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domingo, 21 de septiembre de 2014

Y ella estaba en un andén.

Cuando conocí a María yo tenía 26 años, había acabado la carrera de Derecho y andaba perdida e intentando encontrarme, buscando un lugar al que pertenecer y en el que acampar definitivamente. Puedo creer que nunca una inocente invitación a un viaje, una Semana Santa, haya supuesto tanto para alguien. Aquella Pascua cambió mi vida. Yo creo que para bien, aunque sigo siendo una mandona incansable y un poco manipuladora (de verdad, que lo hago sin maldad) Aquella Pascua en Zamora, en aquella ciudad y con aquel silencio, aquella religiosidad que se respira en la calle y, sobre todo, con aquella gente, sí, cambió mi existencia. María tendría unos 19 años y tenía muy clara su opción de futuro. Yo creo que María siempre ha tenido claro lo que quería, sólo que, a veces, es la vida la que decide, o mejor, va descartando opciones que no son las tuyas. Eso pasa un poco con todos. Ella siempre habla de que hicimos juntas un Camino de Emaús, yo no tengo claro si se refiere al que hicimos en Zamora, en Salamanca, en Oviedo o al que hemos ido haciendo juntas a lo largo de estos ya dieciocho años de amistad. Si, María, esto nuestro ya alcanza la mayoría de edad. Una amistad para mi importante, muy importante porque es el nexo con un pasado que fue muy bueno y que viví en compañía de una gente a la que adore y que hoy ya no están en mi vida, que se extiende a este presente dulce que está viviendo (alegrándome SIEMPRE de su felicidad desde la distancia) y que espero se prolongue en un futuro de luz y de amor, de "hilos rojos" que unen para siempre "miles de fueguinos", de "hilos rojos" que unen en una red infinita todos los corazones de la gente que quiere a María.
Y así, en estos años, seguí el periplo vital de María. De vez en cuando teníamos noticias de ella. María está en Santiago en la Facultad, está en Madrid con las monjas, ha vuelto a Vigo. Y fui viendo como aquella niña tremendamente madura y creativa (cuando alguien habla de creatividad yo siempre pienso "Anda, si conocieran a María") se convertía en una mujer adulta, con los pies en el suelo, que sabía lo que quería y que iba a luchar por conseguirlo. Fue en un viaje a Vigo, otra Semana Santa (su madre decía ayer que igual hacia ya más de 12 años, puede ser) nos abrió su corazón y a mi, personalmente, me ganó para siempre. Me pareció haber entendido mal lo que nos estaba contando, me costó un segundo procesarlo, frené el coche, la miré y le pregunté sí estaba oyendo bien. Si, María no iba a ser monja, se había enamorado y desenamorado. Había decidido abrir los armarios de su casa y vivir libremente. Aquella confesión, en mi Ford fiesta rojo por las calles de Vigo, su ciudad, no cambió para nada nuestra relación, es más, hoy siento que para mi aquel acto de confianza fue uno de los regalos más bonitos que me ha dado la vida. Mira tú qué tontería.
Fue pasando el tiempo y nos seguimos viendo. También en Oviedo, recuerdo un día en el Naranco, hacia un día precioso. Y apareció ADECO. Viajaba todo el tiempo. Iba y venía, me contaba sus proyectos, algunas novedades de su vida y, un buen día, dió el salto a Madrid con lo que aquello suponía de revolución. La última vez que la vi, hasta ayer, fue en el aeropuerto de Barajas. Nosotras habíamos ido a ver a Bruce y como no habíamos podido coincidir, nos fue a despedir al aeropuerto. María es así de generosa. "Yo voy al aeropuerto" Nada, fueron apenas veinte minutos y un café. La vi bien, pero apenas tuvimos tiempo. 
Y esta Navidad, un comentario mío en Facebook "Acabo de recibir mi primer regalo de Reyes" me trajó por whastapp el segundo (ay, las redes sociales) "Voy a ser madre" Joder, eso si que era un regalo y yo venga a llorar de la emoción. Hay gente que es un puñado de nervios, yo soy un puñado de emociones dispuestas a llevarse por delante las barreras de un dique y a derramarse inundándolo todo. "Nada, voy a ser madre y nos casamos en setiembre, tienes que venir" y desde aquel día hasta hoy. Celebrar el amor siempre es bonito, celebrarlo con la familia y los amigos, tus maestras del colegio y tus compañeros del trabajo, tus vecinos. Yo ayer viví eso: la celebración del amor en toda su extensión, vi a unos padres felices de la felicidad de sus hijas, anchos con el pequeño gran regalo que es Marcel, unos padres que por encima de todo quieren a sus hijas como las mujeres únicas que son.
María es una mujer espectacular, es calidad, es excelencia, es PERSONA. María es María. Ten cuidado que no se crucé en tu vida porque te enganchará. Creo que nunca le he visto una mala cara, ni cuando teníamos que programar, preparar y evaluar algún encuentro, en ese momento era la primera y la mejor. Ha hecho una travesía larga, no sé sí difícil, pero valiente, con amor, respeto y tolerancia. "Si quieres conseguir algo, visualizalo" Suscribo cada palabra de las que dijeron ayer de ella. Fue tierra buena y dió fruto, los frutos que alimentan nuestra relación, nuestra amistad y su vida.
Y respecto a Sonia sólo puedo decir lo que me contó la primera vez que hablamos de ella. Me dijo que ella estaba en un andén, esperándola y la encontró. Hay muy pocas personas capaces de ver que la persona que está allí, en ese lugar y no en otro, ese instante y no otro, es el amor de tu vida. En un andén o en una parada de autobús, en una biblioteca o en un semáforo, en la presentación de un libro o en una romería. El amor está en todas partes porque efectivamente está, esperando que lo tomes o lo respires, que te atrevas y te embarques en la complicada y maravillosa aventura que es amar. María se lanzó como lo hace siempre si cree que merece la pena y hoy estoy en Vigo con un tremendo resacón de aguardiente de emociones. Deseando volver a vernos, para que me cuentes todo, cada detalle, pues seguramente una boda no es ni el lugar, ni el momento. Habrá tiempo María, que esto nuestro seguirá para siempre. Te quiero y quiero a Sonia y a Marcel por lo que son. Nos vemos en el camino.

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