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sábado, 31 de diciembre de 2016

Feliz 2017

Belén de Cumbres año 2016. Peña de Alba (Quirós)

"Yo por mi parte estoy convencida de que no te cruzas con nadie sin más, las personas con las que te cruzas están en tus sueños solo a un instante de convertirse en reales o no, de tener forma humana, de ser la persona idónea en el lugar exacto esperando. Unas veces depende de tomar un sentido de la calle y no el contrario, de seguir de frente en un cruce o de un "me gusta" en FB. Están ahí esperando que sea su momento, nuestro momento". Bea la de Lola.

Ayer vino a verme el fantasma de las navidades pasadas. Ya sé que soy un poco teatrera pero así lo sentí. Realmente no podía ser de otra forma si te desplazas a Mieres a escuchar la que fue la banda sonora de vuestra historia. Dire Straits versionado (of course) bien versionado, pero excesivamente amplificado para el pequeño auditorio en el que se celebraba el concierto. "Hay que joderse". Por un momento me enfadé tanto que pensé en irme, sin embargo me quedé y entendí todo viendo lo que iba ocurriendo en el escenario. Me enfadé porque sabía que podía encontrármelo allí, dónde si no, tocando aquellas, ya viejas, versiones que escuchábamos machaconamente en la barragana o en la C15 yendo a Rodiles (no sé porque siempre pienso en Rodiles cuando recuerdo aquel tiempo). Había música en nuestras vidas, mucha más, claro. Los años eran propicios y nosotros jóvenes. Él siguió con ella. Entonces ya era su vida y yo la aparte de un manotazo. Mi vida no tiene banda sonora desde entonces. No he seguido a ninguna banda, ni grupo, ni solista... Naaaa, me quedé muda durante largo tiempo hasta que, por fin, recuperé las palabras. Ellas son mi auténtica tabla de salvación, creo que siempre lo fueron sólo que ahora las comparto. Las palabras y las otras, mis amigas!
Nunca voy a nada, los viernes me echo a la carretera hacia Quirós y esta vez acepté la propuesta de Susi para ir a escuchar a esta gente. Hay que joderse! No me duele el pasado, me duele no ser capaces de vernos y charlar tranquilamente, de que seamos tan retorcidos como entonces, de no poder mirar a los ojos a la persona que fue tan importante para el otro. Me duele no poder tomar un café y ponernos al día y luego cada uno de vuelta a su vida. Y me duelen las casualidades cuando tienes la certeza de que van a ocurrir porque entonces no son casualidades sino que es el puto hilo rojo que tira de tí o se ha tensado o se ha enganchado en alguna de las ramas de los árboles de nuestras vidas.
Pero hoy he vuelto a lo que soy ahora. He subido por primera vez al Gamoniteiru, a reivindicar la cima quirosana. Y asomada al auténtico balcón que es ese alto, he tenido por un momento la sensación del mundo a mis pies. He pensado qué hay tanta belleza en mi vida y que lo importante es hoy. La magia de las navidades presentes. Hugo en el Campoamor entusiasmado con la lámpara del techo que tanto le gustaba a mi abuela explicandome los instrumentos de la orquesta. Las primeras Navidades de Nela con un gorrito verde en la cabeza. Tener a mis padres. Lola. Subir una montaña y luego bajarla. Ser y sentirse comunidad trabajando en equipo organizando la I San Silvestre en Quirós, haciendo historia. No sentarte en todo el día. Vivir y respirar por lo que amas. Sonreír. Seguir sonriendo. Mi casa está en Quirós y mi vida también. Y se ha borrado todo lo de ayer, amaneciendo una nueva banda sonora.
Así que entre propósitos del año nuevo y balance del pasado me quedo con una sonrisa, con un abrazo que llegará (estoy segura), pienso en un par de destinos para 2017 y en un centenar de títulos por leer, busco una historia a la que poner palabras, pero sobre todo deseo un mundo más justo y lleno de personas felices, yo para mí creo que no pido nada, si acaso sólo muchas mañanas soleadas en la montaña y muchas tardes de trabajo como las de hoy. Ahhh y os quiero a todos por aquí acompañándome en este nuevo año.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Babayos y babayaes

