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lunes, 13 de febrero de 2017

El cielo es azul, la tierra blanca. Una historia de amor.

"Estaba pensando en el maestro. Él nunca se había quejado de su edad. Quizás no lo hacía porque los ancianos se tomaban el tema mucho más en serio, o tal vez porque no le gustaba quejarse. ¡El maestro estaba tan lejos de la calle donde me encontraba! Cuando fui consciente de la distancia que había entre los dos, sentí un profundo dolor. No nos separaba la edad, ni tampoco el espacio, pero entre el maestro y yo había una distancia insalvable."
                                 Hiromi Kawakami, El cielo es azul, la tierra blanca.

No me puedo creer que no se vea el título
De nuevo por aquí, siguiendo una iniciativa del grupo TARRO-LIBROS, la primera de este año 2017, porque se trata de sumar, sobre todo, si sumar implica colaborar en la tarea de divulgación y animación de la lectura, que en ello estamos. Esta vez para celebrar San Valentín y mira que no soy yo nada de este día, pero como cualquier excusa es buena para leer y compartir lecturas pues vamos a celebrar. Carmen nos proponía esta vez  recomendar un libro que nos haya llegado al corazón por uno u otro motivo: por la dureza de su historia, por la ternura, por la cercanía de sus personajes, por el desgarro y la tragedia, por la reconciliación con la humanidad que sus páginas nos brindaron,... Cada uno habrá de buscar esa lectura que le removió, le conmovió y/o le emocionó, que le impresionó, enterneció, le inquietó o quizá le turbó. Yo he hecho dos relecturas, pero como bien dice ella sólo voy a recomendar uno: "El cielo es azul, la tierra blanca" de Hiromi Kawakami.


Datos del libro:
Nº de páginas: 216 págs. 
Encuadernación: Tapa blanda 
Editorial: EL ACANTILADO 
Lengua: CASTELLANO 
ISBN: 9788492649143

Sinopsis: Tsukiko tiene 38 años y lleva una vida solitaria. Considera que no está dotada para el amor. Hasta que un día encuentra en una taberna a su viejo maestro de japonés. Entre ambos se establece un pacto tácito para compartir la soledad. Escogen la misma comida, buscan la compañía del otro y les cuesta separarse, aunque a veces intenten escapar el uno del otro: el maestro, en el recuerdo de la mujer que un día lo abandonó; Tsukiko, en un antiguo compañero de clase. Con una prosa sensual y despojada, Kawakami nos cuenta una historia de amor muy especial: el acercamiento sutil de dos amantes, con toda su íntima belleza, ternura y profundidad. Todo un descubrimiento literario.
Compartir la soledad también es una forma de amar. Dos personas corrientes, como tú y como yo, cargando con sus mochilas personales. La del maestro, su matrimonio roto que puede simbolizar el maletín que no apea; la de Tsukiko, su particular relación con el mundo, con su familia, con la bebida, en una aparente incapacidad para establecer lazos de unión con el mundo que le ha tocado vivir... Dos personas, maestro y alumna, que se encuentran en una taberna muchos años después de haber abandonado la condición que los une y que, sin embargo, les acompañará durante todo el relato, hasta el punto de que Tsukiko no deja de llamar a su amante "maestro" en ningún momento ni siquiera cuando le dice que se ha enamorado de él.
"Todo quedaba muy lejos. El maestro, Takashi Kojima y la luna estaban muy lejos de mí. A través de la ventanilla contemplaba el paisaje en silencio. El taxi cruzaba como un rayo la ciudad desierta. "Maestro", dije en voz alta. El ruido del motor ahogó  mi voz. Durante el recorrido vi varios cerezos. Algunos eran jóvenes, otros ya tenían unos cuantos años. Pero todos estaban florecidos. "Maestro" dije por segunda vez. Mi voz no llegó a ninguna parte. El taxi me llevaba por calles oscuras."
Una relación que empieza siendo de admiración, de reprobación, de compañía mutua y termina convirtiéndose en una historia de amor, tierna y apasionada a pesar de la diferencia de edad existente entre ellos. Una historia en la que ambos están llenos de dudas. Un libro que te acerca a la realidad japonesa y llena de interrogantes sobre las relaciones sociales en este país tan atractivo como lejano. El Japón actual que combina tradición y modernidad. La novela te hace plantearte como es realmente la posición de las mujeres jóvenes, la relación entre padres e hijos, qué pasa con los matrimonios fracasados, etc. Tsukiko, la protagonista que pone voz a la narración, nos va mostrando como va, poco a poco, enamorándose de su antiguo profesor de japonés aún desconociendo realmente los sentimientos del maestro. Y mientras tanto el mundo discurre lentamente afuera de ellos dos.
"-¿Ah, sí? Qué bien- observé sin el menor interés. Me pregunté por qué, cuando hablaba con el maestro estaba tan irritable y me disgustaba con tanta facilidad, hasta el punto de tener ganas de llorar. Nunca me he considerado una persona sensible."
Un texto realmente bello lleno de poesía, de silencios, de referencias a la naturaleza, de momentos de intimidad, repleto de todos aquellos hilos con los que se teje la urdimbre de una auténtica historia de amor.

sábado, 28 de enero de 2017

Acerca de Patria de Fernando Aramburu

"Abandonar la patria nos permite descubrir cómo esta palabra depende de quien la administra, o de quien nos impone su idea de ella. Las patrias, las naciones, son términos absolutamente vacíos, o repletos de retumbes estruendosos y atontadores, a los que pretenden dar contenido, muchas veces, quienes nos utilizan y nos engañan, aprovechándose de las ignorancias con que, por el abandono de la escuela, de los institutos y universidades, se nos ha alimentado."
Emilio Lledó, "Los libros y la libertad"


Editorial: TUSQUETS
Año de edición: 2016
Género: Narrativa
ISBN: 9788490663196

Sinopsis: El día en que ETA anuncia el abandono de las armas, Bittori se dirige al cementerio para contarle a la tumba de su marido el Txato, asesinado por los terroristas, que ha decidido volver a la casa donde vivieron. ¿Podrá convivir con quienes la acosaron antes y después del atentado que trastocó su vida y la de su familia? ¿Podrá saber quién fue el encapuchado que un día lluvioso mató a su marido, cuando volvía de su empresa de transportes? Por más que llegue a escondidas, la presencia de Bittori alterará la falsa tranquilidad del pueblo, sobre todo de su vecina Miren, amiga íntima en otro tiempo, y madre de Joxe Mari, un terrorista encarcelado y sospechoso de los peores temores de Bittori. ¿Qué pasó entre esas dos mujeres? ¿Qué ha envenenado la vida de sus hijos y sus maridos tan unidos en el pasado? Con sus desgarros disimulados y sus convicciones inquebrantables, con sus heridas y sus valentías, la historia incandescente de sus vidas antes y después del cráter que fue la muerte del Txato, nos habla de la imposibilidad de olvidar y de la necesidad de perdón en una comunidad rota por el fanatismo político.

