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jueves, 24 de abril de 2014

Memoria de un roble.

Desde el tronco caído del Rebol.lo se puede ver el Teixo.
Por fin, es viernes. Esta semana ha sido larga después de las fiestas. Cierre de trimestre, los Huevos Pintos en la Pola, día del Libro y de los Jorges, cuarenta cumpleaños de un amigo con lo que conlleva de emociones y, un hecho triste que nadie podía presagiar y rompió a mitad de semana su plácido transcurso, la muerte de un árbol, monumento natural. La madrugada del 22 de abril sobre las 2.00 se cayó el roble de Bermiego, un roble centenario, icono de un pueblo y de un concejo.
El roble estaba situado en medio del pueblo, en un pequeño promontorio sobre la Capilla de San Antonio. Desde allí y en línea recta se alcanza a ver el Teixo de la Iglesia, centinelas los dos de una aldea asturiana y de su historia. Entre la niebla, tan propia de estas montañas, se podían adivinar sus siluetas. Si las ramas de los dos árboles hubieran crecido en línea recta habrían podido abrazarse, se habría podido tejer un túnel de espesa urdimbre bajo el cual caminar protegidos de la lluvia, al abrigo del hechizo de estos montes. Al roble lo dobló el tiempo y el cansancio, la vida misma. Vencido encima del tejado de la casa de Matías. Me imagino el susto y la escena, la sorpresa de los vecinos arremolinándose a esas horas alrededor del árbol arrancado de la tierra con sus raíces al aire, sobresaltados por el ruido. Por fortuna sólo se produjeron daños materiales que siempre tienen remedio, por desgracia se pierde uno de los reclamos turísticos de la zona. Nos queda el Teixo situado dentro del recinto de la Iglesia parroquial de Santa María, cuya majestuosidad y entorno bien merecen el paseo que hay hasta allí, pero subir hasta Bermiego y visitarlos a ambos era una parada obligada no sólo para los quirosanos, sino, sobre todo, para los turistas. Yo estuve allí hace más o menos un mes y fueron muchas las personas que se acercaron para verlos en un breve espacio de tiempo. No es extraño ¿no admiramos ermitas y catedrales construidas por la mano del hombre con menor antigüedad y encanto? Pues qué menos que admirarse ante el prodigio de la naturaleza que, por otro lado, en Quirós es mucho y está por todas partes. Aquel atardecer precioso del primer domingo de primavera, víspera de que el tiempo se parase en el concejo y la oscuridad se cerniera sobre todos, se dibujaban las ramas del viejo roble, creando una atmósfera especial y seductora. Y es que no sé qué tiene la luz cuando se cuela entre los árboles, lo mismo que no sé qué tiene el sonido de las ramas y las hojas cuando el viento las agita. La luz entre las ramas de los árboles del bosque es vida y el sonido que se escucha música. Fue un día de despedida, aunque entonces no lo supiéramos.
Bermiego protegido por estos dos gigantes, el Rebollo al que lloramos y el Teixo. Ambos esperando prestos para guarecernos, para abeluganos, para invitar a enamorarse bajo su frondosidad, para regalarnos su sombra en los días del caluroso verano. Invitándonos a jugar a su alrededor, a inventar historias de hadas buenas que tienen su hogar dentro de su tronco, roto y herido de muerte tiempo atrás por un rayo. Cuántos besos robados, promesas hechas de amor y rotas después, historias concluidas e inconclusas. Ambos protagonistas de la historia de un pueblo, testigos del trabajo y el esfuerzo de una comunidad vecinal, famosa por su asociacionismo. No en vano su asociación lleva el nombre del Roble y se mantiene activa después de tantos años promocionando tradiciones y fiestas populares.
Al pie del roble se juntaban los romeros procedentes de Alba, las gentes de Salcedo se acercaban a celebrar San Roque con sus vecinos. Venían a caballo, a pie, por el monte, más tarde en coche por la sinuosa carretera, familias enteras con sus meriendas. Eran otros tiempos, diferentes a éstos, quizás mejores. Fue tiempo de romerías y verbenas, de amistad y de noviazgos, de catiuskas y madreñas, de niños que vivían en el pueblo y de los que venían de vacaciones. Volver a casa de los que estaban fuera. Cita obligada de todos los agostos: “el 15 a Alba, el 16 a Bermiego”.
El roble se cayó y se hizo el silencio al menos un momento. ¿Su mérito más grande? Haber sobrevivido todo este tiempo a la maquinaria del progreso, permanecer enhiesto en medio del pueblo, esquivar a todo aquel que pretendió talarlo, haber muerto de viejo.
¿Cómo se mide la cultura de un pueblo? Sin duda uno de los patrones de medida es el trato de su medio natural, de sus árboles, su flora y fauna autóctona. En el respeto de nuestra tierra está nuestro futuro. Se muere un árbol, plantemos otro. Plantemos miles, uno por cada uno de nosotros, uno por cada una de las historias que se fraguaron a los pies del roble del Bermiego, por cada baile, por cada beso, por cada sueño. No muere un roble, muere algo nuestro, pongámosle remedio. Cada uno de nosotros tiene una historia propia con un árbol o, en mi caso, con varios: la figal que había delante de la casa de mis güelos en Salcedo, el árbol que crecía frente a casa de mis padres, la palmera de la Fábrica de Armas de Oviedo por la que mi abuela materna medía la intensidad del temporal de viento, el fresno que en verano no deja ver más allá de sus hojas y que mi tía Domitila quería podar a toda costa, la faya de Selino que a pie de Alba nos va anunciando las estaciones cadenciosamente año tras año, la cerezal que tengo delante de la nave donde trabajo en un polígono industrial, … Cada árbol tiene una historia, probablemente no tan bonita ni tan conocida como la del roble que perdemos, pero una historia al fin. Se queda vacía la atalaya del Roble de Bermiego, mantengamos vivo su recuerdo al menos en nuestra memoria.
Quirós es mágico, como mágicos son sus pueblos y como mágico es Bermiego, Tibet particular y personal de nuestro querido Víctor que la pasada noche actuó de cronista de lo acontecido. ¡Gracias amigo por tu vigilia!

http://lavozdeltrubia.es/2017/03/21/el-roble-de-bermiego-de-despedir-a-los-emigrantes-a-ensenar-arquitectura/

2 comentarios:

  1. Como me gusta tu escrito, que verdades" de verdad" Recuerdos nos traen a todos los que ahí vivimos y a todos los visitantes.Seguro quen así es,Gracias

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  2. Muchas gracias. He intentado escribir desde mi experiencia propia, algunos momentos muy bonitos y divertidos he vivido yo debajo de este roble, como todos nosotros. Un saludo.

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