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martes, 15 de septiembre de 2015

Una araña, el Ratoncito Pérez y Rompesuelas.

He liberado una araña. El domingo, cuando llegué de Quirós, una enorme araña negra y peluda había hecho de las cortinas del salón su particular espacio habitable. Cuando la vi me pareció repelente, sin embargo no la aplasté, la cogí con un bote transparente y la cerré dentro. Vivió allí, en una especie de palacio de cristal, durante todo el lunes. Estaba prisionera, viva, pero atrapada. Ayer por la noche seguía viva. Me fui a la cama pensando que hacer con ella. Esta mañana la solté en el parque. Puede que muriese ahogada entre la lluvia o puede que no y siga aportando lo que sea que aporte al equilibrio universal. No tengo ni idea de cuánto tiempo de media vive una araña, tampoco me preocupa. Son asquerosamente feas y, en apariencia, no tienen ojos visibles para mi, de manera que no pueden mirarte mientras las pisas.
Mientras Tecla estuvo en el bote pensé en muchas cosas. Voy a empezar a creer que tengo tanta vida interior como aparenta lo que escribo. Pensé en las personas presas, viviendo vidas ajenas a ellos mismos. Tecla podía haber sido feliz en su nueva casa, pero no parecía justo que yo decidiese su destino, tampoco que yo me arrogase el derecho a decidir sobre su vida. Pensé en los que viven atrapados por las guerras, suyas propias o de otros, en la ausencia de libertad, en no poder circular libremente, en enfrentarte a una jauría de humanos que pretenden aniquilar tu libertad. Pensé también en el concepto absolutamente particular de la belleza. Qué pasaría si las arañas fuesen paradigma de belleza y no algo que aborreces. Algunas personas les tienen tanto asco que es superior a sus fuerzas.
Hombre, reconozco que las arañas no son el bicho más querido del reino animal, pero tienen su función y, por otro lado, son increíbles como ingenieras, fijaos en las exquisitas telas de arañas que tejen en telares invisibles. Habéis visto con que delicadeza estos delicados tapices casi transparentes acunan las gotas de rocío. Sí, sin duda, he hecho una buena acción.
Soy incapaz de matar una mosca, lo reconozco. El Ratoncito Pérez se ha instalado en mi casa y no soy capaz de colocarle una trampa. Lo escucho, trabajar y trabajar incansable cada noche, pero no puedo matarlo. Sólo espero que salga por donde entró. Decididamente  se ha equivocado de sitio, en mi casa no hay dientinos que recoger, tanto Lola como yo hemos perdido hace tiempo los dientes de leche. Nosotras hemos perdido ya casi todo.
Así que esta mañana he liberado una araña mientras en Tordesillas asesinaban un toro. Un toro de enormes ojos oscuros y mirada mansa, porque no creo que haya animal con mirada más limpia que los bonachones toros y vacas paciendo tranquilamente en las fincas y diciendo "a nosotros que nos dejen en paz". Sí, la sinrazón instalada entre nosotros. Señores, eso no es cultura, es una mierda. Es una tradición de mierda. Y eso que no soy especialmente extremista. Animalista lo justo, aunque es verdad que tu particular relación con los animales cambia cuando convives con uno. Quiero decir, no iría a ponerme entre los lanceros y el toro arriesgando mi vida. No estoy tan en contra de la caza como ¿debería estarlo? No entiendo al cazador más allá de su función estrictamente necesaria. No sé si hay algo placentero en matar a un animal en el bosque. Prefiero no saberlo. Como carne, aunque probablemente podría vivir sin comerla (bueno, no sé, me muerto por un bocadillo de jamón) pero no me entra en la cabeza que un numeroso grupo de exaltados humanos acribillen a lanzazos a un toro. Encima hay un concurso en juego y ¿qué premian? No quiero saberlo. Sólo espero que la mirada de los ojos oscuros del noble animal les persiga cada noche en sueños por toda la eternidad. Este país no tiene remedio, es cierto.

martes, 8 de septiembre de 2015

Crónica sentimental en rojo. Pasión por mi tierra.


