Páginas vistas en total

miércoles, 1 de enero de 2014

1 de enero de 2014

1 de enero de 2014
Nada mejor para empezar el año que caminar un rato. Salgo a la calle, el cielo está gris, con esas nubes nuestras que lo convierten en un regalo, el primero del año. Hace frío, pero la temperatura es buena para caminar. Los árboles están desnudos ya de hojas, esperando la nueva vida que se nos promete cada principio de año. Me cruzo con algún borracho, uno en concreto, puede que tenga mi edad. Algunas personas pasean a sus perros como yo. Muchos ancianos, paseando, tan temprano, solos. Puede que estén esperando para ir a Misa, o no. Casi todos son hombres. Puede que no les gusté el Año Nuevo, o si. Hoy no hay prensa. Muchos bares del barrio están cerrados. Pasean sin más. Alguna persona se acerca al punto verde, yo misma aprovecho para llevar el vidrio a reciclar. El otro día se me rompió un copa, quizás fuera un presagio. Pienso que no he invitado a nadie estas fiestas a casa, o si. Puede que fuera un sueño. Otros vecinos solidarios han sacado las bolsas de basura con los restos de la cena (ironía modo on) Me pregunto porque somos tan guarros. Pasa una ambulancia. Los autobuses empiezan a funcionar. Hay gente en las paradas, algunos subirán al hospital. Recuerdo que yo también debería de hacerlo. Tengo un tío ingresado.
Y pienso en lo que me queda por delante, 365 días para ser mejor persona, para leer más, para escribir más (lo siento pero soy un torrente, el caso es que tanto decirme que queríais más y ahora no puedo parar)  Un año entero de planes nuevos, de proyectos. Muchos se frustrarán. Me prometo oler más, mirar más con ojos de ver, tocar más, besar más (alguna rana también, puede ser divertido) gustar más, quererme más, pasar más tiempo con los míos, escuchar más... (Coño Pedro, es que no ser que hacer con las comas) Seguir leyendo a Ovidio, que tiene mucha culpa de esta aventura. Ya es una costumbre, algunas son adictivas. Visitar a los amigos que están lejos. Hacer turismo interior. He de programar un viaje a Barcelona a conocer a Marcel, un viaje a Extremadura y un viaje a Toledo, esos obligatorios. Intentar cancelar alguna deuda pendiente y abrir nuevos caminos para transitar. Cuidar mis finanzas siguiendo el consejo de Susana, la hormiguita. Prometo ver la vida con color, a pesar de que estén empeñados en que volvamos al blanco y negro. Intentar conservar esa luz que dicen me acompaña y que yo no tengo muy claro donde está, ni a qué obedece. Son mis propósitos para este año. Soy ambiciosa, no lo puedo evitar.
Volvemos a casa. La ciudad empieza a despertar después de los excesos. Hay más gente en la calle. Algunos chicos vestidos de traje. Bajan serenos y conservando parte de la clase con que salieron hace apenas unas horas. Algunos no habrán conseguido besar a la chica. Otros, quizás más afortunados, habrán tenido un encuentro fortuito en la oscuridad de un portal, o en el asiento de atrás de un coche. Son jóvenes. La vida pasa rápido.
Dice un poema precioso de Gil de Biedma:
"Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más
tarde"
Así qué vividla, apuradla, disfrutadla. Vendrán muchas Nocheviejas, pero ésta ya no volverá.
Paso por delante de la Administración de Loterías que ha dado un premio a un vecino, anónimo por ahora. Espero que le haya venido a solucionar la vida o por lo menos a ayudarle a encauzarla. Hoy no hay nadie durmiendo en el cajero. Los mismos bajos vacíos, negocios cerrados, pisos en alquiler y en venta. ¿Se han acabado ya los buenos deseos de ayer por la noche? No, siguen ahí, pero no podemos hacer nada con la realidad que nos abofetea, aunque cambiarla esté en nuestras manos, o no.

1 comentario: