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sábado, 31 de diciembre de 2016

Feliz 2017

Belén de Cumbres año 2016. Peña de Alba (Quirós)

"Yo por mi parte estoy convencida de que no te cruzas con nadie sin más, las personas con las que te cruzas están en tus sueños solo a un instante de convertirse en reales o no, de tener forma humana, de ser la persona idónea en el lugar exacto esperando. Unas veces depende de tomar un sentido de la calle y no el contrario, de seguir de frente en un cruce o de un "me gusta" en FB. Están ahí esperando que sea su momento, nuestro momento". Bea la de Lola.

Ayer vino a verme el fantasma de las navidades pasadas. Ya sé que soy un poco teatrera pero así lo sentí. Realmente no podía ser de otra forma si te desplazas a Mieres a escuchar la que fue la banda sonora de vuestra historia. Dire Straits versionado (of course) bien versionado, pero excesivamente amplificado para el pequeño auditorio en el que se celebraba el concierto. "Hay que joderse". Por un momento me enfadé tanto que pensé en irme, sin embargo me quedé y entendí todo viendo lo que iba ocurriendo en el escenario. Me enfadé porque sabía que podía encontrármelo allí, dónde si no, tocando aquellas, ya viejas, versiones que escuchábamos machaconamente en la barragana o en la C15 yendo a Rodiles (no sé porque siempre pienso en Rodiles cuando recuerdo aquel tiempo). Había música en nuestras vidas, mucha más, claro. Los años eran propicios y nosotros jóvenes. Él siguió con ella. Entonces ya era su vida y yo la aparte de un manotazo. Mi vida no tiene banda sonora desde entonces. No he seguido a ninguna banda, ni grupo, ni solista... Naaaa, me quedé muda durante largo tiempo hasta que, por fin, recuperé las palabras. Ellas son mi auténtica tabla de salvación, creo que siempre lo fueron sólo que ahora las comparto. Las palabras y las otras, mis amigas!
Nunca voy a nada, los viernes me echo a la carretera hacia Quirós y esta vez acepté la propuesta de Susi para ir a escuchar a esta gente. Hay que joderse! No me duele el pasado, me duele no ser capaces de vernos y charlar tranquilamente, de que seamos tan retorcidos como entonces, de no poder mirar a los ojos a la persona que fue tan importante para el otro. Me duele no poder tomar un café y ponernos al día y luego cada uno de vuelta a su vida. Y me duelen las casualidades cuando tienes la certeza de que van a ocurrir porque entonces no son casualidades sino que es el puto hilo rojo que tira de tí o se ha tensado o se ha enganchado en alguna de las ramas de los árboles de nuestras vidas.
Pero hoy he vuelto a lo que soy ahora. He subido por primera vez al Gamoniteiru, a reivindicar la cima quirosana. Y asomada al auténtico balcón que es ese alto, he tenido por un momento la sensación del mundo a mis pies. He pensado qué hay tanta belleza en mi vida y que lo importante es hoy. La magia de las navidades presentes. Hugo en el Campoamor entusiasmado con la lámpara del techo que tanto le gustaba a mi abuela explicandome los instrumentos de la orquesta. Las primeras Navidades de Nela con un gorrito verde en la cabeza. Tener a mis padres. Lola. Subir una montaña y luego bajarla. Ser y sentirse comunidad trabajando en equipo organizando la I San Silvestre en Quirós, haciendo historia. No sentarte en todo el día. Vivir y respirar por lo que amas. Sonreír. Seguir sonriendo. Mi casa está en Quirós y mi vida también. Y se ha borrado todo lo de ayer, amaneciendo una nueva banda sonora.
Así que entre propósitos del año nuevo y balance del pasado me quedo con una sonrisa, con un abrazo que llegará (estoy segura), pienso en un par de destinos para 2017 y en un centenar de títulos por leer, busco una historia a la que poner palabras, pero sobre todo deseo un mundo más justo y lleno de personas felices, yo para mí creo que no pido nada, si acaso sólo muchas mañanas soleadas en la montaña y muchas tardes de trabajo como las de hoy. Ahhh y os quiero a todos por aquí acompañándome en este nuevo año.

domingo, 30 de octubre de 2016

Equipo Salcedo.

