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jueves, 30 de marzo de 2017

¿Cosas de perros?

Ayer iba a contar una cosa que por motivos obvios dejé para hoy. Es un poco escatológica (yo para algunas cosas soy un poco remilgada) pero hoy SÍ la cuento: mi abuela Elena que era una mujer de armas tomar pero muy noble e incluso inocente, decía que "cuando pisabas mierda era pa perres". Yo, sinceramente, nunca lo tuve muy claro, pero para soportar el disgusto de haber metido el pie donde no debes o el "fedor" que arrastras cuando lo haces, no era mal consuelo. Ayer que era el cumple de mi padre (como bien sabéis) subí hasta su casa a felicitarle y baje andando con Lola (que como también sabéis es mi perra y compañera). Puedo presumir en los once años y pico que llevamos juntas que nunca he dejado la caca de Lola sin recoger. Voy siempre preparada, pero si por casualidad acabamos las bolsas, los klenex, el rollo de cocina, .... Hay tantaaaaaa basura por la calle que siempre encuentras otra bolsa, un folleto de publicidad, un periódico... Los que nos pasamos el día recogiendo cacas, vemos la tremenda cantidad de desperdicios que deja la gente por las calles (hoy sin ir más lejos, el parque a las 7.20 parecía un campo de batalla) SOMOS UNOS CERDOS..., pero sigo con lo de ayer. Cuando un perro se desparasita a menudo hace caca blanda y este era el tema. Resumiendo: de la que bajaba de mi casa a la casa donde vivo, las dos veces que Lola hizo popó yo metí mis manos entre su caca. La primera porque la bolsa estaba estratégicamente rota y la segunda, porque el rollo no aguantó del todo la caca blanda. De todas formas, yo cumplí con nota (y mierda de perra "pa perres" como decía mi güela) con mis obligaciones de dueña. Pero he aquí que hoy cuando bajo al Alimerka a completar con unos paquetes de pañales para la campaña pro-refugiadas sirias (que como también sabéis estamos haciendo) me encuentro una perfectamente recogible (por su textura y conjunto armónico) cagada de perro en la esquina de mi portal (dentro del portal, iluminadme, ¿se llama soportal?). Me cago yo en todo lo que se menea y como buena vecina, solidaria con los perros, nunca con los cerdos de los amos, recogí la caca (esta vez sin mancharme) y la deposité en su sitio, que no es otro que la papelera verde que al lado mismo de mi portal puso cuando urbanizó la calle el Ayuntamiento. Y digo yo, ¿no habría que hacer un examen como el de conducir para tener un perro?; y, digo yo, todos los fantásticos policías municipales que estos días estrenan motos y andan Tenderina arriba, Tenderina abajo, ¿por qué coño no multan algo? Mirai si me mosquea esto que lleva mi coche un mes en el taller y no me ha hecho escribir tantas palabras seguidas! ¡Estoy MUY CABREADA! Lo de que vayan atados es para otra entrada, la mía siempre va.

domingo, 5 de marzo de 2017

Tito Bustillo murió en Quirós


Tito, una de sus últimas fotos (cedida por su hermana Eloísa F. Bustillo)
He estado repasando una página de la historia de Ribadesella que enlaza con la historia de Quirós y viceversa. He concluido que la historia realmente la escribe la casualidad (que no sé, ilustradme por favor, si es una diosa o no) La casualidad primero y luego la memoria. He pasado una tarde en Gijón emotiva, emocionante con una mujer que ha recordado conmigo unos hechos de hace CASI CINCUENTA AÑOS y que ha concluido que este tiempo ha pasado en un suspiro. Una hermana que ha recordado a su hermano, muerto en el tránsito de la adolescencia a la juventud. Una mujer con ojos de niña que, por un momento, ha vuelto a ser la montañera intrépida que fue y ha disfrutado recordándolo. Luego he hablado con Isidro García un quirosano de Las Agüeras que vivió el día del accidente, ayudando a bajar el cuerpo de Tito y organizando los trámites judiciales: llamar el juez de Pola de Lena, participar en el levantamiento del cadáver etc. Isidro me ha sorprendido porque además de aportar datos me ha dicho los nombres de todos los que andaban por allí aquel día. Concluyo: decía ayer Eloisa que cada testigo tiene una versión de los hechos, por eso hay tantas historias como personas implicadas. Yo me quedo con la joven que se quedo huérfana de hermano pequeño, con la familia que tuvo que aprender a vivir sin el zascandil (en el sentido cariñoso del término) que ponía color a los días grises, pero que lo hizo durante demasiado poco tiempo y con Isidro, testigo objetivo de los hechos que desde la distancia pone una nota diferente al relato. Suerte que tiene una de poder revivir la historia y de que se la cuenten las personas que la vivieron.


