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lunes, 30 de diciembre de 2013

Hugo, feliz año 2014

Querido Hugo:
te escribo estas letras como felicitación del año que empieza, el 2014. Felicitación que haremos extensiva a toda la gente buena que nos rodea (también a los ruines, mezquinos y pobres de corazón aunque estos no se vayan a aplicar nuestros buenos deseos, se lo deseamos igual ¿te parece?)
Llegaste a nuestras vidas en enero, como llegan los años nuevos, aunque ya te esperábamos primero, de hecho llevábamos cuatro semanas ansiosos por tenerte en nuestros brazos. Llegaste y pusiste nuestras vidas patas arriba. Las llenaste de esperanza, de ilusión y de futuro. Llegaste y ya te queríamos antes de nacer. Nunca pensé que se podía querer tanto a alguien y eso yo, que sólo soy tía, imagínate lo que te quieren tus padres y tus abuelos. Es por eso, por ese amor tan grande que quiero centrarme en ti para escribir mis deseos para el 2014.
Te deseo felicidad.
Deseo que seas muy feliz. Tú como persona y tú junto a los tuyos. Los niños vienen a este mundo para ser felices. No debería haber ningún niño que no lo fuera. Así que te deseo felicidad y que seas capaz de hacer feliz a los que te rodean, que tu vida sea ejemplo de niño feliz, que llenes la vida de música, espontaneidad y frescura. Que juegues mucho, que te rías más, que disfrutes de tu infancia. Que nadie perturbe tu inocencia. Que no haya Herodes en tu vida ni reales, ni ficticios. Te deseo abrazos, besos, caricias y risas. Te deseo un saco de sonrisas para que las regales en el 2014. Que te encuentres gente amable en el camino que saqué lo mejor de ti.
Te deseo educación.
Este año 2014 empezarás al colegio. Empezarás la primera gran aventura de tu vida. Vendrán otras que serán también interesantes, pero ninguna tan importante como empezar a la escuela. Te deseo maestros vocacionales, compañeros que te quieran y te acepten, empatía para que tu aceptes al  diferente. Capacidad para ponerte en los zapatos del otro y sentido de justicia. En el colegio vivirás tus primeras situaciones de injusticia, no te quedes con los brazos cruzados, si crees que lo que ocurre no es justo, pero siempre desde el respeto a tus mayores y a tus iguales.
Te deseo que ames los libros como nos ves a nosotros amarlos. Que aprendas mucho, que te enseñen bien, que te encuentres con maestros que quieran depositar en ti su saber, que te motiven, que te abran los ojos a la vida, que respeten tu forma de ser y de pensar. Que tus maestros quieran y sepan enseñar. Te deseo que gustes de todas las formas de arte, pero que tengas criterio para decidir lo que te gusta y lo que no. Que no te dejes arrastrar por las modas, hay muchas cosas que se llaman arte, pero la belleza no está en todas.
No debería haber ningún niño sin escuela. Los niños nacen para aprender, para formarse como personas. La educación nos hace libres, porque nos permite ser críticos, tener opinión, manifestarla, expresarla, levantar la mano y hablar en voz alta.
Te deseo que conozcas el verdadero valor de lo material. No es más rico quien más tiene sino el que menos necesita. No se es más feliz por tener o acumular más cosas. Deseo que descubras el verdadero valor de las cosas inmateriales, las que no tiene precio, ni se pueden comprar: el amor a la tierra y a la montaña; la fruta que los árboles regalan generosamente; las puestas de sol y los amaneceres, la luna llena y las estrellas, el agua del río que corre y el que mana de la fuente para calmar nuestra sed; el arrullo de las olas cuando rompen en la orilla; el valor de la sombra de un árbol y del pájaro que viene a tu ventana a cuidar tu sueño; el aire frío que enrojece tus mejillas cuando caminas; las hojas de los árboles y el ruido que haces cuando caminas sobre ellas en otoño; el ruido de la nieve cuando cae y los colores de la naturaleza en las distintas estaciones. Te deseo sepas valorarlas todas y cada una de ellas y también aquellas otras que se te ocurran y que en tu corazón y a tus ojos tengan una valor incalculable.
Te deseo conozcas el valor de la humildad y de la austeridad, pero no el de la miseria.
Y por último, aunque mi lista de buenos deseos sería interminable. Te deseo estés rodeado de adultos que luchen por la paz y por construir un mundo mejor. No estoy orgullosa de este mundo que te dejamos en herencia. Es un mundo feo, lleno de gentes desplazadas, que tienen que huir de sus casas, pueblos, países buscando oportunidades y jugándose la vida. Un mundo lleno de Lampedusas y campos de refugiados, muros de la vergüenza y concertinas, guerras y atentados. Un mundo donde la muerte del otro se convierte en anécdota, sin más. Un mundo donde no nos importa la deforestación, la destrucción de la Naturaleza, la contaminación,... Son tantas las cosas que de la mano del hombre se destruyen.
Te deseo un mundo lleno de personas que quieran trabajar por la justicia. Tú por mi parte tienes mi compromiso para hacerlo.
Sin más, espero tengas un feliz año en compañía de los tuyos con mucha salud.
Te quiere tu tía
Bea