Cuando hace cuatro años con la resaca del día después de "Celtas Cortos en mi pueblo" amaneció para el amagüestu, Eva Martínez, concejala del Ayuntamiento de Quirós y Luisa de Castro, un poco coordinadora de eventos populares (lo digo así porque está en la salsa de todos los guisos) se encontraron con más de doscientos kilos de castañas por picar y un montón de gente esperando para cumplir la tradición, faltaban manos. Todos habíamos ido de concierto, pero el concierto tenía "un día después". Me ofrecí para bajar a ayudar y conmigo las mujeres que estábamos en Salcedo. Bajó hasta Marina que de aquella tenía unos seis años. Sacamos adelante el asunto entre todas. Manos inexpertas pero voluntariosas. Desde aquel amagüestu del 2012 hasta hoy el conocido como "equipo Salcedo" en términos coloquiales se apunta a un bombardeo. Hemos picado castañas con las mujeres de la residencia de ancianos en una tarde que recuerdo con ternura. Hemos cosido y vestido Reyes y pajes, repartido chocolate y sonrisas en la Cabalgata. Hemos organizado el Carnaval, sacando fotos y hasta mal escribiendo un pregón porque quien iba a hacerlo nos falló en el último momento. Hemos traído un mago para los niños (no nosotras claro, sino con el consenso de todos). Hemos sido voluntarias en la Ultra Trail y disfrutado como nunca con la etapa de la Vuelta a Alba en nuestro pueblo y es que ese día no trabajamos. Afortunadamente.
Somos cada una de nuestro padre y nuestra madre, unas simpáticas, otras tercas, unas mamás y otras no, unas casadas y otras solteras (yo), unas malhumoradas, otras siempre positivas, pero con nuestras diferencias y sensibilidades tenemos un único objetivo, nos mueve una única obsesión (Sarita esto va por ti) poner en valor nuestra tierra, darle a Quirós el lugar que se merece. Quien vea en nuestra actitud otro tipo de intereses se confunde. Aquí no hay más cera que la que arde.
Así que cada día que amanece en Salcedo, como hoy, espectacular, yo solo pienso en el trabajo bien hecho, en las sonrisas cosechadas, en los niños que disfrutan con nosotras, en los besos y abrazos que la gente que te quiere te ofrece en reconocimiento por lo mucho o poco que hacemos. Así que cada día que alguien nuevo se incorpora al equipo de trabajo (porque el equipo Salcedo es restringido, pero el de trabajo es abierto) es un triunfo de la comunidad, es una consolidación del trabajo colectivo en pos de interés general. 
Algunos se preguntarán escépticos que interés tiene que salga adelante un amagüestu cuando hay miles cada fin de semana de otoño. Es muy sencillo cada año es un pequeño triunfo del pueblo, con el esfuerzo extra de algunos, vale sí, pero nosotros también nos divertimos y además creemos que lo rural tiene su importancia y en nuestras manos está que no se muera. En un momento de incertidumbre y de cambios, nuevos pobladores y envejecimiento de la población, un solo movimiento nuestro que contribuya a dar vida al concejo nos vale, un solo amigo que traigamos es un triunfo. El equipo Salcedo que consolida su línea de trabajo seguirá ahí apoyando, siendo crítico porque no todo vale, ayudando cuanto pueda. Ayer repartiendo castañas y sidra, en enero veremos qué se tercia.