Si tuviera que definir esta obra en una sola frase lo haría con la siguiente: Patria es una historia de perdón y de búsqueda de la verdad. Patria también es una historia de madres, de madres posesivas, obsesivas, asfixiantes. Madres que no dan vía libre a la felicidad de unos hijos que nunca aciertan. Ni Miren ni Bittori quieren matrimonios desiguales, ni la cárcel, ni la enfermedad para sus hijos. Madres decepcionadas, sobre todo, con sus hijas que son totalmente ajenas a ellas. Unas madres egoístas, que pretenden hacer prevalecer su opinión y al mismo tiempo madres entregadas, cansadas, extenuadas, donde nada sale como esperan/desean/anhelan.
Es la historia de dos amigas con trayectorias de inicio parecido y llegadas totalmente distintas, pero las dos marcadas errores de otros. Amigas hasta tal punto que Bittori es capaz de empatizar con la postura de Miren como madre:
"Yo con pena por el hijo de mi mejor amiga, que había dejado el trabajo, el equipo de balonmano y la novia o la medio novia, para entrar de pistolero en una organización dedicada al asesinato en serie." "¿Y Miren?...Comprendo su transformación, aunque no la apruebo...De repente era otra persona. En una palabra, había tomado partido por su hijo. No tengo la menor duda de que se fanatizó por instinto materno". "La verdad, no creo que ellos educaran a sus hijos en el odio. Los amigos, la cuadrilla, las malas compañías, le metieron al sinvergüenza el veneno de la doctrina que lo llevó a destrozarles la vida vete tú a saber a cuántas familias. Y aún se creerá un héroe."
Es una historia de hijos. Los de Miren que dice sin pudor "Somos víctimas del Estado y ahora somos víctimas de las víctimas. Nos dan por todas partes." Arantxa, la sensatez, castigada por la enfermedad y que se presenta como el real y auténtico canal para la reconciliación. Una mujer íntegra que no duda en afirmar que lo mejor para todos sería que a su hermano lo pillaran  las fuerzas de seguridad.
"Esto último sería lo mejor para todos: para sus víctimas potenciales, que salvarían el pellejo; para sus parientes porque sabríamos que donde lo van a encerrar no causará daño ni correrá peligro, y para él mismo, que pasó conocerá la soledad que ayuda a los hombres a volverse serenos y reflexivos."
Joxe Mari, etarra y preso: "Te preguntas: ¿ha merecido la pena? Y por toda respuesta uno se encuentre con el silencio de estas paredes, la cara cada vez más vieja en el espejo, la ventana con su cacho de cielo que te recuerda que hay vida y pájaros y colores ahí fuera, para otros."
Y Gorka, el pequeño, poeta en euskera, al que la cultura salva de seguir idéntico camino que su hermano y al que las circunstancias y conocer a Ramuntxo le sustraen para siempre de la órbita radical.
"Le pidió/prohibió que escribiera una sola letra para Egin - No te quemes. Tú hazme caso a mi."
Los de Bittori. Xavier, médico, agotando la cuarentena y que se niega a ser feliz en cualquiera de las manifestaciones de felicidad que se le presentan:
"Peló con facilidad la primera castaña. Muy buena. en su punto, ni dura ni quemada. Y el calor placentero que se extendió por dentro de su boca adensaba el vaho de su respiración. La segunda castaña, también muy buena. Demasiado buena. Se puso en pie. Volcó el cucurucho casi lleno en una papelera, de modo que las castañas fueron cayendo una a una..."
Nerea marcada por el destino:
"Yo me he dado cuenta de una cosa. Nos esforzamos por darle un sentido, una forma, un orden a la vida, y al final la vida hace con una lo que le da la gana" y que se niega a seguir viendo una víctima reflejada en el espejo: "Y no sé vosotros, pero me gustaría que llegase para mí el día en que al mirarme en el espejo vea no sólo la cara de una persona reducida a ser una víctima."
Todos ellos en búsqueda de sacarse de encima lo que su patria les ha tirado a la cara.
Es la historia de una tierra la vasca en la que "la verdad murió hace mucho tiempo". Es la historia de una sociedad, la nuestra, con los mismos problemas que vivía la España de la época, pero invadida por el dolor y el miedo, de generaciones envueltas en un amasijo de sentimientos y emociones, de nudos imposibles de deshacer y de vidas rotas en trocitos tan pequeños cuya recomposición es difícil, muy difícil. Una historia de familias rotas por la violencia y la sinrazón donde los padres, Txato, íntegro y emprendedor, y Joxian, cobarde y medroso, son meros testigos del universo que les va envolviendo hasta convertirlos a todos en víctimas.
Miren y Joxian: "- ¿Tú qué sabes lo que siente una madre?
                            - Y lo que siente un padre ¿qué?"
Un universo de odio en el que como en una tela de araña todo está conectado. Un laberinto del que sólo el poder sanador del perdón podrá sacarlos. La historia de una sociedad rota por un concepto de patria que contamina todo. Dos partes de esa sociedad destinadas a encontrarse y a reconstruir juntas lo que quieren que sea el País Vasco del futuro.
Y es que sin entrar en valoraciones políticas ni de otro tipo, dice Fernando Aramburu en una entrevista concedida a El Periódico que no ha escrito Patria para juzgar a nadie, las víctimas y los verdugos están destinados a caminar juntos. Y por qué digo esto, porque de la lectura de Patria se deduce que no son sólo las manos ejecutoras las que han sido verdugos, como tampoco son sólo las familias de los asesinados por ETA las que han sido víctimas.Verdugos fueron cada uno de los vecinos que le volvieron la espalda primero a Txato y una vez muerto, hacen a Bittori y su familia, una de las protagonistas de la novela, imposible vivir en su pueblo. Verdugo es Miren la otra protagonista y otrora su mejor amiga. Y víctimas han sido también todos, unos y otros. Esta es una de las conclusiones que se sacan de la lectura de este libro que, en mi humilde opinión, está destinado a ser un referente en la comprensión del llamado "conflicto vasco" (aunque yo sinceramente no sé muy bien como llamarlo, pues creo desde el corazón que fue una auténtica guerra civil, con dos bandos muy poco equilibrados, donde uno golpeaba a traición para hacer el mayor daño posible y el otro se defendía como podía).
ETA no deja a nadie indiferente, o por lo menos a nadie de los que de alguna u otra forma hemos vivido/sufrido/conocido la segunda mitad del siglo XX. Y así cada uno va a leer un libro diferente y va a identificarse con uno u otro personaje y todas las opiniones y puntos de vista (o casi todos) serán perfectamente válidos. En mi humilde opinión Aramburu hace un tratamiento exquisito y, lo más importante, con una mirada objetiva del tema. Escribe una novela llamada a ser lectura obligada para cualquiera que quiera acercarse a estos años oscuros/sucios/sangrientos que vivimos unos como espectadores, otros en el centro de las dianas y los últimos como ejecutores.


Dice Arantxa a Gorka "Tú lee todo lo que puedas. Reúne cultura. Cuanta  más mejor. Para que no te caigas al agujero en el que están cayendo muchos en este país."
Aramburu escribe una novela redonda que recoge la esencia de las obras anteriores: la colección de cuentos Los peces de la amargura publicada en 2006 y la obra considerablemente más breve de Los años lentos del 2012. La utilización que hace del narrador que pone distancia o cercanía a lo narrado según le interese, un lenguaje claro y directo salpicado de palabras en euskera recogidas en un pequeño glosario al final del libro, la evolución de los personajes, la historia de dos familias normales y corrientes arrastradas por un río que no les deja tomar resuello y lo más importante, una clara toma de partido por las víctimas en un conflicto en el que realmente hay más víctimas de las que parece.



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jueves, 12 de enero de 2017

Todas las patrias.

Cuartel de la Guardia Civil en Pumarín (Oviedo)
Empecé Patria de Fernando Aramburu hace tres noches y creo humildemente que es de esos libros que deben de formar parte de la biblioteca personal de todo aquel que quiera entender la historia de una parte importante del siglo XX de este país. Un país marcado por el terrorismo de ETA. Una sociedad rota por la sinrazón con episodios que no olvidaremos nunca. Me lo recomendó Gemma Torres, gracias Gemma por tantas cosas, por tantos libros. Cada lector escribe la historia que lee, cada lector lee un libro distinto por eso creo que es bueno que os cuente aquí cuál es la mochila que llevo a la hora de encarar esta lectura y con ello queda todo dicho. Escribiré de Patria, pero en días sucesivos cuando su lectura vaya posando en mi memoria y las familias de Bittori y Miren pasen a formar parte de mi colección de personajes, personajes tan reales como lo fueron el frío y el miedo, el terror y el dolor a los que todos fuimos sometidos.


Viví treinta años en Pumarín. Aún hoy cuando pienso en mi barrio pienso en Pumarín. Mi casa (que es y será la casa de mis padres por tantas cosas), mi colegio y mi parroquia, mis recuerdos y mi infancia. Todo está depositado en Pumarín, hasta mi trabajo le debo a este barrio. Allí crecimos a la sombra del Cuartel de la Guardia Civil, situado en medio de la avenida que da nombre a la zona donde antes que otra cosa hubo una pomarada. Cada mañana iba y venía del colegio por las calles paralelas a esta avenida principal, desde las que también se veía el cuartel. Un edificio enorme que ocupaba practicamente toda una manzana. Desde afuera parecía compacto. Una vez dentro, tras pasar una especie de portal, llegabas a algo parecido a un patio andaluz, con ventanas pequeñas y techos altos en los pisos, hogares humildes de los guardias y sus familias. En el centro jugaban los niños, aparcaban los coches, entraba y salía gente. Pasaba la vida de una España que despertaba a una nueva época. Se accedía a él por unas puertas de madera grandes sobre las que estaba izada permanentemente una bandera de España. He pensado estos días que aquellas puertas eran como de cartón piedra, enormes pero terriblemente frágiles. Un solo soplido del lobo del cuento hubiera bastado para echarlas abajo. Una mierda de puertas que sólo ponían en evidencia la vulnerabilidad de aquella casa cuartel en la que vivían tantas de mis compañeras, incluida la que fuera mi mejor amiga, Elena Bermúdez, a la que no he vuelto a ver nunca desde que a su padre le trasladaron deduzco a un destino más cerca de su tierra. Todos aquellos guardias (o la mayoría) eran extremeños, castellanos, andaluces. Estaban fuera de su tierra, de su patria.
Viví en Pumarín durante treinta años.

Mi abuelo Arturo era vasco. Cuando murió en su esquela pusieron el nombre con el que todo el mundo le conocía:

 Arturo García Beascoechea, 
Pepe el Vasco.

