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lunes, 5 de octubre de 2026

VIII Jornadas Culturales de Quirós: en 90 años, ¿hemos aprendido algo?

La Casa de Cultura de Bárzana acogió este sábado las VIII Jornadas Culturales de Quirós, dedicadas en esta edición a los noventa años del inicio de la Guerra Civil. La cita reunió a cuatro quirosanos apasionados de la historia que investigan y divulgan, cada uno desde su perspectiva, que abordaron el conflicto desde el contexto internacional que precedió a la contienda hasta sus consecuencias en el concejo durante la guerra y la inmediata posguerra en un intento de dar una visión “neutral y objetiva” como dijo en la presentación Alva Rodríguez, directora del Museo Etnográfico de Quirós y coordinadora de las mismas junto a Roberto Fernández Osorio, cronista oficial del concejo.

La jornada fue conducida por Alva y por Roberto y planteó un recorrido que combinó la historia general con la experiencia de quienes vivieron aquellos acontecimientos en el territorio a partir de la exhaustiva recogida de testimonios orales (cuánto os debemos). El programa se completó con una exposición del Frente del Nalón vinculada a la recreación y divulgación histórica del periodo.

La primera intervención corrió a cargo de Xaime Fernández Menéndez, que situó la Guerra Civil española dentro del convulso escenario internacional de las primeras décadas del siglo XX. Bajo el título «La tragedia española», la conferencia partió de una imagen de la calle Uría de Oviedo durante el conflicto para recordar que las escenas de destrucción asociadas a la guerra no pertenecen únicamente al pasado. Un escenario de guerra que nada tiene de diferente de las calles de Gaza o de Siria. Fernández Menéndez hizo hincapié en que la historia no constituye un proceso lineal y presentó las primeras décadas del siglo XX como un periodo marcado simultáneamente por la modernidad, los avances sociales y culturales y una profunda conflictividad política. En este contexto, algunos historiadores han planteado el concepto de «guerra civil europea» para referirse al periodo comprendido entre 1917 y 1945, caracterizado por la confrontación ideológica y el auge de los totalitarismos. El crecimiento de las organizaciones obreras, las desigualdades sociales y la ausencia de mecanismos de previsión social convivieron con el temor de otros sectores de la sociedad ante la expansión del movimiento revolucionario que venía del Este. Esa polarización, resumida en la época en la contraposición entre «Roma o Moscú», favoreció el desarrollo de movimientos fascistas y de una progresiva militarización de la política. España afrontó la llegada de la Segunda República en ese contexto internacional y social. La conflictividad política se manifestó desde los primeros años y tuvo uno de sus episodios más destacados en la revolución de 1934 en Asturias. La sucesión de enfrentamientos, asesinatos y conspiraciones desembocó finalmente en el golpe de Estado de julio de 1936, pero los golpes tienen que ejecutarse de forma rápida para que triunfen y el fracaso parcial de la sublevación transformó el conflicto político en una guerra abierta, con la división del territorio, la creación de frentes y la intervención de las potencias extranjeras. Xaime también hablo del papel de distintos colectivos durante la guerra, desde las milicias y las fuerzas de orden público hasta las mujeres, tanto en primera línea (milicianas) como en las labores de retaguardia. El conflicto, señaló el ponente, afectó a toda la sociedad y terminó por dividir al país en dos bloques.

Quirós antes y durante la guerra

La mirada se trasladó a continuación a la situación del concejo de Quirós de la mano de Alberto Álvarez Rodríguez, que dedicó su intervención a reconstruir el contexto quirosano en aquel tiempo. Paralelamente a lo que ocurría en Europa, Quirós, un territorio de unos 6.000 habitantes en el que el sector primario tenía todavía un peso fundamental, con una orografía y vías de comunicación complicadas también que había comenzado a experimentar tímidamente importantes transformaciones desde el siglo XIX. La minería y la pequeña industria habían atraído nueva población y habían contribuido a modificar la estructura social. Las carreteras, los caminos reales, el ferrocarril minero y los servicios de transporte conectaban el concejo con otros territorios, mientras proliferaban comercios y oficios. Un hito pendiente a día de hoy, la carretera de Ricao a Ventana. Ultramarinos, peluquerías, herrerías o almacenes de vinos formaban parte de una sociedad que, según mostró el historiador a través de documentación gráfica, avanzaba hacia nuevas formas de organización. También se extendían las asociaciones y las ideas políticas. La primera agrupación socialista del concejo, la construcción de escuelas o las mejoras relacionadas con el abastecimiento de agua son algunos ejemplos de las reivindicaciones de transformación que estaba experimentando Quirós.

