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martes, 8 de septiembre de 2015

Crónica sentimental en rojo. Pasión por mi tierra.


Esperando a los ciclistas.
Hace unos años cuando la Vuelta subió por primera vez al vecino Angliru mi padre, mi hermano y yo subimos por Alba a conocerlo. Yo había estado una vez con el grupo de montaña de la Universidad de Oviedo, pero no recordaba nada, la verdad. Aquel día subía una especie de media maratón, o algo así, corriendo. Llegamos, vimos y volvimos. Recuerdo a mi padre decir algo como "Esto en Alba, sería espectacular" Idénticas palabras utilizó Selino, el padre de Claudia, cuando fue hasta allí "Madre, un final de etapa en Alba, sería tremendo". Sin embargo, ni uno ni otro probablemente creyeron que lo de ayer fuera a ocurrir nunca. "No lo verán mis ojos" pensaron Canor y Selino que, a fecha de hoy, ya son de los más viejos del lugar pero llegó y lo vieron. Mi padre no vino porque tenía que hacer en Oviedo y porque muy pragmático y conformista desde el principio dijo "Se ve mejor en la tele".
Papá, ¡lo de ayer había que haberlo visto en directo junto a Hugo!
El auténtico espectáculo fueron los miles de personas que entregados a un vilipendiado deporte, el del ciclismo, castigado vilmente con el doping con el que hombres malos han estrujado a los deportistas más ambiciosos o más inocentes, no lo tengo muy claro, llevaron en volandas a los ciclistas. Un deporte que tiene multitud de seguidores en el mundo, pero muchos, muchísimos en la cornisa cantábrica, gente que viaja con sus peñas detrás de los casi siempre pequeños héroes que se  juegan la vida en la carretera y a veces, tristemente en los laboratorios. Afortunadamente la cada vez mayor presencia de controles garantiza la integridad física de unos y la limpieza y la recuperación de credibilidad del deporte tan respetado y tan maltratado por momentos. Aplaudo esta vuelta al origen. Al ciclismo lo dignifican las personas, no sólo las estrellas, sino, sobre todo, cada uno de los sufridos miembros de los equipos, áquellos de los que casi nadie recuerda el nombre al finalizar las grandes Vueltas.
El público fue el auténtico protagonista, familias enteras con niños pequeños que fueron un goteo constante desde primeras horas de la mañana hasta convertirse en una tremenda riada de todos los colores, de todas las edades, todos con su mejor vestido, el de la sonrisa y el del esfuerzo de llegar a meta para disfrutar, caminando más de seis km la mayoría desde la carretera general AS-229 para participar de la fiesta.
Este fue el ambiente de la meta: amistad y compañerismo.

Fue un día especial. No sólo para los quirosanos, pero, sobre todo, para nosotros. No creo que haya habido uno solo quirosano  que no haya estado ayer en Alba, al menos de pensamiento. Y es que los quirosanos que somos muy nuestros y tenemos una idiosincracia muy particular, hemos conseguido dos hitos importantes en los últimos tiempos. La celebración del concierto de Celtas Cortos en 2012 y ahora la organización y el apoyo incondicional de este fin de etapa. Esto pone de manifiesto que trabajando juntos podemos sacar arriba lo que nos propongamos. Igual había que tatuárnoslo por alguna parte para no olvidarlo cuando, de repente, nos volvemos aceradamente críticos e incluso perversos. Quirós sólo es uno y el interés común también es sólo uno. No dejemos de trabajar por ello. Creamos en nuestro concejo y en nuestro potencial. Creamos en las personas y en el trabajo en equipo. No nos pongamos metas. Con la resaca de emociones del día de ayer, estoy convencida (ya lo estaba antes) de que juntos es posible.
Cuando a una la envenenan de niña con el amor a su sitio de pertenencia como lo ha hecho mi padre y como lo hicieron mis tías, sus hermanas; como lo hace el orbayu con la tierra de forma tranquila, serena y lenta, calando despacio benéficamente para llegar y habitar no sólo en los sentidos, sino en el alma donde se encuentra mi auténtica esencia de persona; cuando una ama de la manera que yo lo hago al mi Quirós; cuando una sabe perfectamente dónde quiere estar, con quién y porqué, los días como el de ayer son lo más y dan auténtico sentido a mi vida.
Ambientazo bajando de Alba una vez finalizada la etapa
 Hemos trabajado mucho, algunos más que otros, claro, aportando grandes o pequeñas cosas, granitos de arena o paletadas de ella, creyendo ciegamente que éste podía ser un día para nuestra historia. Mostrar nuestro paisaje era el objetivo. ¿Qué la producción de televisión podía haber sido mejor? Todo se puede mejorar está claro, pero Quirós dio su mejor cara, la que queríamos dar, la que deseábamos dar, la del sol y el verde, la del paisaje y su gente, la del deporte y la convivencia. Celebrémoslo hoy y evaluémoslo mañana. Disfrutemos de ello y esperemos muchos otros setiembres como éste. A mi sólo me faltó una sonrisa, pero me resarciré. ¡Espero!

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