Eso traía su esquela.
Era un vasco muy vasco. Alto y de cabeza cuadrada, ojos azules limpios los que heredaron todos sus nietos menos yo y que hubieran heredado también mis hijos, manos y orejas grandes, muy grandes. Si hubiera traído chapela, ésta descansaría sobre sus orejas. No la usaba. Mi abuelo Ludivino, en cambio, sí traía boina. Arturo era vasco también de carácter, un poco reservón y cabezota. Buen padre, de tres hijos, a los que educó en el respeto a sus mayores aunque luego ellos, como todos los hijos, hicieran un poco lo que les daba la gana. La mayor, mi madre, el hijo pequeño, a destiempo, no por ello menos querido. Amigo de la buena mesa, buen cocinero y familiar. Familiar, pero no de la misma forma que lo era la abuela. El era leal y valiente, de fiar y comprometido con los suyos, fueran propios o ajenos. Mi abuelo daba pasos adelante cuando la vida se ponía cuesta arriba y los daba también para otros si estos le necesitaban. Nunca le escuché una mala palabra, ni una voz más alta que otra, si acaso cuando se enfadaba nos dejaba de hablar. Salió de su tierra, dejó su patria y llegó a Asturias siguiendo las vías del tren, digo bien porque mi bisabuelo era ferroviario y de la noche a la mañana a Luis y María desde un pueblo de Bizcaia llamado Zalla cuando eran Vizcaya y Zaya, allá por los años veinte del siglo pasado, los plantaron en Oviedo. A ellos y a sus dos hijos, Luis y Arturo, cuyos cuerpos de niños haciéndose mayores ya prometían a los ojos de las vecinas del barrio donde se instalaron la planta que iban a tener, pero esa es otra historia y si sigo por ahí esto va a fluir a borbotones sin fin.
Soy 1/4 vasca y viví en Pumarín durante treinta años.

Mi padre es policía nacional y digo "es" y no era, porque ser policía imprime carácter. No se es ni mejor ni peor por tener esta profesión (profesión que, por otro lado, mi padre nunca ejerció) y no otra, se es y punto. Recuerdo que cuando yo era adolescente una amiga mía decía que "en una película tu padre sería el personaje al que le han dado el papel equivocado". Funcionario escribíamos siempre en las matrículas del cole y más tarde de la Universidad. Y es verdad, podría haber sido cualquier cosa que se propusiera, pero es policía. Aunque tuvo la suerte de salir a estudiar fuera (se hizo capataz agrónomo en Valladolid) el futuro que le esperaba en Quirós era más de pobreza que de otra cosa y despues de probar suerte en la mina y de comprobar lo complicado que era cobrar el jornal tras arriesgar la vida en un agujero, se presentó a las oposiciones en un tiempo en que los policías eran los grises. Salió de su tierra, dejó su patria y llegó a Oviedo. Gracias a una mujer poco ambiciosa pero bastante sensata que le dijo que no estaba dispuesta a andar de plaza en plaza con la casa y los chiquillos a cuestas, mi padre no hizo carrera en el cuerpo. Su valía personal y profesional lo llevo a la armería del cuartel, protegido de las calles. Llevó muchos bocadillos al calabozo cuando la droga y la delincuencia eran un problema del barrio e implicaban a hijos de conocidos. No he escuchado nunca a nadie hablar mal de él. También es reservón, pero de la manera que lo son los quirosanos que es bastante peor que la forma en que lo son los vascos.
Soy hija de policía, 1/4 vasca y viví en Pumarín durante treinta años.

La historia en su mayor parte está escrita por hombres y mujeres fuera de su patria. En octubre de 2011 ETA anuncia que deja de matar, tiene tras de sí un reguero de sangre y muerte. En mi piso está Benjamín, un chico francés con una beca de la Facultad de Química que vive con nosotras tres meses. También está fuera de su patria. Cuando llega a casa, abrimos una botella de vino. Brindamos por la paz, por la paz en el País Vasco y en España. Brindamos por el futuro, porque se restañen las heridas. Mi abuela morirá mes y medio despues y estoy segura de que lo primero que le dijo a mi abuelo con el que tuvo un matrimonio de cincuenta y cinco años fue que, por fin, los vascos tenían paz.


http://bealadelola.blogspot.com.es/2017/01/acerca-de-patria-de-fernando-aramburu.html







miércoles, 11 de enero de 2017

Un árbol nunca es solamente un árbol


Un escritor tampoco es nunca solamente un escritor, ni un periodista solo un periodista, ni un lector solo un lector pero, sobre todo, un libro no es nunca solamente un libro porque "cada libro escrito, cada libro leído es una puerta a la libertad y a la felicidad", porque "un libro tiene alas para llevarte a encontrarte a ti mismo", porque "un libro no existe hasta que un lector lo lee y se lo apropia", porque "sucede muchas veces que la literatura sale de los márgenes del libro y cobra vida".

Casi seiscientas personas nos reunimos el sábado 2 de abril en el Niemeyer de Avilés en torno a la escritora colombiana Laura Restrepo, convocados por el Grupo de trabajo de animación a la lectura de la red de Bibliotecas de Asturias. Celebrábamos  el sexto encuentro de Clubes de Lectura, el sexto, yo he acudido ya a tres, tres clases magistrales sobre el proceso creativo y la experiencia del autor pero, sobre todo, tres soberbias clases de vida.
Una mujer, menuda y morena, vestida con chaleco ocupó el sitio reservado para ella. Me llamó la atención la prenda que vestía, quizás temía la humedad del Cantábrico, porque viviendo en Pirineos como ella misma confesó, al frío no creo que le tenga miedo, a mí me trasladó a sus tiempos de periodista intrépida detrás de la noticia o de la historia que contar en cualquier punto de la selva de Sudamérica o a sus conversaciones como interlocutora con la guerrilla. Un chaleco con los bolsillos llenos de ideas y propuestas, palabras y reportajes, auténticas armas para el entendimiento. Una mujer latina que llenó de luz el escenario y de calor el gélido ambiente de la sala (gracias a un aire acondicionado especialmente fuerte), envolviéndonos con su dulce acento y su acertado verbo. Acertado y acerado cuando en el tramo final del diálogo tocó hablar de política en general, "la política siempre ha sido una pasión, pero ahora no milito en nada porque tampoco sabría muy bien dónde. Hoy me llaman más la atención los interrogantes que los credos. Ahora mi compromiso está junto a Médicos Sin Fronteras" y de política internacional y, como no, de ridículos y ridiculizados candidatos republicanos de la nación que vende por excelencia a sus hermanos del sur el finiquitado sueño americano que recrea "Hot Sur", la historia sobre el final del sueño y es que "una nación es una gran nación cuando cumple el sueño de mucha gente". Habló Laura de países que sueñan en inglés enterrando su propia idiosincrasia, sacrificando su carácter en pos de lo que ofrece el gran hermano del norte. Y es en "Hot Sur", el texto propuesto para la lectura de todos los clubes, donde María Paz, la protagonista encarcelada acusada del asesinato de su esposo, policía y blanco, tiene la oportunidad de convertirse en persona a raíz de su participación en un taller de escritura. Y es la escritura, podía haber sido la lectura, la tabla de salvación de la protagonista que se embarca en el proceso de humanización y afianzamiento que implica leer y escribir, lectura y escritura auténticos instrumentos sanadores.
"Un libro cambia una vida, una biblioteca cambia una ciudad" Laura Restrepo
Empezó fuerte la autora recordando a Andersen y a la Sirenita y haciendo un guiño cariñoso a Corín Tellado, escritora asturiana, trabajadora incansable, que abrió las puertas a un tema que estaba en la trastienda, la intimidad femenina y que gustando más o menos su ingente producción literaria está ahí como herencia. Y a partir de la figura de Corín, Laura se vino arriba y puso en el punto de mira el papel de la mujer escritora que tiene la obligación diaria de empujar un poquito más allá el concepto tan manido, la frontera, de la llamada literatura femenina para decir, parafraseando a Margarite Yourcenar que "la buena literatura está por encima del género. En buena medida, incluso por encima del género humano".
No se entretuvo en su introducción, que aunque breve dejó grandes titulares, deseosa del diálogo con los lectores que se presumía interesante y ágil como así fue, sintiéndonos en casa a pesar de lo grande del recinto pues "sucede con mucha frecuencia que cuando empiezas a hablar con un lector, al momento de conversar es como si fuerais amigos de toda la vida". Y son esos lectores los que atrevidos le piden finales justos que no felices, porque la vida real precisamente casi nunca nos ofrece ese final soñado. 
 