martes, 28 de junio de 2016

Ciego Noblina



Sintió parar su corazón. Se vio a sí misma perdida, rodeada por una densa noblina, indefensa como el ganado sorprendido en el puerto por la tormenta. Se rompió el futuro que construían juntos cuando al llegar la tarde vinieron a avisarlos. Mal presagio si envían a buscar al pariente de un minero. Bajó el suegro, a ella no la dejaron.
Murió por dentro cuando su padre, derrotado y viejo de repente y, tras él, la sombra de la muerte, entraron en la cocina donde esperaba noticias junto a las otras mujeres, su madre y sus hermanas, la más pequeña recien casada también con un minero. Borrachas de café y miedo, poseídas por los peores augurios, solidarias ante lo que se avecinaba.  
Y mientras aquella sombra, la de la muerte miserable y traidora, a la que nadie invitó, se coló por cada una de las rendijas de la casa. Cubrió sus azules ojos. Habitó el lecho aún caliente tras la última noche que pasaron juntos, el dibujo de sus cuerpos sobre el colchón, los restos de su amor entre las sábanas. Rondó para siempre la casa, paseándose del lecho a la lumbre, de la lumbre al desván, del desván al horro sin decidirse a abandonarla más. Aquella casa llamada a llenarse de risas infantiles, enmudeció para dejar que el silencio invadiera cada estancia. Se cegaron los ojos de la joven esposa  anegados de lágrimas, lágrimas negras como el carbón que creía que él arrancaba de las entrañas de la tierra cuando vinieron a buscarlos. Aquellas paredes, aquellas vigas del techo, aquellas puertas hechas por él mismo que era bueno en todo como lo eran los hombres en la aldea: carpinteros y labradores, canteros y pilares de aquellos humildes hogares. Aquel hogar nunca más fue completo sin su presencia.
La sombra se convirtió en su acompañante allá donde fuera, por los caminos cuando iba a sus quehaceres diarios, la sentía presente al ir a por agua a la fuente, a lavar al lavadero, desde ese mismo instante la mujer valiente que era se convirtió en medrosa. Y fue ella la que tomó las riendas de su vida. Mujer pobre y  madre sola.
Con el paso del tiempo recordaba a menudo las palabras de su padre que portador de la noticia solo acertó a decirle que al su José, joven y sano, guapo y arrogante, se lo había robado la tierra para siempre. La mina que cobra su tributo en vidas de vez en cuanto. Alto tributo que nos deja sin hombres. Los pocos que quedaban después de aquella guerra cainita que dividió en dos el corazón de este país. Dos partes que nunca más, desde entonces a hoy, volvieron a encontrarse.
Aquel momento, las frases que su padre no atinó a decirle, el dolor contenido de su hermana pequeña, la cara de su madre, las vidas empeñadas de sus hijos, se tatuaron a fuego en su piel. Su blanca piel que escondía del sol para él y que no volvería a arder con la vida que el hombre encendía con sus caricias.
Se movió dentro el hijo que nacería sin padre. Llamó al grande, testigo desde la escalera que subía al piso. Le cogió de la mano. Y tras las mismas huellas que habían dejado al alba los mineros yendo al pozo, caminaron a buscar el cuerpo muerto del marido amado. Se volvió, tras apenas unos pasos, a buscar la chaqueta que él había olvidado y mientras se arrebujaba en la toquilla negra que había heredado de su suegra, susurró para sí:  "Le llevo esto, no sea que tenga frío mientras volvemos a encontrarnos".

