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martes, 19 de enero de 2016

Bendito aquel que da vida a las palabras.

Estoy pensando en lo difícil que es para algunas personas expresar por escrito lo que sienten y en lo fácil que es para otras.
Estoy pensando que aunque escribas bien,
a las palabras muchas veces les falta el calor de unas manos que te tocan,
el color de unas mejillas que se sonrojan cuando ven a la persona que quieren,
cuando se ponen nerviosas
o simplemente,
cuando se emocionan por lo qué sea.
A las palabras les falta el sonido de un "te quiero",
el brillo de unos ojos que sonríen y hacen del universo entre dos personas un espacio único e infranqueable.
A las palabras les falta el olor de las flores que describen,
el de una tahona y un horno,
el del patio de luces cuando las madres aún cocinaban y veníamos del colegio con ganas de comernos el mundo,
el olor a limpio de las sábanas recién tendidas o
el olor de la tierra después de la tormenta...
A muchas palabras les falta la vida
porque que tengan VIDA depende precisamente de quien las escriba.
Estoy pensando que aunque las palabras tengan ALMA nunca será lo mismo un "te quiero" o "un beso" por escrito que un "te quiero" susurrado o "un beso" seguido de otro beso porque cuando empiezas a besar nunca puedes parar de hacerlo.
Estoy pensando en lo fácil que es para algunas personas poner por escrito sus sentimientos y hacer a otros sentir y en lo difícil que es trasladarlas del papel a lo cotidiano.
Estoy pensando que
benditos los poetas que consiguen que sus palabras sepan y huelan,
vean y toquen
y, sobre todo,
susurren lo que no me atrevo a decirte cuando estamos juntos, porque aunque algunas personas seamos capaces de hacer sentir a través de la escritura nos falta el valor para vivir fuera del papel. Feliz día y felices palabras, ¡qué os llenen de vida!

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