Laura Restrepo firma ejemplares de su obra (foto de Aurora Matilla)
Y los lectores preguntaron y lo hicieron sobre periodismo "el derecho a andar preguntando es un derecho del periodista"; sobre los límites entre periodismo y literatura "las fronteras son impuestas y son falsas, no hay barreras como tampoco las hay entre realidad y ficción"; sobre la relación de la autora con sus personajes: "sólo en la medida en que el autor vive sus personajes, el lector vive sus personajes, la historia es tu propia historia"; sobre literatura oral y tradicional: "hay que aprovechar la oportunidad de hablar porque es la forma de saber por qué la gente hace lo que hace, siempre hay un motivo real detrás de un motivo aparente. La imaginación tiene sus límites. La experiencia del alma humana te permite ver más allá y eso te lo da la conversación con las personas"; sobre la ventaja de tener un océano de 500 millones de hispanohablantes potenciales lectores y la necesidad de remontar una serie de barreras lingüísticas, en este punto Laura Restrepo se pregunta porque nuestro personajes no tienen alcance universal.
Pero a mi personalmente me llegó cuando a partir de una pregunta sobre "Multitud errante" hizo una llamada a la reflexión del tema de los refugiados. "Somos multitud errante" afirmó rotunda. Gente que viene huyendo de la guerra y del hambre, buscando un futuro, detrás de los desplazados hay una crisis enorme, pero también hay una multitud de gente portadora de cultura, la suya propia, que trae consigo. Muchos de los protagonistas de los mitos son precisamente portadores porque "¿Quién es sino Eneas más que un desplazado?" "Somos multitud errante y no podemos cerrar la puerta a quien la golpea". La humanidad es predominantemente nómada, es el mismo devenir de la historia y en ese intercambio es donde el hombre se enriquece y se hace grande: el desplazado, el inmigrante, el refugiado es portador de futuro y portador de cultura. "Un lugar donde cese la violencia, donde encuentren acogida, un lugar donde haya abrazo es lo que tenemos que ofrecerles" (Me quitó el sombrero). "Gracias Laura, sobre todo, por escribir" dijo un lector al ir acabando, "gracias Laura, sobre todo, por poner en palabras lo que tantos pensamos" añado yo, de verdad, GRACIAS.

Inmejorable el trabajo de los bibliotecarios, ni una objeción: animosos, constantes, incansables... ¿Qué haría esta gente con presupuesto y apoyo? El reconocimiento y el cariño lo tenéis, el nuestro, el de los lectores y el de los autores que, año tras año, se sorprenden con la capacidad de convocatoria y organización. Y es que aunque el autor que viene lo hace promocionando una obra (en este caso "Pecados") se encuentra una multitud de lectores que, con los deberes hechos, han leído todo: "La novia oscura", "Multitud errante", "Hot Sur", "La isla de la pasión", "Dulce compañía", "Delirio", "Leopardo al sol" ... Y solo puede emocionarse el también con esta labor.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Mujeres.

Mujeres
Ayer Gemma Torres, amiga y escritora, contaba en un post el auténtico placer que supone un paseo por la orilla del, en su caso, mar Cantábrico, un auténtico regalo de la vida, decía. Por la tarde, en el taller literario al que asisto, Flor apuntó lo sanadora que es la terapia de amigas. Mujeres, hoy cinco, de distintas edades.  Aprendices de todo y maestras de nada. Inquietas y trabajadoras, independientes y en constante búsqueda, con gustos y sensibilidades también diferentes, críticas e inconformistas, exigentes. Cada una cargando con su mochila y dejándola, por un par de horas cada dos semanas, a la puerta del Bosque de la Maga Colibrí que las acoge en Gijón. Mujeres que se reúnen para charlar y escribir, leer y reír, llorar y algún vez merendar. Mujeres que celebran la vida y que con una sonrisa enderezan lo torcido, enfrentan las dificultades, arreglan el mundo, el propio y el común. Comparten vida y vivencias, tiempo y espacio, sueños y logros. 
Y así a lo tonto, mirando la foto se me ocurre escribirles algo a cada una en mi Carta a los Magos.
Para Laura que nos convocó y se encargó de tejer el vínculo entre nosotras, muchas cubiertas, muchos títulos, muchas presentaciones rodeada de mujeres, las suyas y las nuestras; un cielo azul para cuando aterrice el avión de Sergio y tener a todos los suyos alrededor de su mesa, seguir creando personajes e historias, enganchándonos y formando parte de nuestras vidas.
Para Teresa un tablao flamenco en el que expresar su arte y su fuerza. Un escenario en el que derrochar talento y glamour. Un marido cómplice no, porque ya lo tiene. Muchas mesas con Laura, presentando a Laura, haciendo de moderadora, expresando su opinión. Teresa es la mujer que muchas quisiéramos ser. Teresa es Teresa.
Para Yoli le pido "que deje de exponer su vida" Noooo, ¡qué es broma! Le pido muchos viajes sola y otros tantos acompañada. Volver a Santorini otra vez, dicen que a la tercera va la vencida, a ver si encuentra la frase para empezar la novela que lleva dentro y que no se decide a escribir. Yoli, qué estamos esperando y la presentaremos en un lugar de esos que te gustan tanto mágico, sobrenatural y con fantasmas, ¿qué tal un cementerio?
Y para Flor, ¿qué pedir para Flor? En lugar de para ella pediría para mí. Poder seguir intercambiando textos y palabras, títulos y reflexiones unas veces escritas y otra como pensamientos expresados en voz alta, pero sí, voy a pedirle algo. Le desearía calma a la hora de escribir la historia de su abuela y serenidad para dejarla levar anclas y partir a surcar los mares infinitos de los que disfrutará más allá de Mieres. Cuando te falte, no te gastes en lágrimas, regálale palabras. En tus palabras está que no te deje nunca. Ah, y una dosis extra de paciencia para tratar a padres y alumnos.
Mi Mary no está en la foto, ¡qué se te case pronto la neña! Te queremos Chuli, pero también queremos verte. A Mary le pido libertad para expresar lo que quiere en voz alta, para aprender a decir noes rotundos, (nunca es tarde para hacerlo). Le deseo muchas montañas y muchas playas asturianas, muchos amaneceres y atardeceres asturianos, que deje atrás algunas experiencias y que se llene de vivencias nuevas.
Para cada una de nosotras 365 sonrisas, de esas que tan bien nos quedan, con las que afrontar 365 días nublados, lluviosos, soleados o llenos de sin sentidos que también los habrá en 2017 y que seamos capaces de transformar nuestras rutinas en algo excepcional y único.
¿Para mi? respirar hondo y aprender a vivir, replantearme lo que hago y si lo quiero hacer así, aprender a tener calma y a no exigir a los demás lo que yo doy, porque cada uno tiene su tiempo y su medida justa, practicar más la sonrisa por las mañana que es cuando más me cuesta. 
El sábado un montañero que encontré casualmente me decía ante mi impaciencia que disfrutará del balcón que teníamos. Teníamos tiempo, balcón, montañas y sol. Tengo que mirármelo porque esta vida única que tenemos (lo que venga está por ver) he de disfrutarla más, admirarla más, soñarla más, que luego me obceco y no veo más que oscuridad alrededor incluso teniendo luz al fondo de la barra.

Alba, el balcón sobre el Valle de Quirós. Sol de otoño.

martes, 23 de agosto de 2016

A 11000 metros de altura.

El año pasado, un día como hoy, era domingo y el cielo era otoñal. Una paleta de grises que cuál cúpula renacentista protegía el verde de mis montañas. Es lo que tiene Asturias en esta época en la que los cielos azules son premios que nos tocan en la tómbola de la vida. Son cielos más bonitos aún, si cabe, por lo que suponen de regalos inesperados. Lo normal son los cielos grises preludio del otoño que, a buen seguro, nos espera a partir del 1 de setiembre.
Hoy es martes y el cielo es azul rabioso de un verano que se resiste, al menos en esta parte del mundo, a irse. Un verano intenso y divertido. Sin embargo, hoy he visto, esta vez desde el cielo, el mismo puzzle infinito que el año pasado. Estaba formado por teselas ocres y amarillas, verdes y marrones. Redondas, cuadradas y alargadas. Pedazos de vida que forman las tierras de labor que he sobrevolado. Vida fatigosa de trabajadores que incansables desafían al tiempo y las penurias. Me he acordado de "La España vacía" de Sergio del Molino (que, por cierto, me acompaña en este viaje). Esa España de interior, vacía, rural y abandonada que tanto amamos unos y niegan otros. Ese paisaje hostil o acogedor, según lo mires, que hoy he observado desde el cielo a once mil metros de altura y que me ha hecho sentirme pequeñita, minúscula incluso diría yo. 
Luego, para evitar que la reflexión se me fuera de las manos, he pensado en cómo coño puede un aparato de metal de ese tamaño sostenerse en el aire desafiando la ley de la gravedad y he sonreído para mi misma por lo absurdamente tonta e ignorante que puedo llegar a ser.
He visto los Pirineos como un escenario de cartón piedra con sus cimas de nieves perpetuas. Ríos y carreteras, viaductos y pueblos, reflejos brillantes de tejados y azules de piscinas que aguardan los últimos juegos infantiles por este año, cuadrículas de ciudades trazadas con tiralíneas.
Ciertamente cambian mucho las cosas desde donde las miras, pero la vida es un puzzle estés arriba o abajo, en el que faltan o sobran piezas y además muchas veces las que hay no encajan. Pienso en la suerte que he tenido encontrándote, lo bueno de haberte conocido y lo malo de haberlo hecho a destiempo. Florencia me recibe con ese azul estival y una luz que hiere los sentidos. Me quedan ocho días para disfrutar de la Toscana. Un tiempo en el que tampoco encontraré respuestas porque ya sé que quizás lo que no hay son preguntas. Una semana para que sea de nuevo setiembre quien te devuelva una vez más a mi vida, aunque esta vez sea para decirme adiós.