Picu Mayor, concejo de Quirós, foto de Pepín García.
La Semana Santa de 1968 diez integrantes de la sección de espeleología del grupo de montaña Torreblanca (1), de los que cuatro eran chicas, descendieron junto a dos jóvenes de Ribadesella por una pequeña sima conocida como Pozu´l Ramu. El día antes habían estado probando el material en la Cuevona. Conocían la existencia del pozo, pero no si había cueva. Habían ido por la zona porque sabían que era fácil que existiesen cuevas a las que entrar. Fue el azar el que quiso que en aquella incursión se encontraran con dos de los conjuntos artísticos más importantes, primero el Camarín de las Vulvas y más tarde, gracias al fogonazo que dio el carburo de Tito Bustillo al encenderse, el Panel Principal o Panel de los Caballos. Los chavales sí fueron conscientes de que aquello era algo grande y decidieron volver a la pensión de Ribadesella donde se alojaban sin decir a nadie lo que había visto. Cuenta Eloísa F. Bustillo que al llegar a la villa se encontraron con una procesión y las mujeres decían sobre ellos, llenos de barro y con monos de trabajo "pero si van chicas" Sobre este descubrimiento, con gran repercusión mediática no solo a nivel local sino incluso mundial debido a que el valor de las obras descubiertas estaba a la altura de los más importantes yacimientos europeos conocidos hasta el momento, se han escrito miles de páginas como contaba Eloísa Fernández Bustillo, una de las integrantes de aquella expedición y hermana de Tito, que recordó para este medio la vorágine que vivieron aquellos días. "En los días posteriores bajamos al interior de la cueva muchas veces, también con la prensa. José Vélez, fotógrafo, Manuel Avello, periodista y Magín Berenguer del Patronato de Cuevas y Yacimientos Prehistóricos de Asturias fueron algunos de los que contribuyeron en el primero momento a la difusión de la noticia. Hoy no podría hacerse así, llegaría la autoridad responsable, cerraría y nos impedirían el acceso y ahora, tantos años despues creo que quizás hubiera sido lo más sensato" apostilla Eloísa rememorando aquellas fechas. Eloísa F. Bustillo recordaba el momento en el que vieron el Gran Mural «A mi hermano Tito se le apagó el carburo y al ir a encenderlo, con el fogonazo que dio, miró hacia arriba y vio la cabeza de caballo. Después con la luz de todos los carburos pudimos ver el gran mural» cuenta "pero tampoco alcanzamos a ver en ese primer momento todo lo que había".
La cueva iba a llamarse Cueva Torreblanca en honor al grupo de montaña al que pertenecían, pero la fatalidad quiso que la muerte sorprendiera a uno de sus protagonistas, Celestino F. Bustillo, Tito Bustillo en Quirós. Y fue este fallecimiento en un accidente de montaña lo que motivó que el Grupo Torreblanca pidiera que se bautizara la cueva del Pozu´l Ramu con el nombre de Tito Bustillo.

Los descubridores, foto cortesía de la Sociedad Etnográfica de Ribadesella.
A la pregunta de por qué estaba Tito en Quirós, Eloísa cuenta lo siguiente "Estábamos un poco cansados de todo lo que había ido surgiendo aquellos días. Nosotros eramos unos rapacinos y nos habían superado los acontecimientos. Todos querían llevarse los réditos de lo encontrado: el Patronato, la Universidad, los Grupos de Espeleología (GESA), entonces no había federación... así que decidimos hacer una salida diferente. Nuestros padres nunca nos prohibieron nada pero aquellos días y al ser 1 de mayo nos pidieron que no fuéramos. Los mineros habían prometido que sería un día movido, así que yo hice caso a mis padres y no fui, pero mi hermano sí. Tito era muy cabezón y como eramos ocho, consiguió despistar a mis padres en un ir y venir de mi padre a mi madre y viceversa. Aquel día con él no estaba ninguno del grupo que habíamos realizado el descubrimiento, si estaba Marta Blanco que luego sería una de las mejores montañeras y escaladoras de la época. Al llegar a la Cueva la Canal y quitarse la mochila y el material que llevaba, tropezó y se despeñó. Cuando bajaron a ayudarle ya no pudieron hacer nada. Lo bajaron sus propios compañeros y lo velaron en la iglesia de Las Agüeras. Nos enteramos porque alguien llamó a casa y mi padre le dijo a uno de mis hermanos mayores que Tito había tenido un accidente en Quirós y que pintaba mal y allá fueron."