http://lavozdeltrubia.es/2016/10/15/fina-menendez-pura-delicadeza-poetica/

http://bealadelola.blogspot.com.es/2016/06/ciego-noblina.html

sábado, 28 de mayo de 2016

Hermanos


En ambas fotos está mi padre con sus seis hermanos, en la primera los padres y los siete hijos. Mi padre es el más joven. Lógicamente ha pasado mucho tiempo. La de abajo es en 1996, (Madre, cuánto tiempo ha pasado y cuántos me faltan) Buscándola me he dado cuenta de que son una constante en mi vida, ayer, hoy y para siempre. Todos están plasmados en el blog, unos mas que otros. Mi tía Hortensia que fue la que primero nos dejó y a la que tanto echo en falta. Me enseñó muchas cosas, entre ellas el valor de ser una mujer independiente. Tenía arrestos para haber volado alto, era inteligente y valiente, hubiera conseguido lo que se propusiera pero las circunstancias y la falta de oportunidades le cortaron las alas. Mi tía Maruja que dicen que es a la que mas me parezco y a la que enterramos el día que anunciaron el matrimonio de Felipe con Letizia, como veis esa fecha está unida a mi historia por razones diferentes. No tuvo hijos. Era bruta, la más bruta, quizás escondía así la pena que llevaba por no haber sido madre o quizás simplemente era una mujer de campo que no tuvo las suerte de desarrollar la sensibilidad y la dulzura que habita en el fondo de todas ellas. Mujeres como la tierra que pueblan, fuertes y duras, pero sensibles al dolor y a la belleza. No a la belleza del arte en el sentido que los urbanitas lo entendemos, pero sí a la belleza del monte y de las cosechas, de los animales y de la vida. Mi tía Alicia que se murió un día que yo cumplía años y que me hizo entender que algunas cosas no eran importantes. Recuerdo el disgusto que me pillé en casa de mi abuela Elena cuando me dijo que había llamado mi madre. Muchas veces, tantas, damos importancia a cosas absurdas y lo importante, lo verdaderamente importante pasa desapercibido. La trate menos o, mejor, la conocí menos, no sé si por mi culpa o por la de ella. Mi tío Amador con los ojos azules más guapos del mundo y que valoraba un plato de sopa como la ofrenda de amor más hermosa que le daba su hermana mayor con la que tanto tiempo estuvo. Mi tío Armando que fue el niño más mocoso de Salcedo y mi tía Domitila, "te fuiste y nos dejaste a todos huérfanos". Ayyy, Domitila qué final más injusto y doloroso.
Y mi padre, mi padre al que pido perdón por no ser la persona que él espera o por serlo. Se lo pido porque, a veces, para sanar y seguir hay que pedir perdón, una y mil veces. 
Todos mis tíos dejaron algo en mi, quizás fuera la forma de estar y hacer o quizás el vínculo que me unió a ellos pasa por haber perdido tan pronto a mis abuelos paternos. Ser tío es un honor y hay que estar a la altura o, al menos, intentarlo.
Ellos no eran perfectos como hermanos, ni mucho menos. Eran simplemente hermanos. Ser hermanos en realidad no es fácil, de hecho la historia de la humanidad está llena de traiciones entre iguales pero mis padres me enseñaron a respetarlos y a quererlos. Junto a la familia de mi madre que tiene solo dos, pero lo compensaba con sus tíos. He vivido rodeada de familias grandes, de tanta gente que nos quería.


Os quiero infinito dónde estéis (también al que falló por los pecados de otros precisamente porque su debilidad le hizo más humano).

lunes, 28 de marzo de 2016

Todo el mundo necesita un faro.

Un hombre bueno,
las sienes plateadas,
la vida plena.
El hombre noble,
Horizonte cercano,
Luz de mi vida.
 

papá
Del fr. papa, y este del lat. tardío papa; cf. papa1.1. m. coloq. padre (‖ varón que ha engendrado o ejerce de padre).

faro Del lat. pharus, y este del gr. φάρος pháros, de Φάρος Pháros 'Faro', isla cercana al puerto de Alejandría, en la que se construyó el más famoso faro de la Antigüedad.
1. m. Torre alta en las costas, con luz en su parte superior, para que durante la noche sirva de señal a los navegantes.
2. m. Farol con potente reverbero.
4. m. Aquello que da luz en un asunto, lo que sirve de guía a la inteligencia o a la conducta.