lunes, 18 de abril de 2016

En abril, libros mil

"El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo "amar"..., el verbo "soñar"...
                               Como una novela (Daniel Pennac)




Una vez más me sumo a la iniciativa del grupo TARRO-LIBROS, porque en esta vida lo importante es sumar que no restar y mas si sumar implica colaborar en la tarea de divulgación y animación de la lectura, que en ello estamos. Esta vez para celebrar el día del libro el próximo 23 de abril. Y que mejor que celebrar este día leyendo, aunque en mi opinión todos los días sean buenos para hacerlo y vaya si he leído para prepararme esta entrada. Reitero mi admiración por Carmen Forján del blog "Carmen y amigos" que transmite entusiasmo y se lo curra, se lo curra mucho.
Tras un momento de duda inicial en el que, de repente, me parecía que no tenía en mi biblioteca nada que tuviera de protagonista al libro, descubrí un montón de títulos, sin embargo me apetecía leer algo que no hubiera leído antes, así que me fui a la biblioteca de mi barrio donde recibí un aluvión de información. Volví a casa apesadumbrada, con siete títulos diferentes bajo el brazo, ni una novela y, lo peor, la obligación de decidirme por uno solo. Al final me los leí todos: libros que hablaban de libros y de libertad, de cuentos y del arte de contar, mujeres leyendo plasmadas para la eternidad por maestros de la pintura y este librito que fue mi elección final aunque no trata solo de libros sino de lo que implican los libros, de la misma acción de leer.
Mi recomendación pues es "Como una novela" Daniel Pennac (1944, Casablanca). Es un ensayo que se lee, como su  propio titulo indica como una novela o, mejor, como un cuento. Dividido en cuatro partes: nacimiento del alquimista, hay que leer (el dogma), dar de leer y el cómo se leerá (o los derechos imprescriptibles del lector), Pennac cuenta la historia que podría ser la de cada uno de nosotros como lectores. La iniciación como atentos oyentes de los cuentos que narraban nuestros padres, el descubrimiento de la magia al poder leer nuestras primeras palabras, la pérdida de interés a medida que avanzamos en nuestra habilidad como lectores y, por fin, el reencuentro con la lectura (si es que llega a producirse).



El autor, profesor de instituto, en un monólogo divertido y ágil hace un análisis de por qué los chicos de hoy en día no leen y a partir de esta reflexión comienza la búsqueda de los mecanismos para conseguir la reconciliación de los chavales con la lectura. En un contexto espacio histórico concreto, Francia-1992, circunscribe la acción a un instituto, con adolescentes y padres preocupados, un ávido potencial lector infantil que deja de serlo al abandonar su condición de lector-oyente para empezar a leer por si mismo y al que se pretende recuperar para la causa, sin perder al profesor cuyo protagonismo en esta historia pasa por ayudar en la recuperación del hábito de la lectura. Pennac es crítico con la sociedad y el sistema educativo franceses, con  la forma y el fondo, no sólo se hace mal sino que además las lecturas obligatorias son muchas veces infumables. ¿Quién no odió leer en clase de Literatura "Cien años de soledad" y se enamoró después del mismo título cuando lo leyó de motu proprio?
El autor retrata muchas de las situaciones comunes que todos los lectores hemos vivido alguna vez: enamorarse de un personaje, leer de noche robándonos horas de sueño, comprar un abrigo y fijarse cuán grandes son sus bolsillos por si llegado el caso cabe en ellos el libro que estamos leyendo... Mil y un detalles comunes a muchos de nosotros. A mí hace dos semanas me pasó una cosa muy curiosa, me quedé encerrada en el ascensor de mi casa y después del sofoco inicial solo pensaba en qué lástima no haber llevado un libro encima.
Mención especial, pero eso lo dejo para cuando leáis el libro son los derechos del lector, un decálogo al que ceñirse para hacer la vida al lector más fácil.
Yo he aprendido mucho con este reto. Leyendo "Las mujeres que leen son peligrosas" me he encontrado con el autor del cuadro de la cubierta de "Del color de la leche",  el cuadro se titula "Interior con mujer leyendo una carta, Strandgade 30" (1899, Vilhelm Hammershoi) leído por muchos de los miembros de este grupo. Emilio Lledó me ha dicho que  "El libro es, sobre todo, un recipiente donde reposa el tiempo" en  "Los libros y la libertad". He ratificado la idea de que leer es un acto de amor y así en palabras de Pennac: "El tiempo para leer siempre es tiempo robado. (Al igual que el tiempo para escribir, por otra parte, o el tiempo para amar." "El tiempo para leer al igual que el tiempo para amar, dilata el tiempo de vivir." "La lectura no depende de la organización del tiempo social, es, como el amor, una manera de ser." Buff!
Gracias a Chelo Veiga bibliotecaria de la Biblioteca Sara Solís de Pumarín de Oviedo que me mostró todas estas posibilidades y, claro, gracias también a Carmen Forján por ofrecernos tareas deliciosas que nos llevan a reflexionar sobre el preciado objeto de deseo que es el libro  y, en mi caso, sobre el proceso de nuestra formación como lectores. Preparada para el próximo reto.


“El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta ‘el modo imperativo’. Yo siempre les aconsejé a mis estudiantes que si un libro los aburre lo dejen; que no lo lean porque es famoso, que no lean un libro porque es moderno, que no lean un libro porque es antiguo. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz". Jorge Luis Borges
(Gracias Lorena "Paxaru Verde" por este apunte)








lunes, 28 de marzo de 2016

Todo el mundo necesita un faro.

Un hombre bueno,
las sienes plateadas,
la vida plena.
El hombre noble,
Horizonte cercano,
Luz de mi vida.
 

papá
Del fr. papa, y este del lat. tardío papa; cf. papa1.1. m. coloq. padre (‖ varón que ha engendrado o ejerce de padre).

faro Del lat. pharus, y este del gr. φάρος pháros, de Φάρος Pháros 'Faro', isla cercana al puerto de Alejandría, en la que se construyó el más famoso faro de la Antigüedad.
1. m. Torre alta en las costas, con luz en su parte superior, para que durante la noche sirva de señal a los navegantes.
2. m. Farol con potente reverbero.
4. m. Aquello que da luz en un asunto, lo que sirve de guía a la inteligencia o a la conducta.


Toda persona necesita un faro, más cuando es pequeña. Un faro que se eleve sobre el suelo hacia el cielo y que desde lo alto alumbre el camino por el que transita. Todo niño necesita un referente, alguien que esté dispuesto a cruzar con él en brazos un río caudaloso para salvarlo de la guerra, alguien que le lea un cuento por las noches y le arrope; alguien a quien baste una mirada para aprobar o desaprobar algo, pero que sea capaz de crear en el hijo la confianza para que tome sus propias decisiones y si se equivoca, se levante y siga. Algunos tenemos la suerte de que nuestro faro late con dos corazones. Algunos padres saben tanto que sin serlo son maestros de vida. Yo conozco a alguno.
Con la llegada de la prima Vera llega el cumple de  mi padre, sólo una semana más tarde que el día del padre. Mi padre hace hoy setenta y ocho años. Es de los afortunados que celebran dos veces el cumple, una hoy que fue cuando le parieron y otra el 1 de abril que fue cuando le inscribieron, ya sabéis, cosas de la guerra, de la época y de la orografía complicada de las aldeas asturianas, aunque seguramente de pequeño no tuviera muchas fiestas. Sus mejores logros, sus hijos y lo que más quiere que es sus nietos (unos cracks de 6 años y casi uno), un matrimonio de cuarenta y ocho años y un montón de amigos serían su carta de presentación. Hay personas que por elección deciden vivir y mi padre es uno de esos. Algunos padres: ponen cimientos para sus hijos y construyen escaleras para facilitarnos las cosas, tienden puentes y creen en ellos, más de lo que creen ellos mismos. Cada día debería de rendirle un homenaje, cada día cada uno de nosotros deberíamos rendir un homenaje a quienes son los responsables de que estemos aquí, aunque a veces lo que nos toca vivir no sea lo que más nos guste. Para los que no tenemos hijos el paso del tiempo, que no da tregua, se refleja en nuestros padres, porque yo sigo viendo en el espejo a la universitaria que hace 22 años que dejo las aulas con un título bajo el brazo que nunca sirvió para nada y a la joven a la que ofrecieron un trabajo y hace ya 17 años que sigue dónde la dejó precisamente su padre que fue el que la acompañó su primer día. Pero bueno mi padre tiene en la cabeza un montón de cosas (ninguna es serrín) y un montón de planes y tiene mis manos y las de mi hermano para que cuando le fallen las fuerzas (que le fallarán) sepa que no está solo. Trabajemos un poco la relación con nuestros padres cada día y a vivir. Y los que no tenéis la suerte de tenerlos, igual hoy es un buen día para recordarlos. Mi padre es un padre cercano sin prodigarse especialmente en muestras de cariño, sólo espero que sepa que lo quiero hasta el infinito (como decíamos cuando éramos pequeños).  "Te quiero mucho. Y nunca te lo he dicho. Te quiero y te admiro. Tampoco te lo había dicho nunca, pero admirarte es (ha sido) muy importante para mí " (La isla del padre de Fernando Marías) muchisisismas felicidades papá.

