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viernes, 16 de octubre de 2015

Cien kilómetros en el camino de la vida.


¿Cien kilómetros de camino son suficientes para poner luz en tu vida? ¿Cien kilómetros en alojamientos confortables y con un grupo en el que de alguna manera siempre te sientes acompañada? O mejor, nunca estás del todo sola ¿Qué son cien kilómetros? Cien kilómetros no son nada para los miles de ellos que hacemos a lo largo de un año de trabajo, a lo largo del camino de la vida.
Pasado el Ecuador de la semana a buen ritmo y con aparente despreocupación, llegó ayer el punto de inflexión duro, durísimo. A media mañana, los pies tremendamente doloridos. "por favor, qué me dén otros" Bienvenida al mundo ampolla, que por cierto, a veces, sangran. Y una mujer me dijo o mejor, me recordó que yo podía hacerlo y un hombre bueno (que malísimo es juzgar a las personas en la primera impresión) me dio una barrita de cereales con tanto amor que me puso las pilas y de repente, me di cuenta de que no son los pies los que te llevan, es otra cosa, es tu creencia firme y absoluta de que puedes hacerlo, de que puedes llegar.
A medida que ha ido avanzando la semana es como si tu mente se vaciará de cosas sin valor, para dejar espacios libres, huecos vacíos que rellenar de las cosas que son verdaderamente importantes. Es como resetear el ordenador y empezar de cero, manteniendo la información que realmente es imprescindible. Te das cuenta de que aquellas cosas que pensabas que iban a ocupar tu mente en estos días ni siquiera han aparecido. Y es que, al final, realmente sólo hay dos cosas básicas: la familia (la propia disfuncional a su manera como lo es cada familia) y los amigos (los de aquí y los de allí, a los que separan miles de km y los que están siempre junto a ti, los fieles y los que alguna vez te fallan, los viejos amigos y los nuevos) y dos capacidades a las que nunca renunciar: la capacidad de observar y sorprenderte con todas y cada una de las personas y las cosas que te pone la vida en el camino y la capacidad irrenunciable de aprender. Siempre en camino y siempre aprendiendo. Es la fórmula del éxito personal.

Cada vez queda menos para Santiago, mañana apenas cinco kilómetros. Tengo algunas cosas claras que me llevo de esta semana intensa en experiencia y en personas. Hay tantos caminos como peregrinos. Y cada uno lo hace con la mochila interior que, a menudo, pesa mucho más de la carga, poca o mucha, que llevas en tu espalda. Duelo y enfermedad, soledad y pena, amor y desamor, soberbia y aburrimiento. Me he dado cuenta de que yo apenas cargo nada. Y no lo digo sólo por la ventaja de hacer un camino en grupo organizado que te permite hacer un viaje ligero de equipaje. Algunos pensarán que mi camino tiene menos valor que el de los que cargan su mochila. No les voy a quitar razón, pero a mi lo que me pesa es este último tiempo de agobios y prisas. Vivo apresuradamente y quizás lo único que tengo que hacer es frenar este ritmo, aflojar el pie del acelerador. Me diréis que no necesitaba venirme a Galicia para descubrirlo. Sí, es cierto, pero uno no siempre encuentra el aire que le permite respirar en sus sitios comunes. Y yo no encuentro nada, últimamente ni tiempo para pensar siquiera. Pero quizás no necesito pensar y sí dejarme acunar por esta travesía benéfica en la que estoy embarcada. Y quizás no necesito buscar ninguna respuesta porque no hay preguntas.
Y no es que aquí hayamos tenido mucho tiempo para pensar, caes literalmente rendida en la cama. Al final después de caminar nuestras etapas (lights), te das cuenta de que lo único que debe preocuparte realmente es seguir, sin mirar atrás, y llegar. Llegar adónde sea, proponerte una meta, pequeña o grande, e ir a por ella con todas tus fuerzas, con todas tus ganas, con todos tus sentidos e incluso más allá. El problema ahora es encontrar mi meta, pero sin meta y todo, ahora estoy segura de que puedo conseguir todo lo que me proponga. Todo lo que sólo dependa de mi, lo que esté en mi mano. Tengo la fuerza para hacerlo y conseguirlo. 
¿Estás caminando? Me preguntaba Judi. Sí, lo hago cada día. Intento hacerlo con mi forma de ir y de entender la vida. Sin embargo a partir de ahora, caminar tendrá un significado diferente, no será sólo avanzar, será avanzar para conseguir algo.
He pensado estos días un poquito, sólo un poquito. 