Tito con dos compañeras scouts
Para Isidro García García, vecino de Las Agüeras y que por aquellos días era el encargado de llevar el Juzgado de Paz de Quirós, aquel día fue un día intenso. "Cuando llegaron a avisarme del accidente estaba trabajando la tierra. Pronto nos pusimos en marcha, llevo el deceso el juez de Pola de Lena, d. Carlos María Balver García". Isidro subió hasta el lugar del accidente con d. Modesto, el párroco de la zona y allí con una camilla entre todos lo bajaron para llevarlo a la iglesia dónde se procedió junto al juez y el secretario del juzgado de Pola de Lena a practicar las diligencias oportunas. En el juzgado de paz de Quirós está inscrita la defunción.

Cruz colocada en homenaje a Tito Bustillo en la entrada de la Cueva La Canal (Las Agüeras, Quirós)
Para Eloísa y su familia «que la cueva lleve su nombre es un orgullo, pero fue un golpe muy duro, de hecho mi madre murió dos años y medio despues». Recuerda a sus padres sin consuelo, pero muy arropados. Durante los meses siguientes y diariamente muchos de sus compañeros del instituto, del grupo de montaña, entre ellos Lalo Azcona acompañaron a la familia. Unos meses más tarde se hizo una misa en Quirós y se puso una placa en recuerdo del joven fallecido. Los padres de Tito escribieron una carta de agradecimiento, estaban contentos de que su hijo hubiera pertenecido a un grupo capaz de mostrar tanta humanidad y tanta solidaridad. Eloísa bajaba del colegio donde trabajaba y se ponía a hacer café para tantos y tantos amigos que llegaban a casa a acompañarles en el duelo, "parecía un bar" recuerda. Cuenta Eloísa que Félix Rodríguez de la Fuente hizo un documental con testimonios de todos ellos tras el fallecimiento de Tito del que apenas se conserva un trocito de metraje y en el montaje no se mencionaba que la muerte había tenido lugar en Quirós "Tito murió en Quirós, esa es la verdad, a posteriori hemos ido con algunos de nuestros cuarenta sobrinos a enseñarles la zona para que conozcan la historia". A la pregunta de sí, entre tantos, alguno ha heredado el amor por la montaña de sus tíos, Eloísa nos dice con un punto de ironía que la vida ahora es muy diferente y es más importante ir a clase de inglés.
La muerte de Tito en Quirós, el menor de ocho hermanos con apenas 18 años alejó a Eloísa un poco de las cuevas, pero volvió «Participé en el Campamento de Espeleología que se celebró aquel verano e hice un curso porque de repente me daban respeto. Me convertí en monitora, llegando a hacer muchas más cuevas de las que había hecho hasta el momento, siempre he sido una pisapraos".

(1) El Grupo Torreblanca se funda por los scouts de la parroquia de San Juan del Real, eran amigos de la naturaleza y de la aventura y al no existir federación de espeleología deciden  federarse como montañeros.

jueves, 2 de marzo de 2017

Soy funambulista.


Estos son algunos de los hilos que forman mi red de funambulista, faltan muchos.

funambulismo
1. m. Arte del funámbulo (acróbata que realiza ejercicios).
2. m. Habilidad para desenvolverse ventajosamente entre diversas tendencias y opiniones opuestas, especialmente en política.
funambulesco, ca
2. adj. Extravagante, exagerado, llamativo, grotesco.
 