La política, sin embargo, introdujo una creciente tensión. Álvarez Rodríguez recordó las consecuencias de la revolución de 1934, con numerosos detenidos y 24 personas procesadas en consejo de guerra. En aquel momento, una parte importante de la población quirosana se solidarizó con los procesados, incluso entre sectores políticamente alejados de ellos, pero solo dos años después, ese clima había cambiado. El primer semestre de 1936 estuvo marcado por la conflictividad y la cuestión de los presos de la revolución. La crisis económica también golpeó al concejo, con alrededor de un millar de parados en el sector minero, pilar económico del concejo. Tras el inicio de la guerra se sucedieron diferentes organismos de gestión y comités, en un escenario de creciente fragmentación de la autoridad. La vida cotidiana quedó condicionada por las necesidades del frente. Había que garantizar el abastecimiento de la población y de los soldados, gestionar el ganado y las semillas y realizar requisas. Quirós adquirió además una importancia estratégica por su condición de territorio fronterizo y por las comunicaciones con la zona de Babia.  En este contexto se formó el Batallón 239, cuyos integrantes han podido ser estudiados a partir de diferentes documentos. Álvarez Rodríguez presentó datos sobre su edad, procedencia, profesión, experiencia militar, estado civil y afiliación declarada. Una parte importante carecía de experiencia militar previa y junto a ellos,  mujeres, pocas, vinculadas al batallón en la documentación.

La caída del Frente Norte



Andrés Fernández Menéndez abordó posteriormente uno de los momentos decisivos del conflicto en Asturias: la caída del frente norte durante el otoño de 1937 y la progresiva descomposición del Ejército republicano.

Miembro del Frente del Nalón, Fernández Menéndez combinó la perspectiva investigadora con la divulgación histórica. La exposición que acompañaba las jornadas permitía además aproximarse a algunos de los materiales empleados en las recreaciones, como uniformes y cajas procedentes de fábricas de armas y explosivos.

El ponente explicó la evolución del frente norte durante 1937, cuando esta zona adquirió una importancia creciente en el desarrollo de la guerra. La caída del País Vasco debilitó la posición republicana y posteriormente Santander ofreció una resistencia menor. La rendición de fuerzas vascas en Santoña contribuyó a desestabilizar todavía más el frente, mientras Asturias trataba de obtener por mar ayuda y armamento de la zona republicana. En Asturias, la resistencia tuvo algunos de sus episodios más conocidos en el entorno del Mazuco y la sierra del Cuera. Pero la situación militar se deterioraba progresivamente. Fernández Menéndez puso el foco en las deserciones, que se produjeron en distintos momentos de la guerra y adquirieron especial relevancia cuando comenzó la descomposición final del Ejército republicano. La caída del frente, explicó, no se produjo mediante una rendición general organizada, sino a través de un proceso de disolución progresiva. En ese contexto se llevaron a cabo batidas destinadas a localizar a los desertores, en un episodio que muestra también la presión ejercida para mantener la disciplina entre las tropas.

De la guerra al monte.

El recorrido terminó con la intervención de Roberto Fernández Osorio, cronista oficial de Quirós, que abordó la figura de los fugaos y el papel que desempeñaron quienes ayudaban al paso de la frontera durante la posguerra. Su aproximación incorporó un componente diferente y más cercano: la transmisión oral de la historia a través de su propia familia y de los testimonios conservados en el concejo. Fernández Osorio recordó que considera héroes a quienes sobreviven a la guerra. Detrás de esa percepción aparecen historias de personas que tuvieron que decidir entre quedarse o intentar cruzar la frontera hacia Babia, en un territorio que conocían especialmente bien cazadores y ganaderos. Los primeros desplazamientos pudieron realizarse en algunos casos con relativa facilidad. Con el paso del tiempo, sin embargo, atravesar la frontera se convirtió en una cuestión de supervivencia. Algunas personas ayudaron por solidaridad o por vínculos personales, mientras otras cobraron por facilitar los pasos. Su investigación puso el foco en nombres como los de Luciano, Varisto, Salvador Delgado y otras personas relacionadas con estas rutas. La caída del frente tampoco significó el final inmediato de la violencia. Algunos hombres permanecieron en el monte a la espera de comprobar cómo evolucionaba la situación. En Quirós, Fernández Osorio repasó distintos episodios vinculados a los llamados «fugaos», especialmente en zonas como el Aramo, Güeria o la collada de Aciera. Las historias transmitidas incluyen escondites (cuevas de accesos imposibles), persecuciones y muertes, entre ellas las de dos mujeres asesinadas por su supuesta colaboración con los huidos, Rosa de Lavares y Esperancina de Villaxime. El último fugado del que se tiene referencia en la zona habría permanecido en el monte hasta 1949, pero también hubo espacio para lo anecdótico y divertido como aquellos que se subieron a una castañal para presenciar una romería andando los guardias civiles por allí.

