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jueves, 20 de noviembre de 2014

Huyendo del infierno.


"...Que tengo la piel morada y el alma quebrada.
Que maldigo aquel día en que dije "Sí, quiero".
Que mi cuerpo tiembla cuando oigo tus pasos.
Que ya no brilla el sol en mis días
Y mi noche es oscura y cerrada..."
                                                      fragmento Pulga Croft

Es temprano. Apenas ha podido pegar ojo. Se levanta y pone la cafetera. Toma una ducha. Tiene que arreglarse, pero todavía no quiere enfrentarse al espejo. Tiene suerte, el vaho lo ha empañado y no puede devolverle su reflejo. A pesar de todo lo ocurrido, se siente gris, mustia y pequeña. Hoy no iba a ser distinto. Tiene un poco de dolor de estómago, ayer vomitó de madrugada, una molestia en un costado y un sabor como a metal en la boca, como a sangre. Si intenta respirar profundamente, parece que le cuesta hacerlo. Puede ser que se golpeara sin darse cuenta. Después de la noche que ha pasado no está nerviosa, o al menos, no más nerviosa de lo que es habitual en ella. El día promete ser largo.
Se esmera en preparar café. Piensa que quizás tarde un tiempo en poder volver a tomarse ese café largo y fuerte, cargado y sin azúcar, muy caliente como a ella le gusta. En el fondo no es malo renunciar a algunas cosas, no será un precio excesivo el que se va a cobrar su libertad. No, no lo será. Daría cualquier cosa por recuperar su vida.
Piensa en su madre y en su abuela. Su madre se puso el mundo por montera y la dejo sola al pie de su abuela. Se fue a vivir lejos. Construyó su familia sin aquella niña a la que tuvo de soltera cuando decidió que no iba a dar su brazo a torcer ante aquel cabrón que la engañó con unos ojos verdes que lo decían todo sin necesidad de palabras. La dejó embarazada y luego le dijo que la preñez no era problema suyo. Tuvo suerte al final su madre. Ha sido feliz con el hombre bueno al que encontró en el camino tras dar algunos tumbos, pero sacrificó a su hija, no podía mirarla y ver los mismos ojos que la embaucaron para dejarla tirada. Volvió a por ella, por lo menos una vez, pero no fue capaz de recuperarla. La niña tenía ya su sitio junto a la abuela.
Ay, si no hubiera sido por la abuela. La abuela que ya había sacado sola adelante a sus tres hijas tras morir su marido en la guerra. Era maestro, le mataron por enseñar. Cómo cambió su vida aquella guerra. Cuánto trabajó aquella mujer, cuánta plancha de otros, cuántas escaleras fregadas de rodillas... Nunca ni una queja, ni un reproche. Su abuela que se esmeró tanto en educarla para ser independiente, para ser mujer, para ser ella misma y para respetarse...
-"Nena, nunca dependas de un hombre. Y prepárate. Una profesión es lo más importante. Una profesión que te dé capacidad para vivir por tu misma."
Ahora la siente removiéndose en su tumba, viendo el rumbo que ha tomado la vida de su adorada nieta, sin poder hacer nada. Siente que la ha traicionado. Es lo que más le duele, la traición a su abuela. No puede dejar de pensar que de vivir, ella sí hubiera impedido su boda.- "No lo ves Ana, éste es un lobo con piel de cordero" se lo dijo una y otra vez representándose en sueños los días antes de la boda. "Ana, hija, no te cases. Este hombre no es legal."
Sus amigas lo calaron rápido. Su mejor amiga, en concreto, al primer vistazo le decía lo que veía y que ella negaba:
 - "Es violento, ¿no lo ves?, ¿no escuchas como escupe lo que piensa? y no piensa nada bueno. ¿No ves como se crispa cuando discute? Es altivo, se cree superior a nosotros. Se enfurece por todo. Es violento, Ana, ¿no lo ves o no lo quieres ver? Este hombre no es para ti. Sacátelo de la cabeza."
Pero entonces fue él quien la sacó de allí, quien la arrancó de entre ellas y llevándosela a rastras la alejó. Le cortó las alas. Primero a otro barrio, fuera de los lugares comunes y de su gente que eran su refugio. Más tarde a otra ciudad. Le prometió que cerca del mar estarían bien y que juntos solucionarían sus problemas.
-"¿Qué problemas tengo yo si sólo tengo uno y eres tú?" Se decía a si misma mientras asentía sumisa ante lo que él proponía.
Se instalaron y cuando ella se había hecho a la idea, él volvió a decidir unilateralmente y concluyó que era la oportunidad de sus vidas, un auténtico chollo, aquella casita sin vecinos a unos pocos kilómetros de allí. No le dijo nada sobre la gente que había empezado a murmurar detrás de él cuando salía del portal. Sí, la casa nueva era preciosa pero allí nunca llegaba el sol, rodeada de una finca enorme llena de árboles frutales que no florecían, hortensias siempre secas y una buganvilla que sólo con mirarla se marchitaba. Eso sí, allí nadie oiría sus sollozos, ni sus gemidos, ni el ir y venir de golpes, ni el denso silencio que se hacía después de cada paliza, ni los "lo siento", ni los "te quiero" que venían después. -"No me pidas perdón, demuestra que me quieres".