Toda persona necesita un faro, más cuando es pequeña. Un faro que se eleve sobre el suelo hacia el cielo y que desde lo alto alumbre el camino por el que transita. Todo niño necesita un referente, alguien que esté dispuesto a cruzar con él en brazos un río caudaloso para salvarlo de la guerra, alguien que le lea un cuento por las noches y le arrope; alguien a quien baste una mirada para aprobar o desaprobar algo, pero que sea capaz de crear en el hijo la confianza para que tome sus propias decisiones y si se equivoca, se levante y siga. Algunos tenemos la suerte de que nuestro faro late con dos corazones. Algunos padres saben tanto que sin serlo son maestros de vida. Yo conozco a alguno.
Con la llegada de la prima Vera llega el cumple de  mi padre, sólo una semana más tarde que el día del padre. Mi padre hace hoy setenta y ocho años. Es de los afortunados que celebran dos veces el cumple, una hoy que fue cuando le parieron y otra el 1 de abril que fue cuando le inscribieron, ya sabéis, cosas de la guerra, de la época y de la orografía complicada de las aldeas asturianas, aunque seguramente de pequeño no tuviera muchas fiestas. Sus mejores logros, sus hijos y lo que más quiere que es sus nietos (unos cracks de 6 años y casi uno), un matrimonio de cuarenta y ocho años y un montón de amigos serían su carta de presentación. Hay personas que por elección deciden vivir y mi padre es uno de esos. Algunos padres: ponen cimientos para sus hijos y construyen escaleras para facilitarnos las cosas, tienden puentes y creen en ellos, más de lo que creen ellos mismos. Cada día debería de rendirle un homenaje, cada día cada uno de nosotros deberíamos rendir un homenaje a quienes son los responsables de que estemos aquí, aunque a veces lo que nos toca vivir no sea lo que más nos guste. Para los que no tenemos hijos el paso del tiempo, que no da tregua, se refleja en nuestros padres, porque yo sigo viendo en el espejo a la universitaria que hace 22 años que dejo las aulas con un título bajo el brazo que nunca sirvió para nada y a la joven a la que ofrecieron un trabajo y hace ya 17 años que sigue dónde la dejó precisamente su padre que fue el que la acompañó su primer día. Pero bueno mi padre tiene en la cabeza un montón de cosas (ninguna es serrín) y un montón de planes y tiene mis manos y las de mi hermano para que cuando le fallen las fuerzas (que le fallarán) sepa que no está solo. Trabajemos un poco la relación con nuestros padres cada día y a vivir. Y los que no tenéis la suerte de tenerlos, igual hoy es un buen día para recordarlos. Mi padre es un padre cercano sin prodigarse especialmente en muestras de cariño, sólo espero que sepa que lo quiero hasta el infinito (como decíamos cuando éramos pequeños).  "Te quiero mucho. Y nunca te lo he dicho. Te quiero y te admiro. Tampoco te lo había dicho nunca, pero admirarte es (ha sido) muy importante para mí " (La isla del padre de Fernando Marías) muchisisismas felicidades papá.

domingo, 31 de agosto de 2014

Adiós agosto. Bienvenido setiembre.



