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martes, 8 de mayo de 2018

Vacaciones en paz


Vacaciones en paz, que este año cumple 28 ediciones, necesita familias para acoger al menos a cincuenta niños saharauis que este verano tienen en el aire su salida del desierto, así lo ha declarado Félix Flórez, coordinador del programa y uno de los responsables de Asociación Asturiana de Solidaridad con el Pueblo Saharaui, que estuvo en Bárzana la pasada semana presentando esta iniciativa a la que definió como una forma “de practicar la solidaridad real”.
Los más pequeños de “los hijos de las nubes”, nombre con el que se conoce a los saharauis, un pueblo nómada de pastores que se trasladaba allá a donde veía una nube, viven en el exilio del desierto desde 1975 gracias a las decisiones y a la desidia de quienes eran entonces y quienes son aún hoy nuestros responsables políticos que han sido incapaces de dar una respuesta a una realidad que provocaron directa o indirectamente, siendo coautores de la tropelía junto a Marruecos. De unos y de otros es la culpa de la situación que se mantiene actualmente más de 40 años después. Las condiciones de temporalidad y desarraigo, son muchas las generaciones que han nacido en el desierto y a las que se ha educado en la idea de que volverán a su tierra, convierten en inhóspita su situación. Para estos niños, que son niños normales como los nuestros que no conocen nada más que “el desierto más desierto de los desiertos que les ha separado del mar”, salir los dos meses de verano es una auténtica fórmula de vida, un regalo que con el paso de los años se ha convertido casi en un derecho, llegando, incluso muchas familias saharauis, a subsistir con la ayuda de las familias españolas, muchas de ellas asturianas, que acogen a sus hijos.
Todos los años entre doscientos y trescientos niños saharauis abandonan el calor de los meses centrales del verano y los campamentos en los que viven fuera de su tierra para disfrutar de unas vacaciones en Asturias. Un cambio de criterio en los tramos de edad de los niños que acceden al programa ha dejado a un numeroso grupo de ellos, por el momento, sin casa de acogida para los próximos julio y agosto. La importancia de “Vacaciones en paz” para estos niños es fundamental pues así se someten a completos chequeos médicos, modifican sus hábitos de alimentación, al tiempo que ven y viven una realidad diferente a la suya, siendo una experiencia muy enriquecedora tanto para la familia de acogida como para los chavales. Los niños viven con sus familias españolas como si fueran un miembro más, participando de las actividades de ocio propias del verano, solo estando prohibido sacarlos al extranjero pues viajan con una pasaporte colectivo.
Asturias es una de las comunidades que más respaldo ofrece a la población saharaui, una delegación asturiana encabezada por el consejero de Sanidad, Francisco del Busto, visitó en enero los campamentos de Tindouf (Argelia) en un viaje institucional. Un total de dieciséis personas representantes de distintas instituciones asturianas integraban este grupo. Entre ellas, María José Miranda, vicepresidenta de la Junta del Principado y concejala de Urbanismo en el Ayuntamiento de Grado que acudió por delegación del Presidente de la Junta del Principado, y Eva Martínez, Teniente Alcalde del Ayuntamiento de Quirós.
La asociación que este año cumple treinta años despliega su actividad en tres frentes: el más conocido y que nos ocupa en estas líneas, el programa Vacaciones en paz; el envío de caravanas en colaboración con la Agencia Asturiana de Cooperación, la Junta General del Principado, muchos ayuntamientos y particulares y por último la realización de campañas de sensibilización para mantener vivo el espíritu de la causa saharaui.
Durante esta campaña de presentación del programa Vacaciones en Paz, que se esta llevando a cabo por distintos puntos de la geografía asturiana se proyecta el cortometraje de Silvia Munt “Laila” que recibió en su edición el Goya al mejor cortometraje y que lleno de imágenes poéticas y con una delicadeza excepcional muestra cuál es la realidad de estos niños en medio de un desierto que si lo miras con los ojos del corazón se parece al mar que tanto añoran.
Me parece una iniciativa preciosa que defenderé siempre (a pesar de que yo no la seguí). En 2009 pensando que iba a ser la experiencia de mi vida traje un niño saharaui, hoy casi diez años después estoy convencida que no era mi momento vital y también sé que de algunas cosas hay que esperar poco para que lo poco sepa a mucho. ¡Aún así os animo de corazón porque en mi fracaso está vuestro éxito! ¿Me ayudáis a difundir?

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