Soy funambulista. Los funambulistas nos pasamos la vida haciendo acrobacias sobre el delgado e inestable equilibrio del cable que sostiene nuestra existencia. Esquivando tormentas que sobrellevamos sujetos a tierra gracias a las raíces de un árbol imaginario, el que han plantado para nosotros nuestros padres. Caminando bajo la lluvia cobijados únicamente por un paraguas que casi siempre nos presta un buen amigo. Aquellos que afrontamos con valentía, o no, problemas reales o imaginarios, superamos crisis personales y mundiales, enfrentamos penas, tristezas, enfermedades e intentamos salir adelante levantarnos cada mañana, tomando impulso e incluso, los días que la losa es más pesada, hasta tirándonos de la cama. Aquellos que nos vamos preparando para lo que la vida nos va a dar y que vamos aceptando anticipadamente como el peaje que lleva implícito el maravilloso y sencillo hecho de vivir. Los funambulistas, hagamos lo que hagamos, siempre estamos con el cuerpo y el alma pendiendo de un hilo, de un alambre fino o grueso sobre el que, paso a paso, vamos cumpliendo nuestro destino que, muchas veces, no es el que más nos gusta. Ya dice el refrán "que el hombre propone y Dios dispone". Dios o cualquiera de los dioses de nuestra sociedad (paro, abandono, soledad, azar,...). Ya quisiéramos los funambulistas tener el poder de decidir. Avanzamos sobre el alambre en busca del extremo al que estamos abocados que siempre es la muerte. Aceptamos nuestro cuerpo como el débil envoltorio que es. Sabemos lo que nos embellece la sonrisa y un traje de colores. Trabajamos por conseguir ser cada día un poco más felices o por hacer a los demás la vida más fácil o llevadera, pues sabemos que realmente la felicidad que reflejamos casi nunca es la nuestra sino la que vamos posando en los otros. Amamos la tierra que pisamos y lo contagiamos en la medida de lo posible. Sabemos que nuestro trabajo, si no nos gusta o es el equivocado, no es más que algo que nos sustenta y si podemos, huimos de él en busca de otro horizonte que nos permita dar lo mejor de nosotros, desarrollando nuestras capacidades, nuestra creatividad o nuestro arte. Aprendemos todo esto desde pequeños y es una tarea complicada. Doy fe.
Es muy dura la vida de los funambulistas. En ocasiones nos encontramos en la cuerda floja. Sentimos miedo, vértigo, temblores y ansiedad, entonces preferiríamos ser malabaristas, magos, payasos, jefes de pista o incluso domadores (siempre es mejor enfrentarse a los animales más fieros que a uno mismo), todas profesiones con los pies en el suelo, sin embargo lo mejor de nuestro trabajo es que nunca estamos solos. Una de las primeras cosas que aprendemos en la Academia de Funambulismo es que caminar sobre el alambre es algo que se hace en soledad, pero que nunca ha de hacerse sin red. Esa red, si es tupida mejor, será la que nos recoja si el alambre se rompe, si resbalamos o si nos caemos. Sí, ya sé, me diréis que hay que aprender a caer, pero siempre caéremos sobre mullido y aquí es donde yo quiero contaros acerca de las redes que se forman en torno a cada uno de los funambulistas. Son redes de carne y hueso, de músculos, de sentimientos y emociones, de críticas y aplausos, de amigos y enemigos que también son importantes a la hora de saber cual es nuestro verdadadero sitio en el mundo. Son redes tejidas de virtudes y defectos, las propias y ajenas. Hemos de asegurarnos que la urdimbre de la red sea resistente, de forma que no haya nudos mal atados, ni flojos, ni zonas por donde se pueda colar nuestro cuerpo o alguno de nuestros brazos o piernas en caso de tener un desliz. La red ha de ser fuerte y compacta, también elástica y fácil de remendar en caso de sufrir un desgarrón. Con esa red estaremos siempre a salvo. Los funambulistas trabajamos muchas horas para conseguir esa red. Si acaso vamos a clase particular con las rederas de Lastres, por poner un ejempl, ellas llevan siglos dedicadas a perfeccionar este trabajo. El esmero con el que tejen las redes es increíble. Es un trabajo artesanal y tienen que dedicarle mucho tiempo. Todos los días que hay redes rotas tienen que trabajar, sea el día que sea. Tejer una buena red no es moco de pavo. Normalmente es un trabajo que se hace en familia, pues la base de las redes suelen trasladarse de padres a hijos y éstos completan los huecos que aquellos han ido haciendo con el uso. Vivir es una elección personal. Tejer la red es cosa de uno. Los hilos de mi red son fuertes y sanos, algunos llevan siglos junto a mi y los míos. He tenido suerte. He trabajado mucho y bien en ella. Llegar hasta aquí me ha costado, pero lo he hecho.
P.D. mención aparte merecen los postes que sujetan la red. Imaginaréis quien los forman. Los pilares de mi vida, los de casa. Mi madre, mi padre y mi hermano y su familia y mordiendo de vez en cuando las cuerdas Lola (que me ha hecho más terrenal con sus exigencias)