En la mudanza llevaron también las tinieblas que se cernían sobre aquel matrimonio sin cimientos, en el que crecía asalvajada y sin control la desconfianza y enraizaba cada vez más dentro el miedo. Desconfianza y miedo. Ni luz, ni fruto, ni futuro. Una relación de hielo que desde fuera parecía perfecta, pero que de cerca desprendía un frío de acero.
A veces se arrepiente de no haber tenido hijos. -"Quizás todo hubiera sido distinto, un hijo hubiera arreglado las cosas o no, pero, entonces un hijo hubiera sido la razón para escapar de este infierno en el que se ha convertido mi vida."
¿Cuándo su vida comenzó a irse por el desagüe? ¿Cuándo se convirtió en una kamikaze? ¿Cuándo todos pasaron de ser testigos a convertirse en cómplices de aquel hombre que se presentaba como el marido impecable y cautivador? Su suegra que mira y no ve. No ve las marcas en los brazos, siempre de rebeca en verano. Los morados en las piernas, siempre con medias aunque haga calor. Las ojeras permanentes, los labios agrietados de tanto mordérselos nerviosa cuando él está presente y sus manos, sus pobres manos ¿Cuándo empezó a morderse las uñas? Y esa lividez de muerte en que se ha tornado el color de sus mejillas. La primera noche en blanco sin poder dormir pensando que aquellos golpes no formaban parte de ningún juego de amantes ¿Cómo tardo tanto en darse cuenta?
-"No te mientas"- le diría la que fue su mejor amiga -"Empezó la primera vez que te mandó callar con la mirada, la primera vez que dio un puñetazo en la mesa porque la sopa estaba sosa o cuando en la pedida de mano, sí, aquella noche en casa de sus padres, derramaste el vino sobre el mantel de hilo blanco y él se levantó con tanta fuerza que tiró al suelo parte del servicio. ¿Te acuerdas del día que rompió el cristal de la puerta del salón de un portazo? y ¿el día que te dijo que eras una mierda, que sin él no eras nada, que si te ibas, te hundiría o peor aún, te buscaría para matarte?."
Piensa que ahora, por fin, será libre. Libre de él. Libre del miedo. Libre para pensar, para opinar, para estar guapa y saberse atractiva. Libre de ser feliz, más libre que en la cárcel sin barrotes en que se había convertido su vida. Más libre encarcelada que en su prisión particular. En la jaula de oro en la que él exhibía orgulloso su trofeo más exquisito: ella.
Se levanta, tiene que hacer una llamada. Coge el teléfono y marca al 112. Tiene que llamar para contarles que ha matado a su marido. Harta de sufrir, harta de golpes y amenazas, de patadas y de tormentos. Harta de tapar con maquillaje los hematomas, cuando las heridas del alma no hay con que esconderlas. Anoche él le partió literalmente la boca. Nunca le había marcado la cara, siempre había sido cuidadoso en eso. Ha sido en legítima defensa. Era su vida o la de él. ¿Cómo tuvo fuerzas para clavarle un cuchillo? ¿Cómo pudo siquiera empuñarlo?
-"Sí por favor, envíen a una patrulla, espero aquí... Sí, está muerto, seguro... Sí, estoy bien, gracias, puede que tenga la nariz rota y quizás una costilla, me cuesta un poco respirar... Sí, sí, espero aquí, ahora ya no tendré que huir... Sí, espere que le doy la dirección... "
Cuelga y va al baño, pasa por delante de la habitación sin mirar siquiera. El vaho se ha ido del espejo. Empieza a maquillarse. A ver como puede disimular el hinchazón de la nariz.

 http://lavozdeltrubia.es/2016/11/07/de-puertas-adentro-un-camino-de-salida-para-la-violencia-machista/


7 comentarios:

  1. Un relato estremecedor, perfectamente dosificado, genial.

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    1. Gracias, ¿sabes por qué sé que he acertado en el relato? porque una de mis mejores amigas no comenta nunca nada y hoy lo ha hecho.

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  2. Impresionante tu relato Bea. Sin duda esto es una lacra que arrastramos que espero podamos acabar con ella de una vez por todas. Es importantísima la concienciación de todos, la educación de los niños en la igualdad y el respeto y por supuesto el apoyo a las víctimas. Espero que todo esto sirva para algo.
    Gracias por confiar en mis letras y mi foto para ilustrar tu post. :)

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    1. Gracias, sabía yo que tú tenías algo para enfatizar el texto. La foto me estremece.

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  3. Muy bueno Bea Un abrazo Ana C

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  4. Gracias Ana, un beso también para ti y los tuyos.

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