de un manotazo. Mi vida no tiene banda sonora desde entonces. No he seguido a ninguna banda, ni grupo, ni solista... Naaaa, me quedé muda durante largo tiempo hasta que, por fin, recuperé las palabras. Ellas son mi auténtica tabla de salvación, creo que siempre lo fueron sólo que ahora las comparto. Las palabras y las otras, mis amigas!
Nunca voy a nada, los viernes me echo a la carretera hacia Quirós y esta vez acepté la propuesta de Susi para ir a escuchar a esta gente. Hay que joderse! No me duele el pasado, me duele no ser capaces de vernos y charlar tranquilamente, de que seamos tan retorcidos como entonces, de no poder mirar a los ojos a la persona que fue tan importante para el otro. Me duele no poder tomar un café y ponernos al día y luego cada uno de vuelta a su vida. Y me duelen las casualidades cuando tienes la certeza de que van a ocurrir porque entonces no son casualidades sino que es el puto hilo rojo que tira de tí o se ha tensado o se ha enganchado en alguna de las ramas de los árboles de nuestras vidas.
Pero hoy he vuelto a lo que soy ahora. He subido por primera vez al Gamoniteiru, a reivindicar la cima quirosana. Y asomada al auténtico balcón que es ese alto, he tenido por un momento la sensación del mundo a mis pies. He pensado qué hay tanta belleza en mi vida y que lo importante es hoy. La magia de las navidades presentes. Hugo en el Campoamor entusiasmado con la lámpara del techo que tanto le gustaba a mi abuela explicandome los instrumentos de la orquesta. Las primeras Navidades de Nela con un gorrito verde en la cabeza. Tener a mis padres. Lola. Subir una montaña y luego bajarla. Ser y sentirse comunidad trabajando en equipo organizando la I San Silvestre en Quirós, haciendo historia. No sentarte en todo el día. Vivir y respirar por lo que amas. Sonreír. Seguir sonriendo. Mi casa está en Quirós y mi vida también. Y se ha borrado todo lo de ayer, amaneciendo una nueva banda sonora.
Así que entre propósitos del año nuevo y balance del pasado me quedo con una sonrisa, con un abrazo que llegará (estoy segura), pienso en un par de destinos para 2017 y en un centenar de títulos por leer, busco una historia a la que poner palabras, pero sobre todo deseo un mundo más justo y lleno de personas felices, yo para mí creo que no pido nada, si acaso sólo muchas mañanas soleadas en la montaña y muchas tardes de trabajo como las de hoy. Ahhh y os quiero a todos por aquí acompañándome en este nuevo año.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Babayos y babayaes

Sardinera en Santurce, siglo XX.
Marina Expósito regresaba a casa con la mitad de la mercancía sin tocar. Había sido una dura e infructuosa jornada de venta. Todo el día caminando arriba y abajo, orbayando por encima de ella, iba pingando como una pita. Aunque el orbayu no era lo que más le preocupaba. No era perjudicial para el pescado que carretaba. Así mojadines, aquelles sardines suyes, tan fresques y guapines, estaben más brillantes. Daba gusto veles. Si de algo presumía Marina, a la que habían salido los dientes vendiendo sardines, era de la calidad del género que ofrecía, no en vano tenía entre sus clientes a les mejores sidreríes de Gijón. Pero no se quejaba de eso, lo malo no era oler a pescado a todes hores, ni el orbayu, lo jodido era levantarse a las 4.00 de la mañana, ir a rular y pasarse siete u ocho horas callejeando por Gijón tirando por aquel puñetero carro y, los días como hoy, sin encontrar ni un puto cliente al que coloca-y les sardines, ni un sitiu donde abelugase.

- ¿Qué coño pasa hoy que no hay un alma por la calle? Esto no hay Dios que lo entienda. No parez más que está corriendo el latosu esi de Oviedo que ta tol día subidu al coche dando-y zapatilla y ya no gana ni una carrera- iba pensando Marina en voz alta - y mira que ye raro porque la gente del Norte sale sí o sí a la calle: orbaye, llueva o diluvie. Será por miedo al agua- volvió a oirse decir a Marina- Estoy hasta el moñu, farta de tirar por esti trastu que pesa un quintal y farta de esti tufo a pescadizo que tengo pegado a la piel y que no me saco por mucho que frote y frote. Menos mal que al mi Arturín no-y molesta esti fedor- pensó mientras recreaba la escena de la noche anterior en el Rinconín.- Sí, tengo que dejar esti trabayu, tengo que dejar la calle de una puta vez. Me da igual que el mi hombre se ponga como una moto viéndome limpiar sardines, encontraré otro trabajo y limpiare-y les en la intimidad- en esto estaba Marina cuando de repente…
  • ¡Hostia!- exclamó Marina cuando vio saltar por los aires todes les sardines que quedaron sembradas por la calzada como cuando se rompe un acuario y los peces de colores que contenía quedan extendidos por la alfombra- ¿Qué ye hoooo? ¿Qué no viste el pasu cebra? A fiu, pues les rayes tan pintaes bien grandes ¿Cuánto hay que no gradues les gafes?