domingo, 22 de diciembre de 2013

Por mi libertad de decidir

En 1985 yo tenía 15 años y era igual de cristiana y de practicante que soy ahora. De hecho las crisis, que las hubo, vinieron más tarde, obedeciendo siempre a factores externos. El crecer y hacerse adulto que es muy malo (o muy bueno, según se mire). Esa es otra historia. Lo que quiero decir es que tenía quince años y estaba en el instituto. Venía de un colegio de monjas dónde hice infantil, que entonces no se llamaba así y la EGB y del que no tengo nada malo que decir, más bien sólo cosas buenas. Si, es verdad, íbamos a clase de Religión, yo seguí yendo a Religión en el instituto, pero nunca sentí que aquellas monjas tan jóvenes, tan entusiastas, tan vocacionales en su labor como maestras, cercenarán mi libertad. Ni mi libertad de expresión, ni mi libertad de ser, ni mi libertad de actuar. Quizás por eso soy tan poco dada al proselitismo. Veo las cosas que hacemos mal como Iglesia (que son muchas), pero también veo la labor callada de los miles de cristianos en sus familias y en la sociedad. Y lucho desde dentro, haciendo oír mi voz para cambiar cosas, para mejorarlas. Para poder conseguir esa revolución que haga a la Iglesia bajar a la tierra, hay que estar dentro y hacer ruido.
Por eso, en 1985, con mis quince años y preparándome para la Confirmación, no me cuestione en ningún momento que la ley del aborto que se publicó entonces (era una ley de supuestos) fuera algo malo, como tampoco me lo hubiera planteado de ser judía, musulmana, evangélica o atea. Todos celebramos la consecución de un derecho, uno más, de un derecho para las mujeres, para los hombres (que también tienen algo que decir en esto) Aquella ley era el devenir normal de un momento que estábamos viviendo. Una sociedad que salía de las cavernas e iba hacia la modernidad. Una sociedad que maduraba y crecía a la luz de su recién estrenada Democracia. Antes había sido la ley del divorcio. La ley del aborto sólo era un pasito más, abrir una puerta. No pensaba nadie que hoy, veintiocho años después, se iría hacia atrás y a golpe de mayoría absoluta.

Quiero decir con todo esto que nadie puede poner en duda que, desde mi condición de cristiana sea yo una activa defensora del derecho al aborto. Tampoco, lo afirmaría nadie de los que me conoce. Todos saben que en este momento de mi vida, en el que el reloj biológico de la maternidad comienza a apagarse del todo y, en cualquier otro momento anterior, los niños son lo que más me gusta del mundo (valeeee, después de los libros y de los bombones de chocolate) Nadie puede afirmar que yo esté defendiendo el derecho al aborto, que podría hacerlo por supuesto, porque no es eso. Yo lo que defiendo, y lo he hecho toda la vida aunque quizás nunca tan públicamente como esta vez, es el derecho de la mujer de decidir, de decidir que hacer con su vida. 

Partiendo siempre de dos premisas que no se han de olvidar nunca: la necesidad de una educación sexual que te permita afrontar tus relaciones sexuales de una forma emocionalmente sana y del hecho, innegable de que el aborto no es un método más de anticoncepción. Así ser madre es la decisión más importante de la vida porque te compromete para siempre (ser padre también por supuesto) por eso no se debería obligar a nadie a serlo, pero tampoco estigmatizar y convertir en delincuente a ninguna mujer que, por lo que sea, tenga que tomar la decisión, en conciencia, de no serlo. No seré yo quién juzgué a nadie. La maternidad tiene que ser una opción desde la libertad y el deseo íntimo y personal de serlo. Nadie puede obligar a una mujer a ser madre porque aunque suene extraño hay mujeres que no quieren, porque no tienen ese instinto, porque no es el momento, porque no han encontrado al hombre adecuado para meterse en una empresa que te liga para siempre, porque no quieren serlo solas, porque su profesión no se lo permite o simplemente por elección. No quieren y punto.  Además, la maternidad en realidad no es de color rosa como se nos vende, así lo recoge Laura Freíxas en su artículo "Odio al intruso" compartido generosamente hoy por Ovidio Parades en su muro de Facebook. Nunca olvidaré el testimonio de la hermana de una amiga, madre estupenda de dos niñas, encantada de serlo, que un día hablando de esto decía la siguiente: "Nos venden la maternidad como lo más maravilloso del mundo y, sin duda lo es, pero nadie te cuenta de que tus pies y piernas van a estar hinchados, del dolor de espalda, del ardor de estómago, de las ganas permanentes de hacer pis, o de que te has montado en una montaña rusa de la que ya no vas a poder bajar. Si, ser madre es estupendo, pero físicamente no tanto y esto contando que tengas la suerte de tener un buen embarazo, un buen parto, un buen jefe y de que puedas hacer tu vida normal."

Así que ayer con la aprobación de la nueva ley del aborto, la más restrictiva y a salvo de lo que pase en el Parlamento, que no será nada porque es lo que tiene el juego de las mayorías, me duele que se culpe a la Iglesia. La culpa es del Gobierno, del oscurantismo y de las tinieblas, de la derecha más extrema. De un ministro, vestido con piel de cordero, que se postulaba moderado y que ahora va a convertir a las mujeres en delincuentes. Siento mucho lo que está pasando en mi país, pero hay muchas voces alzándose, sólo espero que se alce el pueblo en las urnas cuando le toque y que mientras tanto conservemos la serenidad, haya paz en nuestros corazones y coraje para luchar por nuestros derechos.





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