sábado, 3 de octubre de 2015

Pan de escanda

Durante muchos años el pan fue el alimento básico e imprescindible de la dieta de muchos hogares. El “pan nuestro de cada día” o que “no nos falten el pan y la sal” son expresiones comunes no sólo de aquella época de “fame” y necesidad, sino que hoy mantienen plena actualidad. En Quirós no podemos hablar de gastronomía y tradición sin mencionar al “pan de escanda” un pan muy sabroso y apreciado, sobre todo, para aquellos que tuvimos la suerte de poder disfrutar del que hacían nuestras madres y abuelas. Es un pan oscuro, no especialmente tierno, que se conserva muy bien y que encierra en sí mismo parte de la historia y costumbres quirosanas.
En un momento en que muchos hogares han vuelto a interesarse por la fabricación artesana del pan, no está mal recordar un proceso, el de “hacer pan”, que nos retrotraerá a muchos de nosotros a aquellas mañanas de calor en pleno verano junto a la cocina de carbón mirando como “lleldaba” la masa, deseando que tu “güela” te dejará formar un “bollín” de cuernos o colocar un “huevín” cocido en medio de la bolla que llevarías de romería el día de Alba o el de San Roque. Era un tiempo larguísimo el que teníamos que esperar mientras se “arroxaba” el horno, se “enfornaba” y, por fin, se sacaba la “forná” Es en este momento, el de “qué forma más guapo”, “qué buen color”, “qué bien te salió esta vez” cuando las mujeres respiraban orgullosas y colocaban los panes en la masera a esperar que enfriaran, era el tiempo de descansar un rato o de seguir con las tareas cotidianas tras un día que había empezado muy temprano. Mientras tanto, los más pequeños sólo esperábamos poder comer un buen pedazo de aquel pan caliente y prohibido porque podía hacernos mal a la barriga, que había llenado de olor a pan todos y cada uno de los rincones de la casa.
Tres elementos son necesarios para que el milagro del pan de escanda se produzca: el cereal, los fornos y las mujeres.
La escanda es una variedad de trigo que se cultiva en estas zonas de montaña porque tiene una mayor resistencia a las condiciones del clima. Durante muchos años las tierras de pan eran incluso mucho más abundantes que las de maíz, el otro cereal fundamental en la época. Hoy, sin embargo, el cultivo de escanda en Quirós se encuentra reducido a pequeñas tierras que se siguen sembrando por costumbre y casi únicamente para el consumo familiar. Así quedan tierras de pan en Bermiego, Cortes, Toriezo, Faedo y Las Llanas. En la seronda, dicen que en Salcedo en Rechampo llegó a sembrarse escanda incluso en enero, empieza la siembra del cereal. Se siembra la “erga” (el grano de escanda antes de haberle quitado la cascarilla), se “salla” y se “arrianda”. Llegado el fin del verano, entre agosto y setiembre, se recoge la escanda. Es un trabajo muy laborioso para el que se necesita a toda la familia. Las espigas sólo pueden cogerse a mano, una a una, o como mucho con “unes mesories” (especie de tenazas de madera que sirven para arrancar las espigas de la planta) y te permiten, cuando aprendes a usarlas, coger varias espigas a la vez. A la tierra a “coller” pan hay que ir con manga larga para que las plantas de pan no te arañen. Recogido el pan se lleva al hórreo para que se sequé y de ahí, al rabil en dónde las espigas se chamuscan para quemar las aristas y se mallan para deshacerlas. Se introducen por la tolva y bajan a la piedra para quitar la cáscara del grano. La cáscara es muy ligera y para separarla del grano se ayudan con un ventilador. Ese deshecho es la llamada “poisa”. De manera que en el rabil es dónde sale la escanda separada, cayendo a una especie de cajón que recoge los  granos de escanda limpios. De el molín de pisar al molín de moler, que son cosas diferentes. En el primero se separa el grano de escanda de la cáscara y en el segundo la escanda se muele. Ambos son hidráulicos, es decir, empiezan a funcionar cuando el río trae agua para poder mover la maquinaria.
En la actualidad hay un rabil funcionando en el pueblo de Bermiego. Balbino Martínez ha rehabilitado y puesto en funcionamiento un molín de pisar que pertenece a Diego el de Proaza. Balbino habló con Diego y le comentó que podía ser interesante limpiar y echar a andar de nuevo el molín. Hoy este molín recibe escanda de Lena, Aller e incluso de la zona de Langreo, también de los pocos quirosanos que siguen teniéndola. Existe al menos otro rabil en Veiga, pero en la actualidad no está funcionando.
Pero el pan de escanda no sería tal sin los “fornos artesanos”. Fornos que desde siempre han estado integrados en nuestras construcciones tradicionales, de manera que muchas casas los conservan siendo fácilmente reconocibles. Desde afuera en las casas hay adosada una especie de construcción circular cuya boca o puerta habitualmente está en la cocina. Hoy mucha gente enforná en casas de sus antepasados en las que han conservado los fornos mientras que las casas modernas o reformadas o bien no los han incluido o simplemente los han quitado. Mientras la mujer realiza el proceso de amasar en una masera en la que se coloca mitad y mitad de harina de trigo y de harina de escanda, más o menos, dependiendo un poco del gusto de cada familia y para lo que se ha usado el “furmientu” (de la última masa fermentada, las mujeres retiran un pedazo que usarán para fermentar la nueva masa). Se prepara el forno mientras la masa llelda. Para ello se enciende utilizando distinto tipo de madera que puede ser de avellano, de fresno y de haya, ésta última es muy buena debido a su alto poder calorífico. Se trata de conseguir que los ladrillos estén en caldea, esto ocurre cuando el forno por dentro está blanco hasta la puerta. El horno ha alcanzado ya la temperatura ideal para cocer y no para quemar. Utilizamos aquí varias herramientas propias de esta tarea. El “serraorio” una vara larga con la que mover las brasas para ir repartiendo el fuego dentro del horno, eso se llama “sorrascar” y tradicionalmente hay que hacerlo al menos ocho veces. Una vez listo el horno y preparados para introducir los panes que hemos ido formando, se barre el horno con una escoba de sabugos o de boje que aportará aroma al pan. Le llega entonces el turno a la pala de enfornar, que es una pala de panadero con un mango muy largo sobre la que se pone de uno en uno cada pan que queremos ir colocando dentro del horno. Es un proceso que hay que realizar con cuidado porque los panes no pueden estar muy juntos para que no se peguen, ni tocando las paredes del forno para que no se quemen. Por ultimo, se usa la “cayá” que finaliza el proceso de colocar los panes dentro del forno y con la que los acercaremos a la puerta para sacarlos al finalizar la cocción. En algunos sitios debajo de cada pan, para que no se manche, se coloca una hoja de berza. Una oración y a esperar.

