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domingo, 30 de agosto de 2015

VERGÜENZA

Siento VERGÜENZA, desde mi posición de privilegio con trabajo y techo, un plato de comida sobre la mesa y agua potable no sólo para beber, dinero de bolsillo y posibilidad de satisfacer casi todos mis caprichos (que afortunadamente no son tantos ni tan caros) Qué fácil es nuestra postura. Mirar para otro lado. No hacer nada. Cae muy lejos lo que ocurre en el mundo, que realmente no es mi mundo, desde mi cama caliente y protegida.
Siento VERGÜENZA, como europea, de que las carreteras de la Unión Europea se llenen de cadáveres en cámaras frigoríficas para pollos... Austria, hermosa e imperial. Hungría construyendo su propio muro. Alemania apedreando a los refugiados. España con su propia frontera vergonzosa y vergonzante. Francia sufriendo en sus carnes el ataque asesino de los terroristas. Sólo Grecia parece dispuesta a tender una mano a los que desesperados huyen de sus hogares en barcos de papel. Grecia, la malquerida, la maltratada, que lame sus heridas y las de los que llegan a sus costas.
Siento VERGÜENZA de que la guerra, cualquier guerra, se esté cobrando tantas, tantas víctimas inocentes que escapan dejando atrás sus raíces perseguidos por la intolerancia religiosa, por intereses económicos o políticos, rastreros e indecentes.
Hablan del mayor desastre humanitario desde la 2ª Guerra Mundial y yo me pregunto, avergonzada de pertenecer a la raza humana ¿Qué coño hace la comunidad internacional para no poner freno a este genocidio contra nosotros mismos? ¿Adónde está mirando? Mi amplitud de miras es tan corta que sólo me permite mirarme el ombligo. ¿Qué estamos haciendo con el mundo?


(Este texto se publicó en La Voz del Trubia digital como artículo de opinión el 29/08/2015)

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