Las jornadas cerraron así un recorrido que comenzó en la convulsa Europa de las primeras décadas del siglo XX y terminó en los caminos, montes y aldeas de Quirós. Noventa años después del inicio de la Guerra Civil, las distintas intervenciones mostraron cómo un conflicto de dimensión internacional terminó penetrando en la vida cotidiana de un pequeño concejo, dejando una huella que se conserva tanto en los archivos como en la memoria transmitida entre generaciones. La memoria de los que quedaron en el monte, donde permanecen enterrados en palabras de Álvarez Rodríguez “la tierra que guarda la memoria de lo que pasó allí”. La jornada también fue un momento para reconocer a las víctimas que hubo de los dos lados. 


En mi opinión, las jornadas fueron un éxito de público y de ponentes, pero al mismo tiempo un fracaso si tenemos en cuenta la media de edad de los presentes, muchos apasionados de la Historia, tanto de la del concejo como en general. La exposición de los datos fue muy buena, los ponentes también, pero dónde está la reflexión serena para que esto no vuelva a ocurrir en unos momentos de polarización llevados a la locura donde los enfrentamientos entre extremos (unos considerablemente más violentos y provocadores) están a la orden del día. Falta reflexión comunitaria sobre cómo mejorar los procesos de entendimiento y de diálogo y falta compromiso social con la Democracia desde el posicionamiento político que sea, desde el respeto y la apertura de cauces de comunicación... En fin.


jueves, 24 de septiembre de 2026

El teatro de Juan Mayorga en Grao: "acción, emoción, pensamiento y poesía"

Hay pocas cosas en medio del ruido que me hagan volver a este blog, abrirlo y escribir, sin embargo la tarde de ayer con la compañía de una luz impresionante del otoño asturiano y la presencia en Grao de Juan Mayorga para recibir el Premio Aula de las Metáforas y reivindicar las palabras “que sanan y cuidan” son motivos más que suficientes para volver a asomarme a esta ventana. Es muy dificil resumir en palabras lo que fue un regalo lujoso, de esos que despiertan los sentidos, de los que te hacen reafirmarte en la creencia de la Cultura como verdadera herramienta de construcción de un mundo mejor, un mundo donde recuperar la alegría como muy bien apuntó la Consejera de Cultura que tenemos en Asturias y que primero que nada es poeta, ejemplo de que la Cultura, tan necesaria como el pan, es la forma mas hermosa de hacer política (lo mantendré siempre ante cualquiera que me diga lo contrario). Una tarde de la que te reconcilian con la humanidad y con una misma. «En este tiempo de furia se hace más importante la poesía», afirmó el dramaturgo, que reivindicó la capacidad de las palabras para sanar, acoger y acompañar y valoró especialmente el espacio único que es el Aula de las metáforas, un espacio que una noche de copos (que no de copas) soñó el poeta, nombrador de cosas, Fernando Beltrán y propuso a los responsables entonces del concejo que acogieron la idea porque si hay algo que caracteriza a Grao es la acogida, esa sensación de llegar a casa, de ser bien recibido y de ser aceptado aunque seas forastero quizás porque en tierra de peregrinos a Santiago, nadie es forastero. "Cuidémonos pues y busquemos luz en medio del ruido y en este tiempo de tinieblas", podría ser un breve resumen de las palabras de Mayorga que fueron muchas más y todas buenas. Hablemos sí, pero cuidemos también los silencios, busquemos espacios de respeto, y de encuentro y ¿por qué no en los teatros?  Para Mayorga, callar y hablar forman parte de idéntica responsabilidad. Los silencios, explicó, también deben ser elegidos antes de pronunciarse sobre cualquier asunto, aunque nos provoquen a la inmediata respuesta pero, ojo, sin confundirse con permanecer callados: «No hay que quedar callados», señaló, porque existen muchas situaciones que deben ser «señaladas y denunciadas». La poesía se presenta como una forma de resistencia y de cuidado, pero también como una manera de plantear preguntas y una llamada a responderlas. En ese recorrido estuvo presente Santa Teresa de Jesús y su imagen de las mujeres como «mariposas cargadas de cadenas», así como Lorca en Doña Rosita la soltera y su particular reflexión sobre el paso del tiempo que no se entiende cuando se tiene quince años, pero si cuando consumes tu cincuentena y lo ves desde la perspectiva del propio tiempo ¿a dónde ha ido? Mayorga habló de su particular «noviazgo con Asturias», iniciado en sus playas junto a su familia y consolidado a través de sus vínculos con el teatro y los teatros asturianos. El recuerdo de La lengua en pedazos y de su estreno en Avilés en el que fue además su primer trabajo como director de escena, sirvió para explicar una relación que, según sus palabras, ha ido creciendo con el tiempo en personas y en momentos "una deuda que no para de crecer". Preguntado por cómo se premia a sí mismo, un autor que acumula numerosos y prestigiosos reconocimientos, Mayorga respondió: «mi gente y escribir son mi premio».