Miedra pan que la cama se t’esfai
Pan en el forno, Cristo sobre todo.
A San Isidro Labrador, a San Antonio Bendito
Nos defienda’l ganao y a nosotros de todo pecao
Amén, Jesús.

Por último, nada de esto sería posible sin las mujeres. Las mujeres quirosanas que se esmeraban y se esmeran tanto en esta labor ancestral de hacer pan. El pan con el que alimentar a sus familias y agasajar a sus invitados. Se levantaban muy pronto para poder llevar a cabo todos los pasos de esta liturgia y si todo salía bien, que casi siempre sale, se llevaban los parabienes y felicitaciones de toda la familia. Plegaban la ropa utilizada, la masa del pan se envuelve en mantas para que suba lo que tiene que subir, y recogían hasta la próxima “forná” que podía ser en dos o tres semanas, dependiendo de los panes que hubieran salido.
No es posible hacer pan de escanda sin la confluencia de escanda, forno, pues nunca se va a obtener el mismo resultado en un horno de gas o eléctrico, y mujeres que por creencia, tradición o costumbre rezaban para que todo se llevará a buen fin y bautizaban los panes antes de meterlos en el forno haciendo la señal de la cruz con un tenedor sobre ellos. Sea este un homenaje a cada una de ellas sin excepción.