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martes, 4 de diciembre de 2012

"El tiempo que vendrá" de Ovidio Parades

Ha pasado año y medio de esta entrada, que fue la tercera del blog, la escribí incluso antes de la de mi padre. En este tiempo ha habido mucho intercambio de opiniones entre Ovidio y yo, muchas conversaciones a dos bandas en su blog y muchas conversaciones a muchas en su muro de Facebook. En pocas ocasiones estoy en desacuerdo con lo que dice, pero aún estándolo su forma de tratar los temas, incluso los más duros, me hace siempre intentar ponerme en sus zapatos y comprender sus palabras y su postura. Yo quiero pedirle perdón por el daño que le han hecho los que son de mi "secta", aunque ya sé que no le valdrá de mucho. En este tiempo ha crecido mi cariño hacia él y mi respeto y admiración como persona y como autor. Es humilde como sólo el sabe serlo y es generoso hasta límites insospechados. Para mi es un maestro, espero que el me tenga ese cariño que sólo los maestros son capaces de tener a sus alumnos.

"El pasado jueves 22 de noviembre, en el Club de Prensa Asturiana presentaba Ovidio Parades su novela "El tiempo que vendrá" El tan esperado momento llego por fin y Ovidio, escritor, librero y hombre enamorado (aunque él probablemente cambiaría el orden "hombre enamorado, librero y escritor") estuvo arropado por FAMILIA y AMIGOS, que en este camino que es la vida son lo que más importan, cómplices de nuestros éxitos y apoyo en nuestros fracasos. El acto estuvo lleno de guiños a momentos vividos entre el autor y las personas encargadas de la presentación.
La primera lectura del libro, que os recomiendo, me genero la siguiente reflexión que publique en su momento en mi muro de facebook, pero que quiero recoger ahora aquí para poder conservarla:
"Hay una generación que somos miles, cientos de miles, cuarentañeros o treintañeros al final de la treintena que van a sentirse identificados con el protagonista de la obra.
Niños que vivimos como la relación padres-hijos dejaba de ser de autoridad para convertirse en apoyo y cobijo (que no amigos, pues en mi opinión los padres no tienen que ser amigos de sus hijos en el sentido estricto de la palabra) Mis primos mayores, por ejemplo, que son de una generación anterior trataban a los suyos de Usted.
Niños que también disfrutamos de nuestros abuelos, abuelos que ahora que no están, siguen haciéndonos sonreír con su recuerdo o llorar con su ausencia. Sus huecos nunca se llenarán.
Niños que crecimos en cocinas, no en habitaciones de juegos ni en salones. Cocinas que no tenían tele, pero si cocina de carbón dónde podíamos asar manzanas y castañas en invierno. Cocinas donde no faltaba la radio encendida y, en mi caso, tampoco la máquina de coser. Allí en la mesa de la cocina entre el olor de las piñas que se consumían en la lumbre y el ruido de la máquina, hacíamos deberes y estudiábamos lecciones. Lecciones que tomaban casi siempre nuestras madres.
Niños y niñas diferentes, diferentes no sólo por su opción sexual, sino niños bajos, gordos, altos, delgados, cabezones, con los pies grandes, torpes en gimnasia, tímidos hasta el extremo, con orejas de soplillo... Todas esas diferencias que enriquecen, les hacían sufrir lo que hoy se conoce como acoso escolar, puro y duro.
Algunos los que teníamos más amor propio,  más inteligencia o mayor agudeza a la hora de responder, estuvimos a salvo, capaces de abstraernos de muchas de aquellas situaciones y colocarnos por encima de los que se creían superiores a nosotros.(Algunos lo único que tuvimos fue más suerte, porque nuestro entorno fue más favorable) Otros sufrieron lo indecible, algunos aún lo sufren.
Niños que cuando fuimos grandes amamos hasta el extremo, entregándonos sin límites y sufrimos en la misma línea, mucha pasión, pero también mucho desamor. "El amor, claro, que a veces te atrapa con la persona menos apropiada, de la peor manera" dice el protagonista de la novela. Amores que marcaron la trayectoria vital de esos niños, en mi caso hasta hoy por la mañana, porque cada día que amanece creo firmemente en que mi Eneko está al final del túnel para salvarme".
Hoy, volviendo a la presentación, me alegro tremendamente de los EXITOS con mayúsculas de la gente que trabaja con constancia, creyendo en lo que hace, pero desconocedora en muchas ocasiones del fin de ese trabajo, sobre todo, en estos tiempos que corren (aunque en el caso de Ovidio yo creo que el fin está claro: seguir publicando y haciendo felices a sus lectores y, quién sabe, algún día ganar el PLANETA con ese personaje de mujer que está esperando que escriba su historia)
De todas maneras, si hubo un momento especial para mi en el Club de Prensa la semana pasada fue encontrarme entre el público asistente a mi profesor de Lengua y Literatura de 1º de BUP y al saludarle no pude evitar hacerle saber lo AFORTUNADA(s) que me siento (nos sentimos) la(s) niña(s) que fuimos sus alumnas hace ya 27 años y la SUERTE que tuvimos de tener aquellos profesores, tan jóvenes, llenos de vida y con tantas ganas de cambiar el mundo en aquellos benditos 80. Se marchó feliz con mi reconocimiento a su trabajo y satisfecho porque yo lo había verbalizado. Recuerdo su letra menuda en la pizarra verde del instituto cuando analizábamos sintácticamente (que mira tú para lo que nos ha servido) en aquellas tardes, grises y lluviosas, que sólo dejaban de ser eternas cuando teníamos Lengua con Marcelino o Historia con Pedro. Desde aquí mi agradecimiento porque gracias a éstos y no a otros, que fueron mis profesores soy la persona que soy hoy.
Y, mira tú, lo que es la vida, resulta que el padre de Ovidio también fue alumno de Marcelino."

P.D. Hoy probablemente la entrada no la escribiría igual, yo misma noto alguna evolución, aunque sea pequeña (jejejeje). La publico exactamente igual a excepción de una frase en cursiva, la entrada y esta salida. Si tenéis que regalar un libro estos días, regalar éste. Es un autor joven, asturiano y que merece reconocimiento y éxito, no para alimentar su ego, no, sino para alentar sus ganas de seguir trabajando y creando sin descanso. A pesar de que rememos a contracorriente, lo importante es seguir remando y no desfallecer. Un beso Ovidio.

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