Se acaba agosto y con él las vacaciones y los descubrimientos y llega el setiembre del inicio y del reencuentro.
El agosto de fiestas de prao y nuevos amores, de ermitas perdidas en montes y pueblos de serena belleza, de playa y cañitas, de sol y calor inconstantes (como casi siempre en Asturias), de niebla y forros polares al anochecer. El agosto de tremenda luna llena y lluvia de estrellas. El agosto en que hicimos km y km por las carreterucas de este concejo maravilloso que llevo pegado a la piel, al que tengo la suerte de pertenecer y que es mi segunda casa (si pudiera sería la primera): Quirós. Tantas veces olvidado. Desconocido. Con ese freno que supone el cruce de Teverga en el que los turistas muchas veces sólo por error tiran de frente y descubren lo que tenemos y lo que ofrecemos generosos sin pedir nada a cambio más que un "Ve y cuéntalo, pero sólo a quién sepa apreciarlo" Cuyos montes mantienen la frescura y la inocencia de los territorios sin explorar. Que, bajo una cúpula invisible, guarda celoso paisaje y paisanaje, tradición y leyenda, pasado y futuro.
El agosto en que cada fin de semana tuvimos una fiesta: Las Nieves en Villar de Salcedo y Santa Olalla en Villagime, Alba en Salcedo y San Roque en Bermiego, San Bartuelu en Ricabo y hoy San Melchor en Cortes, casi todas ellas con la compañía siempre cómplice de Claudia y Bea. 
El verano del compromiso con la tierra: "Vamos a recorrer Quirós" propuso Claudia y como en un pacto de sangre, como una promesa que hay que cumplir, recorrimos sin fallar ni un sólo domingo: Bermiego, Las Llanas, Lindes y Cortes, Faedo y Fresnedo, Arrojo, Tene y Aciera, Muriellos, Muriellos Cimero, Rano y Vallin, Rodiles, Ronderos y Ricabo, Llanuces y Murias, Cienfuegos y Villar de Cienfuegos. Visitamos minúsculas capillas como la de Santa Bárbara en Rodiles e iglesias en lo alto como la de San Miguel en Vallin. Buscamos ermitas derruidas que no encontramos y pueblos abandonados en proceso de repoblación. Descubrimos puentes y molinos olvidados, fuentes habitadas por hadas en las que el sonido del agua agradecía nuestra visita, lavaderos dispuestos a contarnos alegrías y penas de mujeres que iban allí a lavar, cementerios llenos de historias de hombres y mujeres, historias concluidas e historias inconclusas. Compartimos tiempo y espacio con las gentes que habitan estas tierras y que nos recibieron como aire fresco que llega con preguntas nuevas que reciben viejas respuestas. Los pueblos que quedan, los haremos en setiembre.
El agosto de la tierra prometida, del recuerdo y la pena. De los que no están, pero viven en nosotros cada momento. De los momentos de vacío y del llanto sanador. 
Se acaba el agosto en el que Lola consolido su amistad con Sergio y Marco y ¡aprendió a conducir!
Y mañana es setiembre. Y con él trae las prisas y la rutina, San Mateo y el sonido de los engranajes que empiezan a rodar después de los meses indolentes del verano. El ritmo nuevo del principio de curso. Para mi el año siempre empieza en setiembre y eso que no tengo niños. No lo puedo evitar.
El setiembre en que Hugo empezará al colegio con lo que ello implica. Se nos hace mayor el pequeño. Y llenará su casa de libros y fichas, de lápices de colores, gomas de borrar y sacapuntas, de mochilas infantiles y uniformes de colegio. Y continuará su proceso, como hicimos todos, de ser y crecer como persona y formarse. ¿Cuál será su futuro?
El setiembre de la boda de María. Aquella niña creativa y desbordante que derrochaba energía y tenía un plan. A la que la vida mostró que áquel no era su plan. El destino la sacó de su Galicia natal y la llevó a fundar su hogar y su familia lejos de su tierra y de los suyos. ¡Qué ganas tengo de veros!
El setiembre de las citas literarias, el setiembre que nos conducirá raudo y veloz a octubre con la promesa de nuevas novelas y nuevas lecturas. El setiembre de las tardes discurriendo como llenar el tiempo libre que me deja el trabajo. El momento de adquirir compromisos nuevos que olvidaremos rápido. De iniciar cosas que no nos gustarán o sí, nos entusiasmarán, del prueba-error hasta dar con lo que verdaderamente queremos y buscamos.
El setiembre de los encuentros y de las reconciliaciones, que nos devolverá antiguos amantes o nos traerá nuevas historias. El momento de retomar asuntos pendientes y de coger el toro por los cuernos. El tiempo de tomar decisiones aplazadas para después del verano aunque sean dolorosas. El setiembre que nos traerá al otoño. El otoño del renacimiento cuando la naturaleza también empieza su proceso que concluirá en primavera. Ya está mudando el verde del verano en el dorado que llega fiel y puntual, igual un poco pronto, a su cita anual.
El setiembre en que Lola hará nueve añazos y me recordará que yo también soy nueve años más vieja y que cada día que pasemos juntas será un día menos en nuestra particular y personal relación. Mi Lola, querida, que me has enseñado el auténtico significado del amor desinteresado y la lealtad, cuando no estés, permanecerás siempre viva en este blog.
Y setiembre me recordará que el agosto que hemos vivido y el tiempo que hemos compartido, ha sido único y que no volverá. Que nunca más tendré las mismas ganas, ni los mismos deseos. Que nunca más seremos los mismos que fuimos el agosto del año 2014.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Cementerios

