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jueves, 20 de marzo de 2014

Contador de historias. Acerca de "Las reliquias del silencio" de Abraham Agüera.

No conozco de nada a Abraham Agüera. Lo ví por primera vez el día 6 de marzo en el Auditorio y desde ese día apenas he mantenido contacto con él a través de las redes sociales. No le he visto nunca a menos de 10 metros, que serían los que nos separaban aquel día. Nunca hemos tomado café juntos, aunque lo tengamos pendiente (el café digo) Yo había decidido acudir al Auditorio pero, para que engañarnos, no iba a verle a él. Auri me dijo esa misma mañana que Abraham era el yerno de Jorge. Jorge y yo colaboramos, junto a un nutrido grupo de personas en la redacción del Periódico de Quirós. Yo prácticamente acabo de llegar y voy un poco a rebufo de los veteranos. Trabajar con esta gente que lleva casi treinta años en la lucha de sacar adelante un periódico local, muy local, sin apoyos de ningún tipo más que el aliento de la gente que nos apoya, el trabajo, la ilusión y muchas ganas, es muy gratificante, no sólo porque me permite escribir y verlo publicado, sino por el mismo hecho de trabajar junto a esta gente fantástica. Lo que quiero decir es que al que conozco es al suegro de Abraham, pero no tenía ni idea de que su yerno escribiera.
También quiero añadir otra cosa. Hace tiempo que decidí que lo que no me gusta no merece mi esfuerzo, ni mi tiempo. No voy a escribir sobre algo que no me haya gustado porque no soy crítica, nadie me paga por ello y no quiero interferir en la opinión de nadie. Lo que no me vale, se cae por su propio peso. Eso no quiere decir que no valga para otros, por lo que no seré yo quien me inmiscuya en su decisión de leerlo, verlo o visitarlo. Mi opinión sólo es eso, una opinión. Ahora bien si con ella puedo ayudar a promocionar algo o a alguien entonces si opinaré. Opinaré, escribiré y lo publicitaré por mis propios medios si es preciso, pero siempre en positivo. Si la novela de Abraham no me hubiera gustado, por muy yerno de Jorge que fuera, no estaría escribiendo esto.
Y esto de hoy es una ofrenda, una ofrenda de humilde lectora a aprendiz de contador de historias. Aprendiz que pronto será maestro porque cualidades y ganas no le faltan y las tablas irán poco a poco llegando.
"Las reliquias del silencio" es una novela consistente. Tiene peso y fuerza para ser la primera novela de un autor novel. Esto, que sea una primera obra, es un hecho innegable que no hay que olvidar a la hora de leerla y analizarla. La novela es emocionante y mantiene la tensión hasta el final. Toca muchos temas, no sólo los estrictamente de actualidad: la guerra civil y el entramado de contactos políticos y sociales que rodeaban al poder durante la misma y durante la posterior Dictadura, el nacionalismo vasco, la relación del franquismo con el nazismo, los niños robados, las mujeres maltratadas y su protección, los bajos fondos y los asesinos a sueldo, las mafias del Este, las drogas y la prostitución, la estrecha relación de los políticos con los malos, la corrupción y el espionaje militar. Se atreve con todos. No deja ninguno. Yo creo que en este sentido es ambiciosa, muy ambiciosa, diría yo. El autor recrea una parte extensa de la historia de este país pero resuelve. Puede con todo y resuelve bien.
La acción se sustenta sobre dos personajes que son los pilares de la misma: el detective Balagar Fartón cuyo nombre, con reminiscencias tan asturianas, es un guiño a nuestro campo y a las tareas del mismo y que ya en las primeras páginas nos muestra su cara más amable sacándonos, al menos a mi, una sonrisa y Balbina, su secretaria transexual a la que el autor, por exigencias de la trama convierte en una sombra que acompaña a Balagar durante toda la novela y que, sin tener apenas acción, se erige en la coprotagonista. Junto a ellos, la bella Penélope y un  montón de personajes secundarios, pero no por ello menos importantes. Yo me atrevería a decir que del bagaje de algunos de ellos se desprende que podrían originar novelas independientes, sin ir más lejos el sicario Malasangre.
Abraham siembra zonas oscuras en la vida de Balagar, nos vela algunos pasajes, nos oculta información, creo que esto junto al papel de Balbina, obedece a una estrategia que deja abierta la puerta a una posible secuela. Queremos saber más, queremos ver a Balbi en acción defendiendo a su querido jefe en plenitud de facultades, derrochando el desparpajo y la desvergüenza propios de este tipo de personas, mujeres y hombres encerrados en cuerpos equivocados, luchando por encontrar su propia identidad y queremos entender más del carácter de Balagar, de su relación con las mujeres, con el poder establecido y con su familia.  
Aunque hay otros escenarios, la acción principal se desarrolla en Oviedo, en los lugares comunes a todos nosotros, para que queremos más. Pasear por la calle Uría, pelearse con los municipales, ir a visitar a Balbi al HUCA, una huida por General Elorza desde las cuestas del Naranco o perseguir a los malhechores por Pumarín y el Milán. A partir de hoy, cada vez que vaya al parking del Mercadona situado en la antigua estación de autobuses pensaré en ellos, una de las escenas de más acción se desarrolla allí. Cuando aparque mi coche, me imaginaré en medio de un fuego cruzado.
A mi el Balagar que más me gusta, para que ocultarlo, es el poeta que habla de sus sentimientos frente a una copa en un pub, el que acaricia la frente de Balbina postrada en una cama del hospital, el enamorado que se entrega con pasión, este Balagar creo que es el que recibe la influencia más directa del autor, porque Abraham también escribe poesía y muy buena, me atrevería a decir. La historia de amor no falla nunca, tampoco en la novela negra. Sin embargo, hay alguna faceta de Balagar que cuando menos me sorprende, por eso creo que sicológicamente este personaje tiene muchos aspectos todavía por explorar.
Para escribir hay que querer, hay que saber, pero sobre todo, hay que creer. Hay que tener una historia y creer en ella. Hay que saber que lo que tienes entre manos o en tu cabeza dando vueltas, tiene categoría para ser contado y hay que ponerse a trabajar con constancia y valor, mucho valor.
Abraham tenía una historia y un personaje, Balagar Fartón y la puso en marcha. El resultado es esta novela que el autor pone a nuestra disposición en una cuidada edición, con un formato diferente y muy bonita de leer. La aventura es recomendable, muy recomendable, divertida y apasionante. Una historia coherente, llena de personajes que aportan su granito al engranaje de la misma. Creo que Abraham despierta en el lector la curiosidad y las ganas de seguir leyendo.
Para escribir hay que sentir el apoyo de los tuyos que te animan a seguir incluso cuando te asalten las dudas. Hay que dejar fluir la historia y que crezca, que junto a ella crezcan los personajes y adquieran entidad propia. Los sueños hay que perseguirlos, corriendo tras ellos si hace falta. Todo es cuestión de aptitud y de actitud y en Abraham Agüera van las dos de la mano.






2 comentarios:

  1. Opino lo mismo que tú hay madera pero hay que tener mucho coraje para publicar hoy en día. Claro que como dices es cuestión de actItud Amí el libro me gustó aunque se nota que es una primera obra pero los personajes pueden dar juego Un beso Ana

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    1. A mi me parece que lo mejor de la novela es que tratándose de una primera obra, se atreve con todo. Y luego lo de que el escenario principal sea Oviedo. Creo que la frescura que tiene en ésta no la va a tener más precisamente porque primera sólo hay una. Un beso Ana

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