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sábado, 3 de junio de 2017

Os quiero un universo.

Mañana acaba una etapa de mi vida y el lunes empieza otra. La vida es un continuo ir y venir sin parar en el que muchas veces no somos conscientes de nuestro propio protagonismo. Hace diez años adquirí un compromiso con la UPAP de Quirós. Muchos no sabréis lo que es una UPAP, pues os lo explico. En los concejos pequeños en población y grandes en extensión el trabajo de los sacerdotes es ingente. Muchas, a veces muchísimas, parroquias a cargo de sacerdotes de edad o simplemente con una gran carga de trabajo. La Iglesia, tan denostada en ocasiones por sus propios pecados, organiza el territorio en unidades parroquiales. Brevemente podría decir que es "centralizar de alguna forma servicios" aunque para los cristianos realmente es "una organización diferente de la pastoral". En lo que a mí respecta lo que quiero decir es que la catequesis se da en Barzana, capital de Quirós y todos los niños (que son muy pocos) bajan a la catequesis allí. Yo también bajo de mi aldea a acompañarles en su proceso de formación para la Primera Comunión. Soy su catequista. Muchos domingos, sobre todo este año que me he pasado todo el curso con el coche estropeado, me traslado desde Oviedo. No quiero reconocimiento porque primero lo hago porque quiero y segundo porque me encanta trabajar con niños.
Leyendo juntos.
Ya he hablado más veces de esto: durante estos años (como primero en otras etapas de mi compromiso parroquial) he conocido a niños fantásticos y familias excepcionales, aunque también he vivido alguna situación rara, rara, pero afortunadamente esos casos son los menos y no cuentan. 
Hace un par de semanas ocurrió en Misa una de esas situaciones en las que cogerías del moño a la persona que hace de menos tu trabajo con los niños. Sé que muchos no lo entenderéis, pero fue de esos días en los que antes de acercarte a comulgar tendrías que confesar haber querido matar a alguien o sino matar, infligirle algún tipo de daño físico. Son esas cosas que quisieras no desear, pero que te "llevan los demonios" y deseas. No debería confesarlo aquí, por escrito, pero ya lo hice en FB y bueno, mañana comulgan los niños y cuando volvamos en setiembre voy a prometerme no pasar ni una.
Trabajar con niños es vocacional, mucho más cuando se trata de trabajar en la parroquia, de forma gratuita y desinteresada. Una actividad que, de mano, no les va a servir para nada, no aprenden ajedrez, ni juegan en un equipo, ni aprenden reglas de un deporte, ni compiten, ni tocan un instrumento...si acaso con suerte se familiarizarán con algunos valores que les ayuden a ser mejores personas (aunque se puede ser una excelente persona sin haber pasado nunca por ninguna experiencia de Dios, el que sea, aunque esto se pueda discutir porque el hombre es por esencia religioso en el sentido de buscar la trascendencia, el sentido de la vida, la explicación del mundo, lo mismo que también es en esencia político, vaya que me pierdo). No todo el mundo vale para trabajar con niños, te exigen mucho, pero sobre todo, te exigen humor y empatía, paciencia y cariño. Muchísima empatía. Si un niño de seis años te hace una pregunta durante la celebración hay que contestarle. Si una niña se pone mala hay que acompañarla (aunque sepas que solo es cansancio, empacho de caramelos o que no quiere leer). Si estás revoltosos hay que calmarlos sin imponerte, pero, sobre todo, hay que quererlos y entenderlos.
Hay complicados factores añadidos que no voy a exponer aquí, pero que son el reflejo de la sociedad que vivimos. Punto.
Durante este proceso de dos o tres años, crecen. Crecen como las personitas que ya apuntan serán y eso, verlos crecer es algo muy, muy gratificante. Cuando llegan silabean al leer y cuando comulgan desdentados o con esos enormes paletos desmesurados para sus caras de niños, leen de corrido, saben interpretar lo que leen, son conscientes de la suerte que tienen y dan lecciones de sabiduría (infantil, pero sabiduría)
Dice Concha Torres, directora de mi colegio durante muchos años y provincial de las hermanas del Amor de Dios que "Educar es una forma de amar", pues por mi parte y humildemente, solo quiero añadir "gracias a quienes depositan su confianza en nosotros para que acompañemos a los niños, gracias por su compromiso con la educación de sus hijos y nietos y gracias por elegir la UPAP de Quirós para que comulguen los niños con todos nuestros defectos y todos los inconvenientes de la pastoral rural solo puedo decir que soy feliz de haberlos conocido y más este año que los primeros se gradúan para comenzar en setiembre sus estudios universitarios. Estoy segura de que ellos un día mirarán hacia atrás y recordarán con cariño esta etapa que mañana concluye para Aarón y Lucia. Muchísimas felicidades. Os quiero un universo."

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