Esperando a los ciclistas.
Hace unos años cuando la Vuelta subió por primera vez al vecino Angliru mi padre, mi hermano y yo subimos por Alba a conocerlo. Yo había estado una vez con el grupo de montaña de la Universidad de Oviedo, pero no recordaba nada, la verdad. Aquel día subía una especie de media maratón, o algo así, corriendo. Llegamos, vimos y volvimos. Recuerdo a mi padre decir algo como "Esto en Alba, sería espectacular" Idénticas palabras utilizó Selino, el padre de Claudia, cuando fue hasta allí "Madre, un final de etapa en Alba, sería tremendo". Sin embargo, ni uno ni otro probablemente creyeron que lo de ayer fuera a ocurrir nunca. "No lo verán mis ojos" pensaron Canor y Selino que, a fecha de hoy, ya son de los más viejos del lugar pero llegó y lo vieron. Mi padre no vino porque tenía que hacer en Oviedo y porque muy pragmático y conformista desde el principio dijo "Se ve mejor en la tele".
Papá, ¡lo de ayer había que haberlo visto en directo junto a Hugo!
El auténtico espectáculo fueron los miles de personas que entregados a un vilipendiado deporte, el del ciclismo, castigado vilmente con el doping con el que hombres malos han estrujado a los deportistas más ambiciosos o más inocentes, no lo tengo muy claro, llevaron en volandas a los ciclistas. Un deporte que tiene multitud de seguidores en el mundo, pero muchos, muchísimos en la cornisa cantábrica, gente que viaja con sus peñas detrás de los casi siempre pequeños héroes que se  juegan la vida en la carretera y a veces, tristemente en los laboratorios. Afortunadamente la cada vez mayor presencia de controles garantiza la integridad física de unos y la limpieza y la recuperación de credibilidad del deporte tan respetado y tan maltratado por momentos. Aplaudo esta vuelta al origen. Al ciclismo lo dignifican las personas, no sólo las estrellas, sino, sobre todo, cada uno de los sufridos miembros de los equipos, áquellos de los que casi nadie recuerda el nombre al finalizar las grandes Vueltas.
El público fue el auténtico protagonista, familias enteras con niños pequeños que fueron un goteo constante desde primeras horas de la mañana hasta convertirse en una tremenda riada de todos los colores, de todas las edades, todos con su mejor vestido, el de la sonrisa y el del esfuerzo de llegar a meta para disfrutar, caminando más de seis km la mayoría desde la carretera general AS-229 para participar de la fiesta.
Este fue el ambiente de la meta: amistad y compañerismo.

Fue un día especial. No sólo para los quirosanos, pero, sobre todo, para nosotros. No creo que haya habido uno solo quirosano  que no haya estado ayer en Alba, al menos de pensamiento. Y es que los quirosanos que somos muy nuestros y tenemos una idiosincracia muy particular, hemos conseguido dos hitos importantes en los últimos tiempos. La celebración del concierto de Celtas Cortos en 2012 y ahora la organización y el apoyo incondicional de este fin de etapa. Esto pone de manifiesto que trabajando juntos podemos sacar arriba lo que nos propongamos. Igual había que tatuárnoslo por alguna parte para no olvidarlo cuando, de repente, nos volvemos aceradamente críticos e incluso perversos. Quirós sólo es uno y el interés común también es sólo uno. No dejemos de trabajar por ello. Creamos en nuestro concejo y en nuestro potencial. Creamos en las personas y en el trabajo en equipo. No nos pongamos metas. Con la resaca de emociones del día de ayer, estoy convencida (ya lo estaba antes) de que juntos es posible.
Cuando a una la envenenan de niña con el amor a su sitio de pertenencia como lo ha hecho mi padre y como lo hicieron mis tías, sus hermanas; como lo hace el orbayu con la tierra de forma tranquila, serena y lenta, calando despacio benéficamente para llegar y habitar no sólo en los sentidos, sino en el alma donde se encuentra mi auténtica esencia de persona; cuando una ama de la manera que yo lo hago al mi Quirós; cuando una sabe perfectamente dónde quiere estar, con quién y porqué, los días como el de ayer son lo más y dan auténtico sentido a mi vida.
Ambientazo bajando de Alba una vez finalizada la etapa
 Hemos trabajado mucho, algunos más que otros, claro, aportando grandes o pequeñas cosas, granitos de arena o paletadas de ella, creyendo ciegamente que éste podía ser un día para nuestra historia. Mostrar nuestro paisaje era el objetivo. ¿Qué la producción de televisión podía haber sido mejor? Todo se puede mejorar está claro, pero Quirós dio su mejor cara, la que queríamos dar, la que deseábamos dar, la del sol y el verde, la del paisaje y su gente, la del deporte y la convivencia. Celebrémoslo hoy y evaluémoslo mañana. Disfrutemos de ello y esperemos muchos otros setiembres como éste. A mi sólo me faltó una sonrisa, pero me resarciré. ¡Espero!