  • Me cagon en mi madre, fía, ¿Tas bien? ¿Mancastete? ¿Cómo coño se te ocurre meter así el carro esi en medio de la carretera? ¿Qué ye que no viste el semáforo Casi me mates del sustu- dijo el taxista que había chocado accidentalemente produciendo aquel estropiciu mientras salía del coche a ver cuales eran los daños.
  • Redios, tien la cara de decir que si no ví el semáforo. Me cago en todo lo que se menea ¿Qué si no ví el semáforo? ¿Qué cojones de semáforo? ¿No ves que está en ámbar e intermitente? y que si está así, tien preferencia el peatón en el pasu cebra. Precaución ye lo que te indica el amarillo. Será babayu el puntu esti. A-M-A-R-I-L-L-O. So burro, aldeanu, que pareces de pueblu ¿Qué ye que saltaste la clase de semáforos en la autoescuela? ¿No veies Barrio Sésamo de guaje? ¿Tocote el carnet en una tómbola?
  • Dejate de berrar, so burra, que en vez de sardinera pareces verdulera- dijo el taxista subiendo al taxi de nuevo al ver que no había ningún daño.
Efectivamente como suele suceder era más el ruidu que les nueces y ni el carro de Marina, ni el taxi tenían ni una rozadura. Más allá de lo aparatoso y ruidoso del golpe y del espectáculo dantesco con todos aquellos cadáveres plateados y con los ojos abiertos esparcidos por el suelo aquello no habría pasado de una anécdota si no fuera por la cabezonería de los implicados.

  • Oye ne- dijo el conductor que había vuelto a entrar en el coche- ye que tengo mucha prisa que llevo a esti señor al aeropuerto. Si no salimos ya, pierde el vuelo. ¿Date más que arranque y me acerque luego hasta Cimadevilla pa pagate todo esti desaguisao? ¿Por quién pregunto? Seguro que no te importa porque a pesar de esa mala baba que gastes tienes cara de ser buena rapaza.
  • ¿Mala baba? ¿mala baba? Pero ¿qué carajo dices? Voy date yo mala baba a ti ¡hostia! De aquí no se mueve ni dios sin dame una solución que de la venta de estes sardines tengo que da-y de comer a los mis hermanos y compra-y les medicines a mi pa- dijo cruzando los dedos porque a Marina no le gustaba mentir, pero estaba viendo que de aquel suceso no iba a sacar nada en claro.
  • Di que si guaja, no lu dejes marchar, que ya se sabe de qué pelaje son los taxistas que el mi hombre trabajo diez años en el taxi de un cuñau, conoció a una puta que-y daba carreres y lo que me dio a mi fue puerta. Toda la vida mamando hosties y va y dejame por una puta, hay que joderse- dijo la portera del edificio delante del que se había producido el choque.
  • A Usted, ¿quién coño le ha dado vela en este entierro?- dijo el taxista saliendo otra vez del coche- venga métase en lo suyo que ye la bayeta y déjenos a nosotros a ver si lo solucionamos de una puta vez. Que no neña, ho, déjame marchar que esti hombre tien prisa, joder, cagon mi manto. Mira que ye un abogado muy importante que tiene una comparecencia en la Audiencia Nacional. Va a defender a un tal Rato que intento-y vende-y unes preferentes a un tal Nicolás Pequeño. Yo, la verdad, ye que no sé de que va esi asuntu ni me importa, pero si no salimos pierde el avión y encima no va a págame la carrera.
  • Que nooo, me cagon mi madre, que yo hasta que no me paguéis les sardines ni marcho, ni me muevo. Me cagon la leche puta. Vamos a ver so faltosu, ¿no ves que la única perjudicada soy yo que me quedo sin pescao y sin perres?
