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lunes, 24 de febrero de 2014

La vida improvisa por nosotros.

Habían ido todos a pasar el fin de semana al pueblo y como la casa es pequeña a ella le había tocado dormir al lado de la chimenea. Su hermano le había preguntado que por qué echaba, a punto de acostarse, el último tronco a la chimenea. Le dijo: "No te preocupes, está Lola (Lola es su perra) si pasa algo ella nos avisa" No es imprudencia es confianza. Y así se fueron a dormir el viernes, con la chimenea encendida.
El sábado por la mañana hizo un día precioso, uno de esos días que anuncia que la primavera ya está aquí. Se había levantado y empezó el día leyendo. Leyó la entrada del blog "El extraño viaje" Ovidio y ella, en charla virtual, como tantas veces bromearon y comentaron algo acerca de la improvisación. A ella le encanta improvisar. No es muy estricta, ni muy rigurosa en cuanto a los planes. Cree que la vida le ha ayudado a huir de antemano de todo que está encorsetado y encasillado, etiquetado y clasificado. Se define como un alma libre. Es por eso que aunque bastante puntual en sus citas, no es extraño que si no hay una hora programada ella se dedique a dar un rodeo. Entonces siempre llega la última, pero le gusta hacerlo así. No le importa ir a Quirós subiendo la Cobertoria (con el extra de km que conlleva) porque el paisaje lo merece. No le inoportuna pararse a cafetear, si una amiga la llama de repente. No le molesta ir a buscar un libro a Gijón porque alguien le ha dicho que la librería es tan guapa que merece la pena ir a echar un vistazo o pararse a buscar una cascada en San Andrés porque a lo mejor con suerte se encuentra un tesoro. Es por eso también que como es tan poco amiga de hacer listas siempre le falta algo en la maleta. Lo que más le gusta es afirmar que ella es la única responsable de su propia improvisación. Lástima tener tan poco espacio para maniobrar en los tiempos que corren. Nunca tiene un plan definido o, mejor, si lo tiene no tiene ningún problema en modificarlo, alterarlo o incluso anularlo. No programa nada, le gusta ver como las olas la llevan a un lado o a otro. Espera que sea otro el que proponga, sólo que nadie le propone nada.
Con esta reflexión sobre lo divertido que es improvisar, hacer quiebros e ir cambiando de camino, que no necesariamente de opinión, ejercer su capacidad de decidir y luego sobre la marcha, volver a hacerlo, leyó también de la noticia de que seis miembros de una misma familia, en una casa rural en Burgos, habían muerto durante la madrugada. El suceso quedó ahí, impresionada por la magnitud pero con la importancia relativa de la desgracia ajena, de la fatalidad anónima. Ellos continuaron con lo suyo, pasando el día juntos, como tanto les gusta hacer, disfrutando en familia.
Fue a mediodía cuando la tragedia de Burgos dejo de ser extraña para convertirse en cercana, eran asturianos, de Gijón. Uno de los supervivientes, padre y esposo de dos de las víctimas, de origen quirosano, primo y sobrino de gente que ella conoce y aprecia. La vida se quebró para todos ellos. ¿Cómo sobrevivir a un drama de ese calibre?
La misma noche sin luna para las dos familias, una en Asturias y otra en Burgos. El mismo cielo de millones de estrellas velando sus sueños. ¿Quién hace girar el mundo? ¿Quién decide quien recibe este tipo de bofetadas? ¿Quién convocó a la muerte?
La convocó la chispa de una chimenea. Una chimenea que había creado el ambiente, el calor y el color, la atmósfera que había originado la fantástica última tarde que pasaron juntos sin saberlo. Una tarde llena de confidencias y juegos infantiles, de risas compartidas y proyectos futuros. Una chispa escupida por azar convocó a la parca que se pasea entre el humo asfixiante que llena las estancias de la casa cerrada con llave. No hay escapatoria. Es su noche y ella es la invitada no esperada. Triunfante elige arbitraria y caprichosa qué adultos se va a llevar. Pasa de largo al lado del bebé de siete meses y de la mujer más joven. Decide qué niños se van y cuáles se quedan. Renuncia a los hombres, más fuertes, le ofrecen resistencia. Ellos quedarán para seguir viviendo, en ellos continuará la historia, serán los testigos de aquel aciago día. Vivir será su pena.
¿Cómo se sobrepondrán a este tremendo destino? ¿Cuántas veces se preguntarán porque ellos y no sus hijos? ¿Porqué ellos y no las madres? Tendrán que volver a aprender a caminar, tendrán que volver a empezar, tendrán que vivir para siempre con el sabor amargo de la derrota. Les arroparán, les darán abrigo el resto de la familia y sus amigos. La vida sacará lo mejor y lo peor de cada uno. Se llevarán sorpresas, pero descubrirán quienes les ofrecían una amistad sincera y quienes no, quienes son de ley y quienes falsos. Aprenderán a vivir y reconstruirán sus vidas a partir de los escombros. No hay otra salida.
Improvisa la vida por ellos, por nosotros y yerra muchas veces. Un volantazo violento y la historia cambia para no volver a ser la misma. Nadie podía pensar que el guión escrito para la familia de Gijón que se deshizo en Burgos tenía ese final. Ellos no lo habían previsto así.
 
Bea la de Lola
 
P.D. En el libro “De vidas ajenas” de Carrère que acabo de leer, hay una pérdida. En realidad hay muchas más. Comienza con la muerte de una niña pequeña en el terrible tsunami del año 2004 pero no hay que olvidar la cantidad de vidas que se llevo aquella ola de muerte. Los padres supervivientes tienen que iniciar de nuevo su vida sin su pequeña hija. Sin embargo, yo quería pararme en la otra pérdida, la de Juliette (aunque la niña y la joven tengan paradójicamente el mismo nombre), una mujer joven enferma de cáncer con marido y tres hijas pequeñas, la más pequeña de cuello. Ella afronta el último tramo de la enfermedad con el pensamiento de que sus hijas no van a recordarla. Juliette establece una relación de amistad muy estrecha con un compañero de trabajo, Étiene. La intimidad entre ellos se basa en que ambos han tenido cáncer. El cáncer es el lazo que les une. Hay un momento en el relato en que Étiene ante la preocupación de Juliette le dice que la vida no se detendrá con su muerte y que incluso sin ella sus hijas podrán ser felices. Las palabras de Étiene no son crueles, las dice para tranquilizarla en un intento de que ella acepte que la vida de las niñas continuará. Es cierto, la vida continuará para todos, menos para los que ya no están. La vida continuará improvisando y confundiéndose una y otra vez. Unas veces se llevará a un padre en un accidente de coche, otras la enfermedad robará a unos padres una hija de ocho años, otras a una mujer enamorada en un accidente fortuito. La vida sigue y sigue teniendo en sus manos nuestro destino. De nosotros depende vivirla de la manera más plena posible, luego ya llegará ella y escribirá finales improvisados a destiempo.





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