Sardinera en Santurce, siglo XX.
Marina Expósito regresaba a casa con la mitad de la mercancía sin tocar. Había sido una dura e infructuosa jornada de venta. Todo el día caminando arriba y abajo, orbayando por encima de ella, iba pingando como una pita. Aunque el orbayu no era lo que más le preocupaba. No era perjudicial para el pescado que carretaba. Así mojadines, aquelles sardines suyes, tan fresques y guapines, estaben más brillantes. Daba gusto veles. Si de algo presumía Marina, a la que habían salido los dientes vendiendo sardines, era de la calidad del género que ofrecía, no en vano tenía entre sus clientes a les mejores sidreríes de Gijón. Pero no se quejaba de eso, lo malo no era oler a pescado a todes hores, ni el orbayu, lo jodido era levantarse a las 4.00 de la mañana, ir a rular y pasarse siete u ocho horas callejeando por Gijón tirando por aquel puñetero carro y, los días como hoy, sin encontrar ni un puto cliente al que coloca-y les sardines, ni un sitiu donde abelugase.

- ¿Qué coño pasa hoy que no hay un alma por la calle? Esto no hay Dios que lo entienda. No parez más que está corriendo el latosu esi de Oviedo que ta tol día subidu al coche dando-y zapatilla y ya no gana ni una carrera- iba pensando Marina en voz alta - y mira que ye raro porque la gente del Norte sale sí o sí a la calle: orbaye, llueva o diluvie. Será por miedo al agua- volvió a oirse decir a Marina- Estoy hasta el moñu, farta de tirar por esti trastu que pesa un quintal y farta de esti tufo a pescadizo que tengo pegado a la piel y que no me saco por mucho que frote y frote. Menos mal que al mi Arturín no-y molesta esti fedor- pensó mientras recreaba la escena de la noche anterior en el Rinconín.- Sí, tengo que dejar esti trabayu, tengo que dejar la calle de una puta vez. Me da igual que el mi hombre se ponga como una moto viéndome limpiar sardines, encontraré otro trabajo y limpiare-y les en la intimidad- en esto estaba Marina cuando de repente…
  • ¡Hostia!- exclamó Marina cuando vio saltar por los aires todes les sardines que quedaron sembradas por la calzada como cuando se rompe un acuario y los peces de colores que contenía quedan extendidos por la alfombra- ¿Qué ye hoooo? ¿Qué no viste el pasu cebra? A fiu, pues les rayes tan pintaes bien grandes ¿Cuánto hay que no gradues les gafes?
  • Me cagon en mi madre, fía, ¿Tas bien? ¿Mancastete? ¿Cómo coño se te ocurre meter así el carro esi en medio de la carretera? ¿Qué ye que no viste el semáforo Casi me mates del sustu- dijo el taxista que había chocado accidentalemente produciendo aquel estropiciu mientras salía del coche a ver cuales eran los daños.
  • Redios, tien la cara de decir que si no ví el semáforo. Me cago en todo lo que se menea ¿Qué si no ví el semáforo? ¿Qué cojones de semáforo? ¿No ves que está en ámbar e intermitente? y que si está así, tien preferencia el peatón en el pasu cebra. Precaución ye lo que te indica el amarillo. Será babayu el puntu esti. A-M-A-R-I-L-L-O. So burro, aldeanu, que pareces de pueblu ¿Qué ye que saltaste la clase de semáforos en la autoescuela? ¿No veies Barrio Sésamo de guaje? ¿Tocote el carnet en una tómbola?
  • Dejate de berrar, so burra, que en vez de sardinera pareces verdulera- dijo el taxista subiendo al taxi de nuevo al ver que no había ningún daño.
Efectivamente como suele suceder era más el ruidu que les nueces y ni el carro de Marina, ni el taxi tenían ni una rozadura. Más allá de lo aparatoso y ruidoso del golpe y del espectáculo dantesco con todos aquellos cadáveres plateados y con los ojos abiertos esparcidos por el suelo aquello no habría pasado de una anécdota si no fuera por la cabezonería de los implicados.