lunes, 25 de agosto de 2014

"Agua dura" de Sergi Bellver (publicado por Ediciones del Viento)


"Porque hago lo que puedo para no necesitarte, para domesticar esto, para hacerme un día dueño y señor de algo a lo que poder dejar de llamar soledad. Para seguir dándole con fuerza a cualquier mesa, vaso en mano y desde mi propia colina, sobre los meandros de un río idiota en el que ya no estás tú."
Sergi Bellver en "Pájaros que llegan a Moscú", Agua Dura

"Lo único que no se elige en esta vida es la familia, por eso la familia es importante en este libro". Con estas palabras o unas semejantes, que querían decir lo mismo, abrió su exposición, fantástica por otro lado, Sergi Bellver el pasado día 19 de agosto a las 19.00 h. en el nuevo espacio de Santa Teresa Librería-Café en Oviedo. A pesar de la fecha, el evento congregó a un público, no muy numeroso, pero exigente y encantado con poder disfrutar de la oportunidad de escuchar a dos escritores de la talla de Ovidio Parades como presentador y promotor del evento y al propio Bellver que está celebrando y compartiendo la publicación de su primera obra, "Agua dura", y que, en su calidad de nómada, promociona y presenta por todos los rincones de la geografía española y, próximamente, de la mundial.
El mundo que es un cúmulo de casualidades y causalidades convierte en único algo tan poco banal como es el regalar a un amigo un libro de relatos, en este caso, "Nómadas" Gracias a este acto mágico y de la mano del texto titulado Islandia, Parades conoció a Bellver y, puestos en contacto ambos, se puso en marcha la maquinaria que une en un mismo espacio y tiempo, bajo un mismo techo, a autores con lectores y viceversa.
Agua dura es un conjunto de relatos, con una lectura árida que no difícil, que te dejan un gusto amargo y te abren una grieta en el alma. Relatos que dibujan una realidad que es la nuestra, la de cada día, la que vivimos. Los cuentos muestran desnuda e impúdica esa doblez de oscuridad que tenemos todos los humanos, esa cara oculta que nos preocupamos por esconder y que intentamos disimular, ese envés que en ocasiones nos sorprende a nosotros mismos. Algunos de ellos conmueven por su brutalidad como "En la boca del otro"; otros tocan temas universales e inagotables como "Los ojos de Sarah" y mi favorito, sin duda, por la frase que abre esta entrada "Pájaros que llegan a Moscú" sobre vidas nuevas lejos de viejos amores, amores que no se pueden arrancar de la piel de uno aunque mudes en otra persona. Toca Bellver muchos palos en los doce relatos de diferente extensión, algunos tan breves como un fogonazo, pero que a pesar de su brevedad te obligan a una segunda lectura: la fatalidad y el destino, la venganza como redención, la identidad del otro y la búsqueda de la propia, el sexo como sinónimo de lo vivo frente a lo muerto, como idea de "estar vivo" frente a "estar muerto". Habla Bellver de la familia y de líneas curvas y rectas, también garabatos, que se producen dentro de ellas. Así hay hermanos que son chico y chica, hermanos que son imagen uno del otro como reflejo en un espejo, hermanos que se reencuentran para llevar a cabo encargos fatales que se comunican por correo certificado y primos hermanos que se tornan de víctimas en verdugos. Y digo yo que es una suerte que la familia nos venga impuesta porque a algunos de los que nos cruzamos cada día por la calle no los elegiría ni dios ni siquiera como parientes lejanos. Con "La muerte de Blackadder" me paso una cosa extraña, cuando leí el cuento por primera vez, tuve la sensación de no saber si lo que estaba leyendo había ocurrido realmente (el texto está escrito como si fuera una noticia en el Berliner Zeitung) pero lo realmente extraño es que me produjo idéntico desasosiego al que ejerce en mí Menéndez Salmón con la llamada "trilogía del mal" y resulta que en la extensa carta de agradecimiento, que cierra esta colección, este cuento está dedicado a este autor asturiano, curioso ¿no?.
Un apunte apenas, para finalizar, respecto al autor. Sergi Bellver me parece todo un descubrimiento no sólo como escritor, sino también como persona. Un tipo íntegro y profesional, coherente con su trabajo y con mucho que decir y por decir. Muy bueno como orador y muy locuaz, aunque más tímido y prudente en persona que en su muro de Facebook en el que tengo el honor de participar. La verdad en que me tiene enganchada con sus anécdotas diarias, pero también con su profundo respeto a la profesión y a sus amigos. Lo mismo te cuenta que ha hecho una paella de 8/10, que en un momento monta un emotivo homenaje al recientemente fallecido Jaume Vallcorba. Bellver es autor, pero sobre todo es persona. Y dice, espontáneamente, que lo que más feliz le ha hecho últimamente es saber que una cita suya abrirá la próxima novela de Ovidio y que el texto Islandia esté siendo traducido al húngaro.
La vida es maravillosa y te regala tardes como las del pasado martes, tardes en las que parece que el verano se torna de repente en otoño, tardes en las que hay sitio para pasar y ver, para pasar y escuchar, para pasar y leer. La posibilidad de compartir un tiempo de buena Literatura con tus amigas de toda la vida y dos grandes es una suerte. Escucharlos en un diálogo ameno e inteligente es un placer. Hacerse oír y tener algo que decir es excepcional. Tuvimos la suerte de juntar todos estos ingredientes en un cocktail de excelencia. Pasamos un fantástico y largo rato hablando de lo divino y de lo humano en torno a los libros que, sin duda, son lo nuestro, son lo suyo. Ahora a esperar la próxima cita que va camino de convertirse en un clásico del otoño asturiano, la presentación en octubre de la nueva novela de Ovidio, "La mujer de al lado" Es el tiempo de pasar de presentador a presentado. ¿Qué decir de Ovidio Parades ya no como autor, delicado e intimista, cuyos textos remueven tantas cosas en nosotros, sus lectores, dejándonos tantas veces sin palabras, sino como transmisor de la inquietud de saber, de conocer, de iniciarse en la lectura, en el cine, en la música? Algún día esta ciudad le dará el lugar y el reconocimiento que se merece como divulgador y promotor de la cultura. Esa es mi esperanza, al menos.
¿Quién dijo que en Oviedo no hay nada?

sábado, 26 de julio de 2014

"Intemperie" de Jesús Carrasco

intemperie: (Del lat. intemperĭes)
1. f. Desigualdad del tiempo.
a la ~.
1. loc. adv. A cielo descubierto, sin techo ni otro reparo alguno.

Un niño sin nombre huye de su casa en algún lugar de la España más rural y pobre. Lo ha planeado. En un agujero, pasando sed y hambre, sufre un sol abrasador. Los mismos hombres que le buscan, mean sobre él en su escondrijo. No puede salir y se hace pis encima. Así, con este desaliento, empieza esta primera novela de Jesús Carrasco, un autor, joven (como casi todos nosotros) y extremeño (como alguno de nosotros). Cuando compré el libro hace ya varios meses, guiada por la cubierta o por el título, en este caso fue el título y un error, lo confundí con una de las recomendaciones de Ovidio Parades, no pude pasar de las primeras páginas. La narración me transmitió una sensación de angustia, la soledad de un chiquillo en un secarral y escondido en un hoyo, huyendo de no sé sabe qué, ni de quién. La llevé conmigo de fin de semana. La empecé. La abandoné. Se quedó encima de la mesita de noche esperando otro momento. Es raro que yo desista de una lectura. Seguramente pensé que cuando llegará el buen tiempo sería más llevadero enfrentar aquel territorio yermo e infinitamente seco que como dice el autor desprende "un olor a tierra quemada y pasto seco", que contrasta tanto con mis montañas asturianas de un verde esperanza. Emocionalmente no las tenía todas conmigo. Hace un par de semanas, la novela hizo el mismo recorrido. Esta vez de vuelta, de mesita de noche a mesita de noche y casualmente quedo encima del montón que tengo pendiente. Me horroriza esa pila de libros que crece sin cesar y que sólo indica que mi tiempo es inversamente proporcional a toda la lectura que me debo.
Dos personas me recordaron esta semana el libro que no había vuelto a abrir. El sábado Feli me preguntó en Quirós que si la había leído, le dije que no, pero que la tenía y que yo se la prestaba, sólo que estaba en Oviedo. Un comentario en un muro de Facebook, me llevó a una reseña y además me aportó una nueva amiga. Gracias a los dos, Feli y Sandra, recordé que tenía que volver sobre él. Lo hice ayer, sabedora de que tenía que continuar y concluirlo. El convencimiento de que se escondía una buena historia empujaba ese desaliento mío inicial. La vida misma, si el libro hubiera estado en Quirós se lo habría dejado a Feli y no lo hubiera leído. Así que llegué a casa por la tarde y lo abrí de nuevo esperanzada.
Hasta aquí mi historia con el libro-objeto. Tengo una con cada libro. Lo bueno es que cada lector establece su propia relación personal tanto con el libro, como con el autor a través de la historia que nos cuenta. La historia puede gustar más o menos, pero lo más importante es que no te dejé indiferente (aunque algunas lo hagan para frustración de ambos: lector y escritor)
Pero vamos a la obra. No hay nada más cruel que la gente ruin y mezquina que sólo quiere someter a otros, que necesita hacerlo para sentirse alguien, que necesita experimentar poder machacando a otro. Si para eso utilizas todas las armas a tu alcance de humillación, esclavitud y maltrato y tu objetivo es el más débil, bien sea niño, bien sea anciano, eres lo peor. Que alguien crezca instalado en el miedo a quien sea, a lo que sea, no es forma de crecer, ni de avanzar. Pero si ese alguien, con cuerpo de niño, con cuerpo de anciano o incluso de animal indefenso, conserva un hilito de rebeldía que lo mantiene en pie y le anima a huir, hay salvación o, al menos, lo vamos a intentar. Hay cosas que pasan, especialmente a los niños que no deberían pasar. Pasan y seguirán pasando. La maldad del hombre que SÍ, es un lobo para el hombre ("homo homini lupus", los que me conocéis y seguís mi muro entenderéis esto) es universal y atemporal, no conoce fronteras, ni espacio, ni tiempo. Algunas veces la propia inocencia te salva, otras es la misma inocencia la que te condena.
Buff, si podéis leer esta "Intemperie" de Carrasco igual no os gusta, pero sin duda no os dejara indiferentes. El niño y el viejo, las cabras y el perro, el burro y la tierra seca, el alguacil y sus cómplices encarnando el rodillo de la maldad humana que pasa aniquilando y barriendo todo. La inocencia y la experiencia, la indefensión y el refugio, la supervivencia y la lealtad. Cada uno de los personajes y, sobre todo, el paisaje llano, árido, enemigo y el sol ardiente, hiriente y abrasador metáforas del tiempo que vivimos en el que hasta los elementos parecen estar en contra nuestra. Se lee fácil, con muchas referencias al campo, recomendable para urbanitas (hay vida más allá del asfalto) frases cortas e impactantes. Todo contribuye a un dibujo perfecto del ambiente asfixiante que rodea al niño y pretende ahogarlo. Es esa atmósfera la que puede agobiarte. En mi opinión, eso es lo que busca Carrasco provocar en el lector, que sintamos la pequeñez del débil frente a todas las cosas que le rodean y le son adversas. Y lo consigue.
¿No os parece que tiene una lectura totalmente actual? Sin embargo, al final, la lluvia que libera y purifica SIEMPRE. 
Finalizado, ahora toca procesarlo. Una entrada por la puerta grande en el panorama literario actual, sin duda, esta "Intemperie" de Jesús Carrasco. Me duele el alma.
El autor en el Auditorio de Oviedo en un encuentro con lectores




 
 

lunes, 12 de mayo de 2014

"Los huesos del invierno" de Daniel Woodrell

Muchos habréis oído hablar de los llamados "seis grados de separación" Se trata de una teoría que intenta probar que todos estamos conectados por una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios. Yo creo totalmente en ella. Creo en esto, pero también en las casualidades, en el destino, en que las cosas pasan por algo y en que lo hacen cuando tienen que pasar. La verdad es que en una ciudad tan pequeña como la nuestra tampoco es tan raro.  La teoría empieza a sorprender cuando en medio de la cadena aparece un premio Planeta de reconocido prestigio, entonces parece que la cosa tiene más peso. Mi profesor de Historia, Pedro Fernández, me invitó a un café literario donde conocí a Chelo Veiga, Chelo anunció aquel día que Lorenzo Silva iba a venir a nuestra ciudad para participar en un acto en el Auditorio, junto a él Abraham Agüera, escritor novel y local, que fue el que me llevo a encontrarme con Francisco Piquero y su grupo. Aquí está la teoría, cinco personas, seis conmigo. Podría haber llegado al mismo sitio desde otro punto de partida, pero llegué por éste. El nexo común: los autores, el amor por las palabras escritas y un género, el de la novela negra, me condujeron de cabeza al club de lectura que sobre novela negra se celebra en la Biblioteca del centro social del Cortijo en la Corredoria de Oviedo, un lugar público y plural, donde un grupo heterogéneo y muy majo de gente (y, bastante numeroso para lo que se ve por ahí) se reúnen para conversar y exponer, discutir y entusiasmarse. Conmigo, humilde diletante y sin temor a equivocarme, lo que van a hacer es enseñarme. Yo por mi parte prometo ser disciplinada y diligente alumna.
Y allá que empecé la aventura cuyo primer capítulo se desarrolló en dos actos. Primero la lectura de la deliciosa novela, vaya por delante, propuesta en la primera sesión entre otras muchas igual de apetecibles, "Los huesos de invierno" y después en otra reunión posterior, celebrada este viernes, el visionado de la película del mismo título.
"Los huesos del invierno"de Daniel Woodrell es de esas novelas que hacen nacer en ti la urgente necesidad de compartirlas. Novelas que despiertan sensaciones e impresiones que sólo algunos autores, argumentos o protagonistas son capaces de remover. Novelas que te ponen en el disparadero de la escritura.  Es increíble e inexplicable, simplemente lo necesitas.  Es lo que ocurre con esta obra que abre una etapa nueva en mi vida como lectora del género negro. Obra que te hace enamorarte de una heroína, de una atmósfera y de un género.
Ree Dolly es la protagonista de una historia dura, muy dura, con un final tremendo, brutal diría, pero con un buen final. Es una historia redonda, donde la miseria y el hambre, el frío y el invierno, la crueldad, encarnada en este caso por las mujeres, y valores mal entendidos como la lealtad a la familia convierten el texto en una lectura imprescindible.
El principio es sencillo, un día Ree, una  adolescente ocupada en cuidar y dar de comer a una madre enferma y dos hermanos pequeños, Harold y Sonny, recibe la visita del sheriff del lugar. Jessup, su padre, delincuente habitual, cocinero de meta-anfetamina, debe presentarse ante el tribunal de su libertad condicional, parece que ha desaparecido y todo hace presagiar que no se presentara. El sheriff comunica a Ree que su padre ha puesto la casa y las tierras como aval de la fianza. Si no se presenta lo perderán todo. Ree tiene apenas treinta días para encontrar a su padre, vivo o muerto. Y comienza una carrera a contrarreloj para solucionar el lío en el que está metida, una carrera en la que aparcará sus planes de futuro, sabedora de que la ausencia definitiva de su padre la condena a permanecer allí para siempre, pero sin casa ni tierras. Inicia una búsqueda en la que mantener el equilibrio será complicado y dónde el invierno y las distancias, las traviesas del tren y las furgonetas, el bosque y las ardillas serán elementos del paisaje y de la trama. Contará con la ayuda de su tío Lágrimas.
¿Existe la miseria absoluta? Si, existe, en el libro los niños a los que el autor define como "ciclones de carencia y necesidad" pasan frío y hambre y así lo sentimos. Pero junto a la miseria material se sitúa también la espiritual que recibe su principal sustento de la maldad y la violencia.
¿Puede una adolescente salvar a su familia? Si, puede, Ree que es la persona con criterio de la familia, toma las riendas y decide que encontrará a su padre y solucionará el problema. 
¿Se puede mantener la inocencia en medio del caos familiar más absoluto? No, no se puede. Ree paga un alto precio, el precio de una infancia robada, de tragarse el miedo para enfrentar la realidad, de la necesidad de crecer para poder sobrevivir, de no bajar la guardia en ningún momento. Sólo en algunos momentos cuando está con su amiga, madre adolescente o cuando se refugia en "sonidos agradables" parece recuperar su edad.
¿Puede la locura ser la tabla de salvación de una madre para escapar de la miserable realidad que vive? Si, puede. La madre de Ree que ha sido joven y guapa, atractiva y apetecible se deja arrastrar de cabeza por el túnel negro y sin salida que es, en la mayoría de las veces, la demencia.
Respecto a la película del mismo título y dirigida en 2010 por Debra Granik, viene avalada por su éxito y reconocimiento en el Festival de Sundance y por cuatro candidaturas a los Oscars entre ellos la de mejor actriz y mejor película. La película no es el libro (como casi siempre pasa) pero incorpora algunos detalles dignos de mención y te deja el mismo estremecimiento y la misma desazón. Sin embargo, en esta historia la angustia que el final provoca en nosotros no necesita ser traducida a imágenes, bastan las palabras.
El guión convierte a los hermanos de Ree en niño y niña y así explica, sin hacerlo realmente, porque Milton el Rubio, uno de los personajes secundarios, se ofrece para acoger al niño, pero no a la niña en el caso de que se queden en la calle. También se prescinde del invierno, de los pasajes totalmente hermosos en los que los copos de nieve cubren el pelo de Ree, convirtiéndose en escarcha, mientras espera las respuestas que le niegan. Las descripciones de la nieve y del frío son una de las cosas más bonitas de la novela. Para mi el autor usa la sensación invernal para establecer un paralelismo con la vida de la chica.  El invierno que azota a Ree y a su familia como les azotan las circunstancias que les rodean. La luz y el frío del invierno, la nieve y la soledad de los campos, el corazón helado de Ree que no sabe que va a pasar de ahora en adelante.
Dos últimos apuntes, la película deja ver a los niños comportándose como tales: juegan con caballos, saltan en la cama elástica, se esconden entre los fardos de hierba. Sin embargo en el libro los niños parecen llamados a seguir la estela de crimen y marginalidad de la familia. Y la escena en la que ella hace una entrevista para entrar en el ejército, creyendo que así podría solucionar los problemas de la familia. El soldado que la entrevista cuando escucha cuál es su situación, habla como si se tratará de la voz de su conciencia y le dice que quizás lo más valiente sea apretar los dientes y quedarse junto a los que la necesitan. En mi opinión, es una escena y un diálogo muy bien traídos.
Lo mejor, sin duda, ver a la dura Ree Dolly interpretada por la elegante y exquisita Jennifer Lawrence que pone de manifiesto la calidad de la actriz, no en vano a su edad ya tiene un Oscar. Jennifer Lawrence, de la que me declaró admiradora, está llamada a ser una de las grandes dentro del firmamento de las estrellas, de hecho ya brilla por si sola. Ser capaz de representar y dar credibilidad a un papel tan crudo como éste sólo ratifica mi opinión.
A pesar de lo crudo de la historia, el autor escribe una novela llena de lirismo, sobre todo en los pasajes en los que describe con tremenda delicadeza al crudo y duro invierno. Os la recomiendo. Buen principio.

