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viernes, 13 de diciembre de 2013

Flores, lluvia, vida



Flor del avellano.
¿Has visto las flores de los avellanos? Nunca me había fijado en ellas. Siempre han estado ahí, pues ésta es tierra de avellanos y en mi pueblo hay muchos. Durante el mes de setiembre podemos recogerlas desperdigadas por los caminos. Arrojadas por las ramas generosas que probablemente hartas de tanto equipaje se deciden a soltarlo. En mi pueblo hay mucho de todo, menos riqueza. Las aldeas asturianas, en general, las de montaña en particular, son pobres de solemnidad porque las tierras son muy cuestas y porque si nos descuidamos no hay un paisano o paisana que tenga más de 50 metros cuadrados de finca sin tener un problema de lindes con los vecinos, vecinos que casi siempre son parientes. Me refiero a que aquí predomina el minifundio en su expresión más estricta, pero avellanos hay muchos, muchísimos, son pequeñajos y la mayor parte de las veces son monteses. Las avellanas no son redondas, sino con forma de aceituna, sólo que diminutas. Pero son muy sabrosas, saben a avellana de verdad. Así que el otro día, mirando, echando tiempo en mirar, descubrí que las flores de los avellanos tienen "la flor menos flor" tan poca flor que pasa desapercibida y me encanto. Las flores de los manzanos, sin embargo, son bonitas. Tampoco son flores rotundas, ni olorosas, ni de un color exagerado. Son flores delicadas en forma, olor y color. También son flores muy asturianas. Ay, que sería de nosotros sin la sidra, sin los llagares, sin las manzanas. No conozco nada que una más que unos culinos de sidra, casi siempre entre amigos, para celebrar algo, lo que sea. El caso es siempre tener algo que celebrar, aunque sea que un día más sale el sol.
Aquí ha dejado de llover cinco minutos para volver a empezar. Hace muchísimo frío y es extraño porque tenemos 7 grados, lo que pasa es que como hay tantísima humedad tenemos el frío metido en el cuerpo. Ahora llueve con rabia. Cada vez son más frecuentes las tormentas. Esa lluvia que cae insolente haciendo daño a la tierra.  Antes llovía con placidez, orbayaba. Esa lluvia fina que no hiere la tierra, pero la empapa y la llena de vida. Esa lluvia que te deja salir sin paraguas, pero que te  convierte en una sopa, porque es como la gota que acaba haciendo un agujero en la roca, persistente, constante. 
Recuerdo todas las tardes grises del colegio, mirando por la ventana, pensando en las musarañas, orbayando, orbayando, todas las tardes, todos los días, tantos años. Entonces no teníamos prisa por dilatar el tiempo, porque el tiempo nunca pasaba y nosotros  no crecíamos. Ahora es otra cosa. Estudié la EGB en un colegio de monjas (porque SI, yo fui a la EGB). En un edificio gris que es el recuerdo que tengo de mi primer día de cole. Allí recibí la mayor parte de la información que necesite para la vida. Siempre he sido muy Fiona y muy poco Barbie y, ya sabes, las niñas en el cole suelen ser muy crueles. Pero tuve la suerte de beberme todo lo que me dieron las monjas que fue mucho, lo que me dieron mis padres que fue más y la suerte de no ser de las más tontas del colegio lo que me permitió sufrir lo justo y tener fantásticas amigas de aquella época. Desarrollé un poco de talento y mucho de amor propio y sólo me afectaba lo justo lo que decían de mi. Hoy siempre le digo a mi madre que ojalá la gente sólo me pueda criticar por mi peso. Sólo espero que digan que soy buena persona.
Luego hice el BUP y el COU en un instituto de barrio, barrio. El mismo barrio dónde vivo ahora, sólo que ahora no es lo que era ni su sombra. Todos los yonquis que nos aterrorizaban en los 80 se han muerto. Se perdió mucha juventud en esos años fantásticos de la transición, nunca lo había visto así, pero es cierto. Fue la época de la libertad para todos menos para ellos. Fue una lacra.
Te podía pasar de todo yendo a aquel instituto, pero una vez dentro, reinaba una atmósfera de estudio y de compañerismo. Tuve profesores fantásticos. La mayor parte de ellos eran un poco hippies, algunos todavía hoy en una sesentena estupenda visten chaqueta de pana. Claro eran los 80. Fumaban como carreteros, pasar por delante de la sala de profesores podía suponer una intoxicación. Eran otros tiempos. Nos dejaban expresarnos con libertad y fomentaban que fuéramos nosotros mismos. Me tocaron las huelgas de estudiantes del 88, mientras me preparaba para ir a la Universidad, siendo representante de los alumnos. Ya ves, no es lo mío pasar desapercibida. Seguí bebiendo de las fuentes del saber y nada, yo en mi historia. También tengo amigos muy buenos de esa época, los mejores sin duda.
Y entonces llego la Facultad. Me equivoqué de carrera, habría podido estudiar lo que quisiera, la verdad... Los niños del baby boom, o sea, mi generación, ocuparon las aulas de la Facultad de Derecho como buitres. Había más de 600 alumnos en aquel curso de Derecho. Tuve un profesor de Griego fantástico que se llamaba, bueno se llama porque es muy joven, Antonio, siempre dijo que lo mío era la Filología. De hecho, el soñaba con que hiciera Clásicas y yo soñaba con dedicarme a la enseñanza, pero de aquella no me pareció práctico. PRACTICO, si no sé lo que significa esa palabra, ni nunca lo he sabido. Yo que no soy práctica ni a la hora de comprarme ropa, ni de ir al super. Cero de pragmatismo en mi vida... bueno lo dicho me equivoqué de carrera, pero no me arrepiento, no suelo arrepentirme de lo que hago, a veces, si de lo que dejo de hacer, porque "la fortuna es de los audaces" y la audacia no es una de mis virtudes, pero bueno...
Ya ves cuántas ganas de hablar. ¡Qué fácil es contar y que te escuchen! Es difícil aburrirse conmigo, soy como un manantial de agua, fuente, que corre y corre. Una vez que me pongo en marcha ya no puedo parar y así en todo lo que toco, capaz de volverme loca y volver locos a los míos cuando entro en bucle,
De todas maneras, te diré que hace tiempo enterré en un baúl parte de la sinceridad que predique durante años, cuando vi que este mundo no es de los sinceros, sino de los falsos y que se consiguen más cosas con la diplomacia, que con la verdad pura y dura. Y disfracé parte de mi, parte que estoy descubriendo ahora con la serenidad, con la paz, con la tranquilidad que da la edad. No es bueno ser sensible en este mundo que vivimos o, por lo menos, no es bueno que se note.

4 comentarios:

  1. Gracias Beatriz por alabar la labor de las religiosas de vida activa. Gracias también a ti por estas palabras que me llevan a oler,saborear,sentir, las cosas que se fusionan y me hacen disfrutar del dia a dia.
    A.

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  4. He eliminado el comentario anterior porque era el mismo que por error publique dos veces, Sorry!

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