  • Oye ne- dijo el conductor que había vuelto a entrar en el coche- ye que tengo mucha prisa que llevo a esti señor al aeropuerto. Si no salimos ya, pierde el vuelo. ¿Date más que arranque y me acerque luego hasta Cimadevilla pa pagate todo esti desaguisao? ¿Por quién pregunto? Seguro que no te importa porque a pesar de esa mala baba que gastes tienes cara de ser buena rapaza.
  • ¿Mala baba? ¿mala baba? Pero ¿qué carajo dices? Voy date yo mala baba a ti ¡hostia! De aquí no se mueve ni dios sin dame una solución que de la venta de estes sardines tengo que da-y de comer a los mis hermanos y compra-y les medicines a mi pa- dijo cruzando los dedos porque a Marina no le gustaba mentir, pero estaba viendo que de aquel suceso no iba a sacar nada en claro.
  • Di que si guaja, no lu dejes marchar, que ya se sabe de qué pelaje son los taxistas que el mi hombre trabajo diez años en el taxi de un cuñau, conoció a una puta que-y daba carreres y lo que me dio a mi fue puerta. Toda la vida mamando hosties y va y dejame por una puta, hay que joderse- dijo la portera del edificio delante del que se había producido el choque.
  • A Usted, ¿quién coño le ha dado vela en este entierro?- dijo el taxista saliendo otra vez del coche- venga métase en lo suyo que ye la bayeta y déjenos a nosotros a ver si lo solucionamos de una puta vez. Que no neña, ho, déjame marchar que esti hombre tien prisa, joder, cagon mi manto. Mira que ye un abogado muy importante que tiene una comparecencia en la Audiencia Nacional. Va a defender a un tal Rato que intento-y vende-y unes preferentes a un tal Nicolás Pequeño. Yo, la verdad, ye que no sé de que va esi asuntu ni me importa, pero si no salimos pierde el avión y encima no va a págame la carrera.
  • Que nooo, me cagon mi madre, que yo hasta que no me paguéis les sardines ni marcho, ni me muevo. Me cagon la leche puta. Vamos a ver so faltosu, ¿no ves que la única perjudicada soy yo que me quedo sin pescao y sin perres?
  • Me cagon la puta, guaja, mira que yes necia y cabrona, coño. Necia como un gochu y fures por una pared ¿quies dejar de jodenos? Dígote que te busco a la vuelta y pagotelo todo. No será difícil dar con la sardinera con más mala hostia de todo Gijón que doy fe que yes tú, no puede haber otra con más mala idea.
  • Señorita, por favor, ¿con quién tengo el gusto de hablar?- dijo sin bajarse el hombre que ocupaba el asiento de atrás del taxi y que hasta ese momento había permanecido en silencio.
  • Marina Expósito para servirle a Dios y a Usted- respondió la chica bajando los brazos que hasta ese momento habían estado en jarras y que extendió para recoger la tarjeta que amablemente le tendía el cliente del taxi.
  • Mire, señorita Expósito, perdóneme que intervenga, creo que estamos entrando en una situación absurda, en una discusión sin fin, en un laberinto sin salida. Soy Iñaqui Torres de “Torres y Urdangarín asociados” Ciertamente ahora mismo tenemos mucha prisa porque el tiempo corre en nuestra contra, prometo ayudarles a solucionar este contubernio tan desagradable, pero afortunadamente sin más víctimas que estas pobres sardinas que, por otro lado, ya estaban fenecidas. Si Usted y el seguro de este caballero no llegarán a un acuerdo satisfactorio para ambas partes, yo mismo le defenderé, pero ahora, por favor, déjenos avanzar. A ver, Usted, señor barrendero, O-R-G-A-N-I-Z-A-C-I-O-N, ayude por favor a esta señorita a retirar el carro y los fallecidos de la calzada.
  • Hostia. Esto no ye faena mía, señor. Ni mía recoger, ni suya mandar, porque vamos a ver ¿Usted que competencia tien para mandame? ¿Acaso ye concejal del Ayuntamiento? Yo conozco mis derechos que pa eso pago mi porqué al sindicato de barrenderos y si no miren, ahí viene un guardia urbano, vamos a pregunta-y a él.
  • Buenos días, señores, vamos a ver ¿qué coño pasa aquí? ¿No ven el atasco que están formando? Miren, miren, ya hay una cola que llega hasta el Molinón y hoy no tenemos partido.
  • A mi el fútbol ni me lo mente, que ya tengo bastante con que el mi Arturín sea del Oviedo y un lunes sí y otru también traéme un recao de los compañeros de trabayu que son más burros que un arao, cuando no-y pinchen una rueda, rompen-y una ventanilla.
  • Venga señora, vaya circulando, quite ese artefacto del medio de la calzada, que tengo miedo que no esté autorizado para circular y recoja el pescao que ahora todavía no huele, pero sino mañana en esta calle no se para de olor y en este portal vive el concejal de Urbanismo…

    Placa en el monumento a las sardineras, Lastres.