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martes, 26 de enero de 2016

Algunos días apetece no levantarse.

Viene Rohani a Europa y visita Roma. El Gobierno tapa las estatuas para no perturbar a este señor que viene de un país que no se caracteriza precisamente por estar a la cabeza de la defensa de los derechos humanos, pero claro han firmado con ellos un acuerdo económico que tiene muchos ceros. Le pide al Papa que recé por él. Qué servil es la Vieja Europa cuando se trata de perres. En Dinamarca aprueban una ley que dice que se podrá confiscar a los refugiados objetos de valor para ayudarles a pagar su estancia en el país (dicen que los dentistas sirios ponen todavía fundas de oro en los dientes, ironía: modo on) Cuánto se parece esta Europa a la de otros tiempos no tan lejanos y qué miedo da. En Valencia las comisarías se llenan con cargos corruptos del PP (Si, de ese partido que tan bien nos ha deletreado en estos últimos años la palabra CORRUPCIÓN, al que votan y votan millones y millones de españoles, ya dicen que el hombre y la mujer es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y tres y cuatro y cinco y, que conste, que yo respeto el sagrado misterio del sufragio activo, pero válgame Dios) Mientras el partido aún en el gobierno dice en relación al salario social que "Nadie trabajará si le llevan el dinero a casa" y yo, que soy especialmente crítica con el salario social por todo lo que puede tener de fraude, que seguro que lo hay, por todos los fallos o errores que tiene el planteamiento, los presupuestos y los resultados, me pregunto qué responsabilidad tiene el Gobierno (y la oposición) en la ausencia de un tejido productivo que cree puestos de trabajo y deje de destruirlos, porque, vamos a ver, llevamos muchos años destruyendo constante y con más lentitud o rapidez, pero destruyendo. Que yo sé lo que cuesta mantener, conservar y crear un puesto de trabajo y lo sé porque lo he vivido y lo observo día a día desde el mundo empresarial. Y  leo también que la niña de Vitoria abusada y arrojada  por el balcón por un asesino se ha muerto. Prubina, descanse en paz, que vaya puta suerte tuvo de nacer donde nació, por cierto se llamaba Alicia. Y mientras el adalid de la regeneración política de este país se pega una pataleta por los asientos del Congreso que tampoco será exactamente así porque quitando que a la nena de Vitoria le han robado la vida y es un hecho indiscutible, todo lo demás son titulares y alguien vendrá para darles otra lectura, la que sea más favorable a sus protagonistas.

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