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lunes, 6 de enero de 2014

Noche de Reyes


¡Feliz mágica Noche de Reyes!
Hace muchos años, una noche mágica igual que ésta, recibí mi regalo más bonito. Es el recuerdo que tengo más nítido de una noche de Reyes. Mi madre solía darnos una poción infalible para que nos durmiéramos. Mi hermano y yo, obedientes al menos por esa noche, lo hacíamos. Alguna bruja buena velaba nuestro sueño. Y nuestra madre se convertía en hada para ser la ayudante más eficiente y eficaz de los Reyes Magos que, igual que muchos años antes al pie de otro Niño, llegaban a nuestra casa alumbrados por una estrella, en este caso la propia de mi madre. Durante los años que compartimos habitación, cuando los hermanos compartían habitación, los Reyes entraban por la ventana de la salita cargados de regalos. Aquellos Reyes que sí eran mágicos, orquestados por la batuta de mi madre, convertían la mesa de centro (la misma que todavía conservan mis padres) y los sofás en un escaparate de ilusión y sueños dónde todo cabía, dónde todo podía suceder, dónde todos y cada uno de nosotros teníamos un regalo aunque fuera humilde.
Aquella noche, la de mi recuerdo, yo me desperté pronto y mientras todos dormían, me acerqué hasta la salita para ver si habían venido. Allí, sobre la mesa, la ví. Estaba llenando de luz toda la estancia y eclipsando el resto de regalos. Sobre la mesa estaba la Nancy rubia más bonita del mundo. Iba vestida de esquiadora. No le faltaba un detalle: sus botas y su gorro, sus esquís y sus bastones de color naranja, sus gafas para la ventisca y su traje. Era perfecta. Yo creo que aquel mismo año los Reyes me dejaron también su habitación: su armario, su cómoda y su camita, todo en blanco y azul, intemporal por lo clásico y totalmente actual por lo minimalista. Sin embargo, todo quedo apagado por la luz que desprendía aquella muñeca. Luz que recuerdo perfectamente. Luz que probablemente mi memoria ha magnificado. Luz a fin de cuentas. El otro día cuando en una carta manuscrita a los Reyes me pedía una Nancy, junto a otras cosas como música, color, aventura, trabajo y energía, en muchas de mis amigas despertaron también sus recuerdos. No es extraño que esa muñeca que va camino de los 50 años sea un icono de la infancia de muchas de nosotras. Mujeres treintañeras y cuarentañeras que al igual que esta Nancy clásica y de colección, estamos viviendo nuestro mejor momento, un momento dulce, de madurez, de equilibrio, de sensatez. Aunque, en mi opinión, las mujeres siempre estemos en el mejor momento, el presente.
Pero volviendo a las noches de Reyes de mi infancia, mi madre normalmente hacía milagros. Igual que una hechicera, conseguía que nos fuéramos temprano a la cama y transformaba aquella pequeña habitación en el rincón más maravilloso del mundo. Se esmeraba mucho, muchísimo. Ella había sido una niña muy feliz. Sus padres y, sobre todo, sus tías se habían esforzado en hacerla vivir muchas noches especiales de Reyes porque para su familia, la mía, ese día siempre había sido y es sagrado. Mi madre como una alquimista convertía mis viejas muñecas en nuevas, acicalándolas y comprándoles vestidos nuevos. Haciendo este ejercicio de memoria, vienen a mí los recuerdos de otras muñecas, de otros juguetes: un triciclo amarillo y una bicicleta azul, un monopatín naranja y unos patines. Otro año en el que mi madre haciendo uso de su poder convirtió aquella mesa en el salón de baile de un palacio con suelos de mármol para otra Nancy, esta vez pelirroja y con un vestido de princesa color verde turquesa que llevaba una banda, pero nada fue como aquella mañana de un 6 de enero del siglo pasado ya, cuando la inocencia todavía era real y las preocupaciones no existían.
Hace años que las Noches de Reyes han cambiado de significado para mí. Al principio cuando se va perdiendo la ingenuidad de la niñez, te sientes importante porque como guardián del castillo, proteges un secreto frente a tu hermano más pequeño y te conviertes en cómplice de los adultos. Luego parte de la ilusión o se renueva con niños en tu familia o va remoloneando, sin decidirse a abandonarte del todo. Entonces no son ni mejores, ni peores, son sencillamente diferentes. Estos últimos años mi compromiso pasa por participar en la Cabalgata de Reyes de Quirós. Se trata de una cabalgata sencilla, que sale adelante con mucho esfuerzo y con el trabajo de muchas personas. Los Reyes Magos suben la Cobertoria para darse un garbeo por Bárzana, acompañados por el Grupo de Gaitas Manolo Quirós y seguir su camino, llevando su cortejo de ilusión y fantasía hacia Oviedo. Doy fe que se trata de un trabajo muy duro, pero merece la pena. Hacer feliz a un solo niñ@ ya sería una gran recompensa, aunque nuestro objetivo sea llegar a todos los niños del concejo, los que viven allí y aquellos que tienen en él sus orígenes. Estoy muy satisfecha a pesar del cansancio. La gente quirosana es generosa y trabaja bien si el objetivo es claro. Además la Cabalgata se complementa con el Conciertín de Jóvenes Músicos quirosanos y con una gran chocolatada, lo que convierten al día 5 de enero en el más ajetreado del año.
Después por fin se acaban las fiestas y todo vuelve a la normalidad. Finalizan los excesos, las reuniones familiares, los encuentros con los amigos que están fuera, las compras y las prisas. La felicidad es un estado que pasa por todos los momentos que hemos compartido en estos días. Mañana habrá que replegar las velas y encaminarnos a otro puerto. Colgaremos el cartel de cerrado hasta el año que viene y comenzará la espera de las próximas navidades. Estas para mi han sido raras, diferentes. El tobogán por el que me lance al principio ha conseguido que no me haya embargado la melancolía. De hecho unas fiestas que según te vas haciendo mayor se van convirtiendo en amargas, han sido divertidas, expectantes, emocionantes. Ahora lo importante es el presente y el futuro, los 359 días de oportunidades que nos quedan de este prometedor 2017 que acaba de llegar para quedarse, porque el pasado ya no existe y lo mejor está por venir.

5 comentarios:

  1. hola Bea! soy Lara, me encanta lo que escribes, yo también me he animado, con calma, soy de la nueva hornada! jaja un besín!

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  2. Me ha llenado de ilusión leerte, Bea. Muchas gracias.

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    1. gracias Olga, siempre cariñosa y detallista! un abrazo

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  3. Emotivo, como siempre, y con una excelsa literatura. Para cuando una novela?

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    1. Qué generoso Alfonso! Hablamos de mucho trabajo y tiempo, sigo buscando una historia, todo llegará...

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