  • Me cagon la puta, guaja, mira que yes necia y cabrona, coño. Necia como un gochu y fures por una pared ¿quies dejar de jodenos? Dígote que te busco a la vuelta y pagotelo todo. No será difícil dar con la sardinera con más mala hostia de todo Gijón que doy fe que yes tú, no puede haber otra con más mala idea.
  • Señorita, por favor, ¿con quién tengo el gusto de hablar?- dijo sin bajarse el hombre que ocupaba el asiento de atrás del taxi y que hasta ese momento había permanecido en silencio.
  • Marina Expósito para servirle a Dios y a Usted- respondió la chica bajando los brazos que hasta ese momento habían estado en jarras y que extendió para recoger la tarjeta que amablemente le tendía el cliente del taxi.
  • Mire, señorita Expósito, perdóneme que intervenga, creo que estamos entrando en una situación absurda, en una discusión sin fin, en un laberinto sin salida. Soy Iñaqui Torres de “Torres y Urdangarín asociados” Ciertamente ahora mismo tenemos mucha prisa porque el tiempo corre en nuestra contra, prometo ayudarles a solucionar este contubernio tan desagradable, pero afortunadamente sin más víctimas que estas pobres sardinas que, por otro lado, ya estaban fenecidas. Si Usted y el seguro de este caballero no llegarán a un acuerdo satisfactorio para ambas partes, yo mismo le defenderé, pero ahora, por favor, déjenos avanzar. A ver, Usted, señor barrendero, O-R-G-A-N-I-Z-A-C-I-O-N, ayude por favor a esta señorita a retirar el carro y los fallecidos de la calzada.
  • Hostia. Esto no ye faena mía, señor. Ni mía recoger, ni suya mandar, porque vamos a ver ¿Usted que competencia tien para mandame? ¿Acaso ye concejal del Ayuntamiento? Yo conozco mis derechos que pa eso pago mi porqué al sindicato de barrenderos y si no miren, ahí viene un guardia urbano, vamos a pregunta-y a él.
  • Buenos días, señores, vamos a ver ¿qué coño pasa aquí? ¿No ven el atasco que están formando? Miren, miren, ya hay una cola que llega hasta el Molinón y hoy no tenemos partido.
  • A mi el fútbol ni me lo mente, que ya tengo bastante con que el mi Arturín sea del Oviedo y un lunes sí y otru también traéme un recao de los compañeros de trabayu que son más burros que un arao, cuando no-y pinchen una rueda, rompen-y una ventanilla.
  • Venga señora, vaya circulando, quite ese artefacto del medio de la calzada, que tengo miedo que no esté autorizado para circular y recoja el pescao que ahora todavía no huele, pero sino mañana en esta calle no se para de olor y en este portal vive el concejal de Urbanismo…

    Placa en el monumento a las sardineras, Lastres.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Mujeres.

Mujeres
Ayer Gemma Torres, amiga y escritora, contaba en un post el auténtico placer que supone un paseo por la orilla del, en su caso, mar Cantábrico, un auténtico regalo de la vida, decía. Por la tarde, en el taller literario al que asisto, Flor apuntó lo sanadora que es la terapia de amigas. Mujeres, hoy cinco, de distintas edades.  Aprendices de todo y maestras de nada. Inquietas y trabajadoras, independientes y en constante búsqueda, con gustos y sensibilidades también diferentes, críticas e inconformistas, exigentes. Cada una cargando con su mochila y dejándola, por un par de horas cada dos semanas, a la puerta del Bosque de la Maga Colibrí que las acoge en Gijón. Mujeres que se reúnen para charlar y escribir, leer y reír, llorar y algún vez merendar. Mujeres que celebran la vida y que con una sonrisa enderezan lo torcido, enfrentan las dificultades, arreglan el mundo, el propio y el común. Comparten vida y vivencias, tiempo y espacio, sueños y logros. 
Y así a lo tonto, mirando la foto se me ocurre escribirles algo a cada una en mi Carta a los Magos.
Para Laura que nos convocó y se encargó de tejer el vínculo entre nosotras, muchas cubiertas, muchos títulos, muchas presentaciones rodeada de mujeres, las suyas y las nuestras; un cielo azul para cuando aterrice el avión de Sergio y tener a todos los suyos alrededor de su mesa, seguir creando personajes e historias, enganchándonos y formando parte de nuestras vidas.
Para Teresa un tablao flamenco en el que expresar su arte y su fuerza. Un escenario en el que derrochar talento y glamour. Un marido cómplice no, porque ya lo tiene. Muchas mesas con Laura, presentando a Laura, haciendo de moderadora, expresando su opinión. Teresa es la mujer que muchas quisiéramos ser. Teresa es Teresa.
Para Yoli le pido "que deje de exponer su vida" Noooo, ¡qué es broma! Le pido muchos viajes sola y otros tantos acompañada. Volver a Santorini otra vez, dicen que a la tercera va la vencida, a ver si encuentra la frase para empezar la novela que lleva dentro y que no se decide a escribir. Yoli, qué estamos esperando y la presentaremos en un lugar de esos que te gustan tanto mágico, sobrenatural y con fantasmas, ¿qué tal un cementerio?
Y para Flor, ¿qué pedir para Flor? En lugar de para ella pediría para mí. Poder seguir intercambiando textos y palabras, títulos y reflexiones unas veces escritas y otra como pensamientos expresados en voz alta, pero sí, voy a pedirle algo. Le desearía calma a la hora de escribir la historia de su abuela y serenidad para dejarla levar anclas y partir a surcar los mares infinitos de los que disfrutará más allá de Mieres. Cuando te falte, no te gastes en lágrimas, regálale palabras. En tus palabras está que no te deje nunca. Ah, y una dosis extra de paciencia para tratar a padres y alumnos.
Mi Mary no está en la foto, ¡qué se te case pronto la neña! Te queremos Chuli, pero también queremos verte. A Mary le pido libertad para expresar lo que quiere en voz alta, para aprender a decir noes rotundos, (nunca es tarde para hacerlo). Le deseo muchas montañas y muchas playas asturianas, muchos amaneceres y atardeceres asturianos, que deje atrás algunas experiencias y que se llene de vivencias nuevas.
Para cada una de nosotras 365 sonrisas, de esas que tan bien nos quedan, con las que afrontar 365 días nublados, lluviosos, soleados o llenos de sin sentidos que también los habrá en 2017 y que seamos capaces de transformar nuestras rutinas en algo excepcional y único.
¿Para mi? respirar hondo y aprender a vivir, replantearme lo que hago y si lo quiero hacer así, aprender a tener calma y a no exigir a los demás lo que yo doy, porque cada uno tiene su tiempo y su medida justa, practicar más la sonrisa por las mañana que es cuando más me cuesta. 
El sábado un montañero que encontré casualmente me decía ante mi impaciencia que disfrutará del balcón que teníamos. Teníamos tiempo, balcón, montañas y sol. Tengo que mirármelo porque esta vida única que tenemos (lo que venga está por ver) he de disfrutarla más, admirarla más, soñarla más, que luego me obceco y no veo más que oscuridad alrededor incluso teniendo luz al fondo de la barra.

Alba, el balcón sobre el Valle de Quirós. Sol de otoño.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Quirós, Des-Atención Primaria.

Durante estas últimas semanas muchas han sido las quejas que he escuchado de lo que estaba pasando en Quirós con los médicos que llevan la Atención Primaria. Que las quirosanas y los quirosanos se dirijan a mi para que los escuche me presta mucho porque sólo pone de manifiesto mi labor como canal de comunicación que gracias a este medio puedo desempeñar. Poder ser útil a mi gente es un lujo, pero volvamos al tema que nos ocupa.
Quirós tiene dos médicos de familia. Quizás, de mano, parezcan muchos para la población que vive de forma permanente en el concejo, sin embargo si se analiza la pirámide de población y la dispersión geográfica es entendible. Efectivamente los médicos son deficitarios en cuanto a ratio de cartillas, pero no por ello dejan de ser ambos necesarios. Somos pocos sí, pero viejos y en aldeas remotas. Envejecimiento y dispersión de la población es la realidad de la Asturias rural. El caso es que por circunstancias una de las plazas quedó estas semanas vacante. Vaya por delante que existe el compromiso de cubrirla a corto plazo, compromiso que esperamos se cumpla. Desde el Ayuntamiento nos decían que no existen médicos suplentes (hay una oposición o un examen este fin de semana que hizo que los médicos que estaban en esa bolsa se dieran de baja para poder estudiar, vale, me parece razonable) pero mi pregunta es ¿cómo que no existen médicos suplentes? Me parece imposible y aquí viene la otra parte: no existen médicos suplentes, independientemente de los que se vayan a examinar este domingo, porque las condiciones laborales, los contratos que les ofrecen son tan precarias que muchos de nuestros médicos han optado por irse a otras comunidades. Sí, señores, nuestros jóvenes médicos se van fuera. Coño, ¿esto no era una leyenda urbana? (Areces dixit).
