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lunes, 9 de octubre de 2017

Cuando las fiestas no tienen comisión.


Constante de Carrexa y Lupecino de Salcedo
Cuando Gabriel Bobes, organizador este año y para él por vez primera de la fiesta de Alba, no era ni un sueño en la cabeza de su madre Esperanza, ésta y sus hermanos acompañaban a sus padres a la romería de Alba donde el abuelo de Gabriel, Lupecino de Salcedo que era gaitero junto a su compañero y amigo Constante de Carrexa, que aun vive, cada día más cerca de ser centenario, eran protagonistas de la romería quirosana por excelencia aportando su buen hacer a la gaita y al tambor. En otro tiempo, diferente a éste, Lupecino y Constante fueron pieza importante de la fiesta. Alba marcaba muchos tiempos, el principal acabar la yerba y después recoger el pan y el maíz, las ablanas y pañar les manzanes. El día de Alba en Salcedo era un ir y venir de hombres y mujeres aparejando los animales para cargar la comida. Tras unos días de amasar pan de escanda, preparar tartas y casadielles de avellanas, guisar corderos y cabritos, hacer tortillas, preparar manteles, café de pota, cargar platos y pocillos de cristal y porcelana y cubiertos. Salir camino a Alba. Algunos a caballo con los güelos, hasta la poisa de La Canga donde los caminos de Las Vallinas y de La Villa se unían para continuar en uno sólo pedrera machaculos arriba hasta llegar a la Chinar donde parar y beber un poco, sólo un poco, de aquella agua tan fría y desde donde ya se alcanza a tocar con las manos las tres cruces y la pequeña ermita. Y una vez allí, acudir a Misa. Y entonces el gaiteru Lupecino y el tamboriteiru, que alguna vez fue Joselín el de Salcedo, pero que casi siempre era Constante, acompañaban primero a la Virgen y luego bajaban a la campera donde hacían un poco de romería, por lo menos dos horas. Los contrataba el mayordomo de la fiesta Bartolo, luego Paulino, después Rodolfo, Julián hasta llegar a Laure, si bien ahora el mayordomo no hace nada de esto. Entre doce y catorce bares en Alba. Gente de Salcedo, de la Casa Nueva, de Muriellos, hasta de Llanuces ponían bar. Unos puntales de madera y un tejado de raminas de roble, y tapada con helechos la bebida para mantenerla fresca. Café de manga, casadielles y magdalenas, carameleras y avellaneras que subían. Era un mar de gente. En la fuente del Caño había cola para coger agua y si no querías esperar había que ir hasta la Felguera. Luego bajar a seguir celebrando en el pueblo, normalmente en la bolera de Zulima. Se pagaba a escote, pedían por el pueblo y pagaban entre mozos y mozas. Y esto así muchos años, evolucionando, cambiando las personas, pero en esencia igual.

Lupecino con parte de sus hijos, la más pequeña en el centro de la foto, la madre de Gabriel Bobes, Esperanza
Es a partir de 1997 coincidiendo con el cese de la actividad de la Asociación Cultural y Recreativa Peña de Alba que durante unos años sacó adelante la fiesta a base de mucho trabajo y con la ayuda de todos sus socios (doy fe), ante la ausencia de jóvenes que pusieran en marcha una comisión de fiestas y la necesidad de conseguir fondos para la pista de Alba que acababa de construirse, cuando los vecinos deciden subastar la fiesta. La idea era que el dinero que se sacase de la subasta se dedicaría a las labores del mantenimiento de la pista. La pista trajo muchos beneficios para todos. Pero subastar la fiesta la sacó del pueblo de Salcedo y la trasladó a la mortera. Durante este tiempo pasa por manos de dos familias del concejo y no hay ningún problema, a salvo de los derivados de los años en los que el tiempo no acompaña. Los vecinos consiguen que junto al precio, quienes organicen la fiesta, se comprometan a celebrar en Salcedo a San Antonio, así se hace, volviendo el pueblo a tener música en su plaza. Pero es en la penúltima subasta, cuando la fiesta se va a manos de alguien que no es del concejo y que deja de pagar el precio pactado (que a día de hoy tiene pendiente) y suspende la fiesta de este año dejando muy poco tiempo para que alguien la saque adelante. Cuando Gabriel Bobes supo que este año no iba a haber fiesta tomó la iniciativa junto a su mujer Lorena Álvarez de ponerla en marcha, un mes y medio de tiempo y algunas voces en contra. “No sabéis donde os metéis” fue lo más suave que oyeron. Gabriel no hizo caso y entró en la subasta, su compromiso fue para éste y para los próximos dos años. La fiesta no vuelve a Salcedo, pero si vuelve a uno de sus vecinos porque no hay nadie más capaz de entender este concejo que alguien que pertenezca a él o que, al menos, así lo sienta (y así todo pasan cosas difíciles de entender).

A pesar de los nervios porque todo saliera bien y del poco tiempo que tuvieron para organizarlo, presentaron un programa muy completo al que no acompañó el sol, aunque para algunos el tiempo no fue tan malo como parece desde fuera, porque vinieron los de siempre que es a los únicos que se les espera, o sea, los de casa, y esto garantizó que se recuperase la atmósfera más tradicional y familiar de los últimos años. Desde un primer momento a la organización le preocupaban dos cosas, primero, que iban contrarreloj y segundo, querían en especial Lorena Álvarez, ofrecer algo diferente y con un sabor de cultura y tradición y así pusieron especial interés en recuperar el Certamen de Pan de Escanda que durante muchos años y de la mano de la Asociación de Amigos del Pan de Escanda había sido uno de los platos fuertes de la fiesta. Junto a esto, recuperaron el Ramu que acompañó a la Virgen en el altar y la consecuente Puya’l Ramu. Ofrecieron, la posibilidad de cenar la víspera en el recinto de la fiesta lo que animó a muchos a subir, sólo comer el día de la fiesta corderu a la estaca (se asaron y vendieron unas ciento veinticinco raciones). Un pulpeiro lucense con parrilla ofreció a los presentes la posibilidad de picar algo y, muy importante, espacio para sentarse para ciento veinte personas. Y por último, la organización contrató un espectáculo de caballos nunca visto en Alba a cargo del Centro Ecuestre Mirantes de León. Una actuación muy lejos de las carreras de cintas que alguno de los presentes calificaron como “más peligrosas”. Muchos espectadores asistieron atentos a las distintas actuaciones de los caballos que obedecían a sus jinetes. Muchos adultos y, sobre todo, muchos niños que aplaudieron y grabaron entusiasmados los equilibrismos que ofrecían. 
Los que han conseguido este año que todo saliera adelante


Hubo de todo en esta edición de Alba, celebrada sin incidentes reseñables, lo que a la vista de la deriva que están tomando algunas fiestas de prao ya es un éxito. Nervios, trabajo, mucha familia y amigos arrimando el hombro, alguna decepción. Hubo hasta una boda la víspera, la de Belén y Luis el de Serandi, pero esto tampoco fue una novedad pues ya se casaron en Alba hace 49 años Pili y Mariano, un 20 de agosto de 1968. También hubo mucho trabajo el día después, el de la organización para recoger la basura. Queda mucho por hacer en el tema de responsabilidad medioambiental que empieza, sin duda, por dejar el monte como lo encuentras, pero ésta es otra historia


















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