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martes, 8 de agosto de 2017

La vieja clase política tiene que empezar a irse.

En el curso 1985-1986 se formaron los primeros consejos escolares. La figura pretendía que todos los grupos integrantes de las comunidades educativas (profesores, padres, alumnos, Administración local y personal administrativo y de servicios) formaran parte de la toma de decisiones que afectasen a los centros. Yo estaba en el de mi instituto. Medio en serio medio en broma, aquella fue mi primera campaña. La recuerdo como algo divertido, nos pasamos una tarde entera haciendo unos carteles coloristas (de los que aún conservo uno) con un eslogan que ahora considero ridiculo, pero que en aquel momento tenía su gracia. Había una compañera que era de las juventudes socialistas. No la vi más después de dejar el instituto, pero estuvimos juntas en aquel primer Consejo Escolar. Me eligieron mis compañeros, quede segunda muy reñida con la tercera y por detrás de un chaval que era muy popular y cuyos carteles fueron infinitramente mejores que los míos. Fue una gran alegría y una gran experiencia.
El curso siguiente, una obra en el instituto (creo recordar que nosotros no la habíamos solicitamos, podría buscarlo porque conservo todos los recortes de prensa) en la que se empleó como material aislante un producto altamente contaminante movilizó a toda la comunidad educativa y en cabeza estuvo el Consejo Escolar defendiento lo suyo. Recuerdo tediosas reuniones en las que los alumnos no éramos realmente conscientes de lo que pasaba. Reuniones en la Dirección General de Educación, movilizaciones, declaraciones en prensa, manifestaciones… al final conseguimos que se restaurará el estado de cosas en el instituto. La Consejeria contrató a una empresa para que retirara todo el material indebidamente empleado. Es en aquel momento cuando conozco, si se puede decir así porque yo no era más que una cría de 16 años a Antonio Trevín que entonces era Director General de Educación. Su intervención y el empeño puesto por todos nosotros fueron decisivos para solucionar el tema. A los alumnos del Pérez de Ayala nos exiliaron al colegio público de EGB de Ventanielles mientras duraban las obras. Íbamos a clase por la tarde compartiendo aulas con los pequeños que iban por las mañanas. Recuerdo la niebla del antiguo matadero de Oviedo y una ronquera, la única que he tenido, que me duró casi todo el trimestre. Bueno, pues el año pasado, treinta años después, me encontré con Antonio Trevin en Proaza en un acto solidario. Él estaba haciendo campaña como candidato al Congreso que era y yo haciendo la mía particular, la apuesta personalísima por mi tierra, por darle voz y visibilidad, que es lo que verdaderamente necesita el mundo rural. Le saludé y le dije que lo conocía de aquella. El recordaba perfectamente el caso. Muy majo la verdad, que conste que no tengo nada en su contra, pero llego a casa y me pongo a hacer memoria: maestro, sesenta años, en 1986 tenía 30 y ya era Director General de Educación. A posteriori ha desempeñado cargos como Alcalde de Llanes, Delegado de Gobierno, Diputado en la Junta General, Presidente del Principado de Asturias, Diputado en el Congreso… Menudo currículum (ojo, repito, no tengo nada en contra de Trevin, me pareció siempre que estuvo a la altura de las circunstancias en el caso del instituto, una persona amable y afable). Pero me pregunto, ¿cuántos de nuestros políticos actuales tienen idéntica trayector por el lado izquierdo y por el derecho? ¿Antonio es maestro con vocación de político o político de vocación y circunstancialmente maestro? ¿Lleva viviendo de la política desde hace treinta años? Repito este razonamiento podría hacerlo seguramente con muchos de los candidatos de primera línea de los dos grandes partidos de este país (y de otros partidos). ¿Puede ser que estos hombres y mujeres sean los más inteligentes y válidos del panorama hasta el punto de ser imprescindibles a sus agrupaciones, federaciones o partidos? Sí, puede ser. Sin embargo, creo que la clase política debería renovarse y no solamente para dejar paso a los más jóvenes. No, debería de producirse un relevo generacional que mantenga el ideal del servicio público, las ganas de trabajar, el entusiasmo y las fuerzas, que no siempre van unidas a la juventud, pero quizás sí a “recién llegados”. Claro, habrá gente que me diga que la experiencia y la veteranía es un grado. Sí, estoy de acuerdo, pero si no damos oportunidad a la gente que llega, nunca habrá renovación. Esta es la clase política que tenemos y, en mi opinión, por aquí es por donde han de empezar a cambiar las cosas y después reformar la Ley Electoral y así sucesivamente, haciendo pequeñas cosas para conseguir grandes logros.
Por cierto, aquel día me pidió las fotos que estaba haciendo y yo aproveché para pedirle que no se olvidaran en Madrid de la escuela pública y concretamente de la escuela pública rural que al final a mi “ye lo que me preocupa”.

http://lavozdeltrubia.es/2016/06/18/reflexiones-tras-mi-reencuentro-con-trevin/

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