Entonces tenemos dos problemas. Uno, la situación de desatención de los usuarios reales y potenciales de la sanidad pública en Quirós y podría contar aquí alguna de las situaciones que se han dado durante estos días. No es el sitio y además, el derecho a la intimidad de las personas está por encima de muchas cosas (afortunadamente), pero alguna ha sido verdaderamente dramática. Y otro, un colectivo de trabajadores maltratados por su patrón, que no es otro que el SESPA, o sea, la Administración Pública. La política seguida por la Consejería de Sanidad es mala para todos los actores de esta obra, obra que unas veces tiene visos de comedia, porque ante algunas cosas vale más reirse, y otras muchas es una auténtica tragedia. Aquí lo que está en juego es la salud de la gente y esto no es moco de pavo. Ganando en salud, ganamos todos y hablamos además de un servicio que se lleva el 40% del presupuesto autonómico y de ese total un 16% se lo lleva la atención primaria.
Así nos encontramos a un concejo como Quirós con solo uno de los dos médicos que según el mapa de la Sanidad asturiana (por cierto, nosotros pertenecemos al área sanitaria IV) le corresponde y además ese médico resulta que lo cambian cada día. Esta era una de las quejas más recurrente. "Sólo hay un médico y encima cada día es uno diferente". Aquí viene otra parte de la reflexión. ¿Cómo es posible que hayamos perdido el concepto fantástico de médico de cabecera (ahora médico de familia)? Aquella persona de bata blanca que te conocía a ti y a tu familia, te preguntaba por cómo iban las cosas y si hacia falta te acompañaba a la salida del consultorio. Y es que esta sociedad en constante cambio nos lleva a dejar por el camino hasta las mejores cosas. Qué le pasa a una quirosana o a un quirosano que llega al consultorio y se encuentra cada día una cara diferente (bueno digamos cada semana, aunque también haya usuarios de diario) pues que no conoce a la persona que la atiende y para qué negarlo, hay cosas que no es fácil contar por muy médico que sea quien está enfrente tuyo, porque la relación médico paciente se basa en la confianza y esa se gana con el tiempo. ¿Qué tiene Quirós para que los médicos no quieran estar allí? Ah, no, que el tema también tiene que ver con lo que les ofrecen: falta de medios, contratos precarios, hoy dos días aquí, mañana tres allí, el fin de semana te damos de baja y te volvemos a contratar el lunes... Vamos las condiciones más favorables para trabajar a gusto y motivados. Un servicio deficitario para los usuarios y un trabajo en ocasiones miserable para el personal sanitario. O sea, la pescadilla que se muerde la cola. Volvemos a empezar.
La Sanidad Pública es uno de los pilares del Estado de Bienestar (otro la educación, sobre la que seguro también tendremos ocasión de reflexionar). La obligación de la Administración Pública es trabajar por ofrecer esa sanidad en condiciones de igualdad a todos los usuarios. No lo están haciendo. Nuestra obligación como usuarios defender nuestros derechos y no bajar la guardia.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Lidiar con la vida.


El río que nos lleva.
Elena se preguntaba el otro día en su muro de FB cómo era posible que casi todas las mujeres que conoce, refiriéndose a una cifra bastante elevada, tomaran diazepam, lexatin o cualquier otro nombre comercial de lo que antaño se conocía como "la pastilla de los nervios" para disfrazar sus vidas. Esta reflexión en la que no se entraba si se medicaban ellas por su cuenta o las medicaban originó un interesante debate. Casualmente un par de días antes, el 27 de noviembre en la prensa asturiana se publicaba una entrevista con la primera y única catedrática de Psiquiatría de España que estrena cátedra en la Universidad de Oviedo. Paz García-Portilla González, de 54 años, abre con la siguiente afirmación "La sociedad se ha planteado que no puede sufrir, pero la vida es tener problemas y resolverlos".
De la realidad que conoce Elena (que comparto) y de la afirmación de Paz surge mi reflexión, como siempre personalísima y con la que estaréis o no de acuerdo.