Hace un tiempo una de mis amigas empezó un blog (que abandonó como casi todo el mundo hace, ya me parece a mi que esté mio dura mucho) y en una de sus primeras entradas escribió sobre el día de Todos los Santos. Puede ser un topicazo escribir esos días sobre cementerios, pero un comentario de esta mañana en mi Facebook, me ha dado pie. Dice Cris que delante de la Iglesia de Salcedo descansa un pedazo de su corazón. Se refiere a su madre a la que perdió muy pronto, demasiado pronto y a la que seguramente ha echado muchísimo de menos en tantas ocasiones, también ahora que va a ser abuela, sus consejos y su buen hacer le vendrían bien. Pero yo me preguntó ¿podría cuantificarse el dolor que sentimos por la ausencia de los nuestros? ¿Cuánto echamos de menos a los que no están? Yo creo que no hay medida para hacerlo, ni en litros de lágrimas, ni en noches desvelados por su pérdida, ni en momentos de vacío que quisieras llenar. Cuántas cosas le habría dicho que no le dije, cuántos planes por realizar juntos, cuántos besos y abrazos perdidos, cuántos "te quiero" a medias.
Yo he ido hoy temprano al cementerio, a dejar unas flores, sencillas y guapas, una oración a mis abuelos paternos. Abuelos a los que perdí siendo una neña y de los que conservo muy pocos recuerdos, apenas ninguno. Sin embargo, mis abuelos están en una foto en la sala de mi casina de Salcedo. Una foto que el otro día mi sobrino, de apenas tres años, reconoció también en casa de mis padres en Oviedo y preguntó que quienes eran. ¡Ay los niños! Perfectos observadores de la realidad que les rodea, aún cuando creemos que no se enteran de nada. Ojo con ellos, que oyen, ven y comprenden más cosas que nosotros adultos sordos, ciegos y de cortas entendederas.
Me pierdo, perdón.
Visitar los cementerios forma parte de la tradición, independientemente de las creencias. Y es una tradición que no se pierde, a pesar de las modas, transmitiéndome de padres a hijos, o en este caso, el mío, a nieta. Es una forma de manifestar respeto y recuerdo a los nuestros que no están. Un día para hacerlo públicamente. Alguno pensará "es un día para aparentar" bueno, pues sí, para que negarlo. También es un día de encuentro no sólo con los muertos sino también con los vivos. Personas que sólo se acercan al pueblo por Difuntos. Claudia y yo era el día que nos veíamos despues de pasar el verano juntas. Era una cita obligada.
Yo fui el miércoles en Oviedo: horarios de cierre y prisas, estrés y tráfico, aparcamientos repletos y municipales regulando la circulación... Qué distintas son las cosas en las ciudades. En los pueblos la puerta del cementerio suele estar abierta. En estos días las mujeres, en su mayoría, se afanan en limpiar nichos y sepulturas. Son momentos de intimidad para algunos y de comunidad para otros (recordad a las mujeres manchegas de Almodóvar en la película "Volver" marujeando en el cementerio).
Muchos cementerios hoy son lugares de culto. La gente acude a ellos a presentar su admiración a estrellas de cine, cantantes, políticos, escritores... Así la gente visita en el cementerio de Montparnasse en París a Julio Cortázar o a Simone de Beavoir y Jean Paul Sartre que fueron amantes y hoy descansan juntos. Otros son auténticas atracciones turísticas como el Cementerio Judío de Praga, el cementerio de Eyüp en Estambul situado sobre una colina con vistas al Cuerno de Oro y que da pie a un fantástico y larguísimo paseo entre tumbas, el de Mirojob en Zagreb donde junto a fantásticas construcciones funerarias, mausoleos y esculturas te puedes encontrar turistas de todas las nacionalidades. En Asturias tenemos el de Luarca, pero todos y cada uno de los cementerios de nuestras aldeas son bonitos y  tienen un significado especial para quienes tienen a alguien en ellos.
Los cementerios son sitios seguros, donde se respira paz y tranquilidad, nadie quiere perturbar el descanso de los muertos, en ellos puedes encontrar el silencio tan necesario algunos días, por eso deberíamos de ir más veces de paseo hasta allí. La paz de los muertos y el arte funerario son una buena combinación para pasear.
Hoy es un día especial, todos los 1 de noviembre lo son. Es un día emotivo, triste y alegre a la vez, que da lugar a encuentros familiares.
Los nuestros no están, partieron de este mundo, pero cuidan de nosotros. Como dice Cris se llevaron un trocito de nosotros que descansa junto a ellos. Mi recuerdo hoy para los míos, que obvio mencionar y también para los que se fueron este año, en especial para Goyo, Eva y Carmen, todos de forma anticipada, todos llevándose parte de nosotros.
Hoy en medio de la resaca de Halloween para muchos, me quedo con mi tradición.