sábado, 19 de abril de 2014

"La noche de los peones" de Esteban Navarro.

Cuando elijo la obra de un autor sigo fundamentalmente dos pistas: la primera, que se trate de una recomendación de alguien o que haya tenido alguna referencia de esta o aquella obra por medio de un conocido, la segunda es la intuición. La intuición me la da un título, una portada o, en este caso, una cara y un titular en un encuentro con lectores en Azuqueca de Henares “Uno ha de escribir sobre lo que sabe” dice Esteban Navarro. Normalmente ni las recomendaciones (estoy rodeada de grandes lectores con muy buen criterio), ni la intuición me fallan. Será que, de tanto escuchar a los que saben y leen más que yo o recomiendan mejor, ya tengo un sexto sentido propio cada vez más agudizado que me ayuda en mis decisiones de compra. No compro todo lo que quiero, pero si compro más de la media, creo que mucho más, la verdad.
A Esteban Navarro lo encontré en el muro de Lorenzo Silva. Ese es otro factor a tener en cuenta, las redes sociales y la inmediatez de las mismas. Reconozco que si no fuera por ellas yo nunca me hubiera atrevido a dirigirme a ninguno de estos autores. El anonimato que te dan te ayuda a lanzarte, aunque yo anónima cero pues tengo en mi perfil mi nombre completo y mis dos apellidos. La posibilidad de conectar en un mismo momento a personas que están a miles de kilómetros de distancia, que no se conocen y que, de repente, se hablan desde el respeto es algo fantástico (por lo menos, por lo que a mi respecta, siempre desde el respeto y así he recibido sólo la misma moneda: respeto y educación) El caso es que encontré a este hombre que me resulto particularmente atractivo y que afirmaba que el escritor sólo debe de escribir acerca de lo que sabe. Totalmente de acuerdo con la sentencia, aunque eso signifique que yo no podré escribir nunca sobre la mayoría de los temas que me apetecen y me gustan porque no sé de ninguno, bueno sí, podré escribir sobre sentimientos que en el fondo son lo que mejor se me da. Y aquí estoy yo escribiendo sobre la novela “La noche de los peones” y las sensaciones que me ha suscitado.
“La noche de los peones” es una novela policiaca sin serlo realmente. No es una novela negra al uso. Hay un cadáver, bueno más bien hay un muerto, pero su muerte no obedece a un hecho violento, ni a un crimen. Los protagonistas son policías y hay un misterio que sobrevuela todo el rato las salas de la Comisaría dónde se desarrolla la acción. Dos personajes antagónicos que no lo son tanto, cuya profesión es ésta pero que podría haber sido otra cualquiera, siempre que se dieran las condiciones de coincidir en tiempo y espacio, uno como veterano y otro como aprendiz o en prácticas. Andrés es un policía con más de veinte años de servicio, Diana es una joven recién salida de la Academia que coinciden una noche haciendo servicio en la Comisaría de Huesca. Esa misma noche Andrés se entera que Miguel, un antiguo amigo suyo, ha venido a morir a esta ciudad provinciana, no a otra, y que lo estaba buscando. Ese es el punto de partida.
Tengo que reconocer que la novela me engancho desde el primer momento, aunque al principio el tal Andrés le da una charla a Diana acerca de las personas que se muerden las uñas en la que me vi totalmente reflejada, lo que me fastidia especialmente y pensé “vaya éste es el típico tío que es un brasas y va a agobiarme a la chiquilla”, pero para nada.
El autor dibuja dos personajes y con ellos refleja de forma magistral el conflicto generacional, dos formas de ver la vida y de enfrentarla, dos formas de trabajar, dos diferentes mochilas con las que cargan. Uno será el salvavidas del otro y viceversa. El de 45 años ha vivido prácticamente la mitad de su vida navegando entre dos aguas, la legalidad y la delincuencia para al final decantarse por ser bueno antes que malo. Soy consciente de que retrata a una parte importante de la juventud postconstitucional, muchos de los cuales acabaron delinquiendo tras haber caído en las garras de la droga. Yo que afortunadamente soy un pelín más joven, fui testigo de ello, sobre todo, en mis tiempos de instituto. Todos están muertos. La droga se llevo lo mejor de los ochenta que no era ni la música ni la movida, sino a muchos de nuestros jóvenes.
Ella que tiene 20 pasa unos años luchando entre el poder que da la belleza presente, pero con fecha de caducidad y la opción de tener un poder perenne avalado por la autoridad y toma una sabia decisión. Una mujer bella tiene un poder importante y peligroso si quiere ejercerlo, pero la belleza se marchita, se agota. Diana decide con inteligencia que una placa y un arma le dan un poder duradero al menos mientras lo haga el servicio activo y opta por el camino legal. Ambos tienen un pasado que les pesa y ambos guardan un secreto, él lo confesará, ella no y al final será el azar el que cruce sus caminos.
Tengo que reconocer que no fue hasta la página 230, cuando apenas me quedaban un puñado de ellas para acabar que descubrí cuál iba a ser el giro que conduce al desenlace, lo que va a suponer el detonante para que ambos cojan el toro por los cuernos, se reconcilien con su historia y puedan hacer frente a lo que venga. Me sorprendió gratamente. Encajan las piezas del puzle, se cierra el círculo.
El autor sitúa el grueso de la trama principal en las dependencias de una Comisaría a lo largo de una única noche de servicio que va a cambiar sus vidas. Casi cumple con la regla de las tres unidades aristotélicas: acción, tiempo y lugar. Es por ello que la veo representada en un escenario, los personajes secundarios tienen su peso justo, ni más ni menos, lo mismo que los otros escenarios a los que se asoman apenas un instante: el hospital y un albergue de transeúntes. No creo que sean prescindibles en el conjunto, pero podrían serlo en una representación teatral.
Hace también Esteban Navarro, entre otras muchas, una llamada a la reflexión cuando todos tratan anónimamente al muerto. Muerto al que llaman de mil formas diferentes menos por su nombre. Me gusta esto. Todas las personas con las que nos cruzamos en la vida tienen nombre, sean sin techo o no, tienen nombre y una historia a sus espaldas. No está mal recordar que el hombre que duerme en el cajero, en los soportales de la plaza, debajo de un puente son personas como tú y como yo a los que la fortuna les ha deparado ese sitio pero ¿por qué no otro?
De momento, voy a seguir leyendo la obra de Esteban Navarro. Os recomiendo su novela. Y por mi parte me he decidido a participar en un taller de lectura acerca del género negro. Es lo que más me apetece ahora mismo. Sé que yo no escribiré ficción de este tipo, pero ¿quién sabe? igual sigo descubriendo pequeñas (y grandes) joyas literarias y con ellas a sus autores.