Vaya por delante que yo nunca he tomado ni una sola pastilla para los nervios, ni para exámenes decisivos, ni en momentos de pérdidas importantes en mi vida, ni en momentos de diagnósticos de salud, nunca (bueno, miento, quizás el día que me sacaron un colmillo incluido. Era una pequeña cirugía en el paladar. Creo recordar que junto a la anestesia me dieron algo para que estuviera más relajada, claro que no sé porqué pensaron que iba a ponerme nerviosa). Pues eso, que nunca he recurrido a drogas legales para anestesiar mis emociones, quizás no he tenido problemas lo suficientemente graves o los he gestionado con la cabeza fría, porque complicaciones siempre hay, no vamos a negarlo. De hecho lo normal es que las dificultades te acechen en cada esquina y nunca conoces cuando pueden salirte al encuentro. La falta o la pérdida del trabajo, las relaciones de pareja o la ausencia de ellas, las relaciones familiares siempre o casi siempre delicadas, la realidad política y social, un mínimo de sensibilidad ante los problemas ajenos. Y preguntas del tipo ¿cómo se puede ser feliz ante tanta infelicidad?, pero ¿qué es la felicidad? ¿existe siquiera? ¿hay felicidad completa o porciones de felicidad? ¿existen fórmulas para ser felices? ¿son fórmulas universales o cada persona tiene su propia fórmula? Mil y una preguntas y tantas respuestas como hombres y mujeres hay en el mundo. Si te aventuras a vivir tu vida, la senda que recorras coqueteará en ocasiones con sentimientos como el dolor ante las pérdidas y el miedo a tomar decisiones, la inseguridad ante los cambios y la soledad, el aburrimiento ante la monotonía y el hastío... por decir algo. Si te arriesgas a vivir, la vida no te va a ofrecer una alfombra roja y no será un camino de rosas, nadie te hará la ola.
No hablo, en ningún momento, de enfermedades ni transtornos mentales reales y con diagnóstico, el problema que enfrentamos casi nunca es mental sino de gestión de emociones. Esto no quiere decir que no haya momentos en nuestra vida que no tengamos una descompensación que necesite de la química para ayudarnos a seguir, pero en palabras de García-Portilla muchas veces "Se trata de problemas de la vida cotidiana de las personas, la psiquiatría no tiene respuesta para ello. Hay que adaptarse a las crisis que cada uno tiene en su vida". Y en estos casos, Paz recomienda, antes que "la pastilla de los nervios" "ejercicio y vida sana, un poco de aguante y resilencia" y ¿cómo se aprende a ser resilente? pues con educación e inteligencia emocional, canalización de emociones, aceptación del sentido de la vida,... En "Más Platón y menos Prozac" de Lou Marinoff, por poner un ejemplo, la chica que no encontraba novio no se planteaba que hacia mal, sino que se enfangaba en su fracaso por no tener pareja y la respuesta era cambiar de hábitos para ver si por otro camino podía alcanzar lo que quería. Pero claro, vivimos en la sociedad de la inmediatez, de la ausencia de frustración, de la ley del mínimo esfuerzo, de que nadie aplaude al que con trabajo y tesón consigue sus metas, del "vamos a darles todo a los niños no sea que sufran". La vida de los adultos es frustración. ¿Cuántas veces conseguimos realmente cumplir nuestros sueños? ¿Quién se sienta con un niño a explicarle porqué se muere su mascota? ¿Quién acepta serenamente perder a quién quiere aunque la muerte es lo único cierto de la vida? ¿Por qué coño nadie le dice a Conor O'Malley en "Un monstruo viene a verme" qué va a pasar con su madre (mientras piensas qué horror de realidad la de este niño)?



Todos tenemos algo que nos atormenta, enfrentarlo es la solución. Aprender a estar solos y a aceptarse, comprender al otro intentando ponerse en sus zapatos, quererse más e intentar ver que la luna es imposible de alcanzar, pero que está ahí para iluminar nuestros insomnios, aprender de nuestros errores, crecer en la quietud y el silencio. Yo soy una persona muy llorona, creo que eso me ayuda a canalizar muchas cosas, lloro hasta vaciarme, quedarme sin lágrimas. Las lágrimas son sanadoras y liberadoras. La crisis que vivimos ha especulado con nuestras vidas hasta la extenuación, no digo yo que llorar nos ayude mucho, pero empastillarnos nos ayuda menos. Ojalá la felicidad viniera en pastillas. Todo sería más fácil, mucho más.