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sábado, 15 de marzo de 2025

Conservar la memoria.

Ayer, dentro de las actividades programadas por el club de Lectura de Quirós nos reunimos en la biblioteca, en un acto abierto al público, con Alberto Alvarez, autor de “Quirós, 15 días de octubre” ilustrado por Florentino Menes. 

El análisis del libro que recoge lo ocurrido durante la revolución del 34 en el concejo de Quirós dio lugar a un cúmulo de emociones y sentimientos, no en vano casi todo el auditorio estamos unidos, de una forma u otra, a los protagonistas de aquellas dos semanas intensas y convulsas que acontecieron hace 90 años. 

El autor que ha tenido a bien ofrecer a los quirosanos y quirosanas un trabajo de investigación realizado a partir de numerosos documentos escritos y gráficos, es un fantástico contador de historias, tanto es así que el encuentro se prolongó más allá de hora y media y mantuvo al público atento y expectante a cada una de las historias con las que fue desgranando aquellas ya lejanas dos semanas del 34.  Alberto estuvo acompañado por su amigo Roberto F. Osorio, cronista oficial del concejo. Alberto y Roberto son dos de las personas que mejor conocen la historia quirosana, al menos la del s. XX, coleccionistas de anécdotas de sus mayores y de los mayores de todos los presentes, aprendieron a escuchar desde pequeños convirtiéndose en amables escuchantes y actualmente en generosos autores.

Llama la atención del relato que yo calificaría como crónica histórica, la forma tranquila en que se desarrollaron aquellos días en Quirós que contrasta claramente con el inicio, apenas un año y nueve meses después, de la Guerra Civil, durante esos meses fueron macerando en los jugos del odio y del rencor todos los asuntos pendientes que había entre los vecinos y vecinas y que originaron a posteriori tanta muerte y tanto dolor. 

En mi opinión hay dos cosas a destacar del día de ayer. Una a partir de personajes como el maestro Elio Canteli es el papel de los maestros de izquierdas empeñados en la construcción de una nueva sociedad y que eran tan importantes y admirados y luego fueron tan represaliados y perseguidos, portadores de la antorcha del conocimiento que convierte a hombres y mujeres en ciudadanos y ciudadanas críticas conocedores de sus derechos y defensores de los mismos. Y otra es la importancia de conservar la memoria que cono dijo Alberto que un día le había comentado a Rober “para las vacas” en clara alusión al despoblamiento que sufre el concejo, yo diría que debemos conservarla aunque sea para la fauna salvaje. Conservar la memoria en homenaje a nuestros mayores, a los que murieron antes de tiempo, a los que crecieron sin padres o sin conocer que había ocurrido con ellos, como recuerdo a una historia que aún es cercana y que generó tanto sufrimiento, en recuerdo a una sociedad viva y a un tiempo en el que la gente llenaba los caminos, pero también como llamada a la reflexión a nuestros jóvenes para que sepan que hay que trabajar duro en la construcción de puentes de diálogo y entendimiento, pues solo con estos la convivencia pacifica es posible. Esperamos nuevas obras tanto de Alberto como de Roberto, tandem de amistad y trabajo que dará buenos frutos. Y queremos mantener vivo el recuerdo del padre de José, del de Ramón, del de Matilde, del tío de Aidita, de Elio Canteli y de José Berros, entre otros, todos ellos escribieron la historia del concejo en aquellos quince días de octubre y hasta hoy.  

El libro aún puede comprarse en el Ayuntamiento y en la Libreria Elías en Oviedo.

martes, 7 de enero de 2025

¿A dónde irán las luces?

Llevo días preguntándome, sin mucho éxito en la respuesta, de ¿adónde irán las luces? Luces que estos días nos abruman en las grandes ciudades y cuya práctica ausencia en los barrios y zona rural de algunas ciudades pues, vaya, también nos abruma. Y no, no encuentro respuesta. Realmente no sé si me espanta más es escandaloso espectáculo lumínico o ver a la población, en general, echándose a las calles guiada por un afán consumista que, más o menos, a todos nos posee en estas fechas que un día lo fueron un poco menos (aunque también), pero más familiares, más de vivir entorno a una mesa que congregaba a familias que era más grandes, mejor avenidas o en las que se apartaba hasta el 7 de enero lo mal que te caían algunos. Yo recuerdo la mesa que mi abuela Elena ponía con tanta ilusión, porque si algo caracterizaba a mi abuela Elena era la ilusión (creo que conservó siempre, hasta sus casi 97 años y perdida la memoria, esa pizca de ilusión que se mantiene viva y te vuelve niña en ocasiones y que casi todos hemos perdido). La vajilla de mi abuela está en mi trastero, guardada en las cajas que se armaron al desarmar su casa (otro episodio por el que pasaremos todos) (espero que mis libros no duerman el sueño de los justos en ningún trastero, pero “carpe diem” si tiene que ser así). Bueno, y sigo con mi duda de adónde irán las luces, esas que muestran el exceso de la celebración, el exagerado aparentar de algunos alcaldes y sus ciudades, ciudades donde seguramente la pareja inmigrante y sin papeles formada por María y José, jovencísima ella y carpintero el, no encontrarían dónde dar a luz a su bebé, no encontrarían quien les abriera la puerta de su garaje para parir en estos días, deslumbrados todos por la falsa pátina de solidaridad que, sí, también ilumina a algunos. Sin embargo, hay un lugar en el que las luces cobran sentido para mi, año tras año, desde la primera vez que me invitaron y es Aciera en Quirós. Y Aciera con todos los inconvenientes que le ha provocado esta fama lumínica y todas las visitas (ayer por sus caminos no se escuchaba prácticamente acento asturiano), Aciera es un lujo y sus vecinos y vecinas, con sus particularidades, sus fortalezas y sus debilidades el ejemplo de una comunidad vecinal que trabaja por lo común y que además no solo lo hace en Navidad. Así que me quedo con estas luces que irán a los desvanes hasta el año que viene pero que seguirán luciendo en el espíritu comunitario que alentó el recordado y querido Canor Fandos y en el corazón de sus habitantes que, a pesar de todo, siempre tienen una sonrisa como mejor vestido.