Atardeceres.
La vida va dejando caer las piezas que, como en un Tetris, van encajando unas en otras,
como el otoño deposita las hojas sobre las gastadas aceras de mi ciudad,
sobre los caminos abandonados de mi aldea.
¿Por qué de esta forma y no de otra?, me pregunto.
Salgo a la calle y veo en el cielo la silueta recortada de la Catedral que igual que la cima de mi otro horizonte cuidan mi sueño o mi insomnio.
Pasan los años
y aprendo a leer
y soy feliz por ello.
Leo en la mirada de los otros,
en la sonrisa de mis sobrinos,
en el gesto preocupado de la que fue madre soltera,
en el brillo de la piel de la mujer enamorada,
en las líneas de las manos de la mujer que aún espera,
en las arrugas de las manos de mi madre al tiempo que envejece,
en mis recuerdos, leo la vida de mi abuela,
releo la historia que fue, la que no quiso ser y la que no puede ser.
Escribo para alejar de mí los miedos y para que alguien lea también algún día lo que decían mis ojos, unas veces soñando y otras muchas insomne.
Transparente y primaria, necia y coherente. Con mal café si me llevan la contraria. Amiga de mis amigos e incondicional si la causa, aunque sea perdida, merece la pena, pero también divertida, independiente e inconstante en mis afectos. Y desde ya "a palabras necias, oídos sordos" Recordádmelo porfa. El resto ponerlo vosotros, pero leédme, porque en cada palabra, en cada pensamiento en cada entrada de este blog está mi corazón y mi esencia de persona. Besos para todos. (la gente lee esto)
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