Pero hubo dos momentos especialmente emotivos. El primero el encuentro con un grupo de alumnas del  Instituto César Rodríguez que le esperaban delante de la Casa de Cultura. Ante las jóvenes, que habían leído y trabajado su obra y conocían también el universo del Teatro de la Abadía y a las que el autor pidió perdón por el trabajo que les ha dado estudiarlo Mayorga habló de sus primeros encuentros con el teatro, de Doña Rosita la soltera, de Aristóteles, de la metáfora y del misterio del tiempo. En el recorrido por sus recuerdos aparecieron asimismo sus años de formación, su profesor de Latín en el Ramiro de Maeztu (me llama la atención lo mucho que se recuerda al profesor de Latín) y sus compañeros de la Real Academia Española (que "algunos hay buenos"), entre ellos quienes investigan la etimología de las palabras a los que Mayorga provoca de forma lúdica a que le expliquen las mismas. El mismo explicó ayer a las jóvenes estudiantes el origen de la palabra propaganda y morrocotudo. Un universo de referencias que Mayorga compartió con naturalidad y que volvió a situar a la palabra en el centro de su concepción del teatro. El dramaturgo se interesó por ellas, por sus lecturas y por lo que hacían, y quiso saber incluso si alguna escribía. Fue un encuentro cercano y didáctico que estuvo muy presente luego en el posterior acto institucional y en el que, desde la conversación con adolescentes, volvió a aparecer una de las ideas centrales de toda la jornada: la capacidad de las palabras para abrir preguntas, acompañar y construir espacios compartidos. El maestro Mayorga, profesor de Matemáticas y de Filosofía y profesor de artes escénicas. Gracias a las niñas, pero gracias a sus profesores que han sembrado en ellas la curiosidad por alguien que se sienta a escribir para contar historias y que está tan lejos de la sociedad de la inmediatez de la que también habló Diego García el concejal de Cultura.

Y luego el  "mapa de palabras” que dibujó con una bellísima Yasmina Álvarez para hablar de una vida dedicada al teatro. Juntos Yasmina y el autor desplegaron un particular «mapa de palabras» trazado en torno a la trayectoria del dramaturgo. "Voz", "casa", "compañía", "acompañar", "respeto" y "poesía". Mayorga definió el teatro como una casa habitada por palabras y como un espacio de reunión y de imaginación. «El teatro es un arca donde cabemos todos y todas», señaló, reivindicando su capacidad para reunir a personas diferentes en torno a una experiencia compartida. Volvió a escena su recuerdo de Doña Rosita la soltera, de Federico García Lorca presente en la voz de Nuria Espert que pudo escuchar todo el auditorio. La relación entre respeto y exigencia fue otra de las ideas presentes en la conversación. El dramaturgo recordó la importancia de encontrar un lugar en el que sentirse respetado y en el que, al mismo tiempo, se pueda "esperar algo del otro". Entre sus recuerdos apareció también el director argentino Jorge Lavelli, que veinte años después de conocer su trabajo en aquella primera representación, llevaría tres de sus obras al escenario en París “de alguna forma aquel día estaba pactando una cita que tuvimos mucho tiempo después, el director y yo”. Una trayectoria internacional que convive, en el caso de Mayorga, con una fuerte vinculación a los espacios concretos en los que su teatro ha encontrado acogida.

Un acto de amigos y entre amigos, en los que la condición de poeta se respiraba, conducido por el fundador del Aula de las Metáforas, Fernando Beltrán que recordó con cariño a Xuan Bello y al profesor Javier García Rodríguez. La hiperactividad cultural que señaló el actual alcalde de Grado, José Luis Trabanco en una intervención en la que adivina el relevo.  Tuvo tiempo el autor para bromear con la dotación económica del premio, donar al Aula las primeras páginas de la obra en la que se encuentra trabajando que bajo el título de “Los argumentos” tuvo en detalle de compartir con los presentes en una lectura de las primeras escenas (al igual que hizo en Avilés con “La colección” con motivo de la entrega del Premio Princesa de Asturias y que posteriormente se pudo ver en el Palacio Valdés con Ana Marzoa y José Sacristán en sus papeles protagonistas). Y yo, en medio del ruido, estuve allí con la también bella y delicada Katia y por eso lo cuento, porque hay cosas que merecen contarse y otras que no merecen siquiera ser escritas. Aplicaros el cuento y guardad silencio antes de decir nada (por si acaso). Sí Cris, "somos cuerpos ocupados por palabras y somos camino de las palabras" que suerte poder compartir todo esto.